Entrevista / Jorge Moruno Tiempos de hoy

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 Nº 1246. 11  de mayo de 2018

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Entrevista / Manuel Capilla

Jorge Moruno, autor de ‘No tengo tiempo. Geografías de la precariedad’ y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos

“Si ganamos Madrid, estaremos a las puertas de ganar España”

Jorge Moruno acaba de publicar ‘No tengo tiempo. Geografías de la precariedad’, donde profundiza y actualiza sus investigaciones sobre el nuevo modelo de trabajo y de sociedad que imponen las nuevas tecnologías y fenómenos como la cultura del low cost. Un modelo en el que están desapareciendo los derechos ganados a lo largo del siglo XX y que deja personas “con miedo a llegar a fin de mes, que no saben qué va a ser de ellas”, y que, por tanto, “ven cercenada cualquier condición democrática”. Moruno, miembro del núcleo fundador de Podemos y antiguo responsable de Argumentario del partido morado, va a dejar aparcada su labor como sociólogo para entrar de lleno en la batalla política, incorporado por Iñigo Errejón a la candidatura con la que concurrirá a las primarias en la Comunidad de Madrid. Una batalla política en la que se juega “gran parte del futuro de las fuerzas del cambio”.


Fotos: ALEX PUYOL

“Hoy por hoy, tu tiempo de trabajo y de no trabajo se difuminan y se terminan fundiendo en uno solo”   “Hay que construir nuevas formas de reconocimiento y utilidad social, de garantizar un ingreso aunque no siempre tengas trabajo”

Me enteré de lo que era Deliveroo cuando vi a sus empleados, con sus bicis y sus mochilas, esperar en la plaza de Tribunal, y me recordó a la estampa de los jornaleros que esperaban en la plaza del pueblo a que viniera el capataz a reclutarlos. ¿La modernidad es un retroceso?
Pues es una buena comparación. La primera vez que los vi fue en Bruselas y lo primero que pensé es que parecen sherpas. Se nos presenta la digitalización de la economía como un futuro innovador cuando, en realidad, a la hora de entender los contornos que va adquiriendo el trabajo contemporáneo es más útil girar la cabeza al siglo XIX. Un siglo que estuvo caracterizado por la incertidumbre, la falta de derechos y ese cierto espíritu que observamos ahora: el del emprendedor, el del mérito personal. Todo eso está volviendo, como una manera de afrontar una situación objetiva: que el empleo estable, con unos ingresos suficientes ya no es una garantía. Se trata de un discurso de empoderamiento personal cuando, en realidad, lo que hay es precariedad e incertidumbre. Estamos ante la demolición del derecho laboral del siglo XX y tenemos que imaginar no sólo lo que se llegó a ser sino lo que podemos llegar a ser, bajo qué criterios de ciudadanía, bajo qué organización del trabajo y de la sociedad. Eso es lo que está todavía por inventar. Lo que gira en torno a esto es el sentido que le damos al tiempo, es decir, cómo organizamos las relaciones de poder.

¿Por qué nos falta cada vez menos tiempo?
El título del libro es una síntesis de un síntoma de época, del ‘no tengo tiempo’, ‘no llego a nada’, ‘no me da la vida’. Aparecen cada vez más aplicaciones con la precariedad como un nicho de mercado, que te venden servicios con los que puedes ganar más tiempo. ¿Pero cuál es el origen? ¿Por qué nos vemos abocados a una total falta de tiempo? En primer lugar, porque se han roto los equilibrios de distribución temporal de la llamada sociedad del empleo, la sociedad salida de la II Guerra Mundial y articulada en torno al papel del empleo como garante de derechos y vía de acceso a la ciudadanía, que tenía una clara distribución entre el tiempo de trabajo y de ocio. Hoy por hoy, tu tiempo de trabajo y de no trabajo se difuminan y se terminan fundiendo en uno solo. Se está extendiendo y normalizando una situación que los periodistas entendéis muy bien, que es el estar sometido a lo que pase, a lo que surja. Por tanto, tú ya no tienes horarios fijados, dependen de lo que pueda salir, de lo que pueda pasar. Hay una fusión total entre tiempo de vida y tiempo de trabajo, lo cual empobrece nuestra capacidad de disfrutar y decidir sobre nuestro propio tiempo. De hecho, el tiempo libre se convierte en tiempo muerto. Te dicen que como el salario ya no te garantiza un medio de vida, hay que buscar ingresos extra. AirBnB te dice que ahorres alquilando una habitación; pon tu coche en alquiler en Drivy y así te sacas un dinero extra; vende tus cosas en Wallapop para tener una Navidad a la que puedas acceder; hazte taxista de Uber… Todo para compensar con ingresos extra lo que no te garantiza el salario. Es una lógica de renta básica universal invertida.

