Entrevista / Bruno Estrada Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1264. 12  de octubre de 2018

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Entrevista / Manuel Capilla

Bruno Estrada, adjunto a la Secretaría General de CC OO y autor
de ‘La revolución tranquila’

“La revolución tranquila es democratizar la economía”

Bruno Estrada, adjunto a la Secretaría General de CCOO y colaborador de El Siglo, acaba de publicar ‘La revolución tranquila’, una obra en la que alerta de que “la democracia no hay que verla solamente en el ámbito de lo político, sino también en el ámbito de cuestionar, de repartir, el poder económico”. Este economista, miembro también de la dirección de Podemos en la ciudad de Madrid, explica también que Manuela Carmena “es parte de esa capacidad de generar hegemonía cultural. El gobernar bien, para las mayorías sociales, da pie a que la percepción general sea de que vaya a revalidar la Alcaldía y posiblemente con más concejales que en las anteriores elecciones”.

Fotos: ALEX PUYOL

“El 15-M fue una vacuna frente a esas fuerzas xenófobas que echan la culpa de la crisis a los más pobres”   “Los medios han percibido ahora un Pablo Iglesias que antes no querían percibir”

¿Las revoluciones pueden ser tranquilas?
La idea que planteo en el libro es que para que se produzcan transformaciones a largo plazo, los procesos sociales tienen que ser paulatinos. La experiencia de la historia, en el último siglo, nos lleva a la conclusión de que aquellos procesos revolucionarios muy rápidos, que quieren llevar las cosas muy deprisa sin cambiar la mentalidad de la gente, se encuentra finalmente con problemas. Por ejemplo, los valores imperantes ahora en Rusia son mucho más conservadores que en el resto de países europeos desarrollados.

¿Cuál es el objetivo de esa revolución tranquila que defiendes en el libro?
La revolución tranquila en el siglo XXI es la democratización de la economía. La democracia no hay que verla solamente en el ámbito de lo político, sino también en el ámbito de cuestionar, de repartir, el poder económico. Por tanto, debe estar en el ámbito de la empresa y en mecanismos de participación de los trabajadores y de otros agentes sociales. De lo que se trata es de que las decisiones económicas no las tome solamente un pequeño núcleo de personas, accionistas o directivos, sino que debemos ser más partícipes de las decisiones económicas de las empresas.  

¿La clase trabajadora sigue siendo el sujeto de esta revolución, como ha venido siendo a lo largo del siglo XX?
Sí, y más. Los trabajadores somos la mayoría de la sociedad, y el cambio tiene que venir por las mayorías. Pero lo que también planteo en el libro es que a medida que las sociedades son más desarrolladas y ricas el trabajo no es elemento definitorio, porque hay más conflictos. El conflicto del trabajo sigue existiendo, sigue siendo relevante, pero hay que introducir otras hegemonías que están surgiendo, como las que se pueden dar en el movimiento feminista o la sostenibilidad medioambiental. Son elementos en los que se piensa cuando la gente ya tiene cubiertos unos mínimos materiales.

¿Qué culpa tiene la tercera vía de Tony Blair, a la que le dedicas un capítulo en el libro, en la crisis y en la desigualdad creciente?
Hay dos elementos fundamentales. Uno ideológico, que fue una indefensión aprendida por la socialdemocracia en la que se viene a asumir no ser capaz de cambiar el sistema y, por tanto, se dice: “aceptémoslo”. Y luego, en términos prácticos, hay que tener en cuenta que, en 1991, Bill Clinton deroga la ley Glass-Steagall, que es la ley implantada por Roosevelt en los años 30 para separar los bancos de inversión y de depósito y que la actividad especulativa no contamine a la economía real. En el momento en el que eso se mezcla, pasan menos de 10 años hasta que estalla la crisis financiera. Hay una responsabilidad muy grande de la socialdemocracia, por no haber bebido de sus fuentes y fijarse en la importancia de poner límites al capitalismo financiero.

¿Qué le hace falta a la izquierda para desandar el camino de los últimos años y contraponer al neoliberalismo?
Planteo dos reflexiones al debate. Una es poner en el mismo fiel de la balanza la libertad y la igualdad. Cuando la izquierda fue hegemónica es cuando defendió valores de libertad que enganchaban y movilizaban a la gente. No hay que contraponer libertad e igualdad, algo que se ha hecho en parte de la izquierda durante algún tiempo. La libertad significa que, cuanta más igualdad tienes, cuanto más repartida está la riqueza, todos somos más libres. Para mí, hay una relación de causa-efecto muy evidente. Y el segundo elemento es el de la democracia. Considero que la democracia es un elemento de cooperación que ha inventado el ser humano a lo largo de su historia.

