Vuelve el PP sin complejos Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1256. 21  de julio de 2018

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Política / Virginia Miranda

El triunfo de Casado arrincona el marianismo

Vuelve el PP sin complejos

Tras un mes de campaña electoral inédita jalonada de acusaciones cruzadas, el Partido Popular ya tiene un nuevo líder. Con 451 votos de ventaja, Pablo Casado se ha impuesto a Soraya Sáenz de Santamaría en la segunda vuelta de una votación que ha dividido a la formación conservadora en dos a la espera de que el ganador del XIX Congreso Nacional integre a la candidatura perdedora. Para restañar las heridas cuanto antes y, tras un largo periodo de pragmatismo marianista, para abordar el anunciado rearme ideológico que, desprovisto de complejos, pretende plantarle cara al Gobierno de Pedro Sánchez desde la derecha.


En su discurso de vencedor, Casado enumeró un decálogo de principios “para recuperar la confianza de los españoles. / PP

El flamante presidente del PP tiene la intención de integrar a parte del equipo de confianza de la expresidenta y suena el nombre de Fátima Báñez   Santamaría no supo ver el germen que desde hace tiempo se venía gestando entre un grupo de jóvenes y cargos intermedios que deseaban un profundo cambio en el partido

1.701 votos frente a 1.250. Eran las 14:10 de la tarde del sábado cuando Ana Pastor, presidenta del congreso extraordinario que ha resuelto la precipitada sucesión de Mariano Rajoy tras la imprevista moción de censura del 1 de junio, anunciaba el resultado de la  votación. Conocido ya por los 3.082 compromisarios que asistieron al cónclave en el Hotel Auditorium de Madrid, abría paso a un escenario tan inédito como inéditas han sido las circunstancias que han agitado las aguas políticas españolas estos dos últimos meses.

Pablo Casado es el nuevo presidente del Partido Popular. Ni Alberto Núñez Feijóo, ni María Dolores de Cospedal ni Soraya Sáenz de Santamaría, que libró con él la última batalla de un congreso histórico en el PP, con votación a dos vueltas y abierto a la militancia en su primera fase.

Este palentino de 37 años, que se presentó como el candidato capaz de recuperar la ilusión de la militancia, enseñó sus credenciales desde el primer momento. Prometiendo una bajada de impuestos, asegurando que el PP es el partido de la vida y la familia, rechazando la ley de eutanasia anunciada por el Gobierno, tomando la bandera de la unidad de España o situando la memoria de las víctimas de ETA en la “cúspide” de “nuestra esencia”.

De todo ello volvió a hablar en su discurso de candidato tras haber testado la tarde del viernes y a su llegada al cónclave la mañana del sábado que su presencia era la más celebrada por los aplausos de los compromisarios. Un discurso donde defendió sus propuestas ideológicas y se defendió de quienes, desde la candidatura de Sáenz de Santamaría, le acusaron de escorarse hacia la derecha. “¿Es de derechas elegir la educación de los hijos?”. “No hay nada más progresista que defender la vida”, dijo.

Y para subrayar su vocación de ocupar todo el espectro ideológico del centro derecha se hizo acompañar por Adolfo Suárez Illana, al que se dirigió en varias ocasiones para recordar el legado de su padre, el expresidente Adolfo Suárez, y tratar de desactivar la pretendida herencia de la UCD en el partido de Albert Rivera, quien con Pedro Sánchez es el principal enemigo político de Casado.

Líneas de actuación

Con la vocación de defender sus valores “sin complejos”, el flamante presidente del PP enumeró los “principios” para recuperar “la confianza de todos los españoles”. Así, habló de un “fortalecimiento institucional” que incluye “reforzar el código penal para evitar cualquier desafío secesionista” o de modificar la ley electoral para que haya doble vuelta en municipales y autonómicas y para que prime el partido ganador y “no dependamos de visagras nacionalistas que socaven nuestros intereses electorales”.

También propuso bajar el impuesto de sociedades y el IRPF y suprimir el de patrimonio, donaciones o sucesiones y abordar una reforma de la Administración basada en la eficiencia. Asimismo, anunció su intención de evitar que el Gobierno “vaya contra la libertad de elección de la educación concertada” e “intente volver a abrazar el adoctrinamiento educativo”. Y apuntó una “apuesta por la sostenibilidad del Estado del Bienestar”.