Sin las redes sociales y las nuevas tecnologías entiendo que esta difuminación de las fronteras del tiempo de trabajo y del ‘no me da la vida’ sería imposible.
Sería imposible, pero no se explican por ellas, hay que explicarlas. Ya señalaba Marx que la tecnología reduce el tiempo empleado para trabajar. La cuestión es para qué otro tipo de fines se pueden aplicar y cómo se pueden utilizar para mejorar las condiciones de vida de la gente, para que no estén sometidas las tecnologías bajo la única lógica que rige nuestro mundo, la de multiplicar el dinero. Esto nos obliga a someternos a un ritmo que colapsa con nuestro ritmo orgánico de vida. Esto tiene un correlato en la conciliación de vida y de trabajo. El 59% de los trabajadores en España sufre de estrés.

“Madrid tiene que dejar de ser un balneario para los ricos y un infierno para los precarios”

 

Una idea que atraviesa el libro es que ha llegado un momento en el que la vida está haciéndose incompatible con el modelo de trabajo actual.
Eso lo dice la encuesta de condiciones de vida del organismo europeo Eurofound. Desde el año 2011 hasta el 2016 se ha incrementado muchísimo el porcentaje de gente que no tiene tiempo para hacer las tareas del hogar, para ver a sus familiares. Y no lo tiene por causa del trabajo, que te pide resultados, objetivos, que vuelques tu alma en el trabajo. Ya no vale eso de hacer lo tuyo e irte, sino que tienes que volcarte subjetivamente, hacer de tu trabajo tu forma de vida. Mujeres de clases populares son quienes menos tiempo tienen. Hoy [por el pasado martes] han salido datos de la OCDE que reflejan que España es el tercer país de la Unión Europea en trabajadores pobres. Habrá que pensar que otros mecanismos hay para distribuir y ejercer el tiempo. El tiempo es la condición que mezcla la política y la economía. Sin decidir no tienes tiempo y sin tiempo no puedes decidir. Esto lo entendieron muy bien los griegos, porque los artesanos y los esclavos no podían hacer política porque no tenían tiempo para poder decidir, para poder estar, para poder ser. Su tiempo de vida estaba totalmente sometido al tiempo de un tercero, y eso lo podemos trasladar a la actualidad. La democracia no es votar cada cuatro años, la democracia es la capacidad de ejercer tu propia libertad y de decidir el poder social que nos concierne a todos. Una persona con miedo a llegar a fin de mes, que no sabe qué va a ser de ella, que su tiempo de vida está totalmente sometido a lo que pueda surgir, es una persona que ve cercenada cualquier condición democrática. Eso es lo que hay que cambiar.

