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 Nº 1268. 9 de noviembre de 2018

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Política / Virginia Miranda

Fieles en Génova, Congreso y Andalucía invocan su espíritu

El fantasma de Cospedal persigue a Casado

Fue la solución y ahora era el problema. María Dolores de Cospedal cedió sus apoyos a Pablo Casado para evitar que su archienemiga Soraya Sáenz de Santamaría tomara las riendas de Génova, pero el líder conservador no podía perder más tiempo con las grabaciones de Villarejo y para recuperar la agenda necesitaba culminar su caída. Tras días resistiéndose a un final político indeseable, la ex secretaria general ha dado su brazo a torcer abandonando primero el Comité Ejecutivo Nacional ‘popular’, y, finalmente, su acta de diputada. Dice adiós una de las personas que más poder acumuló en la era Rajoy. Pero no se va del todo. El presidente del nuevo PP no es el único que sigue en deuda con su otrora poderosa número dos.


María Dolores de Cospedal dio su apoyo a Casado a cambio de que situara en puestos destacados del partido a las personas de su confianza. / EUROPA PRESS

Casado, de viaje en Helsinki durante el anuncio de dimisión de Cospedal, debe su cargo a quien protagonizó alguna “práctica del pasado que nos pueda avergonzar”. Fuentes ‘populares’ empiezan a poner el foco en los fieles a la exnúmero dos integrados en importantes cargos orgánicos y parlamentarios del PP.


Llegó a ser, simultáneamente, secretaria general del PP, presidenta de la formación en Castilla-La Mancha y ministra de Defensa. Tantos cargos acumuló en el partido que muchos de sus compañeros eran incapaces de disimular los recelos que provocaba semejante acumulación de poder.

Aquello no hacía más que aumentar sus posibilidades en la pelea que sostuvo durante años con Soraya Sáenz de Santamaría, tan poderosa como ella y con las mismas ganas de suceder a Mariano Rajoy. Pero, llegado el momento de librar la batalla final, a las dos les faltaron reflejos y no supieron ver la amenaza que representaba el vicesecretario de Comunicación del último equipo de Mariano Rajoy, un joven bien relacionado dentro y fuera del grupo parlamentario que, en un tiempo récord, los poco más de quince días que mediaron entre la moción de censura del 1 de junio que desalojó al PP del Gobierno y la presentación de candidaturas a la presidencia del partido, ya tenía equipo, mensaje y estrategia para pelear contra dos pesos pesados como eran las número dos de Génova y de Moncloa.

Pablo Casado logró dar la campanada con su proyecto de regeneración del PP. Pero no lo habría logrado sin la ayuda del pasado, que vino a darle el empujón definitivo en la votación del congreso extraordinario del 21 de junio. Sin los compromisarios que en primera vuelta dieron su apoyo a María Dolores de Cospedal, el hoy líder conservador habría caído derrotado ante la exvicepresidenta del Gobierno.

La exsecretaria general del PP acaba de dimitir de sus cargos en la formación conservadora –vocal del Comité Ejecutivo Nacional– y en el Congreso –diputada, además de vocal en la Comisión Permanente y presidenta de la Comisión de Exteriores– después de que moncloa.com publicara unas grabaciones donde se les oye a ella y a su marido, el empresario Ignacio López del Hierro, interesarse por un pen drive con información comprometedora del caso Gürtel y encargar informes sobre Javier Arenas y un hermano de Alfredo Pérez Rubalcaba al excomisario José Manuel Villarejo. Para “no hacer daño al PP”, ha dicho en sendos comunicados de renuncia, con “alguna práctica del pasado que nos pueda avergonzar”, como las ha definido Casado.


