El marianismo se resiste a morir Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1250. 8  de junio de 2018

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Política / Virginia Miranda

Todos los ‘sucesores’ deben demasiado a Rajoy

El marianismo se resiste a morir

Mariano Rajoy se va y el partido que acabó de renovar hace más de un año se prepara para un nuevo cambio lleno de incógnitas y algunas certezas. Que, como él, nadie en el PP quiere que la guerra estalle por los aires. Que, como él, la mayoría cree que una candidatura única juega a favor de sus intereses. Y que a él deben su papel preeminente todos los que han llegado a las puertas de la Junta Directiva Nacional que este lunes dará el pistoletazo de salida al breve y precipitado periodo precongresual del que surgirá un nuevo liderazgo este mes de julio. El marianismo toca a su fin. Pero ése, de momento, no se irá del todo.

Rajoy, arropado por los suyos, se despide del liderazgo poniéndose a disposición de quien lo suceda en el PP. / PP

Feijóo había anunciado su retirada cuando una reunión con Rajoy le hizo replantearse un futuro que hoy, de haberse apartado de la política, no pasaría por ser su más probable sucesor   Sin BOE, sin CNI y sin Comisión de Secretarios y Subsecretarios, Sáenz de Santamaría apenas podría acreditar su escaño de diputada rasa para medirse a otros dirigentes de peso

“Ha llegado el momento de poner el punto final a esta etapa. El PP ha de seguir avanzando y construyendo su historia de servicio a los españoles bajo el liderazgo de otra persona”. A mediodía del martes, 5 de junio, Mariano Rajoy se dirigía al Comité Ejecutivo del PP para comunicarle que su tiempo al frente del partido, donde durante 37 años ha ostentado casi todos los cargos públicos posibles, había tocado a su fin.

La moción de censura había dejado herida de muerte su carrera política y el presidente del PP no ha querido prolongar la agonía. Por eso este lunes se reúne la Junta Directiva Nacional, máximo órgano de dirección del partido entre congresos, para convocar el congreso extraordinario que habrá de alumbrar un nuevo liderazgo con el que conducir al partido en estos difíciles tiempos de oposición y fragmentación del voto de centro derecha.

Tras la reunión del comité de dirección, de secretarios ejecutivos y de líderes territoriales del PP, desde la formación adelantaron que el destino del partido quedaría resuelto el mes de julio y algunos de los asistentes cruzaban los dedos para que de aquí a la celebración del cónclave no haya juego sucio, sabedores de que la marcha de Rajoy podría destapar una espita que, una vez abierta, sacaría lo peor de la larvada pelea por el control del partido que durante largo tiempo se ha venido incubando.

Y aunque éste será el primer congreso nacional con el nuevo sistema de votación aprobado en el cónclave de febrero de 2017, ya no hay tantas voces defendiendo las bondades del nuevo método representativo que permite a los militantes votar en dos urnas a los candidatos y a los compromisarios y que, en caso de amplia mayoría –más del 50 por ciento de los votos, quince puntos más que el resto de precandidatos o ser el más votado en la mitad de las circunscripciones–, evita ir a una segunda vuelta para que sean estos últimos los que elijan al líder conservador.

Lo que priman ahora son las voces a favor de una única candidatura. Ya lo ha dicho Fernando Martínez-Maíllo: “lo más deseable” es que sólo llegue un candidato al congreso. Y eso pone coto a las opciones de casi todos los dirigentes a los que hasta ahora se han atribuido ganas y apoyos para suceder a Mariano Rajoy.

Las credenciales marianas
Porque Soraya Sáenz de Santamaría, la otrora todopoderosa vicepresidenta del Gobierno que llegó a la política hace más de quince años para cubrir una vacante en Presidencia del Gobierno con Rajoy al frente de la cartera, es una dirigente con tirón entre los votantes y sin ascendiente dentro de un partido controlado por María Dolores de Cospedal. Una candidatura única impide a los aspirantes medir sus fuerzas entre la militancia. Y sin BOE, sin CNI y sin comisión de secretarios y subsecretarios, Sáenz de Santamaría apenas puede acreditar su escaño de diputada rasa para medirse a otros dirigentes de peso que, como ella, están en deuda con Mariano Rajoy.

Sin desmerecer los méritos de cada uno de ellos, quienes hoy aparecen entre los posibles sucesores del todavía presidente popular han sido ungidos, en algún momento de su carrera política, por la mano benefactora del líder. Cospedal ya había desempeñado cargos de responsabilidad de segundo nivel en la Administración general y autonómica, pero es desde 2008, cuando Rajoy la nombra secretaria general del PP, cuando empieza a granjearse una red de apoyos territoriales que hoy la sitúan en una posición de ventaja frente a Sáenz de Santamaría, considerada su oponente interna natural.

