Pelillos a la mar Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1253. 29  de junio de 2018

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Política / Manuel Capilla

Sánchez e Iglesias rehacen su relación bajo el síndrome del ‘abrazo del oso’

Pelillos a la mar

La relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha dado un vuelco. Marcada siempre por la desconfianza mutua y una frialdad polar, su desencuentro ya hizo descarrilar las negociaciones hace dos años y la comunicación llegó a ser totalmente inexistente. Sin embargo, ambos parecen haber aparcado la pelea por la hegemonía de la izquierda y asumido, a regañadientes, que se necesitan mutuamente. Con un cambio radical de actitud, tanto en lo político como en lo personal, ambos se han puesto manos a la obra para tratar de dar salida a la crisis territorial, cerrar la renovación de RTVE y poner en marcha el desarrollo de una agenda social. La negociación de los Presupuestos de 2019 será la primera prueba de fuego de su sintonía, mientras se mantienen alerta para escapar del abrazo del oso del otro.


Sánchez e Iglesias han recuperado una relación que había llegado a ser inexistente. / EUROPA PRESS

El acercamiento es político y personal. Sánchez visitó el tanatorio del padre de Irene Montero   La prueba de fuego de la sintonía se va a plasmar en la negociación de los Presupuestos de 2019

Quienes han estado cerca de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en los últimos tiempos todavía no salen de su asombro. Entre ambos nunca ha existido ningún tipo de química personal y siempre ha primado la desconfianza, con los dos esgrimiendo buenas razones para considerar que el otro ha sido desleal. Por ejemplo, en Ferraz no van a olvidar nunca la ya famosa rueda de prensa en la que Iglesias le ofreció articular un gobierno de coalición mientras el líder de los socialistas, sin saber nada, estaba todavía en Zarzuela entrevistándose con Felipe VI. Y hasta hace nada, entendían que Iglesias nunca tuvo verdadera intención de llegar a un acuerdo y que estaba más pendiente de alcanzar el sorpasso, de ahí que presentara la moción de censura hace un año sin haberlo comentando con antelación ni con la gestora ni con el equipo de Sánchez y en pleno proceso de primarias. Mientras, Iglesias también se ha sentido engañado por Sánchez en varias ocasiones. La última tras las primarias socialistas, cuando de la alianza estratégica con la formación morada que defendía el hoy presidente del Gobierno nada se supo y Sánchez pasó a visitar frecuentemente en Moncloa a Mariano Rajoy, alineándose con el Ejecutivo en la cuestión catalana.

La relación llegó a ser inexistente desde el verano pasado. Ni mensajes se intercambiaban en el momento que se conoció la sentencia de Gürtel y Sánchez decidió asumir su papel de líder de la oposición y presentar la moción de censura. Acto seguido, Podemos anunció que la apoyaba sin contraprestaciones, renunciado de entrada al gobierno de coalición que exigió hace dos años. A partir de ahí, se ha iniciado un acercamiento en el que ambos parecen haber asumido lo que parecía evidente desde las elecciones de diciembre de 2015: que la colaboración entre ambos es imprescindible para sostener un gobierno progresista en España.

Pero el acercamiento no sólo es político, también personal. Hasta el punto de que, hace apenas tres semanas, Sánchez visitó el tanatorio del padre de Irene Montero para darle el pésame a la portavoz de Unidos Podemos y pareja de Iglesias. Un gesto poco menos que impensable hasta el mes de mayo y que da una idea del cambio de talante en la relación entre ambos.

Poco ha trascendido de los encuentros que han mantenido Sánchez e Iglesias, pero en estas primeras semanas con Sánchez en la Moncloa ya se aprecian una serie de cuestiones en las que ya se entrevé la colaboración entre el Ejecutivo y Podemos. La primera es la distensión de la cuestión catalana, en la que Iglesias está ejerciendo una suerte de mediación oficiosa entre la Generalitat y el Gobierno central. Y aunque desde el PSOE niegan, en público y en privado, que el presidente haya encargado al líder de Podemos cualquier tarea en este sentido, en los pasos que está dando Iglesias se adivina, cuanto menos, el visto bueno de Moncloa. Ejemplo de ello es la visita que el secretario general de la formación morada hizo a Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, en la cárcel madrileña de Soto del Real. Iglesias pudo acceder a la prisión en calidad de cargo público, gracias al permiso ‘exprés’ que se le concedió desde Interior y que le permitió entrevistarse con Cuixart y saludar también a Jordi Sànchez cara a cara, sin ningún cristal de por medio. Así, la visita pudo realizarse 24 horas después del encuentro entre Iglesias y el president Torra, ya que en condiciones normales el acceso a Soto del Real se habría demorado más tiempo.

