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 Nº 1265. 19  de octubre de 2018

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Política / Manuel Capilla

Junqueras y Bonvehí lideran el frente anti-Puigdemont para que el gobierno de Sánchez aguante

Los ‘indepes’ de Pedro

Pedro Sánchez tiene por delante el desafío de incorporar a las fuerzas políticas catalanas y vascas al pacto presupuestario cerrado con Pablo Iglesias. Con el PNV las sensaciones son buenas, pero ante el próximo arranque del juicio por el 1-O, el independentismo reclama gestos hacia los presos y sobre la autodeterminación, muy complicados de conceder por parte del Gobierno. Sin embargo, mientras Carles Puigdemont y su núcleo duro apuestan por el veto a las cuentas en su estrategia de confrontación, Sánchez cuenta con dos aliados clave al frente de ERC y el PDeCAT, Oriol Junqueras y David Bonvehí, que ya no esconden sus diferencias estratégicas con el ex ‘president’ y que apuestan por normalizar la situación política en Cataluña sosteniendo al nuevo gobierno socialista. 


Oriol Junqueras y David Bonvehí ya no esconden sus diferencias estratégicas con Carles Puigdemont. / EP / PDeCAT

Junqueras necesitará “algún gesto” que vaya más allá de els diners, como un escrito benevolente con los presos por parte de la Abogacía del Estado en el proceso del 1-O, según revelan fuentes próximas a la cúpula de ERC Bonvehí ya ha dejado claro que espera avances en torno a “presos, exiliados y autodeterminación”, pero que “en ningún caso” el PDeCAT pactará con “Cs y PP para echar al Gobierno de Pedro Sánchez”

“Con todo el ruido mediático, ha pasado prácticamente desapercibida una noticia fundamental: la visita de Joan Rosell a Oriol Junqueras en la prisión de Lledoners”. Así explican fuentes conocedoras de los entresijos del Parlament el hecho de que el presidente de la CEOE haya dado carta de naturaleza al liderazgo de un Junqueras que, aún encarcelado, no ha perdido ni un ápice de ascendencia sobre ERC. Todo lo contrario que Carles Puigdemont, al que el día a día en Waterloo parece estar relegando de la escena mediática catalana. Quienes vuelan con cierta frecuencia a Bruselas desde Barcelona ya no ven “tantos lacitos amarillos” en los aviones como se veían hace unos meses. Un termómetro, según estas voces, de que “el carisma de Puigdemont se desvanece” al mismo tiempo que se refuerzan las posiciones de David Bonvehí y el resto de dirigentes y alcaldes del PDeCAT que se niegan a seguir al expresident en su estrategia de desobediencia y, sobre todo, a entregarle definitivamente el mando del espacio posconvergente disolviéndose en la nueva plataforma que está diseñando el expresident, la Crida per la República.


Como ‘vicepresident’ y ‘conseller’ de Economía, Pere Aragonès mantiene contactos frecuentes con Carmen Calvo y el equipo de María Jesús Montero. EP / PDeCAT

Tanto sigue pesando la auctoritas de Junqueras que el último en apuntarse a su larga lista de visitantes en Lledoners ha sido Pablo Iglesias, que parece dispuesto a abrir camino en la negociación presupuestaria con los ‘indepes’. Desde la cúpula de ERC se transmite que la decisión sobre los Presupuestos Generales del Estado la tomará Junqueras y que, con toda probabilidad, será favorable. Eso sí, los republicanos, como ha venido señalando Joan Tardà en los últimos días –portavoz oficioso del partido a la hora de fijar posición en temas sensibles- necesitarán “algún gesto” que vaya más allá de els diners. “Por ejemplo”, reflexionan fuentes próximas a la cúpula de ERC, podría tratarse de “una promesa de tiempo”, una fecha límite para poner encima de la mesa una propuesta política. Otro gesto podría estar “en el escrito que presente la Abogacía del Estado” en el proceso del 1-O, una vez que Llarena decrete la apertura del juicio oral. A diferencia de la Fiscalía, la Abogacía del Estado sí depende orgánicamente del Ministerio de Justicia, y sería muy bien recibido por el independentismo que en ese escrito se sostuviera la acusación de sedición en lugar de la de rebelión, que conlleva penas máximas de cárcel sensiblemente inferiores. Sin embargo, está por ver el margen de actuación de la Abogacía del Estado en este sentido, personada por el delito de malversación del que se acusa a algunos de los procesados.

