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 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

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Política / Virginia Miranda

Tras dinamitar el delfinato y ‘reaznarizar’ el PP, reina en las derechas

El año de Casado

Apenas lleva cinco meses al frente del PP y Pablo Casado ya ha tomado las riendas de una formación que, tras la moción de censura del 1 de junio, quedó desnortada y con el delfinario revuelto. Rodeado de un discreto grupo de fieles, el que fuera jefe de Gabinete de Aznar y vicesecretario de Comunicación de Rajoy llevaba tiempo preparándose para el momento de la sucesión y supo imponerse en las primeras primarias nacionales del partido. Su objetivo ahora es aventajar al PSOE. O, al menos, gobernar. La fórmula la ha dado Andalucía. La oportunidad, un año 2019 cargados de citas con las urnas. Las previstas y las probables elecciones generales, donde una victoria pasaría no sólo por la suma de las derechas, también por conservar la hegemonía entre todas ellas.


La más que probable presidencia de Andalucía representa una oportunidad y una responsabilidad para el presidente del PP. / EUROPA PRESS

A pesar de la pérdida de votos, los ‘populares’ están confiados porque Andalucía y las encuestas reflejan un cambio de tendencia   La fórmula de Gobierno serán coaliciones de PP y Cs con apoyo de Vox. Con el partido de Casado al frente o con el de Rivera

Cuando el nombre de Pablo Casado sonó por primera vez como posible sucesor de Mariano Rajoy, a comienzos del año 2016 y después de que el entonces presidente en funciones renunciara a la investidura por falta de apoyos tras el 20-D, pocos lo tuvieron en cuenta a pesar de que los argumentos eran razonables; respondía a los atributos de renovación que tenían el resto de líderes políticos del arco parlamentario y, a la vez, estaba bien visto por sus mayores, los últimos aznaristas descontentos con la deriva desideologizada que había tomado el partido. Sus padrinos políticos, José María Aznar y Esperanza Aguirre, avalaban a la joven promesa de los conservadores.

Pero el pasado abril, cuando sonó como candidato para Madrid –la Comunidad y también el Ayuntamiento–, alguien se lo tomó en serio; se filtró a El País la noticia de que podría haber cometido irregularidades con su máster en la Universidad Rey Juan Carlos, el mismo que había acabado con la carrera política de Cristina Cifuentes eliminándola de la carrera sucesoria.

Si, como el propio Casado dio a entender, alguien quería quitárselo del medio porque representaba una amenaza política, ya era demasiado tarde. Las sospechas sobre esta titulación y las dudas sobre su licenciatura en Derecho lo acompañaron hasta el final del verano y, a pesar de ello, se impuso en la segunda vuelta de las primeras primarias nacionales celebradas en el Partido Popular.

Nada más abrirse el plazo de presentación de candidaturas, el que fuera vicesecretario de Comunicación y diputado en el Congreso llegó a Génova, 13 haciendo una demostración de fuerza, presentando más avales que nadie y acompañado de un buen puñado de compañeros de partido con los que llevaba tiempo gestando su alternativa a un proyecto y a un presidente que consideraban agotado.

Su previsión les permitió estar listos tras la inesperada moción de censura del 1 de junio. Su previsión y la falta de reflejos de los tres grandes favoritos en la carrera sucesoria. El primero en descolgarse fue Alberto Núñez Feijóo, que valoró la posibilidad de presentarse a la sucesión de Rajoy siempre que no hubiera juego sucio y fuera candidato de consenso hasta que irrumpió Casado y se vio obligado a reafirmar su compromiso con Galicia en un acto cargado de emoción apenas contenida. Después descabalgó a María Dolores de Cospedal en la primera vocación abierta a la militancia porque su fuerte siempre habían sido los cuadros del partido. Y, cuando llegó la hora de los compromisarios, a Soraya Sáenz de Santamaría le pasó factura la encarnizada pelea de poder que durante años sostuvo con la exsecretaria general, a la que faltó tiempo para apoyar al oponente de su archienemiga.

