Index Politica Vox Tiempos de hoy

 

 
   

 Nº 1275. 4 de enero de 2019

- - --

Política / Virginia Miranda

Casado y Rivera, en vela por Abascal   
        
El factor Vox

Andalucía se ha convertido en el laboratorio político de 2019. Si decaen los órdagos, las derechas sacarán al PSOE de la Junta para ensayar un modelo de gestión donde la suma de PP y Ciudadanos pasa necesariamente por Vox. Si el pacto contra la violencia de género acaba por interponerse entre los tres partidos, marcará un precedente de cara a los comicios que vienen. Con sus doce diputados autonómicos, el partido de Santiago Abascal está reordenando el tablero político marcando discurso y agenda a Pablo Casado y Albert Rivera. Con nuevas elecciones a la vuelta de la esquina, la línea dura gana enteros.


Casado ha endurecido su discurso en línea con Abascal y Rivera mantiene cierta ambivalencia. / EUROPA PRESS

De Andalucía dependen las previsiones de Casado para recuperar los territorios bajo los gobiernos del cambio Para Vox es importante salir en una foto que le dé legitimidad y, para  Ciudadanos, no aparecer en ella

 

Pablo Casado ha comenzado el año endureciendo su discurso sobre la política migratoria; desde Melilla, el presidente del PP anunció una proposición de ley que su grupo parlamentario presentará esta próxima semana para que los menores extranjeros no acompañados (MENA) no sean tratados como hasta ahora desde una perspectiva social sino económica, lo que abre la posibilidad de que sean expulsados como adultos.

Albert Rivera sigue haciendo equilibrios tratando de desentenderse de la ultraderecha sin bajar ni un ápice el diapasón en Cataluña, donde se resiste a perder el estandarte del nacionalismo español que le ayudó a convertirse en el primer partido del Parlament y que funciona como multiplicador de votos en el resto de España.

La irrupción de Vox en Andalucía está marcando el paso a la derecha española. En distinto grado y con diferente alcance, pero en ambos casos de forma evidente. Desde que el partido de Santiago Abascal se estrenara hace un mes en un Parlamento autonómico, asuntos que poco o nada tienen que ver con las urgencias del país como la caza, los toros o las celebraciones de Semana Santa y Navidad se han colado hasta en la sesión de control al Gobierno.

Mientras el PP se disputa con la ultraderecha la salvaguardia de las tradiciones, Ciudadanos se afana en blanquear su acuerdo de Gobierno con los populares en la Junta soslayando el hecho cierto de que no sólo necesitan los votos de la ultraderecha para que previsiblemente Juan Manuel Moreno sea presidente y Juan Marín, vicepresidente andaluz; todas las medidas que tratasen de sacar adelante en una legislatura habrían de contar con el visto bueno del líder de Vox en la autonomía, Francisco Serrano.

Y es que la sesión de investidura –hasta ahora prevista para el 16 de enero– y la formación de Gobierno, hay que ponerlas en condicional. Desde que se conocieran los resultados de las elecciones del 2 de diciembre y la suma de PP, Cs y Vox hiciera posible el desalojo del PSOE de la Junta de Andalucía después de más de 36 años al frente, en la formación naranja han insistido en desmarcarse del partido de Abascal.

Después de haberse negado a llamarle en campaña ultraderechista, la posibilidad de pacto alarmó a los socios europeos de Rivera: el presidente del grupo liberal en el Europarlamento, Guy Verhofstadt, le advirtió del peligro que representan para la UE y sus Estados miembros, y el candidato a la alcaldía de Barcelona con el apoyo de Cs, Manuel Valls, rechazó un acuerdo con Vox en Andalucía.

Tras apelar sin éxito a la abstención de los socialistas para propiciar un Ejecutivo de PP y Cs, la formación naranja ha presentado su acuerdo de Gobierno con los populares como un pacto aséptico donde no habría participación de terceros, si bien los contactos de Teodoro García Egea y José Manuel Villegas no han sido los únicos entre secretarios generales; el número dos de Abascal, Javier Ortega Smith, consiguió su foto con el segundo de a bordo de Génova, 13 con la excusa de la negociación de la composición de la Mesa del Parlamento andaluz.

Porque la escenificación juega aquí un papel fundamental. Para Vox es importante aparecer en una imagen que le confiere legitimidad como partido con voz y voto en el tablero político. Pero más importante es para Ciudadanos que sus socios europeos y también sus votantes moderados no le vean ‘apadrinando’ a un partido que quiere acabar con el modelo autonómico, que quiere expulsar inmigrantes del país y que asegura que las ayudas destinadas a las víctimas de violencia machista acaba en manos de lobbies feministas radicales.

Este asunto mantiene a día de hoy encallado el acuerdo para alzarse con el poder en Andalucía. O la dramatización de Ciudadanos y Vox ha ido demasiado lejos, o la presidencia de Juan Manuel Moreno corre peligro y, con ella, las previsiones de Casado para recuperar los territorios que pasaron a manos de los denominados gobiernos del cambio tras las anteriores elecciones municipales y autonómicas de 2015. La reconquista del Ayuntamiento de Madrid o los gobiernos valencianos –gobernados por el PP o por Cs– resulta clave para plantear una estrategia ganadora en el cuartel general de Génova, 13, donde están cuidando mucho las relaciones con el resto de las derechas con la vista puesta en La Moncloa.  