¿Cómo se articularían los criterios de ciudadanía de forma alternativa al trabajo, como planteas?
La cuestión es si posible construir un New Deal acorde al siglo XXI, sobre criterios que ya no se sostengan en tener un empleo como acceso a la esfera pública. Es decir, cómo construir nuevas formas de reconocimiento y utilidad social, de garantizar un ingreso aunque no siempre tengas un trabajo. Esto implica dinamitar nuestra lógica de ética asociada al trabajo, donde sólo es útil aquello por lo que te pagan y sólo te pagan por aquello que un tercero considera que es útil. Ahí es importantísimo el feminismo como un nuevo criterio de riqueza, como una forma de decir que hay que inventar otras formas de valorar, de entender la riqueza y de distribuir el tiempo. Aquí se introducen, como efecto, no como causa, las ideas de alquiler social, de renta básica universal, de movilidad sostenible… Todo tipo de medidas que garanticen, dentro de las propias condiciones capitalistas, un poder negociación y de vida donde puedas disfrutar de más tiempo individual y colectivamente, no necesariamente sometido al tiempo de trabajo. Cuánto más margen de vida hay excluido del acceso económico más capacidad democrática tiene una sociedad. Se tiene que acabar eso de ‘mejor tener un trabajo que no tener ninguno’. Hay que construir los contornos para poder decir, allí donde me ofrecen un trabajo precario, lo rechazo. Hay que reivindicar el poder de rechazar un trabajo. Una sociedad de personas libres es una sociedad que rechaza condiciones miserables. Pero, ¿qué pasa en el mientras tanto? Hace poco, decía el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que estuvo trece años en Goldman Sachs, que la introducción de las nuevas tecnologías en el trabajo podría llegar a crear tal nivel de desigualdad que haría a Marx relevante de nuevo. Y él decía, ojo, que los trabajadores no vieron beneficios del capitalismo, y porque lucharon, hasta finales del siglo XIX. Por tanto, ¿cuánto dura el mientras tanto? ¿Noventa años? ¿Cien? ¿Qué les decimos a los que vivimos en el presente? Si el trabajo ya no da para garantizar una vida, pero cada vez se produce más riqueza con cada vez menos tiempo humano de trabajo, esa riqueza hay que garantizarla al conjunto de la población.

Y ahí entra en juego la renta básica, que Podemos ha introducido en el debate público. Pero la experiencia más reciente y concreta que tenemos es la de Finlandia, donde el gobierno ha cancelado el proyecto, que ha durado un par de años.
El proyecto de Finlandia nunca me gustó del todo. Estaba destinado sólo a parados, si mal no recuerdo. Pero no creo en las políticas fetiche. No creo que la renta básica por sí misma solucione la vida de repente. Su gran potencial está en ampliar el margen de libertad. ¿Cuánto talento nos estamos perdiendo porque la gente está tirando su vida por el retrete, trabajando de lo que sea para poder pagar las facturas? Si tuviera tiempo liberado, podría dedicarlo a pensar más, a formarse más, a sacar proyectos adelante. Siempre  pongo de ejemplo a Virgina Woolf, que llegó a ser Virginia Woolf porque recibió una herencia, porque tenía tiempo propio. ¿Cuántas Virginias Woolf nos estamos perdiendo porque están sirviendo copas? Una sociedad es más inteligente cuanto más tiempo libre tiene para pensar. Hay que construir mecanismos que liberen el tiempo de vida del tiempo de trabajo. Ahora, yo no creo en estos proyectos, que además tienen fecha de caducidad y nunca se van a poner bien en práctica. Si sólo se aplica a pobres, sigue siendo una cosa para pobres. Lo ideal es que se aplique a también a gente que tiene trabajo, ampliando el margen de libertad. Ahí donde dices que sí porque no te queda otra, puedas decir que no. No es sólo una cosa para evitar la pobreza, sino para ampliar el margen de libertad.

“Ciudadanos vive del miedo y de enfrentar a la gente”

 

En el libro destacas el potencial del movimiento feminista, ¿es la principal herramienta transformadora de la sociedad?
El feminismo tiene un potencial transformador que no tiene ningún otro movimiento. No sólo está poniendo encima de la mesa las deficiencias de la sociedad, sino que está cuestionando las causas, está impugnando toda una totalidad. Para mí, el máximo potencial que tiene el feminismo es su crítica a la economía política, al modo de riqueza imperante, que da valor a aquello que se produce para destinarlo a la venta. Por eso, ese tiempo de las mujeres entra en contradicción con el tiempo del beneficio, y vienen a decir que hay que dar valor a aquello que no está destinado para ser vendido. Creo que el feminismo tiene la posibilidad de modificar qué entendemos por igualdad y de qué manera podemos acceder a la esfera pública. Aquello de que sólo podemos ser en sociedad si somos trabajadores y tenemos dinero. Y eso tiene un potencial revolucionario enorme. Aquí habría que incluir también el ecologismo, que pone en duda un crecimiento indefinido, exacerbado, que toca con los límites de nuestro planeta. Por ejemplo, toca ideas asociadas al concepto neoliberal de la libertad, como la del coche. La de que yo con mi coche puedo ir a donde quiera. Eso se está modificando.

