Rajoy contra Rajoy Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1252. 22  de junio de 2018

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Política / Virginia Miranda

Amenaza de guerra civil en el PP

Rajoy contra Rajoy

Arranca la campaña de los siete precandidatos al congreso extraordinario del PP, un número inesperado en las filas conservadoras que asisten con una mezcla de temor y expectación a la ofensiva que, durante doce días de campaña, enfrentará a María Dolores de Cospedal y a Soraya Sáenz de Santamaría, las dos personas con más posibilidades de inicio y con más riesgos que asumir. La primera experiencia nacional donde la militancia ha sido llamada a las urnas, sumada a la irrupción de Pablo Casado abanderando la transversalidad en una formación que clama unidad va a exigir a estas dos mujeres, las que más poder han atesorado en el partido y en el Gobierno bajo el liderazgo de Mariano Rajoy, echar el resto en esta batalla épica donde nadie se atreve a aventurar el resultado final.

  Después de años recabando apoyos, ha llegado el momento de la batalla final entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. / EP

Casado, que ha dado la sorpresa con el mayor número de avales, recuerda a los afiliados que han de registrarse antes del 25 de junio porque la primera vuelta es clave para su candidatura   Cospedal y Santamaría tratan de hacer frente a sus debilidades. La primera apoyándose en el respaldo de militantes y, la segunda, en cargos y exministros del Partido Popular

Ya es oficial. Este viernes, 22 de junio, la comisión organizadora del congreso extraordinario del que saldrá elegida el sucesor o sucesora de Mariano Rajoy proclamará a los precandidatos que, en una primera vuelta, se disputarán el voto de los afiliados del PP. Una experiencia inédita a nivel nacional que anima la campaña y que aventura la pelea que, larvada durante años, pone en riesgo la unidad de la formación conservadora.

Ese es el temor de los cargos y la militancia popular. Un temor que se disparó la tarde del lunes, cuando contra todo pronóstico, contra el sentir de los cuadros medios del partido y contra la voluntad de los barones, Alberto Núñez Feijóo dijo entre lágrimas que se queda en Galicia. Un “disgusto gordo” en palabras de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que resume el sentir de quienes llevaban días pidiéndole que diera un paso adelante convencidos de que sería el único capaz de evitar que el eventual choque Cospedal-Santamaría hiciera saltar por los aires a la formación.

La ya exsecretaria general del PP –ha renunciado a su cargo tras anunciar su candidatura– acudía el miércoles a la sede de Génova, 13 para presentar sus avales acompañada de afilados. La exvicepresidenta, con cargos de la formación y exministros. Ningún gesto es inocente en política y menos cuando se prepara la mayor pelea de poder que han vivido los populares en toda su historia. Y una y otra dirigente han querido ahuyentar con ambas representaciones el fantasma de la debilidad. El de la primera, que en los diez años que ha estado al frente de la secretaría general ha tejido una sólida red de influencia territorial pero se le resiste la militancia. El de la segunda, que es la opción favorita de los votantes pero no es mujer de partido.

Las redes sociales, que van a jugar un papel fundamental en cada una de las candidaturas tal y como está planteado el nuevo sistema de elección, están avanzando ya cuáles van a ser las estrategias en campaña, que comienza oficialmente este sábado, 23 de junio, y finalizará el 4 de julio; en el perfil de Cospedal mandan los vídeos con palabras de apoyo de militantes anónimos. En el de Sáenz de Santamaría, los agradecimientos a pronunciamientos públicos de dirigentes populares.

Los mensajes también entrañan diferencias, aunque acaban convergiendo en un mismo punto: Mariano Rajoy. La que fuera número dos del PP pone en valor su defensa del partido en los momentos más difíciles cuando otros –concretamente la exvicepresidenta– no lo hicieron. Quien atesorara mayor poder Ejecutivo “desde Godoy”, que diría José Manuel García-Margallo, recordando ‘éxitos’ de Gobierno como haber evitado un rescate o haber superado la crisis del Ébola. A ojos de la militancia, ambas atesoran méritos políticos. Y, en ambos casos, cosechados tras el mandato del todavía presidente de la formación conservadora que, a pesar de haber dejado la política para retomar su actividad profesional en el registro de la propiedad de Santa Pola tres décadas después, ha dejado huella en todas las candidaturas que aspiran a formalizar su marcha.

