Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1264. 12  de octubre de 2018

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

Brasil, el mayor país de América del Sur, ‘baila’ el ritmo de Trump

Bolsonaro confirma el auge de la ultraderecha

El impedimento judicial que pesa sobre Lula da Silva para presentarse como candidato a la presidencia de Brasil daba un vuelco a las expectativas y disparaba el respaldo al candidato ultraderechista, Jair Bolsonaro, que a punto ha estado de vencer en primera vuelta, doblando en menos de un mes los votos que le vaticinaban las encuestas. La polarización, las amenazas, los insultos y, por primera vez en mucho tiempo, el ‘ruido de sables’, han estado muy presentes en un proceso electoral latinoamericano. Para frenar los planteamientos abiertamente fascistas y ultraliberales, las fuerzas democráticas tendrán que hacer un gran esfuerzo antes del 28 de octubre.

Vencedor en primera vuelta, el ultraderechista Jair Bolsonaro ha sabido rentabilizar el voto del miedo y los más bajos instintos de la sociedad brasileña.

El ultraderechista Jair Bolsonaro alcanzaba un 46,70  por ciento de los votos en las elecciones presidenciales celebradas en Brasil, el pasado domingo, según datos oficiales, que confirman que disputará una segunda vuelta frente al progresista Fernando Haddad, que lograba un 29,28 por ciento de respaldo. El candidato del Partido de los Trabajadores (PT), tiene ya garantizado el segundo puesto y su lugar en esa nueva elección, que tendrá lugar el próximo 28 de octubre.

Según las normas electorales brasileñas, la segunda vuelta es necesaria cuando ningún candidato supera el 50 por ciento de los votos, una meta de la que Bolsonaro ha quedado a apenas un paso con un apoyo que ha superado en casi diez puntos lo que le atribuían las encuestas.

En tercer lugar, muy lejos de Haddad, se situó el laborista Ciro Gomes con un 12,52 por ciento de los votos válidos, aunque estos apoyos se antojan vitales de cara a la ‘batalla final’.

Las encuestas publicadas hasta el día anterior apuntaban que, en caso de una segunda vuelta entre Bolsonaro y Haddad, ahora confirmada, ambos estarían empatados en torno a un 45 por ciento de los sufragios.

Haddad asumía la candidatura del Partido de los Trabajadores (PT), después de la renuncia del exmandatario Lula da Silva, quien se encuentra preso, condenado a 12 años de cárcel por corrupción, en un proceso sobre el que pesan muchas sombras de duda.

En número de votos, la diferencia entre ambos candidatos resultó significativa: Bolsonaro supera los 48 millones mientras que Haddad apenas superaba los 30.

146 millones de electores estaban convocados en todo Brasil para participar en estos comicios, en los que además se escogieron 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y 1.059 diputados estadales.

El exmilitar esgrimió durante la campaña promesas de mano dura, su apuesta por armar a la población, militarizar la educación y recuperar el orden y el progreso que está escrito en la bandera nacional, junto con su eslogan “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”.

El excapitán ha hecho del rechazo al PT su principal baza electoral, y así ha conquistado a esa mitad del electorado que asocia todos los males del país (crisis económica e institucional, y corrupción) al Partido de los Trabajadores.

Bolsonaro conseguía el apoyo de sectores claves de la sociedad. Por un lado los evangélicos, comandados por la Iglesia Universal de Emir Macedo -la que suma mayor número de fieles-. Por otro, el mercado financiero, atraído por sus planteamientos radicalmente ultraliberales en materia económica. Una política económica que apuesta por las privatizaciones masivas, la reducción del peso del Estado y una reforma impositiva regresiva.

Además, el ultraderechista ya cuenta con los votos de las bancadas parlamentarias más numerosas y reaccionarias del Congreso: la de la ‘Bala’ -formada por policías y militares-, la del ‘Agronegocio’, y, por supuesto, la ‘Evangélica’.

