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 Nº 1246. 11  de mayo de 2018

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Portada / Virginia Miranda

Rivera se aparta de Rajoy, se lleva a sus votantes y fractura la derecha

El gran divorcio

Desde que Albert Rivera decidiera disputarle las banderas conservadoras a Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno ha sido incapaz de ofrecer resistencia. El último CIS apenas ha podido mantener a flote al PP, que conserva la primera posición en estimación de voto pero registra un mínimo histórico, y confirma una tendencia que provoca pánico en las filas populares, la de la pérdida progresiva de su base electoral en favor de Ciudadanos. Por primera vez desde la Transición, los votantes tienen dónde elegir y vaticinan un inevitable divorcio en la derecha. En qué términos se resuelva determinará a quién beneficia más el reparto de bienes.
 

Rivera es hoy una amenaza real para Rajoy, que se ve obligado a tomar decisiones estratégicas de partido y de Gobierno para tratar de hacerle frente. / EUROPA PRESS

En el PP reconocen estar muy preocupados
con su resultado en las encuestas, pero también se quejan de que existe una doble vara de medir

  El Gobierno está “achicharrado”
con la aplicación del 155, atado por las condiciones del resto de partidos y presionado por las exigencias de Cs

“La gente está muy preocupada por las encuestas”. Los afiliados y también los cargos del Partido Popular. Desde sus filas reconocen que la situación es de extrema gravedad. Y, aunque unos y otros dicen no tomárselas al pie de la letra, dan por buena la tendencia que arrojan sondeo tras sondeo. Una tendencia “muy negativa” que el CIS, al que dan más fiabilidad, acaba de confirmar.

Con una semana de retraso y sospechas de exceso de ‘cocina’, el último barómetro se hacía público este martes. No ha confirmado el temido sorpasso de Ciudadanos al PP que sí dan por buenas las encuestas publicadas en los medios de comunicación, pero sí ha asestado un duro golpe al ánimo de los conservadores, que con una estimación de voto del 24 por ciento caen a su mínimo histórico.

Aunque a los dirigentes de la formación naranja les gusta decir que también se alimentan de antiguos votos socialistas, el grueso de su incipiente base electoral proviene de la menguante militancia popular. El CIS concede a la formación naranja un 22,4 por ciento en estimación de voto, adelantando al PSOE y situándose tan sólo a 1,6 puntos de distancia del PP.

“La gente está cabreada”, relatan estas fuentes. De puertas hacia fuera y de puertas hacia dentro. Así, se quejan de que “existe una doble vara de medir” por parte de los medios, “como si no hubiese corrupción en otros partidos”, y eso influye en “la forma de pensar” de los ciudadanos.

Y está el tema de la ejemplaridad. “Somos críticos con nosotros mismos”, pero “se nos exige más que a los demás”. Por eso comparan, como hizo Mariano Rajoy en el pleno de este miércoles, el caso máster que provocó la dimisión de la expresidenta regional, Cristina Cifuentes, con el de Íñigo Errejón, “que cobró como becario sin ir a la Universidad y ahora es el candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid”.

En cuanto a las causas de la desafección de sus votantes que asumen como propias hablan de “un problema de comunicación”. Porque “entre los afiliados de base se valora bien la gestión” del Gobierno, fundamentalmente la económica. Pero, sobre todo, en el PP se asume como uno de sus mayores problemas el 155.

“El Gobierno está achicharrado con el 155”, aseguran fuentes del partido. “Las cosas no están saliendo del todo mal”, pero la intervención de la autonomía catalana se está alargando más de lo esperado y las bases sociales no entienden, ponen como ejemplo, “que no se quiten los lazos amarillos de las consejerías”.

Otras fuentes señalan que su aplicación “es tan light por la negociación con el resto de partidos. Se hizo lo que a la fuerza impusieron” PSOE y Ciudadanos a Mariano Rajoy, que quiso buscar el apoyo de más grupos parlamentarios. Y consideran que los de Rivera “no habrían ganado tanto terreno si se hubiese intervenido TV3”, una línea roja impuesta por el líder socialista, Pedro Sánchez.

“Ciudadanos vive del tema catalán”, se quejan varias fuentes populares. Y lo cierto es que Albert Rivera está sacando partido a la crisis territorial. Para desesperación de cargos y militantes del PP, Rajoy restaba importancia este jueves en una entrevista en Antena 3 al rifirrafe que mantuvo el día anterior en el Congreso con el líder de la formación naranja. Pero lo cierto es que es una bandera que le ha dado buena suerte desde el 21D y no la va a dejar de hondear.

El presidente del Gobierno llamó “aprovechategui” a Rivera cuando éste le reprochó no haber recurrido ante el Tribunal Constitucional el voto delegado en el Parlament de Carles Puigdemont y Toni Comín y le exigió vigilar “el dinero público de todos los españoles” porque, según había confirmado la Fiscalía, Artur Mas empleó recursos del FLA para organizar la consulta del 9N.

De no hacerlo, dijo, no le apoyaría en la aplicación del 155, una decisión sin efectos prácticos pero cargada de la contundencia contra del independentismo que la militancia conservadora exige a su líder y, si no la encuentra en Rajoy, ahora tiene otro que se la ofrezca.

De poco sirvió que el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, tratara de rebajar el tono de sus socios de investidura y proyectos de ley de presupuestos. Tras hablar con su interlocutor popular, el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, insistía en que su partido no va a apoyar una “aplicación blanda” del 155 en Cataluña, “amable con los nacionalistas” y “pactada” con el PNV.