Rearme ideológico

Desde su campaña como candidato a la presidencia del PP, Pablo Casado dejó claro que su intención era emprender el rearme ideológico del partido –una crítica implícita al marianismo– con bajada de impuestos, valores tradicionales, apelación a las víctimas de ETA y banderas de España, las que Ciudadanos ondea desde las elecciones catalanas del 21-D.

Después, y gracias a una hiperactividad que no ha cesado desde que se propuso liderar el PP, llegó otra intensa gira para mejorar su grado de conocimiento. En España en general y en Andalucía en particular. Hubo dirigentes populares que consideraron demasiado arriesgada la sobreexposición de Casado en una región donde los socialistas llevaban más de 36 años gobernando y, según las encuestas, volverían a hacerlo tras el 2-D. Pero “se vieron las posibilidades de ganar al PSOE y esa fue una buena razón para semejante esfuerzo personal. Andalucía además era mayoritariamente sorayista y necesitaba la participación del nuevo presidente para que no hubiera enfrentamientos entre los dos bloques viéndole apoyar a un candidato de la exvicepresidenta”, comentaron a El Siglo fuentes populares.

Conocido el resultado de las elecciones andaluzas, Casado aparcó aquello de que gobierne la lista más votada y su propuesta de modificación de la ley electoral para que haya doble vuelta en municipales y autonómicas y se prime el partido ganador. La próxima semana y tras varias reuniones negociadoras del PP con Ciudadanos –y algunas discretas con Vox–, se elegirá la Mesa del Parlamento andaluz. Al cierre de esta edición, la formación naranja pisaba el freno asegurando que no tenían tanta prisa como los populares para anunciar también la composición del próximo Gobierno autonómico.


Beligerante con la ruptura de la derecha en dos en tiempos de Rajoy, Aznar ‘bendice’ el acuerdo de PP, Cs y Vox en Andalucía apelando a la necesidad de cambio. / EUROPA PRESS

Nada parece indicar que un Gobierno del PP y de Ciudadanos presidido por el popular Juan Manuel Moreno y sostenido con los votos de Vox no vaya a fraguar en Andalucía. Con la bendición de José María Aznar, que culpó a Rajoy de que la derecha se partiera en dos y que, ante su fragmentación en tres partidos tras el 2-D, se limita a hablar de la necesidad de cambio.

Casado ha recuperado a Aznar. Regresando a su discurso en materia económica, fiscal, social o territorial y retomando a parte de su equipo en La Moncloa y Faes. Ahí están su nuevo jefe de gabinete, Javier Fernández-Lasquetty, que trabajó a las órdenes de José María Aznar en el gabinete de Presidencia y fue secretario general de la fundación. También la jefa adjunta Isabel Benjumea, directora de la Red Floridablanca que fue becaria en Faes y se ha llevado con ella al también exbecario, José Ruiz Vicioso. Y cabe mencionar al nuevo coordinador del programa electoral del PP, Pablo Hispán, que procede del gabinete de Presidencia de Moncloa en la etapa de Mariano Rajoy pero pasó anteriormente por el think tank liberal-conservador de Aznar.

El patio tranquilo

El regreso al aznarismo de Pablo Casado, sin complejos y desde que comenzara a articular su discurso como presidenciable del PP, no ha caído bien entre el sorayismo que permanece aún latente, pero en un muy discreto segundo plano y sin presencia reseñable. Así, sin grandes objeciones internas a su “revolución fiscal” o su enseñanza concertada, entre otras ideas fuerza que repetirán de aquí a las próximas elecciones, celebrará la convención nacional prevista entre los días 18 y 20 de enero para fijar las líneas maestras programáticas. Habrá que ver si los barones, a cuatro meses de acudir a las urnas, no plantean alguna salvedad a las medidas recentralizadoras que también barajan en la sede nacional del partido.

