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 Nº 1271. 30 de noviembre de 2018

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Política / Virginia Miranda y Manuel Capilla

Vox condiciona la Junta y las generales

El PSOE pierde Andalucía

La ultraderecha ha llegado a España. La abrupta entrada de Vox en el panorama político andaluz con los 12 escaños obtenidos en las elecciones del 2 de diciembre han sacudido los cimientos de San Telmo con réplicas en los cuarteles generales de los principales partidos. Los mayores daños los ha registrado Ferraz, que pierde el que hasta ahora ha sido su principal bastión electoral y se ve obligado a recalcular el momento óptimo para la convocatoria de generales. En las sedes de PP y Ciudadanos toca reflexionar sobre cómo repartir juego con una formación que quiere acabar con las autonomías, que aboga por la derogación de la ley de violencia de género y que alarma a sus socios europeos. Y Podemos ha de analizar las razones de su paulatina pérdida de espacio electoral si quiere seguir siendo decisivo.

La derrota de Susana Díaz y la irrupción del partido de Santiago Abascal en el Parlamento andaluz va a condicionar la estrategia de Pedro Sánchez. /
EUROPA PRESS

Vox ha reproducido las dinámicas xenófobas europeas frente a la inmigración, pero estas elecciones también han tenido su especificidad y se llama Cataluña   Andalucía deja un escenario en el que adelantar las generales al primer trimestre, como ya se manejaba en el Gobierno, puede ser temerario

Con un total de 12 escaños y 400.000 votos registrados en los comicios del 2 de diciembre, Vox acaba de romper el tablero político en España. Empezando por la Junta de Andalucía, donde ha puesto fin a 36 años de poder ininterrumpido del PSOE, y siguiendo por las sedes de los principales partidos, que han de acomodar sus estrategias a la llegada de la extrema derecha para dar una nueva vuelta de tuerca a la ya de por sí complicada gobernabilidad del país.

La irrupción de la formación de Santiago Abascal, que en los menos de dos meses transcurridos desde su acto en Vistalegre hasta las elecciones del domingo ha logrado una visibilidad inesperada, ha dejado en evidencia los flancos sin cubrir por la política tradicional. La pérdida de seis puntos y 315.000 votos del PP andaluz, teniendo además en cuenta que Ciudadanos ha doblado con creces su representación en el Parlamento autonómico –ha pasado de 9 a 21 escaños–, muestra que Vox ha crecido también a costa de la izquierda reproduciendo las dinámicas xenófobas europeas frente a la inmigración: el partido de ultraderecha ha sido el más votado en el municipio de El Ejido y Almería es la provincia donde ha logrado un mayor respaldo.

Pero estas elecciones también han tenido su especificidad y se llama Cataluña. Las derechas se han tomado estos comicios autonómicos como una primera vuelta de las generales y, tirando cada una de un extremo de la bandera española, han exprimido al máximo el procés con la aquiescencia de los partidos independentistas y un presidente de la Generalitat empecinado en su programa de máximos.

Juan Manuel Moreno está dispuesto a liderar el cambio en la Junta de la mano de Ciudadanos y también de Vox. / EUROPA PRESS

PP y Ciudadanos se disputan la denominada ‘España de los balcones’ desde los comicios catalanes que el 21 de diciembre cumplen un año. Particularmente desde la campaña de Pablo Casado en las primarias del partido conservador, convirtiéndola en un eslogan sin complejos frente al 155 timorato de Mariano Rajoy, según quienes le hicieron presidente el pasado julio.

Pero la irrupción de un tercero en disputa, aún más desacomplejado y sin responsabilidades que reseñar en la situación de bloqueo que mantiene la política catalana, les ha restado opciones. A pesar incluso de haber endurecido su discurso y, en una estrategia común –o tal vez por ello–, haber blanqueado al partido de ultraderecha para no espantar a los votantes indecisos entre las tres opciones.

