‘Gürtel’ le estalla a Rajoy Tiempos de hoy

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 Nº 1248. 25  de mayo de 2018

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Política / Virginia Miranda

Censura, gobierno transitorio, elecciones… Terremoto tras la dura condena al PP

‘Gürtel’ le estalla a Rajoy

Rajoy lo había vuelto a hacer; con casi todo en contra, encontró el resquicio del PNV con el que sacar adelante unos Presupuestos que le habrían permitido llevar a término la legislatura en 2020. Una alegría intensa y breve que sofocó la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la primera etapa del caso Gürtel. El PP no sólo ha sido señalado como partícipe a título lucrativo, el tribunal también ratifica la existencia de una caja B y, por tanto, cuestiona la credibilidad del líder conservador. En cuatro décadas de democracia, ninguna moción de censura ha prosperado. Pero tampoco el partido en el Gobierno había sido condenado por corrupción. A falta de aclarar la estrategia que sigan los partidos, al presidente ya no le quedan más vidas para pasar su peor trago.


El líder conservador, que ha salvado innumerables obstáculos a lo largo de su vida política, acaba de toparse con el peor de todos ellos. / EUROPA PRESS

El PNV lanzó un salvavidas a Rajoy, pero la sentencia del caso Gürtel ha acabado por arrastrar a un presidente a la deriva tras meses de encuestas adversas y problemas de integridad territorial   Sánchez ha manifestado su intención de gobernar, de garantizar la convivencia y el ordenamiento constitucional y de convocar elecciones, pero no ha precisado cuándo

Un día antes de que una prudente Audiencia Nacional dictara sentencia en el juicio del caso Gürtel –quién sabe lo que hubiera ocurrido si la bomba judicial hubiera estallado antes de la votación en el Congreso–, el PNV lanzaba un salvavidas al presidente del Gobierno que, con el agua al cuello, bracea desde hace meses en un mar de encuestas adversas, graves problemas de integridad territorial y, ahora, sendas mociones de censura.

La condena al PP a pagar 245.492 euros como partícipe a título lucrativo en la trama corrupta, la certificación de que el partido tuvo una caja b y el cuestionamiento de la palabra de Mariano Rajoy, que en su declaración como testigo el pasado 26 de julio negó esta estructura financiera y contable paralela a la oficial que operó en Génova al menos desde 1989, han convertido en inútiles los esfuerzos de los nacionalistas vascos por evitar una nueva crisis institucional con inquietantes consecuencias para sus propios intereses de partido.

Tras conocerse el fallo judicial, Pedro Sánchez ponía fin a meses de colaboración con Mariano Rajoy para hacer frente común ante el desafío independentista catalán y convocaba una reunión extraordinaria de la ejecutiva del PSOE la mañana del viernes precedida por el registro de una moción de censura en el Congreso contra el líder popular.

El asunto es de extrema gravedad y trascendencia. Las tres anteriores mociones de censura planteadas en democracia contra el presidente del Gobierno han fracasado, pero ésta, además de retratar a cada uno de los partidos políticos representados en el Congreso de cara a las próximas y reñidas convocatorias electorales, tiene muchos ingredientes para salir adelante.

Antes de que el secretario general socialista diera el paso, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ya le había instado a hacerlo avanzándole su respaldo sin que por ello vaya a dejar de disputarle de aquí a las generales el espacio de la izquierda. El PDeCAT y ERC también dijeron estar dispuestos a apoyar a Sánchez, que tiene por delante una ingente labor para construir un relato que justifique ante sus votantes el eventual voto de los independentistas. Y Ciudadanos, el partido de la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción que ha logrado dar la campanada arañándole al PP su tradicional espacio electoral, es el que más se juega en esta maniobra de largo alcance.

La vía intermedia de Ciudadanos.
La reacción de Rivera ha ido evolucionando en menos de 24 horas. Primero dijo que la sentencia marcaba “un antes y un después” en sus relaciones con el Gobierno, anunciando que analizarían la situación en el Ejecutiva nacional de Cs del 11 de junio. A la mañana siguiente salía en rueda de prensa el secretario general del partido naranja, José Manuel Villegas, para anunciar que la reunión se celebraría este lunes, 28 de mayo, avanzando las líneas maestras de su estrategia.

La situación de Cs es la más delicada de todas. Apoyar un presidente socialista junto a Podemos hundiría sus expectativas electorales sustentadas sobre el voto de centro derecha. Y mantener a Rajoy en La Moncloa tendría exactamente las mismas consecuencias, papeleta arriba, papeleta abajo.

A la formación naranja le funcionó la fórmula de exigir dimisiones en Murcia y en Madrid cuando los presidentes que respaldaron en sus investiduras se vieron involucrados en un caso de corrupción y en un máster irregular, respectivamente. Pero ni consiguió deshacerse del candidato durante nueve meses sin Gobierno en España ni echar al líder conservador resuelve el problema de todo un partido político que, según la Audiencia Nacional, es culpable de “corrupción institucional”. Así las cosas, ha encontrado una fórmula intermedia: plantear su propia moción de censura instrumental. Esto es, una moción para que se convoque elecciones.

