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 Nº 1266. 26  de octubre de 2018

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Política / M.C.

Díaz-Rodríguez, Gabilondo-Errejón, Colau-Collboni…  

Las otras parejas del baile PSOE-Podemos

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no son la única pareja que va a determinar la evolución de la entente PSOE-Podemos. Las primeras en ‘bailar’, en las elecciones andaluzas de diciembre, van a ser Susana Díaz y Teresa Rodríguez, que mantienen una relación igual de distante que la de Sánchez e Iglesias no hace tanto, pero que pueden verse obligadas a entenderse. Ya en mayo, en las municipales y autonómicas, saldrán a bailar otras parejas, con Ángel Gabilondo e Iñigo Errejón a la cabeza. A diferencia de sus homólogos en la mayoría de comunidades, ellos se conocen, se aprecian y pueden protagonizar el primer ejecutivo de coalición relevante entre el PSOE y Podemos. Mientras, en Barcelona, Ada Colau, tras haber roto su acuerdo de gobierno con Jaume Collboni, tiene ante sí el peligro de verse sobrepasada por la ERC de Ernest Maragall, como apuntan muchas encuestas. 

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Teresa Rodríguez, Susana Díaz, Ángel Gabilondo, Iñigo Errejón, Ada Colau y Jaume Collboni. /EP/EP/EP/EP/
Ajuntament de Barcelona/EP

Los gobiernos progresistas en Aragón, Castilla-La Mancha y Extremadura también van depender en buena medida del entendimiento de otras tres parejas. En la primera región, su presidente, Javier Lambán, ya le ha pedido al líder de Podemos, Nacho Escartín, una relación “más fluida”, ante las trabas que están poniendo los morados a la hora de negociar los presupuestos de 2019. En Castilla-La Mancha, José García Molina ya se ha mostrado dispuesto a volver a entrar en el Ejecutivo de Emiliano García-Page, al que amenaza la posibilidad de una mayoría PP-Ciudadanos. Mientras, en Extremadura, Guillermo Fernández Vara y Álvaro Jaén han enderezado su inexistente relación gracias a los vientos que han llegado desde Madrid.

En la relación entre Susana Díaz y Teresa Rodríguez ha primado la desconfianza y los choques dialécticos. / Junta de Andalucía

Díaz y Rodríguez, enemigas íntimas

Díaz y Rodríguez comparten algunas cosas. La fundamental es que han conseguido construir liderazgos muy sólidos yendo a la contra, en la mayor parte de las ocasiones, de sus respectivos secretarios generales. Ese perfil político similar quizá debiera acercarlas, pero ya se sabe que los polos iguales se repelen. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido entre las dos desde que Podemos irrumpiera en el escenario político andaluz en las elecciones de marzo de 2015.
Hoy por hoy la inquina sigue vive como el primer día, como se pudo apreciar hace pocas semanas, cuando la presidenta insinuaba, o así lo interpretó la líder de Podemos, que carecía de suficientes conocimientos de economía. “Señora Díaz, ha dejado usted caer que yo tengo problemas de formación, que la Economía no es lo mío, yo no he tardado diez años en acabar la carrera. Si nos las buscamos, nos las encontramos”, respondía Rodríguez en el pleno del Parlamento andaluz.

Sin embargo, es posible que las circunstancias terminen acercando a Díaz y a Rodríguez. Las encuestas prevén un escenario aún más abierto que el de 2015, con un PSOE ligeramente a la baja que repetiría victoria y que podría volver a elegir entre Ciudadanos y Marea Andaluza –la marca con la que Podemos e IU concurrirán a los comicios- para formar una mayoría estable. En San Telmo siguen contemplando a los naranjas como la única posibilidad a la hora de formar gobierno, pero si en 2015 Ciudadanos era una formación que se estrenaba en el Parlamento andaluz, los de Albert Rivera están en condiciones, incluso, de pelearle la hegemonía de la derecha al PP. Pero, en cualquier caso, está por ver que Rivera y los suyos quieran seguir funcionando como sostén del Ejecutivo de Susana Díaz. Y más cuando se conozca la sentencia de los ERE, la próxima primavera.  De momento...

Rodríguez está basando su campaña en constituirse como “una barrera para las derechas”, ofreciendo sus votos para la investidura de Díaz pero sin entrar en el gobierno. Eso podría llegar a ser una buena solución para Díaz, que se garantizaría gobernar sin gestionar un heterogéneo Ejecutivo de coalición que tampoco quiere ni en pintura. Pero el problema es que la interlocución entre la cúpula del PSOE andaluz y la dirección de Podemos en esa comunidad sigue siendo nula. En las filas socialistas siguen pensando que Rodríguez es quien puso más trabas para sacar adelante un acuerdo en 2015. Y siguen sin confiar en ella.