Tras pasarse la campaña evitando llamar a las cosas por su nombre –no han querido decir que Vox es extrema derecha– y terminarla “encantados” de poder recibir los votos del partido de Abascal para la eventual formación de Gobierno, al PP y a Ciudadanos les ha llegado la hora de la verdad. Tras conocerse el vuelco electoral en Andalucía, con una debacle de la izquierda y el fracaso sin paliativos del PSOE de Susana Díaz con más de siete puntos de diferencia y  14 escaños menos respecto a las elecciones de 2015, ambos partidos se han mostrado dispuestos a abanderar el “cambio” político en una autonomía clave para los socialistas.

Sin hacer mención a la pérdida de siete escaños y 315.000 votos, horas antes del Comité Ejecutivo Nacional que el lunes reuniría a la cúpula del partido para fijar discurso al panorama político que acababa de dibujarse, Pablo Casado avanzaba la noche del domingo que “Juanma Moreno tiene el reto histórico de liderar el cambio en Andalucía” por ser el segundo candidato más votado del 2D.

Arropado por Rivera y Arrimadas tras una campaña nacional, Marín también quiere ser presidente. / EUROPA PRESS

A pesar de no haberle dado el ‘sorpasso’ al PP pero a dos puntos y medio de diferencia, Albert Rivera, que acompañó a Manuel Marín en Sevilla, anunció tras el recuento que “hoy vamos a echar al PSOE de Andalucía”, defendiendo que gobierne el que más crece y no el que más votos tiene y recordando a populares y a socialistas que él propició investiduras de uno y otro signo político.

La posibilidad de un Gobierno presidido por Juan Marín con el apoyo, entre otros, del PSOE, la barajan ya algunas voces progresistas conscientes del peligro que supone la entrada de Vox en las instituciones. Pero, hasta que no avancen las negociaciones –de momento, la única fecha en el calendario es el pleno de constitución del Parlamento de Andalucía el 27 de diciembre–, esa opción no es la más factible.

La reconquista de la involución

En estos momentos, lo más probable es que el PP trate de formar Gobierno con el apoyo de Rivera y de Abascal, pletórico tras conocerse unos resultados que los partidos con representación parlamentaria, las encuestas y él mismo no llegaron a imaginar. Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía, juez prevaricador por saltarse en régimen de custodia a favor de un padre cuyo divorcio tramitaba un juzgado de Violencia sobre la Mujer y usuario habitual de la expresión ‘yihadismo de género’ para defender la derogación de la ley de igualdad, hizo un discurso provocador en su puesta de largo como diputado autonómico electo. “Aquí se reúne hoy la auténtica Andalucía por el cambio, que ya estaba bien de entrar en bucle, nosotros somos los que vamos a propiciar el cambio, la mejoría, la reconquista”, dijo recordando épocas y usos felizmente superados.

El líder de Vox, el exdiputado vasco del PP que quiere acabar con las autonomías, con la ley de memoria histórica y con los derechos conquistados por las mujeres y el colectivo LGTBi, avanzó lo que hoy es un temor entre la izquierda y, porque ahonda en su fractura, entre la derecha; que los resultados del 2D muestren “un camino a todos los españoles” y que cale el argumentario de Abascal, quien sostiene que “el golpe de Estado” ha pasado “del palacio de la Generalidad al de la Moncloa”.

A los socios europeos del PP (Partido Popular Europeo) y de Ciudadanos (Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa) les preocupa que lleguen a pactos con una formación a la que Marine Le Pen, presidenta del ultraderechista Frente Nacional francés, ha mandado sus “cordiales y sinceras” felicitaciones. Los teléfonos ya han empezado a sonar. Pero, aunque las elecciones al Parlamento de la UE también están a la vuelta de la esquina, no parece que nada vaya a ensombrecer las estrategias nacionales que, en todos los partidos, son máxima prioridad.