¿La Comunidad de Madrid, tras 23 años de gobierno del PP, es paradigma de la sociedad que describe en el libro?
Madrid y el País Valenciano han sido los dos grandes laboratorios de la declinación de la versión neoliberal española. Han sido la adaptación española de aquella frase de Margaret Thatcher de “el objetivo es cambiar el alma, la economía es el método”. Y han conseguido hacer una transformación antropológica. Si no, no se entendería que, ante la evidencia de los datos -de la escuela más segregada de todas, de que Madrid sea la región más desigual de Europa, la podredumbre de la corrupción-, hayan asociado libertad e igualdad a ese tipo de valores. Es decir, eres más libre si no pagas impuestos, aunque a ti no te afecte esa bajada de impuestos, como los de Patrimonio y Donaciones. Afortunadamente, creo que eso está en situación de descomposición. Pero eso sólo se va a modificar no sólo denunciando lo malo que es y los efectos negativos que produce, sino siendo capaces de poner encima de la mesa un imaginario más deseable que modifique el modo en que pensamos las cosas. Necesitamos asociar a libertad, futuro e innovación otro tipo de valores, que aparte los valores actuales de individualismo posesivo.

¿Y cómo va a proponer ese nuevo imaginario la candidatura de Iñigo Errejón, de la que formas parte?
Madrid tiene que dar un giro de 180 grados. Ya está bien de que Madrid subvencione, con dinero de todos, una escuela segregada. Ya está bien de que Madrid sea el hazmerreír por la corrupción. Ya está bien en que confiemos en que si a los ricos les va muy bien, a todos nos va a ir bien. Madrid tiene que dejar de ser un balneario para los ricos y un infierno para los precarios. Tenemos que ser capaces de transmitir una idea muy simple: para que a unos pocos les vaya muy bien, una minoría tiene que perder sus derechos. Tenemos que tener muy claro que si a los ricos les va bien, a nosotros nos va a ir mal. Madrid tiene que dejar de ser el paraíso del ladrillo, de los fondos buitre. Hay que invertir en transición energética, orientando la inversión a que los edificios gasten menos. Hay que orientar hacia el I+D+i, hacia un urbanismo verde. Hay reordenar las contratas públicas, toda la manera de operar de las administraciones, que están todo el día pegadas a las constructoras, con las que hacen negocio. Hay que poner un suelo mínimo de inversión para la educación pública, y a lo mejor para eso hay que reformar el estatuto de autonomía. Hay que garantizar el artículo 7.4 del estatuto: todo madrileño tiene que tener garantizado el acceso a la igualdad, a la libertad y a la participación pública. Y dice: hay que remover todo aquello que lo impida. Nuestra tarea tiene que ser remover todo lo que impide que los madrileños seamos libres e iguales. Los pocos tienen que perder privilegios para que la mayoría ganemos derechos.