Dolors Montserrat es portavoz del PP en el Congreso y Juan Ignacio Zoido, cabeza de lista por la provincia de Sevilla a las andaluzas. / EUROPA PRESS

“María Dolores de Cospedal ha realizado una labor formidable para el partido, para Castilla-La Mancha y para España” y tras abandonar su escaño en el Congreso “reconocemos y agradecemos” una decisión “que le honra a la hora de decir que no quiere que se instrumentalice su nombre para atacar al PP” con “cuestiones de hace diez años”. Pablo Casado valoraba así el comunicado de dimisión de la ya exdiputada dese Helsinki, donde hacía unas horas había aterrizado para participar en el congreso del Partido Popular Europeo.

El líder popular, que aunque en suelo finlandés había hablado esa misma tarde con Cospedal, insistió en subrayar su agradecimiento por una decisión “libre y personal”, pero de manera implícita reconoció que en ella había mediado mucho más que la voluntad de la exnúmero dos de Génova al subrayar que “cualquier práctica no ejemplar aunque no sea delictiva del pasado va a contar con el rechazo absoluto de esta dirección del partido”. “Cuando hay evidencias de las que nos podemos abochornar como partido –continuó–, actuaré con firmeza tal y como me encargaron los militantes que votaron por primera vez libremente y democrática en elección directa a su presidente”.

Esa, sin embargo, es una verdad a medias. Porque los militantes votaron en la primera vuelta, donde quedó segundo por detrás de Soraya Sáenz de Santamaría, y fueron los compromisarios los que le eligieron presidente del PP. Compromisarios controlados por el partido. Muchos de ellos, por María Dolores de Cospedal, que tras haber quedado fuera de la última ronda rompió la neutralidad exigida por Mariano Rajoy y se implicó activamente para frustrar las aspiraciones de su archienemiga política y exvicepresidenta del Gobierno cediendo sus apoyos a Casado.

Ni Casado ni nadie de su equipo más cercano tuvieron que ver con aquellas gestiones de 2009, cuando Cospedal se asomó a las cloacas del Estado para, dice en su comunicado de renuncia –el segundo, después de anunciar su dimisión a medias dos días antes abandonando el máximo órgano de dirección del PP–, “pedir más información para confirmar si eran ciertas cuestiones concretas que me habían hecho llegar y que podían afectar a determinadas personas”.

Pero tampoco Susana Díaz tuvo que ver con el caso de los ERE a pesar de haber alcanzado la presidencia de la Junta después de trabajar a las órdenes de Manuel Chaves y José Antonio Griñán –de hecho ella fue quien les dejó caer para poder seguir gobernando– y el PP la llamaba a declarar este pasado jueves en la comisión de investigación de la financiación de los partidos políticos del Senado dentro del capítulo andaluz donde también han sido citados los expresidentes a la espera de sentencia del Supremo en 2019. Entre la clase política reconocen que el líder popular ha soltado lastre, pero en su biografía política aparece escrito en mayúsculas y en tinta indeleble el nombre de Cospedal. Y eso, en pleno fragor de la batalla política que libran los partidos en medio de un largo y empinado ciclo electoral, es munición para el resto de partidos.


De los fieles a Cospedal, Isabel García Tejerina es la mejor situada en el Comité de Dirección de Génova. / EUROPA PRESS

Además, la también exministra de Defensa no cedió gratis sus tropas a la causa de Casado. No pidió tanto para ella, que según dice en su comunicado de dimisión tenía previsto abandonar su carrera política desde la celebración del congreso del PP el pasado julio, como para las personas de su máxima confianza. Dolors Montserrat e Isabel García Tejerina, las dos dirigentes populares que más han defendido estos últimos días a Cospedal tras conocerse las grabaciones de Villarejo, son de las mejor situadas en el organigrama del nuevo PP; la primera como portavoz del grupo popular en el Congreso y, la segunda, como vicesecretaria de sectorial en Génova.

También la cuota manchega de Cospedal se coló en los primeros puestos del nuevo PP de Casado, con Vicente Tirado como vicesecretario de Política Autonómica y Local. Juan Ignacio Zoido, con su amigo y compañero José Antonio Nieto, también encontraron buen acomodo; el primero como presidente del Comité Electoral –el órgano por el que deben pasar las listas electorales para su confirmación– y, el segundo, como secretario de Electoral dependiente de la vicesecretaría de Organización.