Al cónclave llegará por tanto Casado con “el patio tranquilo”. Tras las primarias del PP del pasado julio hubo cierta disfunción de cargos entre los que apoyaron al hoy presidente y los que respaldaron a Soraya Sáenz de Santamaría, que acabaron rezagados en sus posiciones en el Congreso. José Luis Ayllón, que fue mano derecha de la expresidenta, sigue estando muy valorado en su grupo parlamentario, pero no ejerce ningún papel significativo; por su marcado perfil o porque no ha aceptado responsabilidades, dicen. Otro caso es el Fernando Martínez-Maíllo, con cargo de portavoz adjunto en el grupo parlamentario del Congreso pero muy lejos de sus responsabilidades como coordinador general del PP.

Tras retomar los principios y valores clásicos de la derecha, sin apenas oposición interna y habiendo tomado velocidad de crucero, Casado está preparado para un adelanto de las generales y ni siquiera le desanima el resultado de las últimas encuestas publicadas por Abc y La Razón, que dan mayoría absoluta a la suma de las derechas –PP, Ciudadanos y Vox– pero vaticinan una pérdida de escaños de los populares, resultado similar al de las andaluzas. Incluso la de Metroscopia para el grupo Eneo –el Heraldo, entre otros medios–, que sitúa a los ‘populares’ como tercera fuerza por detrás de Ciudadanos.

Según fuentes del partido, ha habido un cambio de tendencia porque “las encuestas reflejaban una caída continua desde las últimas generales y, en el momento en que cambió la dirección del partido con Pablo Casado, empiezan a arrojar una recuperación de voto del PP”.

La cohabitación de las derechas

Ahora esperan que la conquista de Andalucía mejore sus expectativas electorales también en las autonomías y municipios que serán llamados a las urnas el próximo mes de mayo. De momento y a pesar de las semejanzas programáticas, el líder popular está tratando de sacar a Ciudadanos de su mismo espectro político resituándolo en el centro izquierda para intentar recuperar parte de los votos que se les fueron al partido naranja en anteriores comicios. Sobre todo ahora que Albert Rivera parece tener más escrúpulos de hacerse la foto con Santiago Abascal.

En cuanto a Vox, los conservadores esperan ponerles coto abanderando su experiencia de gestión y hablando claro sobre impuestos, política territorial, educación… y también sobre los toros, la caza o la Semana Santa. Lo que tradicionalmente se han llamado principios y valores del PP y que, bajo la presidencia de Aznar, aglutinaron todo el voto a la derecha del PSOE hasta que las crisis –la económica, la social y la de confianza en las instituciones y en los partidos políticos– obligaron a reescribir las reglas del juego dando entrada a nuevos participantes.

Aunque los sondeos siguen dando a Casado ventaja sobre Cs y Vox, los gobiernos que vienen habrán de pasar por las alianzas y a los populares no les interesa confrontar con estas formaciones políticas, si bien esperan seguir la tendencia ascendente que vaticinan las encuestas a costa de estos partidos.

La fórmula que viene es la que se está empezando a ensayar en Andalucía; coaliciones de PP y Ciudadanos con apoyo –si tiene representación y es necesario– de Vox. Incluso en el sentido inverso. Esto es, que sean los de Rivera quienes estén al frente de eventuales gobiernos con el apoyo del partido de Casado.

Hace ya tiempo, antes incluso de que Rajoy fuera desalojado del Gobierno, los populares admitían que Begoña Villacís tenía más posibilidades en las elecciones de 2019 que cualquier candidato del PP. Se hablaba entonces, y se habla ahora, de un cambio de cromos; que sea alcaldesa de Madrid la candidata de Cs si suma mayoría suficiente con los votos populares y que, a cambio, el partido naranja permita gobernar al PP en la región.