Cs insiste en que, antes de ir a las urnas, los Presupuestos han de finalizar su tramitación para ser definitivamente aprobados y “hemos de sentarnos los constitucionalistas antes de la disolución de las Cámaras para decidir qué hacer con el 155”, señala Villegas, defendiendo su propuesta de extensión de la intervención de la autonomía catalana incluyendo a los Mossos, a los medios de comunicación pública, a la política exterior y al control de las cuentas de la Generalitat.

El factor soberanista.
Porque ni Cs ni el PSOE quieren dejar suelto ningún fleco relacionado con la crisis catalana, sabiendo que hoy por hoy es el asunto que domina y determina el resultado de las encuestas. Por eso ha dicho el número dos de Rivera que “la moción de Pedro Sanchez” negociada con “populistas y separatistas no la vamos a apoyar. No vamos a estar ahí”, ha subrayado.

Y por eso Pedro Sánchez, en la rueda de prensa donde explicó las razones y los detalles de iniciativa que su grupo acababa de registrar en el Congreso, insistió en varias ocasiones en que el PSOE, que en los últimos 40 años ha gobernado durante la mitad de nuestra historia democrática, ha demostrado su defensa de la cohesión territorial y, ahora que está en juego, “estamos preparados para hacerlo”.


Pedro Sánchez ha dejado la puerta abierta a recabar el apoyo de diputados independentistas. / PSOE

Tanto es así que, ante los periodistas, se mostró dispuesto a gobernar. Si bien por un periodo de tiempo que en la comparecencia no precisó aunque fue más claro con los apoyos que espera recabar y aceptar. Según el líder socialista, su intención es garantizar la convivencia y el ordenamiento constitucional, recuperar la normalidad política e institucional, regenerar la democracia, poner en marcha la agenda social y convocar elecciones. Sin decir cuándo. Y recordó que la presidenta del Congreso fue elegida con los votos y escaños de formaciones independentistas, por eso se dirigía a los 350 diputados del congreso –incluidos por tanto los soberanistas catalanes– para que colaboren “con responsabilidad y generosidad para que entre todos saquemos a España del lodazal de la corrupción”.

A la espera de que se concrete la iniciativa de Ciudadanos –han de pasar dos días entre la presentación de ambas mociones de censuras y el partido necesita el apoyo del 10% de la Cámara, por lo que, con 32 diputados, le faltarían tres para alcanzar los 35–, al PP no le queda más que esperar el desarrollo de los acontecimientos mientras emplean el único recurso que les queda: azuzar el fantasma del independentismo.

Lo ha hecho el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, y lo ha hecho el propio presidente. El primero acusado a Sánchez de “asaltar el poder de la mano de los que ponen en peligro España”. Y Rajoy, rodeado de sus ministros, ha defendido que ningún miembro del Gobierno “al que ahora se censura ha sido condenado, ni siquiera juzgado” y que la moción de censura, “mala para España” porque genera “muchísima incertidumbre”, “no tiene más objetivo que Sánchez sea presidente a cualquier precio y con quien sea”. “Tiene dos opciones”, ha señalado el líder conservador, “pactar con Ciudadanos y con Podemos a la vez” o “pactar con ERC, el PDeCAT de Puigdemont” que, con Torra, ya ha manifestado “su disposición a hablar” con el líder socialista, “con Bildu y con Compromís”. “Cualquier Gobierno con estos apoyos es inviable. Sánchez lo sabe pero le da igual”.

La papeleta del PNV.
En medio de todos ellos se encuentra el PNV. En una primera reacción, los nacionalistas vascos consideraron que la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la primera etapa de la trama Gürtel pone en evidencia “un gravísimo problema de corrupción”, asegurando que apoyarían todas las iniciativas que se registren en el Congreso para exigir que el presidente dé explicaciones. Tras la presentación de la moción de censura socialista, su portavoz en el Congreso, Aitor Esteban, se mostró dispuesto a “hablar” con Sánchez si la moción va más allá de la “foto” y si lo socialistas “tienen soluciones concretas a la crisis a la que se enfrenta el Estado”, aunque precisó que hay “demasiadas incógnitas” que les animan a ser cautas.

El PNV, que un día antes de la demoledora sentencia y el terremoto político que ha venido tras ella se había convertido en el mayor aliado político de Rajoy. Asegurándose más de 540 millones de inversión y una subida de las pensiones por encima del IPC con los que justificar de puertas para adentro su apoyo al Ejecutivo central a pesar de que el 155 sigue en vigor en Cataluña y ayudando a contener el avance de Albert Rivera y su bandera de España que todo lo envuelve y arrastra.

Pero ya nada queda del salvoconducto del partido jetzale con el que Rajoy confiaba en llegar políticamente ‘vivo’ a 2020. Ni siquiera el resto de formaciones pueden llevar a término sus planes para consolidar su alternativa de Gobierno con opciones y garantías. Y todo porque, desde febrero de 2009, fecha en que estalla el caso Gürtel, el PP está aquejado de una grave enfermedad que ni los populares ni el resto de partidos han sabido remediar y ya no queda más remedio que amputar.