La opción de la Abogacía del Estado parece más factible que la que se está demandando públicamente desde ERC: que el Gobierno inste a la Fiscalía “a retirar las acusaciones” contra los procesados. La Fiscalía sigue siendo el nudo gordiano del proceso, porque es la encargada de redactar el escrito de acusación y de sostener o no las penas más graves. Y a nadie se le escapa que la Fiscalía suele estar alineada con el Ejecutivo, entre otras cosas porque es quien nombra al fiscal general del Estado, como fue el caso de María José Segarra en junio. El independentismo presiona y no pierde la esperanza de un gesto público en este sentido, pero el Gobierno ha cerrado la puerta a esta posibilidad, fiándolo todo en último extremo a que los independentistas les va a resultar difícil explicar su veto a unas cuentas públicas que incluyen una inyección de 2.300 millones para Cataluña. Una cifra que algunas fuentes conocedoras de las negociaciones colocan cerca de los 3.000 millones cuando se complete alguna transferencia pendiente.

Con esta cantidad de millones, la idea es poner más presión en un independentismo incapaz ya de disimular las grietas que lo recorren. Por muchas fotos de reconciliación que se hagan Joaquim Torra y su vicepresidente y mano derecha de Junqueras, Pere Aragonès, las estrategias de los irreductibles de Puigdemont y de la cúpula de ERC se han demostrado difícilmente conciliables. Tanto es así que los responsables del grupo parlamentario de Junts per Catalunya -con su portavoz, Eduard Pujol, y el vicepresidente de la Mesa de la Cámara, Josep Costa, a la cabeza- han  preferido dinamitar la mayoría independentista en el Parlament a plegarse a una fórmula jurídica que permitiera delegar el voto a los diputados encausados en el 1-O y, por tanto, suspendidos: Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull, aparte del propio Puigdemont. Esa era la fórmula que defendía desde la presidencia de la mesa Roger Torrent y que sí han estado dispuestos a acatar los diputados encausados de ERC, Junqueras y Raül Romeva.


El portavoz del PDeCAT en el Congreso, Carles Campuzano, es una de las voces más pragmáticas y posibilistas del independentismo. EP

Pero la peor noticia para Puigdemont y su núcleo duro no es que los líderes de ERC se hayan plantado definitivamente ante su estrategia de desobediencia y enfrentamiento con el Estado, porque sus caminos divergen, a ojos vista, a partir del 1-O. Desde la vicepresidencia del Govern y la conselleria de Economía, Aragonès hace tiempo que viene poniendo en práctica la tesis de su mentor Junqueras de que la prioridad, hoy por hoy, es desplegar un “gobierno efectivo”, según la terminología de la cúpula de ERC. Aragonès colabora con el Ejecutivo de Sánchez en las reactivadas comisiones bilaterales mientras no pierde vista sus posibilidades de liderar la candidatura de ERC en las próximas elecciones catalanas. Otro muy pendiente de aspirar al hueco de Junqueras como cabeza de lista de ERC es Roger Torrent, que no está dispuesto a terminar en los aprietos legales en los que terminó su predecesora en la presidencia del Parlament, Carme Forcadell, y que no ha cedido un milímetro en el último pulso que ha querido echarle el representante de los ‘puigdemonistas’ en la Mesa, Josep Costa, a quien muchos señalan como el máximo responsable de que el independentismo haya perdido la mayoría en el Parlament.

