Tribuna / Ignacio Vasallo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1257. 27  de julio de 2018

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Tribuna / Ignacio Vasallo

James Comey es tonto


Comey asegura que no habló con sus superiores en Justicia para mantener la independencia y porque no había normas que lo exigieran, pero para la Inspección sus decisiones son inconsistentes y subjetivas y al ocultar la información se insubordina y toma decisiones inconsistentes y subjetivas que rompen la práctica habitual del Departamento

Mientras aquí no andamos escasos de diversión de carácter más bien local, en Estados Unidos Trump hace que se diviertan o lloren  globalmente: que si Canadá ya no es amiga, que ahora lo es Corea del Norte, que si Europa se va a enterar de lo que vale el aluminio, que si  China nos roba, que si los niños son separados de sus padres... y el Jefe dándole a Twitter sin parar. Pero uno de los asuntos que más fascina al personal enterado, el que todavía lee periódicos, aunque sea en Internet,  es el caso Comey.

James Comey, nombrado en 2013 director general del FBI para un plazo de diez años, irrumpió en las elecciones de 2016 haciendo pública la investigación de su agencia sobre el uso de la candidata Clinton de una dirección de correo electrónico privada para intercambiar mensajes oficiales durante su mandato como secretaria de Estado. Inmediatamente se le echaron encima los demócratas por favorecer a Trump. En julio comunica que la investigación ha terminado y que no han encontrado evidencia de delito, aunque la actuación  de Hillary había sido extremadamente descuidada”. Ahora son los republicanos los que se enfadan. En octubre comunica al Congreso que han aparecido nuevos emails y que tiene que reabrir la pesquisa logrando alterar de nuevo a los del burrito, para comunicar al mismo Congreso dos días antes de la elecciones, el 6 de noviembre, que  aquéllos no contenían nada relevante y que no acusarían a la candidata. Ahora ya estaban todos enojados.

Al mismo tiempo, el FBI, como las demás agencias de seguridad, tenía abierta una investigación sobre la posible colusión de la campaña de Trump con Rusia para la que el Departamento de Justicia nombra a Bob Mueller, antecesor de Comey en el FBI, para dirigirla. Ambos asuntos no guardan relación. Hasta ese momento.

Trump gana las elecciones y mantiene a Comey, pero, según éste, empieza a pedirle lealtad personal de manera mafiosa y a insinuarle que en la parte correspondiente al asunto ruso deje en paz al general Flynn , durante tres semanas asesor de Seguridad Nacional en la Casa Blanca. Como no obtiene los resultados esperados, Trump  cesa, con insultos incluidos, a Comey asegurando que es por la mala gestión del asunto Hillary pero, en opinión de Comey, por la  trama rusa.

Comey, que había anotado sus reuniones privadas con Trump, se lanza entonces a lo que se suele hacer allí, publicar un libro de memorias que, además de ayudarle a recuperar el honor, le proporcionaría una buena ayuda para la pensión y, sobre todo, le ponía la venda antes de la herida.

El libro ha sido un buen éxito de ventas y cumplió plenamente el tercero de los objetivos. No había transcurrido ni un mes desde la publicación cuando se hace público el informe de 500 páginas de la Inspección General, un organismo totalmente independiente del Ejecutivo que examina acusaciones contra órganos de la Administración por fraude o conductas irregulares y que estudia exclusivamente el asunto de los correos.

Para el inspector general Michael Horowitz,  la pretensión de Comey de que en sus actuaciones lo más importante fue “la necesidad de conservar la credibilidad e integridad del FBI y del Departamento de Justicia“ consiguió justamente lo contrario.

En su libro, Comey asegura que no habló con sus superiores en Justicia para mantener la independencia y porque no había normas que lo exigieran, pero para la Inspección sus decisiones son inconsistentes y subjetivas y al ocultar la información se insubordina y toma decisiones inconsistentes y subjetivas que rompen la práctica habitual del Departamento. En ningún caso hubo motivaciones políticas. Parece que la venda no ha conseguido tapar la herida.
La fama de Comey ganada cuando era fiscal en Nueva York a las órdenes de Rudy Giuliani en la lucha contra la mafia, o cuando se opuso a las pretensiones del presidente Bush de aprobar una directiva de la Agencia Nacional de Seguridad que interfería en la vida privada de los ciudadanos , en su etapa de subsecretario de Justicia, era hasta ahora positiva, pero con el informe Horowitz ha quedado como un tonto tanto para demócratas como para republicanos.

Los únicos dos capítulos del libro que tienen interés son los que describen su actuación en el asunto de los correos  y el de sus reuniones con Trump antes de su cese. El resto es de relleno.

 

Licenciado en Derecho y periodista, es uno de los más destacados profesionales del sector turístico en España. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Fundador y primer director general de Turespaña. Dirigió los primeros planes de marketing del turismo español que incorporaron el Sol de Miró. Consejero de Turismo en Estocolmo, Nueva York, Milán  Londres y París. Ha publicado más de 300 artículos sobre la especialidad en diversos medios de comunicación y pronunciado conferencias en 50 países. Actualmente es responsable de Relaciones Internacionales de la Federación Española de Escritores y Periodistas de Turismo.

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