Sánchez pierde el bastión del Sur


El andalucismo de Teresa Rodríguez y Adelante Andalucía no ha servido para recoger a los desencantados por la gestión del PSOE. / EP

Como ya le sucediera tras su derrota en las primarias del PSOE, Susana Díaz comparecía ante los medios demudada y con los suyos en estado de shock para subrayar que todavía tiene intención de pelear por la presidencia de la Junta. El objetivo es presionar al máximo a Ciudadanos, ante la sospecha de que buena parte de su ascenso se debe al trasvase de votos socialistas, que seguramente no perdonarán una triple alianza de los de Albert Rivera con PP y Vox. Pero la realidad es tozuda, y en el PSOE asumen que, salvo milagro, han cerrado un capítulo en la historia de España, poniendo fin a los 36 años de gobierno socialista en Andalucía. Una comunidad que ha sido, desde la Transición, la principal mina de votos del partido, fundamental, junto a Cataluña, para que hubiera un presidente socialista en Moncloa.

Díaz había adelantado unos meses las elecciones para evitar que la sentencia de los ERE, prevista para la próxima primavera, la pillara en las semanas previas a los comicios. Y había diseñado una campaña de perfil bajo. Un catenaccio político apoyado en unos sondeos que la colocaban en posición de renovar la presidencia. A la baja, sí, pero manteniendo al alcance de su mano seguir en San Telmo sumando con Adelante Andalucía o con Ciudadanos. La baja participación, del 58% -cuando en Andalucía, por lo menos hasta las autonómicas de 2013, ha sido tradicionalmente alta, cercana o superior al 70%-, ha terminado barriendo las esperanzas socialistas. Pero quienes esperaban en el seno del partido que Díaz dimitiera tras conocer los resultados se han llevado un chasco. La todavía presidenta en funciones se apresta a resistir hasta el final. Habrá que ver si consigue evitar lo que hoy por hoy parece el punto final a su carrera política.

Estos comicios dejan un trauma que el PSOE todavía tiene que digerir. En cierto sentido, las urnas andaluzas refuerzan el impulso renovador del partido impuesto por Pedro Sánchez. Al fin y al cabo, como en las primarias, con Díaz ha sido derrotada la facción más conservadora del partido y la vieja nomenclatura, abiertamente hostil a Sánchez. Pero el resultado deja para el presidente una ecuación que, por el momento, parece irresoluble. Mientras aumentan en el entorno de Sánchez los partidarios de adelantar al máximo las generales, las andaluzas se revelaban como un termómetro fundamental. Pero el resultado arroja un escenario en el que adelantar los comicios al primer trimestre, como ya se maneja en el seno del Gobierno, puede ser temerario. Y, al mismo tiempo, no adelantarlos y seguir gobernando vía decretos, con los Presupuestos bloqueados, se revela casi imposible.

Habrá que esperar para ver cómo evolucionan los acontecimientos en Andalucía y las negociaciones para articular un nuevo gobierno, pero los resultados enredan aún más el panorama. Los partidarios de adelantar al máximo los comicios, que tienen al ministro de Fomento, José Luis Ábalos, como una de sus principales voces, venían sosteniendo que “el relato se agota”. Que gobernar vía decretos por lo menos hasta el otoño de 2019, como pretende el presidente, con ERC y el PDeCAT poniendo carísimo cada acuerdo parlamentario y con PP y Ciudadanos pudiendo boicotear cualquier ley desde su mayoría en la Mesa del Congreso, puede terminar siendo muy caro. Un precio muy alto que se podría evitar pagar aprovechando la tendencia al alza en las encuestas que colocan al PSOE como el partido más votado. El problema es que las encuestas también colocaban a Susana Díaz con capacidad de mantener la presidencia de la Junta.

Ahora, no falta quien defiende en el seno del PSOE que la irrupción de Vox puede movilizar al electorado progresista que en estos comicios se ha quedado en casa, abandonando tanto a Susana Díaz como a Teresa Rodríguez. El problema es que el fantasma de Vox ya ha sido agitado ampliamente por Díaz durante la campaña. Y no parece haber servido de mucho.