El PP anunció que daría a conocer las candidaturas de las municipales y autonómicas del próximo mes de mayo entre las andaluzas y la convención que celebrará el tercer fin de semana de enero. Ya se han desvelado los nombres de muchos de los cabezas de cartel, como el independiente Josep Bou, presidente de Empresaris de Catalunya –vinculada a Sociedad Civil Catalana– que ya ha ofrecido sus votos a Manuel Valls para evitar que vuelva a gobernar la izquierda en Barcelona.

Pero queda por saber quiénes concurrirán en Madrid y Valencia, tradicionales feudos del PP que en 2015 pasaron a manos de los gobiernos del cambio. Para el Ayuntamiento de la capital, Génova tendrá que decidir entre mantener a su portavoz, José Luis Martínez-Almeida, o apostar por un nombre conocido –en las quinielas aparecen Javier Maroto, Adolfo Suárez Illana e Isabel García Tejerina, entre otros– dispuesto a negociar con Cs.

Para el valenciano, donde parece que también se agotará el plazo para conocer el nombre del candidato o candidata,  suenan los nombres de la vicesecretaria popular y diputada autonómica, María José Català, y el del eurodiputado Esteban González Pons, que desde que se fue al Parlamento de la UE no quiere saber nada de candidaturas en su propia comunidad autónoma.

Y, entre tanto, Pablo Casado ha vuelto a echarse a la carretera. Primero lo hizo para recabar apoyos en el congreso extraordinario que le eligió presidente del PP. Después, para darse a conocer y reflotar al partido en las encuestas. Luego siguió la caravana andaluza que a punto está de darle su primera victoria política. Y ahora son los actos de presentación de las candidaturas de las elecciones de mayo.

El presidente del PP ha cogido carrerilla para llegar con esta inercia a las elecciones generales. El peligro es que tropiece por el camino –saben los conservadores que les van a mirar con lupa en el Gobierno andaluz– y se canse antes de tiempo.


Albert Rivera no quiere verse asimilado por la derecha para no perder votos por el centro. / EUROPA PRESS

El vértigo de Ciudadanos

El resultado electoral de Andalucía es para Ciudadanos una oportunidad y también un problema. A Albert Rivera le cuadran los números, pero no le gusta cómo sale en la foto. Y no le gusta porque no les gusta a sus socios en el grupo liberal europeo, donde su presidente, Guy Verhofstadt, ya le ha advertido del peligro de pactar con la ultraderecha, ni al candidato a la alcaldía de Barcelona con el apoyo de Cs, Manuel Valls, que ha rechazado un pacto con Vox en Andalucía.

Así y cuando parecía que el acuerdo de Gobierno llegaría a la vez que el de la Mesa del Parlamento andaluz –se vota el 27 de diciembre–, Ciudadanos ha pisado el freno. Tras las declaraciones de Santiago Abascal diciendo que el voto de sus doce diputados en la Cámara andaluza no iba a salirles gratis, después de saberse que está manteniendo conversaciones con el PP y nada más publicarse las encuestas de Abc y La Razón aventurando un posible Gobierno tripartito en España con la concurrencia de PP, Ciudadanos y Vox.

En la rueda de prensa posterior a la reunión del Comité Ejecutivo Permanente del pasado lunes, el portavoz de Cs en el Congreso, Juan Carlos Girauta, ha rechazado esta fórmula cerrada advirtiendo que “nosotros primamos, en términos generales, a los partidos constitucionalistas y europeístas”, recordando que ya lo han demostrado tras alcanzar pactos de Gobierno con el PP y también con el PSOE.

De hecho, en círculos políticos y periodísticos se viene hablando las últimas semanas de la posibilidad, ahora lejana atendiendo a su enfrentamiento a cuenta de Cataluña, de que el PSOE y Cs puedan alcanzar pactos de legislatura o Gobierno. Un comentario posiblemente interesado al que habrá darle tiempo para ver qué recorrido tiene sobre la intención de voto y el resultado de las próximas citas electorales.