La formación naranja daba una nueva vuelta de tuerca y pedía que la intervención de la autonomía catalana continúe en vigor hasta que se verifique el cumplimiento de la ley aún habiéndose constituido un nuevo Govern, “fecha límite” aprobada en el Senado. Tampoco hay margen para hacer cambios en este sentido pero, en la batalla por el mensaje de la derecha, el tanto se apunta en el marcador de Cs.

Como ocurriera en Murcia, los de Rivera disfrutan también de la ventaja demoscópica que les ha dado la dimisión de Cifuentes; cuando se elaboró el sondeo del CIS entre los días 1 y 10 de abril, ya había estallado el caso máster para disgusto de los votantes conservadores más sensibles con los escándalos que minan la credibilidad del PP de Madrid.

Por eso los populares consideran ineludible que la dirección nacional “busque a los mejores candidatos”. “Llegando a contemplar lo que haga falta” para 2019, dicen cuando se les pregunta por la posibilidad de prescindir de ministros para cubrir las candidaturas de las autonómicas, municipales y europeas. De hecho suenan los nombres de Íñigo de la Serna para Cantabria, María Dolores de Cospedal para Castilla-La Mancha, Juan Ignacio Zoido para Sevilla o Soraya Sáenz de Santamaría para Madrid.

 “Eso lo tienen claro los altos mandos del partido y también Mariano Rajoy. Cuando se han planteado estas cuestiones, él lo ha dejado claro”. Y subrayan; al frente de cada lista se situará a quien se considere que obtendrá mejores resultados. Porque mientras en Ciudadanos reconocen que el partido aún está dedicado a la tarea de completar su implantación territorial, en el PP presumen de tener banquillo. Aunque ese banquillo ande revuelto.

Se vio en la recepción del 2 de mayo en la sede de la Comunidad de Madrid, cuando la vicepresidenta del Gobierno y la secretaria general de los populares escenificaron una rivalidad conocida en el partido. “Aquello cayó muy mal. En el momento en el que estamos, hay que saber trabajar en equipo. Las divisiones, sobran”, zanjan en la formación.

Otras fuentes recuerdan la aversión de Rajoy a aquello de desvestir un santo para vestir otro. Porque, pasadas las elecciones de 2019, llegarán las generales. Y, de lograr cumplir los plazos, no le conviene sacrificar a medio Gobierno cuando aún le quedarían cerca de dos años para tratar de evitar la consumación del divorcio de la derecha española. O, al menos, para que a la firma de los papeles le haya quedado la mejor parte en el reparto de bienes.


Ciudadanos ha descuidado la importancia del voto femenino, que desde el 8 de marzo está puntuando las políticas de género de los partidos. / EUROPA PRESS

El disputado voto de las mujeres

El pasado 8 de marzo marcó un antes y un después en las reivindicaciones de las feministas en España. Un colectivo que marchó ajeno a los partidos políticos pero que tomó buena nota de su respuesta ante una jornada que hizo historia. Quienes no supieron ver venir un movimiento imparable en defensa de la igualdad real y efectiva se quedaron rezagados. Y acusan ahora las consecuencias en medio de una disputada competición por tener el mayor porcentaje de votos.

Ciudadanos, un partido que suele anticiparse a las corrientes de opinión para sacar provecho de ellas, erró en el cálculo. Inés Arrimadas, su líder en Cataluña y portavoz nacional, dio la pauta de la formación naranja ante el Día Internacional de la Mujer en España en que las asociaciones feministas llamaron a una huelga general de mujeres: el partido estaba a favor de la igualdad pero no de un paro de 24 horas porque, dijo, era ideológico.

Según el barómetro del CIS ahora conocido elaborado a principios del mes de abril, Cs apenas pierde una décima de estimación de voto entre las mujeres, pasando del 14,2 por ciento registrado en enero al actual 14,1 por ciento. Pero no hay que olvidar que es un partido en alza –ha crecido 1,7 puntos respecto al anterior barómetro elaborado en enero– y, aún así, ha experimentado un retroceso entre las mujeres.

Donde sí se ha visto una mayor distancia entre el partido de Rivera y el voto femenino es en la encuesta de Metroscopia para El País conocida hace unas semanas: en marzo y abril, Ciudadanos mantuvo su intención de voto entre los hombres, pero perdió cuatro puntos entre las mujeres, una caída estadísticamente significativa que coincide con recientes actitudes en el entorno de la formación naranja que han merecido la desaprobación de las organizaciones feministas.

Se trata de las declaraciones de un fundador y un ideólogo de Cs: en un debate sobre la sentencia de los miembros de La Manada, Arcadi Espada dijo querer “saber si hay también algún vídeo sobre la vida sexual de la víctima”, y en un artículo publicado en El País, el catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona, Francesc de Carreras, ha comparado el feminismo con el nacionalismo. “El carácter crecientemente dogmático y fundamentalista de ambos movimientos al convertirse en ideologías y creencias cerradas que no admiten discusión”, ha dicho.

A pesar de todo, las consecuencias más graves de haber mostrado una actitud tibia frente a la huelga feminista las ha sufrido el Partido Socialista; en el último barómetro del CIS y desde el 8 de marzo, la formación que tradicionalmente ha contado con un apoyo mayoritario entre las mujeres ha perdido casi tres puntos en intención de voto femenino bajando del 15,7 al 13,3 por ciento. Incluso Ciudadanos la superaría. Después de haber impulsado el PSOE las políticas de igualdad de las que disfruta este país. Pero sin haber entendido que las mujeres han tomado el mando de sus propias vidas y ellas marcan ahora el ritmo.