Y por si fuera poco complicado para Sánchez desenredar la madeja del escenario político español, Jordi Sànchez y Jordi Turull se han puesto en huelga de hambre en protesta por el juicio que se abrirá el próximo mes de enero. Una huelga de hambre que sólo se entiende desde el pulso por la hegemonía en el independentismo que vienen manteniendo ERC y el núcleo duro de Carles Puigdemont. En Cataluña, hace tiempo que se viene hablando del ‘momento Junqueras’ que iba a suponer la apertura del juicio del 1-O. Tras más de un año encarcelado, fuera de los focos, Junqueras volverá a estar en el centro de la escena relegando aún más a un Puigdemont que está empezando a descubrir que Waterloo está muy lejos del día a día de Barcelona y de los resortes del poder.

Hasta este domingo, abundaban quienes señalaban que ir a las urnas con el juicio en marcha podría servir al presidente para sostener que no se ha claudicado ante el independentismo catalán. Y lo mismo puede decirse en el caso de ERC, a quien las encuestas vuelven a situar por delante de Junts per Catalunya, reforzando así su estrategia de normalización y de tender la mano al Ejecutivo de Sánchez. Los republicanos podrían acudir a las elecciones subrayando su firmeza frente a un gobierno al que no han aprobado los Presupuestos porque su llegada no ha supuesto una mejora sustancial en la situación de Junqueras y los demás procesados por el 1-O. Pero los resultados del 2-D no hacen sino complicar la situación. Le toca a Sánchez resolver la ecuación.

La suma de Podemos e IU vuelve a restar

Probablemente sea la evolución natural de las cosas que Podemos e IU acudan juntas a las citas electorales. Comparten la inmensa mayoría de sus posiciones políticas y su entendimiento era un clamor por parte sus simpatizantes si atendemos al sentir de las redes sociales. Pero desde que se produjo la famosa foto de Pablo Iglesias y Alberto Garzón brindando con cerveza para sellar su acuerdo, las candidaturas comunes de Podemos e IU han perdido representación en relación a lo que consiguieron por separado. Sucedió en las generales de junio de 2016, cuando se dejaron un millón de votos en relación a las de diciembre de 2015, y ha sucedido ahora. Adelante Andalucía ha conseguido casi 590.000 votos, -el 16%, 17 escaños-, por los 865.000 que consiguieron ambas formaciones en 2015 –el 21% y 20 escaños-.

La decepción es mayor aún en el seno de Podemos e IU porque había una percepción general de que la campaña liderada al alimón por Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo estaba funcionando bastante bien. Había –o eso se interpretaba- una movilización sustancial tanto en los actos como en las redes sociales –donde tanto Podemos como IU tienen una red de activistas muy potente- y las encuestas les colocaban ante la posibilidad de ser la segunda fuerza, por delante del PP. Parecía que el empeño de Rodríguez de construir un proyecto político de marcado perfil andalucista, autónomo de Madrid, funcionaba. La simbología de Podemos, como la de IU, había quedado en segundo plano durante la campaña. En los actos, casi ninguna bandera roja, muy pocas camisetas moradas y muchas banderas verdes y blancas. Pero esa línea política no ha servido en estos comicios para recoger, al menos, a parte de los desencantados por la gestión de Susana Díaz.

En Podemos asumen que muy probablemente las generales serán a principios de año. De hecho, Pablo Iglesias fue el primero en hablar públicamente de la posibilidad de que las generales se adelantaran a principios de 2019, antes de las municipales, autonómicas y europeas de mayo, como había puesto encima de la mesa el propio Ábalos. Ya se han abierto las primarias para confirmarlo como candidato, de cara a unos comicios en los que Iglesias llama a una “alerta antifascista”, como expresó ante los medios en la noche electoral. El líder de Podemos también lanzó un aviso a los partidos catalanes, que ya han subrayado su intención de no aprobar las cuentas acordadas entre el Gobierno y Unidos Podemos: “no están en juego unos Presupuestos, sino frenar a la extrema derecha”.

 

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