Zoido y Nieto protagonizan otra de las herencias que dejó la exdiputada en Andalucía antes de irse. Desde que Susana Díaz anunciara el adelanto electoral, los periodistas regionales han dado cuenta de las peleas que se han librado en el PP-A a cuenta de las disputadas listas. El candidato a presidir la Junta, Juan Manuel Moreno, es un sorayista reconvertido a la fuerza en casadista al que le han impuesto desde Génova la inclusión de cospedalistas. El propio Zoido es cabeza de lista por Sevilla y Nieto lo es por Córdoba.

De haberse precipitado la dimisión de Cospedal antes de la convocatoria del 2 de diciembre, el panorama podría haber sido bien distinto. No porque Casado no hubiese mantenido un pulso con Moreno Bonilla a cuenta de las candidaturas, sino porque no tendría que haber atendido los compromisos adquiridos en el congreso extraordinario de julio.

De hecho, ya hay voces populares que empiezan a poner el foco en los fieles a la exnúmero dos del PP integrados en importantes cargos orgánicos y parlamentarios de la formación conservadora. Y recuerdan recientes capítulos protagonizados por algunos de ellos con bochornoso resultado. Es el caso de algunas intervenciones de Dolors Montserrat en el pleno del Congreso –como cuando instó a la vicepresidenta, Carmen Calvo, a coordinar “Moncloa, Waterloo, la dacha de Galapagar y la herriko taberna”– o la declaración de Isabel García Tejerina infravalorando el nivel educativo de los niños andaluces frente al de los castellanoleoneses en pleno arranque de la precampaña de su compañero, Juan Manuel Moreno.

Ya entonces hubo críticas que, según interpretaron desde las filas populares, elevaban el tiro a Cospedal y a la dependencia que tenía Casado de los pactos contraídos el pasado verano. Ahora, en la formación conservadora se habla de aprovechar la marcha de la exsecretaria general para hacer cambios que, de paso, mejoren la estrategia de un presidente hiperactivo que apenas delega en su núcleo duro.

Sin prisas. Porque de haber movimientos no se puede concluir una causa-efecto que desvirtúen las palabras de agradecimiento del líder del PP a quien hizo posible su victoria en el duelo con Sáenz de Santamaría y el proceso no será fácil ni rápido. Pero no deja de ser paradójico que en el nuevo PP, con apenas tres meses y medio de vida, ya haya empezado la renovación.

La exsecretaria general del PP y su marido sospechan de la mano de Sáenz de Santamaría, según El Mundo. / EUROPA PRESS

Runrún sobre la filtración de las grabaciones

Algunos periodistas apuntaban desde hace días, a media voz, la posibilidad de que haya una ‘mano negra’ tras la filtración de las grabaciones de José Manuel Villarejo a María Dolores de Cospedal y su marido, Ignacio López del Hierro. Pero ha sido el diario El Mundo el que ha puesto nombre a la persona de la que sospecha el matrimonio ahora bajo presión.

Según cuenta en La Otra Crónica, “la pareja repite a quien quiera escucharla” que detrás “está la ex vicepresidenta popular”, Soraya Sáenz de Santamaría, que hasta hace no mucho tenía el control del CNI. “Ellos sabían desde hace meses que esas grabaciones existían, pero pensaban que al estar ya fuera de la primera línea no saldrían. Están convencidos de que Soraya ha querido regalarle la mejor de las despedidas”, asegura el suplemento de El Mundo en boca de un allegado al matrimonio, “dando por hecho que detrás de esta filtración se esconde la mujer que más odia esta pareja”.

Y el artículo de El Mundo, añade: “La pareja cree que Soraya, que no está llevando bien su vida al margen de la política, se encuentra orquestando una operación para acabar primero con Cospedal y luego ir a por el líder del PP”.