Detrás de esta ‘increíble’ ascensión está el enrarecimiento de la vida política en el mayor país de Sudamérica, con el polémico encarcelamiento del expresidente Lula, la no menos polémica destitución de la presidenta Dilma Rousseff en un ‘impeachment’ del Congreso hace dos años, los escándalos de corrupción como el ‘caso Odebrecht’, las dificultades económicas y un auge de la criminalidad.

A finales de agosto Luiz Inácio Lula da Silva (PT) mantenía el 41 por ciento de intención de voto en las encuestas, y se colocaba, de lejos, como el claro ganador de las presidenciales. Pero estaba preso y condenado en segunda instancia a 12 años y un mes por corrupción pasiva y lavado de dinero. Los abogados del exsindicalista no consiguieron el Habeas Corpus necesario para que continuara como candidato en libertad, a la espera de una sentencia definitiva en los tribunales superiores. El 31 de agosto, el Tribunal Superior Electoral rechazó su candidatura y el PT puso en marcha una nueva campaña para presentar a Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo y exministro de Educación, pero un completo desconocido en buena parte del país.

A principios de septiembre, Jair Bolsonaro, que en ese momento todavía era el segundo favorito, tuvo que abandonar su campaña tras ser apuñalado por un desequilibrado. Este hecho reforzaba enormemente su popularidad, y junto con la salida de Lula de la carrera presidencial, el ultraderechista se colocaba como favorito en las encuestas. 

De hecho, llegó a acusar directamente al Partido de los Trabajadores de su atentado, cuando las investigaciones han demostrado que el autor es un simple perturbado.

La violencia y el discurso de odio han sido la tónica de estos comicios. Ya en la precampaña el primero en sufrir un atentado fue el ex presidente Lula da Silva. El autobús en el que viajaba con su comitiva durante una caravana en Paraná recibió tres disparos. En esa ocasión, Jair Bolsonaro declaró que el expresidente tenía lo que merecía. El ultraderechista no ha perdido ocasión para desearle la muerte al PT: “He venido aquí para fusilar a todos los petistas”, dijo en uno de sus últimos actos de campaña.


Las fuerzas progresistas consideran que aglutinarán los votos dispersos en la segunda vuelta el 28 de octubre.

Segundo asalto

El resultado de la primera vuelta ha sido, más o menos, el que pronosticaban las últimas encuestas. Las esperanzas de Haddad residen en una transferencia de votos mucho mayor hacia él, así como el rechazo a Bolsonaro. En esta segunda campaña, será inevitable que Bolsonaro tenga que participar de los debates, lo que según los analistas, le afectará negativamente –cabe recordar que no participó en ningún debate por encontrarse hospitalizado-.

Después de 20 años, por primera vez la disputa por la presidencia no va a estar entre el Partido de los Trabajadores y el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Es decir, entre una izquierda y una derecha moderadas.

Ante el temor de la llegada al poder de un candidato abiertamente fascista, diversos colectivos de abogados, periodistas, actores y otras profesiones liberales han presentado un manifiesto “contra el candidato antidemocrático” y “por la defensa de la democracia”. Pero el principal obstáculo de Bolsonaro ha sido el movimiento feminista, que conquistó las redes sociales, primero con el grupo de Facebook “Mujeres contra Bolsonaro” -ahora con cuatro millones de seguidoras- y después, con el hashtag #EleNao (ÉlNo), que pasó a ser un grito de guerra también en las calles, donde  movilizaron a más de dos millones de brasileños que se manifestaron hace diez días contra el candidato del Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro.

Al contrario de lo que sucede en Europa, donde el discurso antiinmigración ha sido el principal combustible para la ultraderecha, Bolsonaro ha encontrado enemigos internos: la supuesta amenaza comunista del PT es el principal de ellos. El militar también ha conectado con los miedos del brasileño medio, cansado de un país que soporta más de 60.000 homicidios al año.

