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 Nº 1268. 9 de noviembre de 2018

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá

Es el causante de 1.000 muertes al año en nuestro país

El ruido, una epidemia muy española

La vida de la ciudades somete a sus habitantes a una interminable sucesión de sonidos inarticulados que no sólo molestan. Obras, carreteras, fábricas, maquinaria..., se mezclan y suman en el día a día de unos habitantes que comienzan a sufrir sus consecuencias.


Según la Organización Mundial de la Salud, el ruido es el segundo problema ambiental, después de la contaminación del aire, que más afecta a los seres humanos.

Según la OMS el ruido es el segundo problema ambiental, después de la contaminación del aire, que más afecta y afectará a los seres humanos en los próximos años. Sus datos advierten de que uno de cada cinco europeos se expone regularmente a niveles que dañan su salud.

El ser humano no es inmune al ruido, y aunque aparentemente podamos “acostumbrarnos” a vivir en un entorno acústico hostil sin apenas darnos cuenta de los elevados niveles que se acumulan, el cuerpo nota su presencia y reacciona.

En España, nueve millones de habitantes sufren niveles de ruido dañinos de día y de noche. Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Baleares son las comunidades más perjudicadas por esta contaminación, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (aunque es cada comunidad la que realiza sus propias mediciones).

El causante de más del 80 por ciento del ruido urbano es el tráfico, que sobrepasa muy frecuentemente los 55 dB –el máximo límite diurno aconsejable es de 65, según la OMS, aunque se consideran “incomodidad acústica” los niveles entre 55 y 65–. Esta problemática, que podría depositar sus esperanzas en el coche eléctrico, ya que su utilización de forma masiva reduciría drásticamente el ruido, aún no se considera como la una solución viable, ya que muchas de las marcas de coches eléctricos están añadiendo ruidos a sus vehículos para evitar problemas de seguridad vial.

La segunda fuente de ruido que más perjudica a los europeos son los ferrocarriles, que afectan a 19 millones de personas, y la tercera el tráfico aéreo, que afecta a 4,1 millones. Copan las primeras posiciones los medios de transporte, y le siguen las fábricas.
 
El ruido de una autopista, un aeropuerto cercano, el trabajo de una fábrica... son todos ellos ruidos ‘inevitables’, al menos de manera individual. Sin embargo, hay otros a los que sí podemos hacer frente. La OMS ha alertado de que 1.100 millones de personas sufren riesgo de pérdidas de audición y en algunos casos los motivos se pueden evitar. El informe emitido por la organización habla del uso prolongado, especialmente el de los jóvenes, de auriculares con música demasiado alta, y alerta del ocio desarrollado en los bares, clubes de ocio y eventos con niveles de ruido y música muy elevados. Según los estudios realizados, en países de ingresos medianos y altos, el 50 por ciento de los adolescentes y jóvenes de 12 a 35 años están expuestos a niveles perjudiciales de ruido por el uso de aparatos de audio y alrededor del 40 por ciento se exponen a niveles de ruido potencialmente peligrosos en los lugares de ocio.

La exposición a  esta contaminación tiene consecuencias muy diversas y muy extensas, sus efectos se notan a   niveles muy distintos:

  • Descanso. Tanto de día como de noche, la exposición al ruido puede provocar trastornos en el sueño y en el descanso, lo que a su vez da lugar a problemas atencionales y de aprendizaje.

 

  • Problemas físicos. No debemos olvidar que el cuerpo reacciona al sonido. En la naturaleza un sonido fuerte puede ser el aviso de la llegada de un peligro, por tanto exponernos a niveles de ruidos elevados de forma continuada, incita a nuestro cuerpo a estar en estado de alerta. De ahí que muchas de las personas que sufren contaminación acústica tengan problemas respecto al aumento de la presión arterial, del ritmo cardiaco o de la frecuencia respiratoria, lo que puede derivar a largo plazo en enfermedades cardiovasculares.  
  • Efectos psicológicos. Muchos de los afectados acusan estrés, ansiedad, agresividad, e incluso depresión.