Incluso Alberto Núñez Feijóo, el único barón que resistió con mayoría absoluta los envites electorales provocados por los casos de corrupción y los recortes del primer Gobierno de la era mariana, tiene algo que agradecerle; ya había anunciado que no repetiría una tercera candidatura a la presidencia de la Xunta de Galicia y daría el salto al sector privado cuando una reunión con Rajoy le hizo replantearse un futuro que hoy, de haberse apartado de la política, no pasaría por ser su más probable sucesor.

Sáenz de Santamaría y Feijóo tienen un muy desigual equilibrio de fuerzas en el partido. / PP

 

Varias fuentes populares consultadas coinciden desde hace tiempo en que el jefe del Ejecutivo gallego es el dirigente con más apoyos internos y, en un escenario como el que se abre ahora en el partido, donde la imagen de unidad se antoja fundamental para encarar una etapa de dura oposición a diestro –Ciudadanos– y siniestro –el Gobierno y sus socios–, le consideran el más indicado para cerrar heridas y sumar fuerzas en una etapa que, en cualquier caso, podría ser de transición.

Porque las opciones que se barajan tienen una mochila demasiado pesada como para que las previsiones no se limiten, a lo sumo, al medio plazo. Las fotografías con un narco gallego, el desgaste de haber sido la voz del PP en las peores embestidas del caso Gürtel o el fracaso de la solución dialogada al conflicto catalán dejan a Alberto Núñez Feijóo, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría al albur de la pelea política que, por su parte y también por la del resto de partidos que como los populares se la juegan en las próximas convocatorias electorales, se prevé encarnizada.

Ni siquiera los ‘tapados’ sin mácula como Ana Pastor, presidenta del Congreso, o Íñigo de la Serna, exministro de Fomento, se libran de un perfil marianista que, tras una moción de censura votada y ganada por Pedro Sánchez al objetivo de echar a Mariano Rajoy de La Moncloa por sus responsabilidades políticas en la Gürtel, va a dar munición al resto de partidos representados en el arco parlamentario. Muy especialmente a la formación de Albert Rivera que durante meses se ha erigido en favorita de las encuestas a costa de la intención de voto del PP y de sus reproches a la política en Cataluña y a los casos de corrupción.

Hasta hace unas semanas, había quien en el PP apostaba por dar digna sepultura al marianismo, de forma ordenada y sin medidas traumáticas. Pero a grandes males, grandes remedios y no menos cabos sueltos. El relevo al frente del partido conservador es inminente y la persona que concita más apoyos se perfila como probable sucesor.

A lo largo de los próximos días se sabrá si hay o no candidatura única. En el congreso se conocerán los nombres que la acompañarán. Y en adelante se sabrá si las direcciones de los grupos parlamentarios sufren más o menos alteraciones. Pero el PP no quiere que estalle la guerra interna y en sus filas se habla de la necesidad de integración.

Lo que significa más marianismo. Lo que implica que la renovación tendrá que esperar.

 

Las municipales y autonómicas, premio de consolación

Hasta hace tan sólo unas semanas, la elaboración de las listas electorales en el PP para 2019 era foco de problemas. La dimisión de Cristina Cifuentes al frente de la Comunidad y la formación madrileña abrió el debate sobre dos de las candidaturas más importantes a cubrir, las del Gobierno y el Ayuntamiento de Madrid, y se intensificó la campaña a favor de que Soraya Sáenz de Santamaría optara a la alcaldía de la capital, sin duda alentada por los críticos con la entonces vicepresidenta en su idea de cercenar sus posibilidades en un futuro postmariano.

Aunque la hasta ahora número dos de Rajoy en el Ejecutivo siempre ha dicho que estaría allí donde su partido la necesitara, fuentes populares insistían en que su intención no era ni mucho menos abandonar un Gobierno donde acumuló inmensas cuotas de poder e influencia. Ahora, nadie se atreve a asegurar nada.

Lo mismo ocurre con otros nombres que, mientras sonaban hace tan sólo unos meses como cabezas de lista a las municipales y autonómicas del próximo año, sus titulares se ponían de perfil. Es el caso del ya exministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, cuyo posible regreso a Sevilla se antojaba idóneo para recuperar la capital andaluza, el de Íñigo de la Serna, a quien se proponía un viaje Santander-Madrid-Santander tras una estancia de dos años en la sede del Ministerio de Fomento, y de la propia María Dolores de Cospedal, cuyo nombre se ha barajado incluso para encabezar la lista del PP a las elecciones europeas que también se celebran en 2019.

Ahora todos ellos tienen mucho que pensar en muy poco tiempo. Pero la posibilidad de cambiar de aires resulta más atractiva que hace dos semanas.