En América Latina, las elecciones en Brasil se siguen con la máxima expectación, ya que sus resultados definitivos tendrán un gran impacto, debido al peso que tiene el país en la región. En campaña, Haddad ha hecho referencia a “una política regional más activa, fortalecer el Mercosur y pensar una alianza estratégica con Argentina”. Su rival, por el contrario, no prioriza a la región como el foco de la política exterior, sino que propone algunos bilateralismos centrales, en particular, con Estados Unidos, Israel e Italia, países que tienen en común, según el líder del PSL,  una “variable religiosa”.

Por otro lado, el candidato a vicepresidente de esta formación, el general retirado del Ejército Hamilton Mourão, se refirió despectivamente a los países con los que Brasil tendió lazos durante los años de Gobierno del PT, que dio un fortísimo impulso a la cooperación sur-sur y el acercamiento a la región y a los países emergentes.

En todo el país, los electores marcan sus preferencias en urnas electrónicas, digitando ya sea el código del partido por el que quieren votar o el de un candidato en particular (el caso más común).

Es posible votar por diferentes fuerzas políticas para cada cargo electivo, por lo que no necesariamente un mandatario tiene garantizado el apoyo parlamentario para gobernar. Este sistema complejo se explica por el gran tamaño del país y las distintas realidades de cada unidad federativa.

Se espera un parlamento muy atomizado. Por eso, el presidente que surja -ya sea Haddad o Bolsonaro- va a tener que realizar coaliciones de Gobierno muy costosas en términos políticos y económicos para asegurarse la gobernabilidad.


Lula, candidato, fue vetado por el Tribunal Superior Electoral.

El ‘golpe’ judicial

El 1 de septiembre pasado, el Tribunal Superior Electoral de Brasil vetó la candidatura presidencial de Luiz Inácio Lula da Silva, dejándolo fuera de los comicios tras haber sido condenado a prisión en segunda instancia, por delitos de corrupción.

El líder más popular del país y, hasta ese momento, primero en los sondeos de cara a las elecciones, quedaba inhabilitado para aspirar a la presidencia por sexta vez.

El Partido de los Trabajadores (PT) había inscrito en el Tribunal Electoral, el pasado 15 de agosto, la candidatura de Lula, acompañado como candidato a la vicepresidencia por el exministro de Educación y exalcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad.

Tras conocerse la decisión judicial, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas  pedía garantías para la participación de Lula en las elecciones. Los abogados del expresidente alegaron que esa decisión debe ser cumplida, pues Brasil es suscriptor del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, invocado por el citado comité.

Ya a mediados de agosto, el Comité de Derechos Humanos de la ONU había pedido al Gobierno brasileño que permitiera al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva ejercer sus derechos políticos y presentarse libremente a los comicios. “Esto incluye tener un acceso apropiado a los medios de comunicación y a los miembros de su partido político”, señalaba en una nota ese órgano de Naciones Unidas, que supervisa a los Estados en el cumplimiento de la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Pero la fiscal general de Brasil, Raquel Dodge, había impugnado el registro de la candidatura del expresidente brasileño como candidato.

Pero la judicialización de la política ya llevaba tiempo puesta en marcha por la derecha del país, que cuenta con una gran mayoría de partidarios en el estamento judicial.  En mayo de 2015, los integrantes del colectivo ‘Marcha pela libertad’ (Marcha por la Libertad), presentaban una solicitud de censura contra la entonces presidenta del país, Dilma Rousseff, propuesta a la que se plegó de inmediato el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Dilma Rousseff fue apartada de la Presidencia en un proceso repleto de irregularidades.

El ‘impeachment’

A pesar que la justicia corroboró que no había nexo entre Rousseff y el caso ‘Lava Jato’, la solicitud de ‘impeachment’ continuó, esta vez, con motivo de las cuentas públicas que presentó al final de su primer mandato.

La oposición acusó a la presidenta de haber maquillado los saldos de las cuentas públicas de su anterior mandato para encubrir el déficit fiscal para no verse perjudicada en la campaña electoral de 2014.