 

  • Pérdidas de audición. Especialmente las personas sometidas a ruidos muy elevados (por encima de los 90dB), como los albañiles, trabajadores de aeropuertos, camareros... pueden llegar a padecer pérdidas de audición y/o otros problemas de audición como pitidos en los oídos.   

Según los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente los ruidos nocivos provocan 16.600 muertes al año y son causa de 72.000 ingresos hospitalarios en Europa (1.000 muertes al año en España y 4.000 ingresos hospitalarios). Otro estudio llevado a cabo por el Observatorio de la Salud Medio Ambiente DKV Seguros-GAES, en colaboración con Ecodes, afirma que en las zonas ruidosas, por cada decibelio por encima de los 65, incrementan los ingresos hospitalarios en un 5,3 por ciento, sobre todo por causas cardiovasculares.

Los efectos del ruido en los niños también se pueden vincular a su capacidad de aprendizaje, su comprensión lectora, la ralentización en la resolución de problemas, problemas de memoria y a su motivación.

El ruido es una gran epidemia, que sin embargo se desarrolla silenciosa y de la que apenas nadie habla. Va a más, y sus consecuencias son drásticas. Se desarrollan legislaciones y normativas para evitarlas, de hecho, España, donde el problema es acuciante, tiene una de las legislaciones más avanzadas del mundo, pero es mucho más ineficaz en lograr el cumplimiento de la misma.

Conocer el nivel de ruido de un país es complicado, ya que depende de muchos factores y su medición varía mucho en periodos muy cortos de tiempo, pero según la National Academy of Science Report, España es el segundo país más ruidoso del mundo y aunque otros estudios sean más benévolos con las puntuaciones, los mismos españoles somos conscientes de nuestro alto nivel de ruido, tanto que el 96 por ciento califica a España como un país ruidoso, según los datos de la empresa Oi2, especialistas en audición.  

Al día

Se puede evitar

En la medida de nuestras posibilidades, todos podemos contribuir a mejorar la contaminación acústica.

  • De la misma manera que evitas coger el coche cuando puedes ir andando, en bici o coger un autobús por razones de contaminación ambiental, hazlo por la acústica. Ya tienes un motivo más.
  • Una vez en el coche no utilices el claxon salvo si es para prevenir un accidente. Cuando un coche en segunda fila te deje encerrado, templa las ganas de darle a la bocina y procura preguntar antes en los comercios de enfrente. Quizás haya suerte.
  • Si tienes vecinos abajo, cuídalos: no pongas la lavadora ni el lavavajillas por la noche, evita zapatos que hagan demasiado ruido y baja el volumen de tu música y de la televisión.
  • Si tienes perro procura educarlo desde pequeño y enséñale a no ladrar en casa.
  • Si tienes que hacer obras o utilizar herramientas muy ruidosas en casa, intenta hacerlo con las ventanas cerradas.
  • En los bares y restaurantes vigila no estar gritando demasiado, especialmente cuando se está en una mesa con mucha gente tendemos a subir mucho el volumen.
  • Cuando salgas por la noche con amigos evita quedarte hablando muy alto debajo de las casas.
  • Cuídate a ti mismo evitando utilizar auriculares con música muy alta y durante mucho tiempo, y lugares en los que el ruido o la música sobrepase niveles muy altos. Unos buenos cascos que aíslen el ruido del exterior son preferibles porque nos permiten escuchar la música a un volumen más bajo. También puedes llevar tapones a eventos en los que el ruido o la música sean demasiado altos.

Hay aplicaciones para móvil disponibles con sonómetro, para poder medir el ruido de donde te encuentres.

Escuchar música a todo volumen con auriculares es uno de los mayores peligros para la salud de nuestros oídos. / EUROPA PRESS

 

 

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