Sin Maldad / Jose Garcia Abad Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1257. 27  de julio de 2018

- - --

 

 

 

Sin Maldad / José García Abad

Sabíamos de los negocios del rey emérito
y ahora Corinna nos explica cómo
los blanqueaba


Se sabía, al menos en el círculo de los enterados, que el Rey cobraba. Fueron muchas las personas con altas responsabilidades que me felicitaron por la valentía de El Siglo. Ahora, gracias a Corinna y Villarejo sabemos o sospechamos cómo lo blanqueaba.

Ciertamente, el Estado no puede caer en el chantaje de Villarejo, pero los hechos son los hechos y no es poco frecuente que los tribunales se basen en filtraciones de reptiles. Lo que está claro es que Don Juan Carlos fue inviolable mientras ejercía de Rey –con las dudas planteadas sobre el alcance de la inviolabilidad– pero no desde que procedió a una abdicación forzada pues su intención era seguir reinando hasta la muerte.

Hace 14 años publiqué en mi libro ‘La soledad del Rey’ las incursiones no santas de Don Juan Carlos en el mundo de los negocios, mayormente en la recaudación de dinero aprovechando su alta posición como jefe del Estado.
 Señalaba yo en dicho libro el tinglado que tenía montado el monarca en el Palacio de la Zarzuela, sede de su Real Casa y de la Jefatura del Estado.

El tinglado recaudatorio lo dirigía desde los primeros tiempos del reinado de Don Juan Carlos, Manuel Prado y Colón de Carvajal, que encabezaba un capítulo de mi libro denominado “El Pícaro y el Rey”.  Prado, que se decía descendiente de Cristóbal Colón, fue ungido por el monarca de la condición de “ambassador at large”, el que no tiene un destino concreto ni tiene relación de dependencia directa con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que le permitía ventajas en sus desplazamientos recaudatorios.

Manuel Prado no ostentaba cargo alguno en la Real Casa pero permanecía en ella cada día como si fuera su domicilio para ejercer su verdadera función de administrador privado de Don Juan Carlos. Desde allí mandaba con membrete de la Casa la correspondencia mayormente dirigida a obtener fondos para él y para el monarca, en nombre de este último. 
Sabino Fernández Campo, que llevaba muchos años en la Casa, primero como secretario general de la Casa de Su Majestad el Rey, de 1977 a 1990, y desde esta fecha hasta 1993 como jefe de la Casa, se encontraba con frecuencia con respuestas a la petición de dinero que Prado solicitaba con cartas con membrete de la Casa Real, de las que no tenía noticia. Cuando Sabino se encontraba con una de esas misivas se dirigía al Rey para expresar su perplejidad. Don Juan Carlos le explicaba: “No te preocupes, Sabino, son cosas de Manolo”.

Complicidad de la prensa y del establishment

Los lectores de mi libro y los seguidores de El Siglo estaban perfectamente informados de los negocietes del Rey, pero nadie se hizo eco de los mismos en razón de una complicidad periodística impropia de la alta función que desempeña, así como del establishment, que envolvían al monarca en el reino del tabú. De haber cumplido la prensa con su noble función no se habría atrevido el Rey a llegar tan lejos.

Se sentía blindado al ser constitucionalmente inviolable –no podía ser juzgado por tribunal alguno– e irresponsable, pues sus decisiones debían ir refrendadas por el Gobierno o las Cortes. A ningún jurista ni político se le ocurrió señalar que dicha inviolabilidad debería referirse a asuntos de naturaleza política y no a la comisión de delitos. El Rey era intocable y punto.

Ahora, cuando se han hecho públicas las grabaciones del comisario  Villarejo a Corinna y cuando Unidos Podemos reclama una comisión de investigación parlamentaria, o, si no se admite tal Comisión, cuando está a punto de abrirse el melón constitucional que afectará al Titulo II, el de la Corona, habrá que introducir precisiones respecto al alcance de  la inviolabilidad.

Se acreditó que Javier de la Rosa entregó dinero a Prado para Don Juan Carlos

Se sabía que el Rey cobraba. El asunto más grave fue la recepción de dinero del emir de Kuwait para que Don Juan Carlos influyera en el apoyo español a la invasión de Irak, por el que fue juzgado Javier de la Rosa, el administrador de los dineros de KIO, la agencia kuwaití de inversiones.  De la Rosa fue condenado al acreditarse la transferencia del dinero que el personaje aseguró que se lo había entregado a Manuel Prado para que éste se lo hiciera llegar al monarca. Al llegar a este punto, los jueces tiraron de Constitución y constataron que no podían ir más lejos. Manuel Prado, condenado terminó su vida cumpliendo la condena en su casa, en régimen de tercer grado.

Se sabía, insisto, al menos en el círculo de los enterados. Fueron muchas las personas con altas responsabilidades que me felicitaron por la valentía de El Siglo. Se sabía o se sospechaba todo esto. Ahora, gracias a Corinna y Villarejo, sabemos o sospechamos cómo lo blanqueaba.

Ciertamente, el Estado no puede caer en el chantaje de Villarejo, pero los hechos son los hechos y no es poco frecuente que los tribunales se basen en filtraciones de reptiles. Lo que está claro es que Don Juan Carlos fue inviolable mientras ejercía de Rey –con las dudas que he señalado– pero no desde que procedió a una abdicación forzada pues su intención era seguir reinando hasta la muerte.

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

-

-

-

-