En julio de 2015, Rousseff entregó al Tribunal de Cuentas de la Unión un documento de 900 páginas que explicaba con detalle la presentación de cuentas realizada por su Gobierno en 2014 para demostrar que no se incumplía la Ley de Responsabilidad Fiscal. Pero en octubre del 2015, el Tribunal consideró que existían graves irregularidades al acumular una deuda con la banca pública.

En diciembre de 2015, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, conocido opositor a Rousseff, a pesar de pertenecer al aliado Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB), favoreció la votación para comenzar el proceso de ‘impeachment’ contra la presidenta. El juez del Tribunal Supremo Federal de Brasil (TSF), Luiz Fachin, falló que el proceso se producía dentro del marco legal.

El 13 de abril de 2016 se aprobó el informe de la Comisión Parlamentaria que investigó el caso con 38 legisladores a favor contra el voto negativo de 27, para que se iniciara un proceso de censura contra la presidenta.

Como respuesta a la decisión de los legisladores, el abogado general del Estado brasileño, José Eduardo Cardozo, declaró a la prensa que el informe “demuestra que no hay una base legal y por ello el proceso de ‘impeachment’ no debería ser llamado así sino golpe, el golpe de abril de 2016”, mientras solicitaba un recurso de nulidad al TSF.
El 15 de abril, el TSF rechazó el recurso.

Los principales impulsores del ‘impeachment’ fueron los representantes del PMBD, Eduardo Cunha, y el entonces vicepresidente de Brasil, Michel Temer, quienes lideraron la operación para separar del cargo a Rousseff.

El 17 de abril, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó la admisibilidad del proceso y lo envió al Senado. El momento más polémico fue cuando el diputado Jair Bolsonaro dedicó su ‘sí’ al ‘impeachment’ al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los torturadores de Rousseff cuando ella, exguerrillera, estuvo presa durante la última dictadura militar brasileña (1964-1985).

Entre otras atrocidades, Brilhante ha sido identificado en muchos testimonios como uno de los torturadores que introducía ratas vivas en la vagina de varias detenidas por la dictadura. Cabe recordar que en Brasil, a diferencia de lo acontecido en otros países de la región que también padecieron feroces dictaduras militares, no se ha llevado a cabo ningún enjuiciamiento de los responsables de esos crímenes, y que los militares siguen gozando de una situación preponderante.

El 12 de mayo, el pleno del Senado aprobó el inicio del juicio político a Rousseff por 55 votos contra 22, separándola así temporalmente de su cargo, con lo cual Temer asumió como presidente interino; la defensa de Rousseff insistió en que se trataba de un golpe parlamentario. Tras intensos debates, el Senado aprobó finalmente destituir a Rousseff por 61 votos contra 20 y cero abstenciones, dando paso a la ‘era Temer’.

Quién es Bolsonaro

Excapitán del Ejército, de 63 años, lleva desde 1991 como diputado. A principios de septiembre fue apuñalado durante un acto de campaña en el Estado de Minas Gerais (sureste del país). El detenido, Adelio Bispo de Oliveira, quien se declaró culpable del ataque, dijo que actuó “por orden de Dios”. el incidente Bolsonaro subió en las encuestas.

Lleva años provocando indignación con comentarios homófobos, misóginos y racistas. Aboga por hacer frente a la inseguridad adoptando leyes permisivas con la posesión de armas y cuenta con el respaldo de millones de cristianos evangélicos, que le apoyan por su postura radical en contra del aborto. Además ha defendido la tortura y la aplicación de la pena de muerte.

“Estoy a favor de la dictadura”, proclamó en 1993 desde el podio de la Cámara de Diputados de Brasil. Simpatizante declarado del Gobierno de Alberto Fujimori en Perú y. al igual que él, era partidario del cierre del Congreso.
En 2017, generó una gran controversia al anunciar que si llegaba a la presidencia acabaría con las reservas indígenas y las ‘quilombolas’ (asentamientos en los que se refugiaban los esclavos rebeldes en Brasil y en las que ahora viven sus descendientes). En referencia a los residentes de los quilombolas (en su mayoría, negros), Bolsonaro aseguró que  “no sirven ni para procrear”.