¿Este desarme de la socialdemocracia ha sido en buena medida la causa del ascenso de la extrema derecha en Occidente?
Una parte importante de la clase trabajadora ha sentido que les han fallado los partidos que tradicionalmente la defendían. En la medida que el poder sindical ha sido erosionado por los propios partidos socialdemócratas -las reformas laborales más recientes arrancan con el gobierno de Zapatero-; en la medida que el Estado del Bienestar ha sido cuestionado también por importantes líderes socialdemócratas –las medidas de ajuste y austeridad fiscal también empiezan con el gobierno de Zapatero-, los trabajadores sienten que aquellos que deberían defenderles no lo están haciendo adecuadamente. Por tanto, hay despiste. Y siempre que hay despiste, hay gente que se equivoca. De todas formas, el voto directo de ultraderecha, declarado, no pasa del 1,5%. Creo que no sucede como en otros países europeos porque el 15-M significó una vacuna frente a esas fuerzas xenófobas que echaban la culpa de la crisis a los más pobres. El 15-M permite marcar el relato, cierto y verdadero, de que los responsables de las crisis son los grandes latifundistas de capital y el proceso de desregulación financiera. Eso permite reorientar a nuestro país. Es muy importante que la izquierda sea capaz de generar un relato real y solvente para que la salida de la crisis sea en términos cada vez más democráticos.

Al hilo de esto, y también como miembro de la dirección de Podemos en Madrid, le quería preguntar por los artículos de Julio Anguita y Manolo Monereo que han revolucionado Podemos al defender al gobierno italiano por sus políticas laborales, alertando a la izquierda, paralelamente, del auge de unas fuerzas que han construido su discurso alrededor de la inmigración. ¿Cómo valora estas posiciones y la polémica que se ha suscitado al respecto?
Me parece un tiro errado.

¿No cree que Podemos debería acercarse a posiciones con las de En Pie, la plataforma surgida en Alemania desde Die Linke que apuesta por endurecer el discurso de la izquierda ante los inmigrantes?
Ha salido recientemente un artículo en Le Monde señalando que el análisis que se ha hecho de lo que ha pasado en Alemania con este movimiento no es el que realmente está sucediendo. Es decir, que ha habido una tergiversación, que En Pie tiene unas connotaciones antiinmigración que no están en sus textos. A veces, lo mediático altera la realidad. Con la derecha hay que disputar la hegemonía cultural. Y el elemento fundamental de la izquierda es considerar a todas las personas iguales en el mundo. Es un valor que hay que defender por encima de todo, aun conociendo la realidad que puede producir la inmigración en espacios locales muy concretos. Pero eso requiere más recursos públicos y más esfuerzo de las administraciones. Yo no creo que este debate esté impregnando Podemos. De hecho, ellos lo han planteado fuera de Podemos.

¿Qué previsiones tienen en el partido y qué impacto puede tener la aparición de Vox? En 2015, el PP perdió la Alcaldía por unos 30.000 votos.
No tengo ninguna información sobre encuestas en Madrid, más allá de las que se han publicado. Pero yo creo que Manuela es parte de esa capacidad de generar hegemonía cultural. El gobernar bien, para las mayorías sociales, da pie a que la percepción general sea de que vaya a revalidar la Alcaldía y posiblemente con más concejales que en las anteriores elecciones.

¿En qué se va a notar la influencia de Podemos en los Presupuestos que se van a enviar a Bruselas?
En la discusión sobre los Presupuestos de 2019 se está viendo la funcionalidad política y social de Podemos. Está permitiendo que elementos que anteriormente estaban en los genes de la socialdemocracia pero que nunca se hacían realidad en los momentos difíciles, se hagan realidad ahora. España tiene ocho puntos de diferencia fiscal con la media de la UE- con Suecia creo que son 18 puntos- y el problema es que está concentrada en las clases medias. Eso es algo absurdo en términos redistributivos. Donde tienes que hacer más esfuerzos en términos redistributivos es precisamente en quien más dinero genera. Subir los impuestos a los ricos, subir el impuesto de sociedades, equiparar la fiscalidad del capital con la del trabajo son elementos básicos para tener una política más redistributiva.