Junto a los sorayos pata negra Alfonso Alonso, José Luis Ayllón, Fátima Báñez –los tres la acompañaron en la presentación de avales– y Álvaro Nadal, los exministros Íñigo de la Serna e Íñigo Méndez de Vigo fueron de los primeros en manifestar su respaldo a la exvicepresidenta. Y aunque su estrategia incide sobre los votantes, la ya exsecretaria general también está contando con pesos pesados de la formación. La primera en darle su respaldo fue la extitular de Sanidad, Dolors Montserrat, a la que se sumaba poco después la presidenta del PPC, Alicia Sánchez Camacho.


Pablo Casado, que ha superado en unos 2.000 avales a Cospedal y Santamaría, acudió a Génova, 13 con un heterogéneo grupo de diputados
que lo acompañan en su candidatura. / EUROPA PRESS

Sin embargo, y según aseguran desde la formación, la mayoría de avales salidos desde Cataluña ha ido a parar a manos de Pablo Casado, la gran sorpresa y la mayor amenaza para las favoritas en liza. El sistema de votación en primera vuelta permite a los inscritos emitir su voto secreto en dos urnas, la de los compromisarios y la de los precandidatos. Eso significa que, por primera vez en el PP, el resultado escapa en su fase inicial al control del aparato del partido.

Esa es la gran baza del diputado por Ávila y exsecretario de Comunicación del PP que, como Cospedal, renunciaba a su cargo en la dirección del partido de cara a la campaña. Por eso, desde que presentara más de 5.000 avales, casi 2.000 más que la exministra de Defensa, ha venido repitiendo en redes sociales y apariciones públicas que todos aquellos afiliados de los casi 870.000 registrados que quieran votar tienen hasta este lunes, 25 de junio, para inscribirse en las sedes del partido, condición indispensable para poder elegir a su candidato o candidata el próximo 5 de julio.

Una vez lo hayan hecho previo pago de la cuota anual –según publicaba El Español el pasado jueves, sólo el 10 por ciento de la militancia está al corriente de pago–, estarán en disposición de poder cambiar una trama que algunos daban ya por escrita. Empezando por el nombre del candidato de consenso. Al menos así es como ha presentado Casado su candidatura, que llegó a la sede del PP con sus avales y con un grupo de diputados entre los que se encontraban Javier Maroto, Belén Hoyo –firma habitual de El Siglo–, Teodoro García, José Ignacio Echániz –fue consejero en Castilla-La Mancha con Cospedal–, o Ignacio Cosidó, senador y exdirector general de la Policía.

Responder a la demanda de renovación de las bases con las que se viene reuniendo desde el pasado jueves en una gira por España, atraer a los abstencionistas y a los que se fueron a Vox y a Ciudadanos, evitar que el PP se rompa como ha ocurrido en otros partidos tras unas primarias con candidaturas enfrentadas… Ese es el mensaje con el que Casado espera dar un giro de guión. Aparentemente, sin preocuparle que la jueza del caso máster haya preguntado al Congreso si es diputado –su condición de aforado podría llevar la causa al Tribunal Supremo–; él dice que se trata de ataques que intentan debilitar su imagen pública y opta a la presidencia del PP porque no tiene nada que ocultar.

La segunda vuelta


Colarse en la segunda vuelta es difícil, pero tampoco imposible. Y habrá segunda vuelta, piensan en la formación, porque no ven a nadie en condiciones de cumplir los requisitos para proclamarse líder in pectore en la votación del 5 de julio –tendría que obtener más del 50 por ciento de los votos, quince puntos más que el resto de precandidatos o ser el más votado en la mitad de las circunscripciones–.