Esto derivó en una denuncia en su contra ante el Ministerio Público y en una posterior condena judicial por daños morales colectivos a esas comunidades y a la población negra en general.

Dos años antes, en 2015, Bolsonaro había sido multado por haber espetado a la congresista Maria do Rosario que no la violaría porque “no se lo merece”. Mientras que en 2011, en una entrevista publicada por la revista ‘Playboy’, afirmó que sería “incapaz de amar a un hijo homosexual” y que preferiría que “muriera en un accidente”.

Las ‘perlas’ del candidato

A lo largo de sus años de vida pública, este militar de extrema derecha ha dejado constancia de su ‘pensamiento’ político en multitud de entrevistas y declaraciones públicas. Aquí solo unos ejemplos:

— “Estoy a favor de la tortura. Y el pueblo está a favor también”.

—“No emplearía a hombres y mujeres con el mismo salario, pero hay muchas mujeres competentes”.

—“Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”.

— “No corro ese riesgo porque mis hijos fueron muy bien educados”, en una entrevista en televisión, al ser cuestionado sobre cómo sería su reacción si alguno de sus hijos se enamorase de una mujer negra

—“El afrodescendiente más flaco allá pesaba siete arrobas (antigua unidad de medida). No hacen nada. Creo que ni para procrear sirven más”.

—“Vamos a fusilar a la ‘petralhada’ aquí en Acre”, refiriéndose a los militantes del PT.

—“No voy a combatir ni discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear”.

— “Deberían haber sido fusilados unos 30,000 corruptos, empezando por el presidente Fernando Henrique Cardoso”, contestando a una pregunta sobre los ejecutados por la dictadura..

—“Dios encima de todo. No quiero esa historia de Estado laico. El Estado es cristiano y la minoría que esté en contra, que se mude. Las minorías deben inclinarse ante las mayorías”.

—“Es una desgracia ser patrón en este país, con tantos derechos para los trabajadores”.


Con sabor agridulce, Fernando Haddad pierde frente a Bolsonaro, pero le disputará una segunda vuelta a cara de perro.

El ‘desconocido’ Haddad

El candidato del PT, Fernando Haddad, tiene 55 años. Fue alcalde de São Paulo, y ahora se enfrenta al mayor desafío en la carrera política. Este experto en marxismo es menos conocido en muchas partes de Brasil que en las aulas de Ciencias Políticas de la Universidad de São Paulo (USP), donde ha enseñado Teoría Política.

Hijo de inmigrantes libaneses, nacido en un hogar de clase media de São Paulo, Haddad estudió Derecho, obtuvo una maestría en Economía y un doctorado en Filosofía. Además de ser un respetado profesor en la USP, trabajó como analista de inversiones de Unibanco.

Entró a la gestión pública en 2001, con un cargo medio en la alcaldía de São Paulo y luego en ministerios del primer Gobierno de Lula. En 2005 fue designado ministro de Educación, posición que ocupó hasta 2012, ya bajo la presidencia de Dilma Rousseff.

Como ministro, Haddad impulsó proyectos innovadores como el Programa Universidad para Todos (ProUni) que concedió cientos de miles de becas a estudiantes de baja renta.

Su candidatura a la alcaldía de la mayor ciudad de Sudamérica en 2012 parecía condenada al fracaso, pero resultó finalmente elegido, pese a que inició la campaña con menos de 3 por ciento de intención de voto en los sondeos.
En 2016 fue derrotado en su intento de reelección. Volvió a dedicarse a la docencia hasta que el PT acudió a él para estas elecciones. Sin acercarse a las intenciones de votos que tenía Lula, del 40 por ciento en las encuestas, al menos ha logrado el objetivo de pasar a la segunda vuelta para enfrentarse a Bolsonaro.



