Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1257. 27  de julio de 2018

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

Parando la guerra en Washington


EP

Las conversaciones de estos días en Washington no se han preparado haciendo concesiones al energúmeno como el aplazamiento de las multas a Google. Juncker sabe que los americanos sólo respetan a quien se hace respetar

El presidente de la Comisión se ha presentado en la Casa Blanca cuando aún seguían resonando en Bruselas los improperios y tarascadas de un presidente norteamericano que se hizo presente en carne mortal para cocear a los aliados; definir a la Alemania de Angela Merkel como país cautivo del gas ruso; declarar a Europa su enemigo; desairar a domicilio a Theresa May, primera ministra británica, y exhibirse junto a Putin en Helsinki absolviéndole de todas sus  interferencias en la campaña de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 y aceptando como hechos consumados todas las anexiones territoriales desde la de la Península de Crimea, las de Osetia y Abjasia desgajadas de Georgia o la de Donetsk en la franja este de Ucrania.

Sin tomarse descanso alguno hemos visto a Jean-Claude Juncker viajando tout suite a Pekín en busca de aliados contra el proteccionismo rampante promovido por el presidente Donald Trump y firmando en Tokio el mayor acuerdo de libre comercio que nunca vieron los siglos con el Japón. Luego, apareció aquí en Madrid para pronunciar la Lección Conmemorativa Carlos de Amberes, recuperar el aliento y revisitar los principios que fundamentan la Unión Europea, cuyo sistema de cohesión social en todas partes admirado excluye tanto el capitalismo salvaje como el colectivismo asiático. Juncker dejó claro en su exposición a la que había precedido una presentación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que Europa o se mantiene fiel a su vocación de exportar derechos y libertades y contagiar prosperidad o terminaría desnaturalizada, importando esclavitudes y precariedades.

A continuación, Juncker, después de cambiar de maleta en Bruselas se ha encaminado a Washington con el intento de desactivar la guerra comercial que promueve el presidente Trump, quien alterna las cuentas de la vieja con las del Gran Capitán y presenta de manera inopinada cifras del todo imaginativas, sin contraste ni verificación alguna, para presentar a Estados Unidos como víctima de la codicia de sus aliados, en particular los europeos. Su esquema expositivo es que el pago que recibía a cambio del costoso despliegue americano que garantizaba nuestra defensa era una competencia de deslealtad supina con resultado de agravar su déficit comercial.

Por esa senda Trump ha ingresado en la cofradía del santo reproche para exigir que sus socios en la Alianza Atlántica inviertan primero el 2 y enseguida el 4% de su PIB en Defensa. Todo ese vociferar alarmista apenas encubre el propósito de incentivar a los aliados para que multipliquen sus compras de armamento y mejore así la cuenta de resultados de la industria de la Defensa estadounidense. Pero, instalada la desconfianza, los del pilar europeo de la OTAN han suscrito una declaración conjunta con la UE para impulsar una agencia Europea que promueva programas propios donde se excluye a los del America first.

Las conversaciones de estos días en Washington no se han preparado haciendo concesiones al energúmeno como el aplazamiento de las multas a Google. Juncker sabe que los americanos sólo respetan a quien se hace respetar. Por eso vuelve a Bruselas habiendo parado la guerra comercial. ¿Por cuánto tiempo?

 

Firma

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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