Cultura Ulloa Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1265. 19  de octubre de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Tristán Ulloa, actor

“Éste es un mundo inmisericorde”

Habla con una sinceridad absoluta de cualquier tema. En estos tiempos quizás se pueda considerar valentía. Tristán Ulloa protagoniza ‘El Precio’, de Arthur Miller, en el Teatro Pavón Kamikaze de Madrid, esa obra en la que “los personajes van a la deriva por el fracasado crepúsculo de Nueva York”, en frase tomada de Truman Capote. Encarna a Víctor, un personaje que vio rotos sus sueños de juventud. “Una vida sin sueños que cumplir es una vida vacía”, dice Tristán Ulloa.

“El Precio’ habla de que la verdad a veces se hace insoportable y uno tiene que saber digerirla”   “Manuela Carmena es una mujer que tiene una formación, una educación, un saber estar, y una cultura que ya quisieran muchos jovencitos”   “Vivimos en un mundo crepuscular: en un crepúsculo continuo”


Le precede una importante fama de hombre comprometido. Por eso, antes de tratar sobre ‘El Precio’, vamos a hablar de política. En las últimas elecciones municipales usted votó a Manuela Carmena. Nos aproximamos a otros comicios locales. ¿Cómo se plantea usted ahora el voto?
Bueno, creo que con aciertos y con errores en Madrid se ha dado una gestión que es obviamente mejorable. Yo no soy de cerrar filas absolutamente con nadie ni con nada. Pero sí creo que Manuela Carmena ha hecho muchas cosas positivas. Y considero que tiene todavía por delante una labor importante por hacer. Manuela Carmena merecería la confianza de… la confianza mía sí la tendrá. Para mí la confianza no es eterna, no es ciega, ni supone un cheque en blanco. Pero yo sí confío en que hay una trayectoria que Carmena tiene que desarrollar y una gestión que ha de terminar. Lo que sí es verdad es que resulta muy difícil acallar a las bestias. Esos siempre estarán ahí. Siempre están. Y el problema reside en que se está perdiendo la buena política. Ahora se trata de ver quién es el más bestia y quién es el más bruto diciendo las mayores barbaridades posibles. Manuela Carmena es una mujer que tiene una formación, una educación, un saber estar y una cultura que ya quisieran muchos jovencitos, y no tan jovencitos metidos en política que hablan de una forma muy barata. Es muy fácil dar titulares. Pero es muy complicado hablar con verdadero sentido común. Y hacerlo de una manera comprometida también resulta muy complicado. Por supuesto que es muy difícil hacer política y ser alcaldesa de una ciudad como Madrid. Y ser consecuente con tus ideales. A veces te encuentras con cosas que ya estaban hechas. Y con contratos blindados. Y con fondos buitre. Madrid ha estado en manos de especuladores durante mucho tiempo. Y también este país ha estado en manos de especuladores durante mucho tiempo. Quiero dejar claro que no quiero justificar con ello lo que no haya hecho Manuela Carmena. Pero insisto: todavía tiene por delante una camino por hacer. ¿Qué pasa? Pues que escuece mucho a los carroñeros que estaban aquí bien apoltronados que alguien trate de trabajar con cierto rigor y cierta conciencia. Hay gente que viene a la política en aras del bien común. Y hay gente que viene a la política en aras de su propio bien. Y no hay que olvidar nunca que la política está concebida para alcanzar el bien común. Se ha hecho mucho negocio en Madrid. Ruboriza tantas cosas que están saliendo. No sólo en la capital, sino a nivel de la Comunidad madrileña. Pero es que los ciudadanos tenemos la piel muy gruesa y nos hemos acostumbrado ya a que todo eso sea lo normal. Y ocurre que cuando alguien viene con cierto sentido común y con cierta conciencia, pues normal: los carroñeros de siempre están escandalizados, sueltan exabruptos y pierden las formas. A mi modo de ver, existe actualmente poco espíritu político. Y ya, espíritu diplomático, ni le cuento. Es una verdadera pena. Porque la política, bien entendida, podría ser algo hermoso. La política es un servicio público. O debería serlo.