¿Cómo valora las encuestas que prevén un cambio radical del escenario político y que colocan a Ciudadanos con serias posibilidades de ser primera fuerza?
A Ciudadanos se les ha colocado tantas veces como primera fuerza… Es verdad que uno no sabe si las encuestas proyectan lo que piensa la gente o genera una profecía autocumplida. Queda muchísimo tiempo, y las cosas se mueven tan rápido que las encuestas se quedan viejas al día siguiente. Ciudadanos ha dejado claro que va a apoyar a cualquier candidato del PP.  Sabemos que Ángel Garrido lleva desde el 95 en política con Esperanza Aguirre, con Ana Botella, con Cristina Cifuentes… La mano derecha de lo mejor. El problema es que Ciudadanos no tiene otro proyecto para Madrid que ser la marca Hacendado del PP. Apoya la misma fiscalidad, apoya los fondos buitres, apoya la misma política del miedo. Todo el discurso de Ciudadanos está siempre sustentado sobre la tristeza y el miedo para convertirlo en el odio. Por eso, por ejemplo, insisten en centrar la cuestión del feminismo en las penas de cárcel. Para ellos, el problema de la vivienda no es la especulación, los fondos buitres o la falta de alquiler social, sino a “a ver si mañana se van a meter en tu casa y te la van a ocupar”. Yo no digo que eso no pueda pasar, hay un 0,34% de casos, pero ellos meten el miedo para ver si te puede pasar a ti. Por eso, ellos sólo quieren hablar de Cataluña, para generar el odio y mantenerse en esa lógica. Todo lo que sea ampliar derechos, convivencia, alegría, se les atraganta. Por eso se les atraganta tanto el feminismo. Ellos viven del miedo y de enfrentar a la gente. Son un peligro. Y hay elementos, como Juan Carlos Girauta, que parecen de extrema derecha. Para ellos, la igualdad y la democracia es siempre radical.

¿Ángel Gabilondo y el PSM son aliados o rivales para su candidatura?
Pueden ser las dos cosas, y de ahí la idea de competencia virtuosa. Tenemos proyectos muy distintos, nosotros queremos ir más lejos, queremos transformar mucho más, creemos que Madrid puede dar mucho más. Pero hay puntos en los que nos podemos poner de acuerdo. Nuestra tarea es generar el escenario en el que el Partido Socialista se tenga que ir plegando a las situaciones que vamos poniendo encima de la mesa, para llevarlos más allá de donde ellos quieren ir. Hay cosas en las que nos podemos poner de acuerdo, y es necesario. La primera es sacar al Partido Popular. Pero luego, a ver hasta dónde podemos llegar. Por ejemplo, aquí nadie habló de renta básica, hasta que llegó Podemos y todo el mundo dijo que era una chorrada. Luego, todo el mundo empezó a hablar de eso, y algunos lo llaman ingreso vital. Tenemos que ser aquellos que van por delante.

¿Espera un acuerdo con IU y Anticapitalistas? ¿Hay posibilidades de que terminen presentando una candidatura propia?
Siempre hemos dicho que hay que crear las condiciones para que sea una candidatura lo más plural posible y que incorpore la mayor diversidad posible de sensibilidades, alrededor de unas líneas maestras comunes. Pero lo fundamental no es la confluencia entre partidos, sino la confluencia con la gente. Es decir, la izquierda, en tanto que izquierda que le habla a aquellos que ya son de izquierda sobre las bondades de la izquierda, está totalmente incapacitada para conectar con los anhelos, los deseos y las demandas de la sociedad en la que vive. Tenemos que ir más allá del propio Podemos y de la gente que incorpora la candidatura. Comprender, sumar, ganar, transformar. No al revés. No: “yo tengo un paquete cerrado, te lo expongo, y si no te gusta, esto es lo que hay”. Hay que mantener un equilibrio siempre entre lo que pide la sociedad y hacia dónde tú quieres ir.

¿El futuro de Podemos está en manos de Errejón? Quiero decir, ¿el futuro del partido pasan por conseguir un buen resultado en las elecciones autonómicas en Madrid?
Las elecciones de 2019 no son unas elecciones cualquiera. Y creo que se juga bastante del futuro político de España en los próximos años. Si se renuevan los ayuntamientos del cambio, se asientan las posibilidades de mejorar y alcanzar poder para 2020. El Partido Popular consiguió sus mejores resultados en 2011, justo después del 15-M, y se decía que el 15-M no había servido para nada. Cuando en realidad la tarea del 15-M no era directamente esa, sino crear una corriente subterránea que va transformando desde las profundidades. Hoy el PP está en peligro de desmoronarse como un castillo de naipes. Su modelo está tan podrido que, tras perder Valencia, si pierden Madrid, el Partido Popular está perdido. Si conseguimos ganar Madrid, estaremos a las puertas de ganar España. La batalla de 2019 es la previa a la grande, y la va a condicionar por completo. Así que, sí, gran parte del futuro de las fuerzas del cambio pasa por lo que pase en 2019.