Asimismo, manifestó su “compromiso” con las políticas de familia y natalidad anunciando su intención de volver a la ley de supuestos del aborto de 1985, avanzó su apuesta por un Plan Nacional por el Agua, reivindicó “nuestro liderazgo en la revolución industrial que estamos viviendo” y apostó por el papel histórico de España en la esfera internacional, con especial mención al eje atlántico que recordó al que tanto cultivó José María Aznar siendo jefe del Ejecutivo, primero, y presidente de FAES, después.


La exvicepresidenta sacó la  bandera de España en su discurso de candidata. / PP

El fracaso de Santamaría

El discurso de Soraya Sáenz de Santamaría, el primero de la mañana por sorteo, ilusionó a los suyos, pero no convenció a los indecisos. A pesar de apelar a las bases diciendo que “soy como vosotros, una de vosotros”, a pesar de avenirse a hablar de principios y valores defendiendo la prisión permanente revisable o abriendo un abanico con la bandera de España cuyas varillas “son el armazón común de nuestro proyecto político”, y a pesar de decir que “yo me moriré siendo del Partido Popular”.

Durante el resto de su intervención, que se prolongó durante una hora, la expresidenta del Gobierno repitió alguno de los mensajes clave de la campaña; recordó que ella fue la candidata más votada en primera vuelta, apeló a la unidad, aseguró que el suyo es el partido que más ha hecho por la igualdad –repasando una lista de mujeres dirigentes insignes en la que no estaba la secretaria general saliente, María Dolores de Cospedal– y aseguró que “no estamos aquí para hablar de quiénes somos, ya lo sabemos, estamos para ganar elecciones”.

Pero, después de un mes de campaña repartido entre la primera y la segunda vuelta, había poco margen para arañar votos. Y el discurso de Pablo Casado, según la valoración de muchos de los asistentes al cónclave popular, había generado más entusiasmo que el Sáenz de Santamaría. Una dirigente que lo tenía todo para ser la sucesora de Mariano Rajoy y no vio venir el peligro que representaba para sus aspiraciones políticas el germen que desde hace tiempo se venía gestando entre un grupo de jóvenes y cargos intermedios que deseaban un profundo cambio en el partido.

Ahora la candidata, o mejor dicho su candidatura, tendrá que aceptar el resultado y sumar con el vencedor para que el partido, con un resultado de 57,2 a 42 por ciento –el resto de décimas se reparten entre votos blancos y nulos de los 2.973 emitidos–, no quede partido en dos.

Antes de que se celebrara la votación, en los pasillos del Hotel Auditorium sonaba con fuerza el nombre de Fátima Báñez. Propuesta como secretaria general por Sáenz de Santamaría, está muy bien considerada en el equipo de Casado y mantiene buenas relaciones también con el flamante presidente. Además del nombre de la exministra de Empleo suenan otros como el del presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno. Ambos son sorayistas de origen, pero en el PP subrayan que todos son compañeros y no ven mayores inconvenientes en una pronta integración.

En los próximos días se desvelarán estos y otros nombramientos como el de la portavocía del Congreso, donde sonaban el sábado los nombres de Ignacio Cosidó o Javier Maroto. Y también se ejecutarán las primeras decisiones políticas, entre las que destaca el rechazo al techo de gasto que ya han avanzado las comunidades autónomas gobernadas por el PP.

Tras un largo periodo de pragmatismo marianista alimentado por una oposición que permanecía ausente o descabezada, comienza una nueva etapa en la política española donde la gama de grises se ha visto ensombrecida por la llegada de una nueva izquierda y una nueva derecha sin matices y sin complejos. La partida, sus señorías, ha vuelto a empezar.

El expresidente del PP defendió su gestión tras semanas de críticas. / PP

Rajoy, fiel a sí mismo

A su gestión, a sus compañeros y a su estilo. En su último discurso como presidente del Partido Popular y ante los 3.082 compromisarios que un día después elegirían a su sucesor, Mariano Rajoy se empleó a fondo durante 50 minutos para reivindicarse a sí mismo.

Aquello se interpretó como un apoyo explícito a Soraya Sáenz de Santamaría; porque defendió las decisiones tomadas por su Gobierno ante el desafío independentista catalán y porque aseguró haber “dado muchas batallas en defensa de nuestras ideas en circunstancias de suma dificultad aunque nunca la suficiente para detenernos”. Ambos asuntos habían sido sido anotados por Pablo Casado en el debe de la exvicepresidenta en el fragor de una batalla que acabó enfangando el testamento político de Rajoy, quien trató de limpiar su legado sin importar si de sus palabras se sacaban conclusiones congresuales a las que, por otra parte, no hizo más concesiones que aquélla.