Así, el año ha comenzado con dos órdagos sobre la mesa; el primero el de Vox, que exige sustituir la ley de violencia de género por otra que denominan “intrafamiliar”. El segundo el de Ciudadanos, que dice que el acuerdo de Gobierno con el PP no se toca. Abascal no le está pidiendo demasiado al partido naranja, que se presentó a las elecciones generales de 2015 planteando precisamente acabar con lo que denominó asimetría penal en detrimento del hombre. Lo que sí está tratando de hacer es poner en evidencia las contradicciones de Rivera en busca de un objetivo mayor; el político vasco no renuncia a ser escuchado –y fotografiado– en una negociación a tres bandas.

En medio aparece la figura de Casado, al que ya no le basta justificar el apoyo de Vox en Andalucía comparándolo con el que obtuvo Pedro Sánchez de los partidos independentistas en la moción de censura del pasado 1 de junio.

Si hace no tanto tiempo que las posiciones de Ciudadanos respecto a la ley de violencia de género se asemejaban a las que defiende ahora Vox, desde el PP han tenido que desmarcarse. En un tono neutro, el que vienen empleando los populares desde el 2 de diciembre a propósito del partido de Abascal, el propio líder conservador contestaba a la demanda voxista desde su cuenta de Twitter: “Nuestro compromiso contra la violencia es innegable. Fue el Partido Popular el que estando en el Gobierno promovió el Pacto contra la Violencia de Género que se dotó con 1.000 millones de euros para luchar y combatir esta lacra por todos condenable”.

A medida que se aproxima la fecha prevista para la investidura de Juan Manuel Moreno, más se recrudece el debate entre los socios. Vox no se conforma con ser un convidado de piedra y la demostración de fuerza que haga ahora le servirá para marcar el ritmo de aquí a las próximas citas electorales. Las previstas en mayo, con su posible irrupción en Europa y su papel en la formación de gobiernos autonómicos y municipales, y las posibles generales, que según los sondeos le reservan a Abascal un escaño en el Congreso y una fuerza parlamentaria determinante para la formación de Gobierno; 45 diputados según la encuesta de de Sigma Dos para El Mundo con la que acaba de arrancar 2019, el año del factor Vox.

El líder del PP andaluz llegó al cargo en medio de la guerra Santamaría-Cospedal. / EUROPA PRESS

Moreno Bonilla, el barón inesperado

Si los planes no se tuercen y Vox no le acaba aguando la fiesta, Juan Manuel Moreno Bonilla será proclamado presidente de Andalucía el 16 de enero. Un logro histórico porque pone fin a más de 36 años de gobiernos socialistas y por muchas cosas más.

Para empezar, lo de liderar el PP andaluz se le hizo cuesta arriba. Hace cinco años él estaba bien como secretario de Estado de  Estado de Servicios Sociales e Igualdad con Ana Mato de ministra de Sanidad, pero Soraya Sáenz de Santamaría necesitaba un soldado con quien librar una de tantas batallas con María Dolores de Cospedal y recurrió a uno de sus sorayos, quien años atrás trabajara a sus órdenes en la secretaría de política autonómica y municipal del PP.

Comentaban entonces en el PP que hacía tiempo que la vicepresidenta del Gobierno le tenía abandonado y creyó hacerle un favor, pero Andalucía era el talón de Aquiles de los conservadores y, aunque acabó imponiéndose a José Luis Sanz, que contaba con el aval del entonces alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y de la que fuera secretaria general, Moreno Bonilla era consciente de que la conquista del Palacio de San Telmo era una empresa titánica.

Así fue como, a pesar del caso de los ERE, el PSOE se mantuvo en el poder en 2015 con un pacto con Ciudadanos mediante y Moreno Bonilla permaneció en la oposición viendo cómo Albert Rivera hacía posibles gobiernos populares en el resto de España y en Andalucía, bajo la máxima de apoyar al partido más votado, sostenía a los socialistas.

El último gran varapalo llegaba el pasado mes de julio. Mariano Rajoy era desalojado de La Moncloa con una moción de censura y él, como sorayo que era, apoyó a Sáenz de Santamaría en el congreso extraordinario en que varios candidatos se disputaron el liderazgo del PP. La exnúmero dos del Ejecutivo pasó como favorita a la segunda vuelta, pero los votos de Cospedal, que cayó en la primera votación, se volvieron en su contra proclamando presidente de los conservadores a Pablo Casado.

El nuevo líder popular se encontraba así con un presidente autonómico con el que mantenía una buena relación, se esforzaban en decir en su entorno, pero que había hecho campaña por su oponente y eso había arrastrado a buena parte de los compromisarios andaluces, resistencia interna latente para el flamante presidente nacional.

Enseguida llegó el anuncio de adelanto electoral de Susana Díaz y no había tiempo para hacer cambios. Nadie daba un duro por Juan Manuel Moreno, que aguantó estoico los sacrificios que hubo de asumir en la confección de las listas, y sus antiguos enemigos esperaban agradecerle los servicios prestados al PP-A antes de invitarle a abandonar el cargo tras los comicios del 2 de diciembre.

Los resultados, efectivamente, no fueron buenos. La formación perdió seis puntos y 315.000 votos a pesar de que Casado se volcó en la campaña o precisamente por eso. Pero la suma del PP, Ciudadanos y Vox hacían posible su investidura y, por primera vez en mucho tiempo, la suerte le sonrió.

Con la formación naranja y bajo la batuta de las direcciones nacionales ya tiene amarrado un acuerdo de Gobierno. Ahora falta esperar a que Vox baje los humos y permita que sea proclamado presidente de Andalucía. El antiguo sorayo se convierte así en el abanderado del pablismo y modelo a seguir tras los comicios que vienen. Una responsabilidad que también tiene sus riesgos. Pero que como siempre y a pesar de que puedan venirle mal dadas, asumirá con su sonrisa de hombre anuncio.