De momento, el Ejecutivo ha puesto el foco en trasladar a los líderes independentistas a cárceles catalanas –al que, en principio, el juez Pablo Llarena no se opone-, en un gesto de buena voluntad antes de la entrevista entre el propio Sánchez y Torra. Aunque en las filas socialistas tienen claro que Oriol Junqueras “va a ser nuestro interlocutor”, y ahí Iglesias jugará un papel relevante. No hay que olvidar que él e Iglesias ya se entrevistaron antes de las elecciones catalanas de diciembre –con el magnate mediático Jaume Roures como anfitrión-, para allanar el camino a un hipotético tripartido entre ERC, Comuns y el PSC. Junqueras sigue dictando las líneas estratégicas de ERC y es quien ha apostado por tratar de normalizar la situación, desoyendo los llamamientos a la desobediencia y a profundizar el enfrentamiento con el Estado que están realizando Carles Puigdemont y su núcleo duro. Además, en el Congreso, la dirección de Podemos también cuenta con fluida interlocución con los republicanos. Concretamente, Iglesias mantiene una buena relación con uno de sus portavoces en la Cámara, Gabriel Rufián.


El Gobierno ve en Junqueras un interlocutor fundamental, e Iglesias tiene buena relación con la cúpula de ERC. / EP

“Estamos obligados a ponernos de acuerdo y sumergirnos en una competencia virtuosa”. Así resumen en Podemos el estado de la cuestión en la relación Gobierno-Unidos Podemos, que para ellos supone “una oportunidad y un riesgo”. Una oportunidad de avanzar en políticas progresistas y un riesgo de pasar a ser una fuerza “subalterna”, el peligro al que siempre se enfrentaron PCE e IU y que ahora tiene delante Podemos. Pero en la formación morada son optimistas en este “caminar entre precipicios” que les toca afrontar. La clave es anticiparse para definir el escenario y “sobre qué y cómo se discute”. Y a Pablo Iglesias y los suyos se les ha solido dar bien eso de tomar la iniciativa y acaparar presencia mediática.

Además, señalan que incluso en los ámbitos de los que está haciendo bandera el PSOE, como el feminismo, “hay recorrido, terreno para disputar”. Estas fuentes citan como ejemplo el pacto de Estado sobre la violencia machista, en el que se abstuvieron ante las críticas desde las filas socialistas porque sólo versaba sobre la violencia en el ámbito de la pareja. No incluía, por ejemplo, la que se ejerce sobre las prostitutas o la que tiene lugar en casos como el de la Manada. Y de ahí surge la ley votada en el Congreso para la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad y hacerlos intransferibles. “Siempre hay margen para presentar propuestas más solventes y más innovadoras. Ahí está el arte de la política”. En esta línea se enmarca la Proposición de Ley para equiparar los permisos de maternidad y paternidad en 16 semanas, presentada por Podemos la semana pasada en el Congreso; que además fue aprobada con la unanimidad de todos los grupos. Una Proposición de Ley que, por cierto, fue debatida en el Congreso gracias a que el Ejecutivo retiró el veto que había impuesto Rajoy.

La equiparación de los permisos de maternidad y paternidad es uno de los 20 puntos que Iglesias citaba hace unos días ante el Consejo Ciudadano del partid, pocas horas después de entrevistarse con Sánchez en la Moncloa. En este ‘cuaderno azul’ de Iglesias hay varios elementos en los que no va a ser excesivamente complicado llegar a puntos de encuentro con el Ejecutivo, cuando no los hay ya. Es el caso, por ejemplo, de la subida de las pensiones en función del IPC, la aplicación y dotación de la ley de dependencia, la ley de igualdad retributiva o la reversión paulatina de los recortes en sanidad y educación efectuados por el Ejecutivo de Rajoy.

