Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1255. 13  de julio de 2018

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

¡Que sea Ética!


EUROPA PRESS

Los cambios que la ministra de Educación, Isabel Celaá, ha apuntado de forma certera son necesarios para salir de la vía regresiva, clasista y privatizadora en la que el PP metió a la
educación en España

Sí, el país requiere ética, pero por eso mismo es necesaria, como asignatura, en el sistema educativo. Tal es la opinión que no me ahorro comunicar tras oír las declaraciones de la ministra Isabel Celaá dando a conocer las previsiones del Gobierno del PSOE en materia de educación, concretamente para modificar la LOMCE, malhadado artilugio legal que nos dejó el ministro Wert, de triste memoria. Derogar la LOMCE ha sido objetivo formulado por el Partido Socialista, y no debe abandonarse de ninguna manera. Es cierto, sin embargo, que para derogar dicha ley, evitando un vacío legislativo de consecuencias negativas para el sistema educativo, debiera tenerse del todo preparada la ley que la reemplazara. No es el caso. Hay que proceder, por tanto, acometiendo la derogación por partes modificando sustancialmente el articulado de la norma vigente.

En cuanto al elenco de cambios necesarios, la ministra de Educación ha apuntado de forma certera: eliminación de las reválidas, supresión de los itinerarios y vuelta a la diversificación curricular, disminución de la ratio entre escolares y docentes, replanteamiento de la financiación a centros con educación segregada por sexos, priorización de la red pública como responsabilidad primera de las administraciones educativas… Son cambios necesarios para salir de la vía regresiva, clasista y privatizadora en la que el PP metió a la educación en España. Y como medida de singular relieve, la eliminación del carácter computable de la asignatura de Religión, así como supresión de la materia que se ofrece a la par que ella como alternativa. La ministra anuncia que de nuevo se retomará una asignatura sobre “educación en valores” y centrada en “los derechos humanos y las virtudes cívico-democráticas”. Buena opción, que ha de realizarse de la mejor manera.

Hay que reconocer, en primer lugar, el acierto de la anunciada medida de eliminar la calificación en Religión como nota que entra para la puntuación media del alumno o alumna. Es obligado decir, en segundo lugar, que también en este caso se trata de una estación intermedia; la estación término debe estar en un sistema educativo que no contemple en su currículum una enseñanza confesionalista de la religión. Sobre ésta, por cierto, puede haber una enseñanza de la misma desde parámetros no confesionales, recogiendo aportaciones al respecto de la historia de las religiones, la filosofía de la religión y otros saberes, máxime cuando una formación básica sobre todo ello es conveniente en una sociedad en la que urge diálogo intercultural –con ineludible componente interreligioso–.

En un tercer lugar hay que subrayar que un paso como el propuesto en relación a la Religión, siendo pequeño avance, es importante en el recorrido hacia la laicidad del sistema educativo, como ha de ser en una sociedad secularizada y pluralista que quiere vivir en democracia dotándose de un Estado laico. La medida que se anuncia no es antirreligiosa, sino contraria al confesionalismo en la escuela.

Es lógico que se plantee una materia de formación cívica para todo el alumnado. No hace falta volver a establecerla bajo rótulos ya utilizados y que, con sus ventajas, también han presentado inconvenientes. No es necesario que retornen fórmulas ya ensayadas al estilo de “educación en…” o “educación para…” –las finalidades han ido desde la ciudadanía hasta el emprendimiento–. Tenemos como valiosa herencia cultural de una larga tradición el muy expresivo y digno nombre de “Ética” para denominar una materia común, susceptible de un despliegue gradual en los diversos niveles educativos. Un desarrollo curricular bien articulado tanto permitiría abordar cuestiones que van desde “por qué ser morales” hasta la profundización en el compromiso de la ciudadanía con derechos humanos, base de la convivencia democrática. La dignidad hay que aprenderla.

 

Firma

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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