Se extiende la ‘mancha de tinta negra’

Si en Europa el fenómeno del crecimiento de la extrema derecha no es nuevo, en América Latina está experimentando avances a toda velocidad, como acaba de demostrar la primera vuelta de las elecciones brasileñas.

Esta ideología comienza a repuntar en otros países de la región, como Chile, Costa Rica, República Dominicana, México o Colombia, con fuertes influencias de una creciente Iglesia Evangélica, presente en la mayoría de los casos. En el país andino tenemos al Movimiento Social Patriótico chileno, que ha acuñado el término “endofobia”  para referirse a una supuesta discriminación al chileno y en contraposición a la preferencia por el migrante y lo foráneo. Llaman a la expulsión de extranjeros, a frenar la migración, en especial la procedente de Haití, y destacan los ‘logros’ de la dictadura de Pinochet.

En Colombia, estos movimientos se asociaron con el ex presidente Álvaro Uribe y ejercieron un papel fundamental en la derrota del plebiscito para de los Acuerdo de Paz, en 2016, y en la victoria del conservador Iván Duque en los comicios del pasado junio.

En Costa Rica, se alimentan del rechazo a la masiva migración procedente de Nicaragua –el vecino del Norte–, mientras que en Perú, México o República Dominicana se unen bajo las banderas de la homofobia y el rechazo al aborto.

En el Viejo Continente la extrema derecha ha ampliado enormemente su influencia desde el inicio del hundimiento económico que arrancó en 2008, y ha recibido un nuevo impulso desde el estallido de la crisis de los refugiados, en 2015.
La extrema derecha está presente toda la geografía europea. En el sur de Europa, donde Matteo Salvini (La Lega) se ha convertido en viceprimer ministro de Italia y responsable de Interior; en el norte, con los “Verdaderos Fineses” o los “Suecos Demócratas”; en el este, con Viktor Orban reelegido en Hungría; en el oeste, con Marine Le Pen acariciando El Elíseo; y en el centro, con AFD en el Bundestag por primera vez desde la II Guerra Mundial.

La Liga de Matteo Salvini obtuvo el 17 por ciento de los votos en las legislativas y llegó al poder gracias a una coalición con el Movimiento 5 Estrellas (M5S, antisistema) que parecía inicialmente improbable. Los sondeos otorgan actualmente un 30 por ciento de intención de voto a la Liga.

En Austria, el Partido de la Libertad (FPÖ) volvió al poder aliándose con el conservador ÖVP de Sebastian Kurz, el canciller, tras haber conseguido el 26 por ciento de los votos en las legislativas de octubre de 2017.

El partido cuenta con seis ministros (tres de ellos en carteras clave como Defensa, Relaciones Exteriores e Interior) y el cargo de vicecanciller, atribuido al jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache.

En Francia, la presidenta de la Agrupación Nacional (ex Frente Nacional), Marine Le Pen, llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 y obtuvo el 34 por ciento de los votos, todo un récord.

En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) avanzó en las últimas legislativas, en las que obtuvo el 12,6 por ciento de los votos y 92 diputados. En Suecia, la extrema derecha es también ya una fuerza determinante.

Por otro lado, varios partidos conservadores en Europa, sobre todo en el Este, se han radicalizado y recurren al discurso antiinmigrantes. En Hungría, el partido Fidesz del primer ministro, Viktor Orban, ha adoptado una línea dura antiinmigración y autoritaria. Por el contrario, el partido de extrema derecha húngaro Jobbik, segunda fuerza del parlamento, ha abandonado sus lemas racistas y antisemitas para centrarse en la corrupción y la educación.

Fuera de Europa, Donald Trump ganó las elecciones gracias a la alianza de la ‘alt-right’ (‘derecha alternativa’) estadounidense y miembros del Partido Republicano.