Así las cosas, la peor noticia para el expresident es que sus opositores en el seno del PDeCAT, con David Bonvehí a la cabeza, vuelven a sentirse lo suficientemente fuertes como para plantarle cara. Ya sucedió el pasado mes de mayo, cuando Pedro Sánchez presentó la moción de censura y la por entonces líder del partido, Marta Pascal, desoyó las directrices que llegaban de Waterloo y se desplazó a Madrid en los días previos para ocuparse personalmente de que sus ocho diputados votaran a favor y la moción salía adelante. Esas gestiones le costaron el puesto a Pascal en el congreso que el PDeCAT celebró este verano. Un congreso del que salía, en teoría, un PDeCAT más alineado con las tesis de Puigdemont. El número dos de Pascal, Bonvehí, se quedaba en la presidencia de la formación, pero la vicepresidencia recaía en la diputada Míriam Nogueras, encargada de vigilar que el partido no se alejaba de lo que Puigdemont mandara. Y lo que el expresidente tenía en mente el pasado verano era terminar de hacerse con el control absoluto del espacio político convergente disolviendo al PDeCAT en la Crida, una nueva plataforma que se presenta en sociedad el próximo 27 de octubre. Una plataforma cuyo objetivo original era integrar a todo el independentismo, político y social, a imitación del Partido Nacional Escocés.

Tras el no rotundo de ERC, hace algunas semanas, a integrarse en la Crida, era el turno del PDeCAT, cuya ejecutiva se reunía el pasado fin de semana para tomar una decisión al respecto. Al término de la cita, Bonvehí explicaba a los medios que “formamos parte de un partido que estamos convencidos de que tendrá larga duración, no tenemos ninguna intención de disolvernos”, que subrayaba también que el PDeCAT se presentará a las elecciones municipales “bajo la fórmula de Junts per Catalunya”. Además, lanzó pistas sobre la posición del partido en la negociación presupuestaria que debe afrontar Pedro Sánchez. En línea con los portavoces independentistas, señaló que espera avances en torno a “presos, exiliados y autodeterminación”. Si no los hay, el PDeCAT votaría que no a las cuentas públicas de 2019, pero Bonvehí dejó claro que “no haremos caer” el Gobierno “apoyando a otro Gobierno que podría ser mucho peor”. “En ningún caso pactaremos con Cs y PP para echar al Gobierno de Pedro Sánchez”, subrayó.

Para sostener al gobierno de Sánchez Bonvehí cuenta con un hombre clave en el Congreso, un Carles Campuzano que lidera a los partidarios del entendimiento con el gobierno de Sánchez en un grupo parlamentario que está prácticamente dividido al 50%. Campuzano cuenta con el apoyo fundamental de Jordi Xuclá -otro veterano en los círculos políticos madrileños, diputado desde 2004 y antes senador- frente a una Míriam Nogueras que cuenta con el apoyo, por ejemplo, del responsable de las juventudes del PDeCAT, Sergi Miquel.

En cualquier  caso, en los círculos políticos madrileños ya hay quien está contando diputados para saber exactamente cuántos le hacen falta a Sánchez para sacar adelante las cuentas de 2019. Y estas cuentas señalan que al PSOE y a Unidos Podemos les bastaría contar con el sí de los cinco diputados del PNV y los nueve de ERC. Así sumarían 170 diputados, los mismos que podrían alcanzar PP, Ciudadanos y Coalición Canaria. En caso de empate, las cuentas quedarían aprobadas a la tercera votación. Eso sí, para ello sería imprescindible la abstención del PDeCAT – y también, por cierto, de los dos diputados de EH Bildu, aunque nadie imagina a los independentistas vascos votando junto a PP y Ciudadanos-. El voto negativo de los diputados liderados por Campuzano tumbaría las cuentas.