Hay actores que ocultan sus ideas políticas.
Yo intento vivir mi vida con la menor crispación posible. Pero ojalá pudiéramos opinar todos de una manera libre sin que eso no supusiera que después padeciéramos un reproche, o una reprimenda, o una condena por opinar así. Porque en este país somos muy dados a eso. Y parece que nos molesta mucho que un artista o un escritor puedan tener opiniones políticas. Pues claro que las tienen. Y deben decirlas abiertamente. Porque, de lo contrario, volveremos a los tiempos de Arthur Miller en los que opinar estaba muy mal visto. Y a tiempos no muy lejanos en este país también.

Dijo Arthur Miller que el tema central de ‘El Precio’ “es la condena a perpetuar nuestros engaños, porque la verdad es demasiado costosa de afrontar”. ¿Qué piensa usted?
Arthur Miller aborda en esta obra las contradicciones de la condición humana. Se habla del precio que pagamos cuando tenemos que adoptar determinadas decisiones en la vida. El coste de oportunidad es lo que uno deja de hacer cuando elige un camino. No creo que exista una sola verdad. Ni en la función ni en la vida. Al final terminamos creyendo algo y nos convencemos de que esa es la verdad. De esto habla también la función: de qué nos contamos para poder seguir viviendo. Creo que la verdad, a veces, se hace insoportable y uno tiene que saber digerirla. Probablemente las medias verdades hacen menos daño que las verdades completas. Mi personaje, Víctor, quería en su juventud ser científico y sintió en un momento dado que tenía que arrimar el hombro en casa y dejar los estudios para poder trabajar y aportar sustento familiar. En aquel momento, Víctor tenía un padre que salía de una crisis, provocada por el crack de 1929, y ya no sólo una crisis económica, sino una crisis anímica y personal. De una depresión, de una gran depresión. Es bastante común que las depresiones económicas vayan acompañadas de depresiones personales, que son muy jodidas. Y Víctor asumió aquella responsabilidad, pensó que eso era lo que tenía que hacer, y renunció a sus propios sueños. El problema es cuando tus sueños no son sólo los tuyos, sino que también son compartidos con otra persona, con la compañera de vida en este caso. Y tomas las decisiones por los dos. Uno tiene que saber lidiar con eso. Con sus responsabilidades. Al mismo tiempo que con sus deseos, sus aspiraciones y sus sueños. Creo que una vida sin sueños que cumplir es una vida vacía. Hay que dar con la tecla para casar la realidad con tus aspiraciones y con tus ambiciones.

Se escribió en su día que los personajes de ‘El Precio’ van a la deriva “a través del fracasado crepúsculo de Nueva York” en una frase que es de Truman Capote. ¿Qué piensa usted?
Madre mía… También hay imágenes muy potentes dentro de la obra. Y hay cosas que, cuando has leído y has investigado en torno al ‘crack’ del 29 percibes que en aquella época Nueva York debía ser una ciudad bastante fantasma. En el sentido de lo que dice el personaje de Víctor: “Un día eres cabeza de familia, presides una mesa, y de repente eres basura; de un día para otro. Y te hace ser consciente de la poca misericordia que hay”. Subrayo: la palabra que emplea Arthur Miller es “misericordia”. Había poca misericordia en el mundo que se vivía entonces. Y yo digo que también en el mundo que vivimos ahora. Este es un mundo inmisericorde, en el que ninguno estamos a salvo de caer en nada. Yo creo que ese crepúsculo del que hablaba Truman Capote lo podemos extender también no sólo a Nueva York, lo podemos extender también a nuestro país, España. Lo tenemos muy cerca. Vivimos en un mundo crepuscular: en un crepúsculo continuo.

¿Tiene algo Víctor, su personaje, de Willy Loman, el protagonista de ‘Muerte de un viajante’?
Sí, claro. Aunque probablemente Víctor me recuerde más a Big, el hijo de Willy Loman, en el sentido de que Víctor ha tenido muchas ilusiones en su juventud. Muchas. Es un tipo que de repente se ha enfrentado a una realidad. Pero el personaje de Willy Loman está planeando absolutamente por toda esta obra. El viajante está también en el personaje de Solomon. El espíritu del viajante está en todo ‘El Precio’.