No ayuda el hecho de que haya hasta siete candidaturas aunque cuatro de ellas tengan entre pocas o ninguna posibilidad de prosperar: la del exministro José Manuel García-Margallo, que dice querer un debate de ideas pero no hace más que aludir a sus contrincantes femeninas –esto no es “Miss América”–, particularmente a Soraya Sáenz de Santamaría; la del portavoz y secretario de Exteriores del PP, José Ramón García-Hernández, que plantea cambios en el partido y es el más firme defensor de un debate entre candidatos que, aún sin fecha, se celebrará en la sede de la formación conservadora; José Luis Bayo, expresidente de Nuevas Generaciones del PP de la Comunidad Valenciana que ya fracasó en su intento por disputarle el liderazgo a Isabel Bonig en el partido regional; y Elio Cabanes, concejal popular en La Font de la Figuera (Valencia) que, como Bayo, dice representar a las bases.

Así las cosas, en estos momentos se barajan tres candidaturas con opciones. Parten como favoritas María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado tendría opciones en la primera vuelta siempre y cuando haya una alta participación y el proceso judicial del máster no se complique.

Llegada la hora de los compromisarios, decidirá el aparato. Pero su elección todavía es una incógnita. Este pasado jueves, en una entrevista en la Ser, Alberto Núñez Feijóo decía que esperará a decantarse cuando escuche, el 5 de julio, a los afiliados. Porque a la segunda ronda pasarán dos candidatos. Pero uno de ellos será quien más votos obtenga. Y si la diferencia es significativa, contravenir el deseo de las bases tendría difícil justificación.

Es lo que tiene la democracia interna, que al PP le pilla de nuevas y le obliga a moverse en aguas movedizas. Hasta el punto de poder engullir candidaturas. Con mayor o menor dramatismo dependiendo de la voracidad de cada una de ellas para lograr, ahora sí, suceder a Mariano Rajoy.

 

Rafael Hernando y Teodoro García, los azotes de la oposición

Descabezado el liderazgo del PP hasta la celebración del congreso extraordinario del PP los días 20 y 21 de julio en Madrid, el grupo parlamentario en el Congreso ha tomado las riendas de la oposición en un momento especialmente delicado para el partido, desalojado del Gobierno con una moción de censura y con Ciudadanos amenazando su hegemonía en el espacio electoral de centro derecha.

Rafael Hernando, habitual en estas lides, ha seguido ejerciendo el papel protagonista desde la tribuna del Congreso, sin darle ni un día de gracia a Pedro Sánchez y negándole una lealtad que dice reservar a “España, la Constitución y el rey”.

En la primera sesión de control al Gobierno socialista celebrada este pasado miércoles, esto fue lo que el portavoz del grupo popular contestó al presidente cuando éste le pidió que no debilitara “aún más la convivencia”. Hernando se resistió a dar su brazo a torcer y pidió al jefe del Ejecutivo explicaciones de las contrapartidas que va a pagar a los “populistas”, “independentistas”, PNV y “amigos de la vieja ETA” por haberle apoyado.

“Es la primera vez que Bildu vota sí al presidente del Gobierno”. El portavoz adjunto en el Congreso, Teodoro García, está echando una mano a Hernando y sal gruesa a la tarea de oposición. En ruedas de prensa y en apariciones televisivas. Con críticas como ésta donde el fantasma de ETA, ahora que está muerta y sepultada, revolotea de nuevo en el discurso de un Partido Popular desalojado del Gobierno.

Diputado por Murcia, anticipó a Sánchez una “oposición bastante dura” si se paralizan obras en la región. También fue quien exigió al presidente la dimisión del ministro de Agricultura, Luis Planas, por una imputación en un caso de robo de aguas en Doñana que la Fiscalía, no apreciando delito, dijo que iba a retirar. Y preguntado por el caso de Ana Mato, García aseguró que “no representa ningún cargo electo ni tiene ningún cargo dentro del Partido Popular, con lo cual cualquiera puede ser militante del PP mientras sea inocente”, pasando por alto que sigue siendo asesora del PP en Bruselas a pesar de haber sido condenada a título lucrativo dentro de la primera época de la trama Gürtel.

Ahora, Teodoro García aparca el protagonismo que ha adquirido estas últimas semanas para asumir otro menos agrio pero igual de exigente, el de director de campaña de la candidatura de Pablo Casado.