Por si fuera poco, la experiencia de gobierno entre los socialistas e IU entre 2012 y 2015 terminó regular, cuanto menos, y la nueva dirección liderada por Maíllo –que está haciendo la precampaña a dúo con Rodríguez, con la que mantiene una muy buena relación- tampoco tiene canales de comunicación abiertos con el entorno de Díaz. Es más, en la dirección de IU ha escocido que desde el PSOE se haya contactado con reputados alcaldes o exdirigentes de la coalición descontentos con la gestión de Maíllo, al que acusan de haber entregado el partido a Podemos. Así que por el lado de IU, las relaciones no son mucho mejores.

A Ferraz le gustaría que se buscaran interlocutores a la izquierda del partido, en línea con la entente entre Sánchez e Iglesias recién inaugurada. Pero la opción hoy por hoy es lejana, por lo que tampoco se puede descartar un escenario de bloqueo político, de consecuencias impredecibles. En 2015, Díaz ya tardó 80 días en formar gobierno y en los círculos políticos andaluces prevén que ese plazo sea mayor. Pero hay quien recuerda que la relación personal y política entre Sánchez e Iglesias era igual o peor que entre Díaz y Rodríguez y ambos la han terminado reconduciendo, plenamente conscientes de que se necesitan para poner en marcha un gobierno progresista.

Ángel Gabilondo e Iñigo Errejón mantienen abiertos fluidos canales de comunicación. /EP/EP

Gabilondo y Errejón, los mejor avenidos

Ángel Gabilondo e Iñigo Errejón componen una pareja radicalmente diferente a Susana Díaz y Teresa Rodríguez. Los dos se respetan políticamente y mantienen canales de comunicación abiertos, con el concurso del secretario general de los socialistas madrileños, José Manuel Franco. Una buena base para levantar un acuerdo de gobierno sobre el que hacer realidad lo que PSOE y Podemos tocaron con la punta de los dedos en 2015: desplazar al PP del gobierno de la Comunidad de Madrid por primera vez desde 1995. Hace tres años faltó sólo un escaño, que hubiera aportado IU si la ley electoral no le hubiera dejado fuera de la Asamblea madrileña con el 4,1% de los votos. Ahora, son conscientes de que probablemente dependerá de unos pocos miles de votos -como sucedió también en el Ayuntamiento de Madrid, en el que Esperanza Aguirre perdió la alcaldía por sólo 30.000 votos-, pero confían en la situación de un PP contra las cuerdas tras el ‘caso Cifuentes’, sin un candidato claro, y con Ignacio Aguado muy mal valorado en las encuestas y que sigue sin consolidar un liderazgo potente en las filas de Ciudadanos.

El sondeo más reciente para la Comunidad de Madrid, ya tras la investidura de Sánchez como presidente, es el del último CIS, en el que los datos aparecen desgranados por autonomías. Son datos con un margen de error relativamente amplio, del 5%, y en el caso de elecciones generales, pero puede dar pistas acerca de por dónde irán los tiros. Así, los populares pasarían de ser la primera fuerza a ser la cuarta, mientras que los socialistas serían los más votados, seguidos de Ciudadanos y, en tercer lugar, Podemos.

Gabilondo ha venido insistiendo en que buscará alianzas poselectorales sin excluir a ninguna otra fuerza política. Se ha preocupado en dejar claro, de puertas para afuera, en que no priorizará a Podemos. “No voy a cerrar las puertas a ningún grupo”, explicaba en una entrevista concedida a El Siglo el pasado mes de mayo, en el número 1245, “pero sólo me pondré de acuerdo si lo que quieren es transformar Madrid para hacerlo más sostenible, más próspero y más justo”, subrayaba. Una aclaración que venía acompañada de algún que otro elogio a un Iñigo Errejón al que considera “una persona valiosa”.

Desde Podemos, el mensaje de partida es bien diferente, preocupado en interpelar al PSOE e insistir en la “competición virtuosa”, como le gusta explicar a Errejón, entre los socialistas y la formación morada. En la dirección del partido son conscientes de que se juegan buena parte de su futuro político en los comicios madrileños del próximo mes de mayo, tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Manuela Carmena todavía no tiene ‘pareja de baile’ en el PSOE, cuya dirección no termina de encontrar un candidato y ha llegado a aplazar las primarias para elegirlo a principios del año próximo. Para los morados sería un hito fundamental formar parte de un gobierno autonómico y no uno cualquiera, sino el de la capital de España. Un hipotético gobierno que, además, podría servir de preludio para el que Iglesias busca en el Estado.