En su opinión, ¿qué lugar ocupa Arthur Miller en la historia de la autoría teatral?
Miller aborda una época nada fácil. Y no sólo la época, sino que aborda un enfoque nada fácil sobre la sociedad norteamericana, que es una sociedad fácilmente maquillable. Resulta sencillo sacar el mejor perfil de la sociedad norteamericana en el sentido de que muchos lo han hecho ya. Pero hay pocos que se hayan atrevido a hablar de las cloacas de la sociedad norteamericana. Y Arthur Miller lo hizo. Y Truman Capote. O Raymond Carver. O Richard Ford. Y, más recientemente, Paul Auster. Considero que hay todavía mucha alcantarilla por explorar. Y no sólo en la sociedad norteamericana, también en la nuestra. Y Arthur Miller se atrevió con eso en una época en la que pocos se atrevían. En una época en la que existía el ‘macartismo’, la caza de brujas. En la que había listas negras. No resultaba nada fácil ser un autor comprometido en aquella época, ni tratar ciertos temas. Porque podías ser inmediatamente tachado de enemigo del país. Y así fueron tachados muchos intelectuales en esos años. Arthur Miller es un autor que hizo frente a un despotismo atroz que existía en la época del ‘macartismo’ y, como gran literato y gran artista que era, supo encontrar la forma de revertir lo que a él le pasaba y lo materializó en sus obras, en sus escritos, en su ensayos. Miller fue un tipo muy comprometido con su tiempo.

¿Qué proyectos cinematográficos tiene?
Ahora mismo tengo pendiente el estreno de una producción norteamericana, ‘Terminator’, es la sexta película de la saga pero aún tiene un título provisional, ‘Fénix’; el que se le ponga definitivamente aún no lo sabemos. Pretende ser una continuación de la segunda entrega de ‘Terminator’. He tenido la suerte de trabajar junto a Linda Hamilton y otras actrices como Natalia Reyes. Este año he estado trabajando mucho en producciones extranjeras. En cine tengo la mirada puesta fuera, pero no por nada, es que tampoco me llegan demasiadas ofertas de aquí. El espectro cinematográfico de actores se restringe mucho en este país. En series televisivas sí hay más oferta. Pero resulta complicado hacer películas aquí. Somos muchos los actores de mi generación, y obviamente no hay sitio para todos. Y yo tengo que buscar mi sitio en otro lugar si no me llaman de aquí. Estoy feliz trabajando fuera. Pero claro me gustaría trabajar más en lo audiovisual en España. 

El miedo como motor

En cierta ocasión dijo: “El miedo me moviliza mucho”.
Existen dos tipos de miedo: el que te moviliza y el que te inmoviliza. El miedo te puede dejar paralizado y, a mí, el miedo me produce no poderme quedar quieto. Concibo el miedo como el nervio, como la necesidad continua de estar buscando. Es una insatisfacción que no deja de ser una utopía. Y la utopía, como decía Galeano, es la zanahoria que nos permite avanzar. Cuando le preguntaban a Galeano qué era la utopía, respondía que los sueños le permiten a uno caminar hacia delante. Y el miedo me provoca eso a mí: Caminar hacia delante. Moveme. Y puede ser el miedo. O puede ser un anhelo. Aunque no vaya a ser logrado fácilmente ese anhelo. Lo bonito a veces es el camino, no sólo alcanzar la meta, no sólo lograr ese objetivo que uno ser marca. Si no tenemos anhelos, estamos muertos. Y eso lo dice el personaje de Solomon en ‘El Precio’. Hay que tener de todo eso para estar vivo. Hay que tener nervio y ganas de redescubrirse permanentemente. Quien tiene todo atornillado en la vida, quien tiene todo bien agarrado, quien no tiene miedo a nada, a mí me produce mucha desconfianza.       

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