Su antiguo estratega y exjefe del portal de noticias de la extrema derecha ‘Breitbart’, Steve Bannon, afirma ser el autor de la idea de un muro en la frontera con México y del ‘Muslim ban’ (prohibición de musulmanes) para impedir la entrada en Estados Unidos de los ciudadanos de seis países poblados sobre todo por musulmanes.

Ahora Bannon quiere difundir sus ideas en Europa a través de una fundación radicada en Bruselas.

 


El ultraderechista Steve Bannon traslada ahora su teatro de operaciones a Europa con el objetivo de dinamitar el proyecto común.

El ‘mesías’ Bannon

Era agosto del año pasado y Steve Bannon, asesor y estratega del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandonaba la Casa Blanca. Bannon, uno de los artífices de la victoria electoral de Trump, está inmerso en un ambicioso proyecto que tiene como principal objetivo dinamitar la Unión Europea desde dentro.

El ideólogo ultraderechista estadounidense ha aterrizado en el Viejo Continente en el momento más propicio. El plan de Bannon es que estas formaciones políticas hagan causa común y se sumen a ‘The Movement’, una plataforma con la que quiere asaltar el Parlamento Europeo en las próximas elecciones, previstas para el mes de mayo del año próximo. Bannon ya se ha visto con varios de los principales dirigentes que se ajustan a su ideario: xenófobo, antieuropeo, antiglobalización, basado en el nacionalismo y en la identidad judeocristiana. 

Nacido en Norfolk (Virginia) hace 63 años, es exempleado de Goldman Sachs, director en su día de la publicación de extrema derecha ‘Breitbart News’ y exproductor de documentales dedicados a Ronald Reagan, Sarah Pallin o el Tea Party, 


El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, apoyaba la iniciativa ‘Europa contra Europa’  en la que Bannon clamaba por la rebelión.

El pasado mes de septiembre, Bannon fue la estrella del acto que celebró en Roma el pequeño partido posfascista italiano, Hermanos de Italia, que dirige Georgia Meloni. El eslogan de la cita fue ‘Europa contra Europa’. Al acto también acudía el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini.

En su intervención, Bannon argumentó que “el ‘brexit’, el triunfo de Trump y las elecciones de marzo del 2018 en Italia son parte de un todo”. Pidió a todos los votantes de extrema derecha de Europa que se movilicen para así “provocar una revolución”.

El excandidato demócrata a la Casa Blanca, Bernie Sanders, y el exministro de Economía de Grecia, Yanis Varoufakis, han hecho un llamamiento urgente para fundar una ‘internacional progresista’ que ponga freno a proyectos como el que propugna Bannon.

El que fuera jefe de campaña del presidente estadounidense señalaba también que “los ciudadanos europeos deben recuperar la soberanía que les pertenece” y ha cargado contra las élites financieras –pese a haber sido uno de los artífices de los ‘manejos’ de Goldman Sachs-, causantes de “la crisis económica de 2008 que han sufrido las clases más bajas”.

Pero el proyecto parece empezar a tener ‘bajas’. La líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, se distanciaba hace unos días del exasesor de la Casa Blanca, diciendo que solo los europeos salvarán al continente de los decretos de Bruselas, no los estadounidenses.

Durante una reunión en Roma, Le Pen dijo que quería aclarar “muchas conjeturas” sobre los planes de Bannon para crear una fundación llamada ‘The Movement’. En una conversación con el derechista ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, Le Pen dijo que Bannon no es europeo, sino un estadounidense que quiere crear una organización académica, “pero nosotros, y solo nosotros, somos los únicos que moldearemos la fuerza política que nacerá de las elecciones europeas”, dijo ante el aplauso de Salvini. “porque nosotros estamos unidos a nuestra libertad, unidos a nuestra soberanía y juntos, los representantes de los diferentes pueblos de Europa, somos quienes moldearán las fuerzas políticas que quieren salvar Europa”.

Por su parte, la mano derecha de Bannon en la operación, el abogado belga y fundador y presidente del Parti Populaire, Mischaël Modrikamen, reconocía recientemente que “hay mucha gente que son más mayoritarios y que no están tan lejos de nuestras convicciones, como Sebastian Kurz -canciller austriaco- y también Pablo Casado en España”.