Ada Colau y Jaume Collboni están ante la posibilidad de que la ERC liderada por Ernest Maragall sea la fuerza más votada. /Barcelona en Comú

Colau y Collboni, ante el ‘efecto Maragall’
La pareja Ada Colau-Jaume Collboni ha sido el primer ‘matrimonio’ relevante entre una fuerza referenciada en Unidos Podemos a nivel nacional y los socialistas. La alcaldesa trataba de atenuar su posición minoritaria en el consistorio, que suma 11 concejales de los 41 que hay en total, con los cinco del PSC. No le solucionaba la papeleta a la hora de sacar adelante proyectos importantes como los presupuestos, pero le otorgaba algo más de estabilidad desde la que negociar con otros grupos. Sin embargo, el pacto terminó por romperse con el apoyo del PSOE a la aplicación del 155. Colau y los suyos dejaron en manos de las bases de Barcelona en Comú la decisión de romper o no el pacto de gobierno con los socialistas, sin defenderlo previamente y criticando duramente la intervención de la Generalitat. El 54% de los que votaron apostaron por romper el pacto y, desde entonces, hace ya un año la situación sigue siendo  muy complicada para Colau.

En marzo de este año, la alcaldesa conseguía aprobar las cuentas municipales para 2018 in extremis y por la puerta de atrás, gracias a un recurso legal que permite al consistorio sacar adelante sus cuentas, no con el apoyo de la mayoría del consistorio, sino con la alcaldesa sometiéndose a una moción de confianza. Al no haber un candidato alternativo que consiga el apoyo mayoritario, los presupuestos quedan aprobados automáticamente. Es la segunda vez consecutiva que Colau tiene que echar mano de este método. En 2017, con Collboni, como número dos, ya le sucedió. Y de hecho, nunca ha conseguido aprobar las cuentas municipales sumando los 21 concejales necesarios. En 2016 optó por prorrogar las cuentas heredadas de Xavier Trias y hacer algunas modificaciones.

Con estos precedentes, no son especialmente halagüeñas las encuestas para una Colau a la que se le estaría poniendo cuesta arriba renovar la alcaldía. Así lo indicaría la encuesta más reciente que se ha conocido, la de 'El Periódico', publicada a mediados de este mes. Según este sondeo no es el hipotético ‘efecto Valls’ el que se lleva el gato al agua, sino el ‘efecto Maragall’. Así, ERC pasaría a ser la primera fuerza del consistorio, mientras que Barcelona en Comú quedaría como la segunda fuerza, por delante de Ciudadanos, PSC, PDeCAT y CUP. Pero la victoria de ERC no despeja las dudas a la hora de formar mayorías, porque la independentista que hasta ahora ha sostenido al Govern de la Generalitat, no la alcanzaría. ¿Se abriría así la puerta al tripartito que muchas voces en los comunes y en ERC verían con buenos ojos? Desde luego, por Colau no quedaría, que no ha dudado en lanzar guiños a los republicanos desde que llegó al Ayuntamiento y que los concejales hasta ahora liderados por Alfred Bosch han desoído en la mayoría de las ocasiones.

De momento, los socialistas se hace cruces, pero quizá Maragall, ex PSC, ayude a tender puentes. No faltan las voces que señalan que Barcelona puede servir para explorar esa opción de gobierno a la hora de trasladarla a la Generalitat.

Emiliano García-Page y José García Molina han construido el único gobierno autonómico conjunto del PSOE y Podemos. / EP

García-Page y García Molina, sobre el alambre

Emiliano García-Page ha estado entre los dirigentes del PSOE que más duro dieron –y dan- a Pablo Iglesias y los suyos. Pero, ironías del destino, en la primavera de 2015 al presidente castellano-manchego le hicieron falta los dos diputados de la formación morada para poder ser investido, con lo que se firmó un acuerdo que inauguró una de las relaciones más tormentosas entre socialistas y morados, con ‘los García’ como protagonistas: García-Page y José García Molina.

El acuerdo se rompió en septiembre de 2016, cuando arreciaban las presiones a Ferraz para que aceptara la investidura de Rajoy, e Iglesias, por su parte, tiraba para el otro lado para atraer hacia sí a Sánchez y conseguir el gobierno de coalición que entonces exigía. Desde la formación morada se argumentó que se estaba incumpliendo el pacto de investidura de García-Page, que negó la mayor. “Sería razonable que el PSOE reconozca que ellos solos no pueden”, afirmaba –casi amenazaba- Iglesias en aquel entonces.

Menos de un año después, en agosto del año pasado, con Sánchez de vuelta en la secretaría general del partido, el acuerdo volvía a la vida para sacar adelante los presupuestos de la comunidad e integrar, además, a García Molina como vicepresidente segundo del Ejecutivo castellano-manchego.