Sin embargo, se avecina tormenta en relación a alguna otra de las prioridades que manejan Iglesias y los suyos para evitar el abrazo del oso por parte del Ejecutivo de Sánchez. Una de las más evidentes tiene que ver con la exigencia de la derogación de las dos últimas reformas laborales, tanto la aprobada por el Ejecutivo de Rajoy en 2012 como la elaborada por el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero en 2010. Pero hay más. Es el caso de la Ley Mordaza, en la que ahora el Ejecutivo plantea derogar sólo algunos artículos; la ley de Vivienda redactada por la PAH que contempla, entre otras cosas, la dación en pago retroactiva y la regulación del precio de los alquileres; el mantenimiento de Bankia como entidad pública; el cierre de los CIE –Iglesias ya ha invitado a Sánchez a visitar uno con él–; o la reforma de la ley electoral, para la que Podemos y Ciudadanos –los partidos más perjudicados en el reparto de escaños por su condición de minoritarios– llegaron un principio de acuerdo.

Para evitar que Podemos marque la agenda, el Gobierno insistirá en el necesario consenso entre las fuerzas políticas. La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ya ha tirado de ese comodín para meter en el cajón la derogación de la reforma laboral de Rajoy. La ministra se ha mostrado partidaria de reformar algunas cuestiones de la ley, como volver a que los convenios sectoriales primen sobre los de empresa. Pero ha subrayado que todo se hará desde el consenso con los agentes sociales y con el resto de fuerzas políticas, porque “tenemos que ser conscientes de que, en estos momentos, la aritmética parlamentaria es la que es”.

En las filas socialistas hay un clima general de “agradecimiento a Podemos por el apoyo a la moción de censura”, y las relaciones entre los dos partidos han mejorado en muchas autonomías y ayuntamientos prácticamente de un día para otro, una buena señal de cara a las municipales y autonómicas de dentro de un año. Pero las reticencias siguen ahí, porque “las heridas tardan en cicatrizar”. Estas fuentes tienen claro que la prueba de fuego de la sintonía con Podemos se va a plasmar en la negociación de los Presupuestos de 2019, que va a tener su prólogo en la votación del techo de gasto, prevista para este mismo mes de junio, pero que algunas informaciones retrasan hasta finales de julio. Es en las cuentas públicas donde se van a concretar buena parte de las demandas de Podemos y donde se va a reflejar la capacidad de entendimiento que parecen haber estrenado el Ejecutivo y Podemos y que se está concretando, por primera vez, en la renovación de la cúpula de RTVE.

El Ejecutivo de Sánchez ha pisado el acelerador en esta cuestión con la aprobación del decreto que trata de esquivar el boicot del PP a la nueva ley, ya aprobada, y que contempla un concurso público. El decreto contempla una fecha límite, el 8 de julio, para que se consume esa renovación y Congreso y Senado hayan designado al nuevo consejo de administración –de diez miembros–, del que saldrá el presidente. Al cierre de esta edición, estaba previsto que los plenos en las Cámaras para la designación de los nuevos consejeros se celebraran a principios de esta misma semana, aunque todavía no se había concretado la lista de consejeros. Lo que sí parece claro es que Podemos está jugando sus cartas para tener a personas afines en el nuevo consejo. De hecho, poco después de que trascendiera el nombre de Arsenio Escolar, considerado cercano al PSOE, como posible presidente de RTVE, se conoció que también estaba encima de la mesa el de Ana Pardo de Vera, actual directora de Público.es. Esta es la web que alberga los programa de La Tuerka -protagonizados por el propio Iglesias y varios dirigentes de Podemos, como Juan Carlos Monedero- y que está controlada por Jaume Roures.

Sea como fuere, a la espera de que se concrete la negociación de RTVE, tanto en el Gobierno como en Podemos ponen el foco en la negociación de los Presupuestos de 2019 como el punto de inflexión de la legislatura, que definirá si la entente entre Sánchez e Iglesias tiene visos de sostenerse en el tiempo.