Como cada vez que ha prometido no querer aburrir con números, el exjefe del Ejecutivo también enumeró los éxitos económicos que se atribuyó estando en La Moncloa confiando en que los datos de crecimiento y empleo le mantuvieran en el poder. Y después de que Casado primero y Santamaría al final hicieran campaña con las víctimas del terrorismo etarra, el expresidente defendió que “jamás he caído en la tentación de negociar con ETA como tantos nos pidieron”. “Hemos derrotado a ETA a cambio de nada”, dijo arrancando el aplauso de los suyos.

Después de un mes de pelea entre candidatos, los populares tenían necesidad de reconciliación antes de la batalla final. Y Rajoy, un consumado orador, les dio la excusa perfecta incluso para emocionarse. Como cuando reconoció la “generosidad” de su mujer, Elvira Fernández Balboa. “Durante estos años he faltado a muchas fiestas familiares, a muchas, a reuniones del colegio, a cumpleaños, a visitas al médico” y “nunca he escuchado un reproche... y si he escuchado alguno, ni me acuerdo”, bromeó para diversión de los compromisarios, que también disfrutaron de otra referencia sin nombre explícito y, según interpretaron, varios destinatarios: “Ahora está de moda, lo sabéis muy bien, presentarse en política con mucha pose, mucha sensiblería y muy poquita sustancia”.

Un total de 14 años como presidente del PP y casi cuatro décadas en política le han dado a Rajoy para recorrer varias veces España y conocer a muchos de los compañeros de partido a los que, en varias ocasiones a lo largo de su discurso, quiso agradecer el apoyo recibido.

Porque también hubo momentos para la nostalgia. Desde el comienzo de su intervención hasta sus últimas palabras, que reservó a aquél estudiante de oposiciones que, en 1977, “le di por la rareza de pasar algunas noches pegando carteles electorales en las calles de Sanxenxo”.

 

Rajoy le lanzó dos mensajes en su discurso a su mentor; siempre será militante del PP y siempre será leal. / EUROPA PRESS

 Aznar, ausente pero no del todo

Abandonó la presidencia del PP y dejó de militar en el partido que él mismo refundó en 1989. Desde entonces, sus críticas a Mariano Rajoy se liberaron de complejos -si es que alguna vez tuvo alguno- y, después de que éste anunciara la convocatoria de un congreso nacional dejando paso a un nuevo liderazgo, llegó a postularse para reconstruir el centro derecha.

A lo largo de los últimos años, José María Aznar ha gozado de cierta impunidad en un partido que le debe su primera victoria electoral y ocho años de Gobierno. Pero el XIX cónclave celebrado este fin de semana parece haber saldado su deuda; el final político del expresidente gallego ha cortado los lazos que aún le ataban con su antecesor.

El primer gesto lo tuvo la comisión organizadora (COC), que no cursó invitación a José María Aznar. Preguntados por éste asunto, los dos candidatos improvisaron vagas explicaciones, pero el presidente de la COC, Luis de Grandes, no se anduvo con paños calientes; él mismo decidió abandonar la presidencia de honor del PP, partido al que ha tratado con “un cierto desdén” que provoca “tristeza” entre la militancia.

Después estuvieron las referencias implícitas. La de la presidenta del congreso extraordinario, Ana Pastor, que en un emotivo discurso se dirigió a Rajoy para decirle: “No solo has sido un gran presidente. Has sido el mejor presidente que hemos tenido nunca”. La de la exsecretaria general, María Dolores de Cospedal, que aludiendo a la moción de censura presentada por Pedro Sánchez habló de un acto de “traición e injusticia contra quien ha sido nuestro mejor presidente, Mariano Rajoy”. Y la del propio Mariano Rajoy.

En realidad fueron dos, que subrayó en la entonación y que los compromisarios, con sus aplausos, ratificaron; al inicio, cuando aseguró que “es un honor ser militante del Partido Popular y seguiré siéndolo siempre”. Y al final, cuando anunció que “me aparto, pero no me voy”. “Lejos de los focos y de la primera línea, pero siempre a disposición de todos. Y, desde luego –y aquí subió el tono enfatizando sus palabras–, seré leal y todos sabéis que yo sé lo que es ser leal”.

El último día, en los discursos, Aznar sí tuvo un reconocimiento formal por parte de los dos candidatos, que agradecieron y valoraron el trabajo de todos los presidentes que ha tenido la formación conservadora a lo largo de su historia. Sólo uno de ellos y de forma implícita, el vencedor Pablo Casado, le tuvo presente en alguno de los principios que enumeró y que se propone impulsar como nuevo líder del centro derecha español.