Ahora, vuelven a soplar malos vientos. El Ejecutivo de García-Page ya ha anunciado que renuncia a redactar unos presupuestos para 2019 hasta que no estén aprobados los del Estado, ya que estos fijarían la capacidad de endeudamiento autonómica. En cualquier caso, según García-Page, el “presupuesto actual” es mejor que el que saldría de la conveniencia de intereses del PP, Podemos y Quim Torra”. Y a pesar de que su presidente vuelve a elevar el tono hacia Podemos, García Molina ya ha dejado claro que es partidario de reeditar la actual fórmula de gobierno. Aunque está por ver si es posible. Las encuestas que se han venido publicando a lo largo de este año dibujan un escenario muy igualado, abriendo la posibilidad de que el PP puede formar gobierno apoyado en Ciudadanos.

Ferraz y Princesa obligaron a entenderse a Guillermo Fernández Vara (segundo por la derecha) y Álvaro Jaén (segundo por la izquierda). / Podemos

Fernández Vara y Jaén, reconciliados desde Madrid

En Extremadura, Guillermo Fernández Vara sí exploró la fórmula que en su momento llegó a ofrecerle María Dolores de Cospedal a Emiliano García-Page: pactar los presupuestos. La gran coalición no fructificó en Castilla-La Mancha pero sí sirvió para sacar adelante las cuentas públicas extremeñas hasta que, el año pasado, los nuevos vientos que soplaban desde Ferraz y Princesa empujaron a Fernández Vara y a Álvaro Jaén, líder de Podemos en Extremadura, a olvidar sus desencuentros y a sentarse a negociar los Presupuestos para 2018. Las cuentas terminaron aprobadas gracias a la abstención de los morados.

La comparecencia de Jaén ante los medios para anunciar que cambiaba de criterio y que estaba dispuesto a sentarse a negociar las cuentas fue la mejor prueba de que la relación entre él y Fernández Vara había sido, hasta ese momento, inexistente. El líder de Podemos explicó que no había podido informar previamente al presidente de sus intenciones porque no pudo dar con él, no le colegía el teléfono. Luego, Fernández Vara dijo que Jaén habría cambiado de terminal, porque no conocía el número.

Ahora, con las autonómicas a la vista, Jaén acusa a Fernández Vara de seguir “empeñado en querer acordar” los presupuestos con los populares, mientras que José Antonio Monago, presidente del PP extremeño, a la contra, asegura que las cuentas “ya están pactadas con Podemos”. Según las encuestas que se han venido publicando, el PSOE volvería a ser la fuerza más votada, aunque con un ligero retroceso en votos. Pero la mayor caída sería para el PP, perdiendo una representación que recoge Ciudadanos. Eso sí, Monago podría llegar a estar en condiciones de formar gobierno con el apoyo de la formación naranja, según algunos de los sondeos que se han publicado.

Javier Lambán le pedía hace poco a Nacho Escartín una relación “más fluida”. /Gobierno de Aragón

Lambán y Escartín, obligados a entenderse
Tan fría es la relación entre Javier Lambán y Nacho Escartín que el presidente aragonés le pedía públicamente hace pocos días una relación “más fluida”, más diálogo. Escartín acaba de cumplir un año en la secretaría general de Podemos Aragón, después de que Pablo Echenique renunciara para dedicarse cien por cien a sus responsabilidades como secretario de Organización del partido. Y la situación no ha mejorado con Escartín, más bien al contrario. La relación estaba lejos de ser buena con Echenique, pero Podemos ha votado hasta ahora a favor de las cuentas presentadas por el Ejecutivo de Lambán. De cara a 2019, está por ver que sea así.

De momento, Podemos e IU le daban plantón al gobierno en la reunión prevista para el pasado jueves -a la que sólo acudió Chunta Aragonesista- para ir perfilando las cuentas de 2019. Escartín y los suyos quiere que el presidente acepte de antemano las cinco condiciones que plantearon el pasado mes de septiembre. Unas medidas que incluyen, entre otros asuntos, ayudas al alquiler, comedores escolares o la mejora de la atención primaria en Sanidad.

Así las cosas, no parece que se estén sentando las bases para una colaboración más estrecha. Pero las encuestas no son halagüeñas para las fuerzas progresistas en Aragón. La última, publicada por el 'Herald'o a mediados de mes, prevé que PSOE, Unidos Podemos y Chunta Aragonesista pierdan, por escasa diferencia, la mayoría en las Cortes. Y en el Ayuntamiento de Zaragoza, la situación sería peor. Según este mismo sondeo, los electores castigarían severamente la gestión de Pedro Santisteve y Zaragoza en Comú sufriría un batacazo importante, perdiendo casi 10 puntos y quedándose en el 15% de los votos. PP y PSOE estarían en empate técnico y Ciudadanos tendría la llave, en condiciones de dar la mayoría en cualquiera de los dos.