Ante este panorama, con el independentismo fracturado y sin mayoría en el Parlament, el fantasma del adelanto electoral sigue planeando en Cataluña. En la cúpula de ERC son conscientes de que quien tiene la llave de un adelanto electoral es Torra, y por extensión Puigdemont. Mientras, fuentes de los Comuns subrayan que ahora “somos decisivos” para sacar adelante las cuentas de la Generalitat, pero al mismo tiempo dejan claro que nadie ha redactado todavía, a mediados de octubre, un borrador de presupuestos para la Generalitat, ni se ha abierto todavía ninguna “negociación seria” al respecto, (ver entrevista a Jessica Albiach en este número: “No podemos supeditar unos Presupuestos sociales a los presos”). La cuestión, según estas fuentes, es que va a ser muy arriesgado para Torra ir a elecciones, porque es “jugar con fuego”. “Lo ideal para Torra sería convocarlas antes de las municipales, pero ¿con qué relato? ¿Sólo porque se abra el juicio? ¿Sin tener siquiera sentencia?”, se preguntan estas fuentes. Además, las encuestas parecen favorecer a ERC en su estrategia de normalización. Según la última del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), publicada a finales de julio, los republicanos ganarían holgadamente las elecciones con el 24% de los votos, por delante de Ciudadanos, con el 21,4%, y Junts per Catalunya, que se quedaría con el 17,9%. Habrá que ver si Torra se decide a ir a las urnas en este escenario.

Marta Pascal se ‘muda’ a Madrid


La líder del PDeCAT hasta el pasado mes de julio mantiene viva su red de contactos en la capital. / EP

De una forma muy discreta y completamente extraoficial, porque ya no ocupa cargo alguno en el PDeCAT, Marta Pascal sigue muy activa políticamente. Carles Puigdemont y sus fieles la defenestraron en el congreso que el partido celebró el pasado mes de julio, ajustando cuentas con ella por haber desobedecido las tesis de Waterloo y haberse arremangado para que la moción de censura saliera adelante, desplazándose personalmente a Madrid para gestionar los contactos con el resto de fuerzas políticas. Y en ello sigue, en hacer lo posible por sostener al gobierno de Sánchez, según se empieza a comentar en los corrillos políticos y mediáticos madrileños, que la señalan como la representante de Bonvehí en Madrid y como una voz clave en los próximos meses para bloquear la estrategia de enfrentamiento del núcleo duro del expresident.

Junqueras prefiere a Iglesias

Pablo Iglesias mantiene buena relación con Joan Tardà y el resto de la cúpula de ERC. / EP

A algunos en el PSOE les ha faltado tiempo para explicar a sus periodistas de confianza que les ha sentado a cuerno quemado que Pablo Iglesias asuma protagonismo en la negociación presupuestaria reuniéndose con Junqueras en la cárcel. Y Susana Díaz no ha tardado en advertir de la “sobreactuación” de Iglesias y de que “ha pasado del sorpasso a querer ser un vicepresidente en la sombra”. Díaz no es la única que le otorgado ese papel a Iglesias. Desde el PP también se le ha calificado como “vicepresidente bis”, colocándole un estatus que probablemente no tiene pero que en Podemos reciben encantados.


El líder de Podemos ha señalado que ha sido Junqueras quien contactó con él y, además, parece complicado que el encuentro se produzca sin algún tipo de coordinación con el presidente. No hay que olvidar que los contactos entre Iglesias y Junqueras vienen de hace tiempo y tuvieron un episodio fundamental en esa cena de agosto de 2017 en casa del magnate mediático Jaume Roures. Un encuentro en el que se pusieron los cimientos de un pacto que pretendía atraer al PSC en el que caso de que ERC ganara las últimas elecciones. Pero la fuerza más votada del independentismo terminó siendo JxCat, dando pie al bloqueo político actual.


Además, el Ejecutivo se mantiene en contacto con la cúpula de ERC por sus propias vías. De hecho, el vicepresidente Aragonès se desplazaba este viernes a Madrid para entrevistarse con algunos de los principales representantes del Ejecutivo socialista.