Bannon y Modrikamen están de gira por Europa buscando aliados para su proyecto, y se han visto con Salvini y con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y también tienen previsto reunirse con la extrema derecha danesa y finlandesa. Con el británico Nigel Farage, de UKIP, y Francia tienen una relación fluida previa.

Bannon quiere convertir ‘The Movement’ en una especie de ‘think tank’ con capacidad para realizar encuestas, análisis de datos y de objetivos, para facilitar “formación para las situaciones de crisis y de respuesta rápida”, algo que recuerda la función de otras ‘fundaciones’ mucho más conocidas en nuestro país.

-Nostálgicos del franquismo abarrotaron Vistalegre para escuchar a Abascal.

Si éramos pocos, llega VOX

La pasada semana hacía su reentré en la política española el partido de ultraderecha VOX. Fletando autobuses desde todo el territorio nacional, llenaban el madrileño Palacio de Vistalegre unas 9.000 personas que asistían a un mitin-espectáculo, al más puro ‘estilo Trump’, con un amplio despliegue de medios, que a nadie se le escapaba.

Bajo el lema ‘La España viva’ centenares de nostálgicos del franquismo seguían las diversas intervenciones de oradores que presentaban la candidatura de la extrema derecha española a poner un pie en el Parlamento –las actuales encuestas les otorgan un diputado en el Congreso, en caso de que se celebrasen los comicios ahora-.
Sus propuestas no contenían grandes novedades: Poner fin al Estado de las autonomías, acabar con el matrimonio entre personas del mismo sexo, ilegalizar el aborto; también ilegalizar a los partidos y colectivos –ONG incluidas- que quieren ‘romper’ España.

La formación nacía en 2013 y, desde entonces, no ha conseguido traspasar la barrera institucional, pese a concurrir a todas las elecciones desde entonces.

Su presidente es Santiago Abascal. Perteneció al Partido Popular hasta 2013, y fue diputado del Parlamento vasco entre 2004 y 2009. Tras su salida, Abascal se sumó al proyecto de Vox, donde ascendió a la presidencia el 20 de septiembre de 2014. Con ellos fue candidato a las elecciones generales de 2015 y 2016, sin lograr escaño en el Congreso. También en 2015 se presentó en las elecciones autonómicas a la Comunidad de Madrid. Hasta hace cuatro años, Abascal también era presidente de la Fundación Denaes, ‘dedicada’ a la “defensa de la nación española”.

Otros personajes relevantes del partido son José Antonio Ortega Lara Ortega Lara, probablemente, su cara más conocida. Este exfuncionario de prisiones fue secuestrado por ETA en 1996 en Burgos. Fue localizado 532 días después en un zulo de Mondragón. Se trata de uno de los fundadores del partido, donde sigue como miembro activo pero sin puesto en el Comité Ejecutivo Nacional.

Javier Ortega es el secretario general. En 2015, Ortega fue candidato a la alcaldía de Madrid y también cabeza de lista para el Senado en los últimos comicios generales. Ejerce como portavoz de la formación.

Rocío Monasterio es la presidenta de Vox Madrid y la figura femenina más visible del partido. Ocupa la vicesecretaría de Acción Social, y es otro de los perfiles con mayor presencia tanto en los medios como en las redes sociales.

También estuvieron presentes en Vistalegre algunos personajes famosos, como el escritor y periodista Fernando Sánchez Dragó, que hace un tiempo publicó en el diario ‘El Mundo’ una columna de opinión en la que invitaba a votar a Vox en las próximas elecciones generales. Junto a él se dejaron ver el torero Morante de la Puebla o el padre del fundador de Podemos Juan Carlos Monedero, Salvador Monedero. Tampoco podía faltar la ’televisiva’ Carmen Lomana, que en 2015 fue la número tres en las listas para el Senado por Madrid.

 

 

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