¿Qué haría falta, en leyes concretas, de aquí al final de la legislatura para ir en el camino de esa revolución tranquila que propone en el libro?
Hay dos elementos, en términos económicos, muy importantes. Uno es democratizar nuestro sistema de relaciones laborales, porque las reformas laborales de 2010-2012 revirtieron una situación de cierto equilibrio en el poder de negociación de trabajadores y empresarios. Eso son cosas muy concretas sobre contratación temporal, de formato de contrato, de prevalencia del convenio sectorial sobre el de empresa, de que la ultraactividad es fundamental en la negociación colectiva… Pero junto a esas cosas, hay que avanzar en más elementos que se están planteando también a nivel europeo. El Partido Laborista británico planteaba hace unos días una serie de cuestiones acerca de dotar de mayor participación a los trabajadores en las empresas. El Partido Laborista recoge la propuesta sueca que menciono en el libro, formulada en los 80 y con la que alcanzó el poder. Consistía en que parte del salario de los trabajadores se pagaba con acciones de la empresa. Por tanto, en un plazo de tiempo, la mayoría del capital sería de los trabajadores. En los siete años que duró esa legislación en Suecia, el desempleo cayó al 1,9%. El efecto fundamental de estas medidas es que los beneficios se reinvierten en mucha mayor medida en la empresas y generan más valor productivo, más empleo, más gasto en I+D… Y no se van a los bolsillos de los accionistas y, de ahí, a movimientos especulativos de capital. En esos siete años, el PIB per cápita de Suecia pasó del 78% de EEUU al 126%. Se crece más repartiendo.

La comidilla de los círculos políticos y mediáticos madrileños en este último mes es el nuevo Pablo Iglesias, qué parece haber vuelto del verano con otro talante. ¿Está de acuerdo?
Los medios han percibido un Pablo Iglesias que antes no querían percibir. En un momento determinado, hubo una construcción, por parte de un gran número de medios, de la imagen de Pablo Iglesias como una persona con incapacidad de dialogar, con dificultades para ser propositivo… Y no es el Pablo Iglesias que yo he conocido. Pero muchas veces los medios atienden a otros intereses que no son sólo informar al público.

¿Cómo ve el mundo y Europa dentro de 30 años? ¿Esta revolución tranquila tiene visos de avanzar?
La reflexión que hago en el libro es que tenemos que tener una visión a largo plazo. Si vemos las cosas en el marco de nuestra vida, que es relativamente breve, da la sensación de que las sociedades no avanzan lo suficiente. Más a largo plazo, vemos que la democracia política es una realidad en muchos países apenas desde hace un siglo. Y en España desde hace mucho menso tiempo. En la medida en que la democracia se ejerce sin interrupciones, se ganan cada vez más espacios de cambio social profundo. Eso no quiere decir que no haya momentos que llamen la atención, como lo sucedido ahora en Brasil con Bolsonaro. Pero la situación que tenemos actualmente es mucho mejor que la que teníamos hace un siglo, en términos de democracia y de bienestar material.

El acto tuvo lugar en la sede de CC OO en Madrid. / ALEX PUYOL

Presentación en Madrid

En la histórica sala Trece Rosas de la sede de CC OO de Madrid y acompañado por dirigentes del sindicato, periodistas y amigos, Bruno Estrada presentó oficialmente esta semana su libro La Revolución Tranquila.

Jaime Cedrún, secretario general del sindicato en Madrid, donde el autor trabaja como adjunto a la Secretaría General Confederal, abrió el acto valorando la reflexión que desde la izquierda propone el autor en su ensayo. Joaquín Estefanía, autor del prólogo y adjunto a la dirección del diario ‘El País’, comentó los argumentos planteados en ‘La Revolución Tranquila’ y coincidió en buena parte de ellos partiendo de la base del binomio socialismo y libertad que, a lo largo de la reciente historia, se había visto herido y hasta usurpado por la derecha.

Inmaculada Sánchez, directora de ‘El Siglo’, revista donde el autor escribe una tribuna mensual desde hace más de dos años, valoró, a continuación, el esfuerzo de reflexión de Estrada proponiendo, además, metas a conquistar para que la izquierda recupere espacios y, sobre todo, la hegemonía cultural en sociedades tan complejas como las actuales.

Cerró el acto Mari Cruz Vicente, secretaria de Acción Sindical confederal de CC OO, agradeciendo al autor sus propuestas desde la izquierda comprometida con una visión compartida con la lucha sindical.
Estrada tiene previstos otros actos de presentación de su libro de aquí a fin de año: el próximo 18 de octubre en el centro La Morada, también en Madrid, el 6 de noviembre en Valencia, el 22 de noviembre en Murcia y el 11 de diciembre en Barcelona.