El legado de Raúl Tiempos de hoy

-

 
   

 Nº 1246. 11  de mayo de 2018

- - --

Política / Fernando Ravsberg (La Habana)

Díaz Canel se apoyará en Castro para profundizar las reformas en Cuba

El legado de Raúl

Tal y como había prometido, el general Raúl Castro entregó la presidencia de la República tras cumplir dos mandatos de cinco años. El presidente saliente deja importantes temas sin resolver pero durante este periodo Cuba ha cambiado más de lo que muchos analistas hubieran imaginado. Tras medio siglo de restricciones, los cubanos pueden salir libremente del país, tienen acceso a internet, entran a los hoteles turísticos, se les permite tener teléfonos móviles, comprar y vender sus casas, sus automóviles y trabajar como autónomos.


Raúl Castro entrega la Presidencia de Cuba a Miguel Díaz-Canel y le deja una herencia de luces y sombras que inaugura una transición que tutelará hasta 2021 desde la Secretaría General del Partido Comunista.

El expresidente se propuso transformar el socialismo soviético en un modelo próspero, similar al de Vietnam. Desde el principio chocó con elementos inmovilistas que vieron en la apertura al mercado un peligro ideológico. Temen a la iniciativa privada, a la aparición de nuevos ricos y a las diferencias sociales que eso podría traer a Cuba. Raúl Castro se enfrentó a esta tendencia afirmando que "quienes apuestan por demonizar, criminalizar y enjuiciar a los trabajadores por cuenta propia escogieron un camino, que además de mezquino es risible, por insostenible. Cuba cuenta con ellos como uno de los motores del desarrollo futuro...".

Los trabajadores del sector privado han pasado de 100.000 a casi 600.000. Los hostales particulares ofrecen ya 22.000 habitaciones, han surgido 4.000 clubs y restaurantes, tres rubros clave para lograr un crecimiento sostenido del turismo, la industria más dinámica de la isla, con un desarrollo anual del 15%. Los emprendedores han creado brigadas de construcción, han convertido en taxis sus viejos automóviles, fabrican todo tipo de muebles, hacen zapatos e importan cientos productos desde Panamá, Guyana, Rusia, México, España, EE UU, Ecuador y Perú.

También ha representado una mejora significativa para la vida de mucha gente empleada por los autónomos. Un camarero de un restaurante puede ganar hasta 400 euros al mes, sumando salario y propinas, el equivalente al ingreso anual de un trabajador en una empresa estatal. Se trata de una cantidad muy aceptable para un país cuya canasta básica se calcula en unos 100 euros, con una parte de los alimentos subvencionados, con más del 80% de las personas propietarias de sus viviendas y con la salud y la educación gratuitas.

La apertura migratoria ha dado la libertad a los cubanos de viajar por todo el mundo. Desde que se eliminaron las restricciones en enero del 2013, unos 800.000 cubanos han realizado 2,6 millones de viajes al extranjero. Surgieron incluso paquetes turísticos vacacionales para Italia, España o Perú dirigidos al público nacional. Sin embargo, una gran parte de estos viajes tienen como objetivo la importación de productos que escasean en la isla. El gerente de la zona franca de Colón en Panamá, Manuel Grimaldo, reveló que “ese mercado cubano de a pie que viene a Panamá representa actualmente unos 100 millones de dólares USA sólo en compras dentro de la Zona”.

El libre acceso a Internet fue también una medida aprobada durante el gobierno del Raúl Castro. La red de redes era vista por muchos de los viejos dirigentes como un peligro: uno de ellos llegó a compararla con un engendro diabólico. A pesar de toda esa reticencia, en la última década la conexión a Internet ha pasado de estar casi prohibida a ser muy popular. Se crearon cientos de zonas wifi, se inició el acceso desde los hogares y hay un plan para ampliarla a los móviles este año. Los precios son altos, pero se han ido reduciendo paulatinamente, desde los cuatro euros la hora iniciales a los 0,80 centavos actuales.

Algunos sectores de poder temían a la pérdida del monopolio informativo que durante décadas disfrutó el Gobierno y estaban en lo cierto. Hoy los cubanos tienen acceso a la mayor parte de la prensa mundial, pueden leer incluso el Miami Herald, el periódico más importante del anticastrismo. Además, dentro de la isla han surgido medios de prensa digitales independientes, impulsados por periodistas jóvenes alejados del oficialismo de los medios estatales y del alarmismo de los espacios disidentes. Uno de estos jóvenes, Julio Batista, acaba de ganar el Premio Rey de España por una investigación sobre la contaminación que provoca la ronera Havana Club.

Una de las medidas más populares tomadas por Raúl Castro fue el fin de la prohibición de acceder a los hoteles turísticos, que se mantuvo por más de 15 años a pesar de ser anticonstitucional. Hoy los cubanos residentes en la isla representan el 10% del total de turistas y son el segundo mercado, tras los canadienses. Estos huéspedes son muy apreciados por las cadenas hoteleras porque veranean en la temporada baja, cuando más se necesitan.

Algo similar ocurrió cuando Raúl Castro autorizó la contratación de telefonía móvil por parte de los cubanos. Hasta ese momento los ciudadanos de la isla se veían obligados a encontrar un extranjero residente en el país que firmara el contrato y les cediera el móvil. En total había alrededor de 250.000 teléfonos, y diez años después llegan a los cinco millones, lo cual permite a la compañía telefónica grandes beneficios, el 70% de los cuales va a las arcas del Estado y el resto a reinversión y desarrollo.

Durante medio siglo las viviendas propiedad de particulares no podían venderse. El Estado entregaba las propiedades a precios irrisorios. Una casa de cinco habitaciones podía valer 150 dólares USA, pagados con un crédito de 30 años. Si las cuotas de la hipoteca no se abonaban el banco nada podía reclamar porque en Cuba no existe el desalojo. Sin embargo, la escasez de viviendas propició un mercado negro que realizaba compraventas clandestinas a precios 200 veces más altos que los oficiales.

La renegociación de la deuda externa, en particular con el Club de París, deja a Cuba en una mejor situación financiera a largo plazo, aunque en lo inmediato devore enormes sumas del presupuesto nacional. El gobierno de Raúl Castro logró la condonación de los intereses y la transformación de una parte en fondo de inversiones para Cuba. Tras décadas de que Fidel Castro declarar la deuda como “impagable”, lo logrado en la renegociación parece un verdadero éxito.


Uno de los rasgos que definen la Cuba que entrega Castro es la popularización de la telefonía móvil e Internet en lo que ha supuesto una indudable apuesta por la apertura del régimen.

Las asignaturas pendientes.
La mayor parte de las tareas inconclusas de la reforma tienen que ver con la economía y la principal de ellas es la dualidad monetaria. Desde el gobierno de Fidel Castro en Cuba existen dos monedas nacionales y, lo que es peor, hay seis tasas de cambio diferentes que van desde el 1X1 al 1X24. Con ese contexto, la contabilidad de las empresas se ha convertido en un caos que se reproduce en la macroeconomía, donde nadie sabe a ciencia cierta cuáles son los costos o beneficios de cada actividad económica.

Juan Triana, economista y profesor de la Universidad de La Habana, calcula que la unificación monetaria y de tasas de cambio provocará la quiebra de más de la mitad de las empresas estatales, con lo que se perderán dos millones de puestos de trabajo. El sector privado es el único que podría absorber esa mano de obra pero desde hace un año se mantiene restringido por decisión del gobierno. Incluso es imposible legalizar una pequeña empresa a pesar de que el propio Raúl Castro anunciara el pasado año que las pymes serían autorizadas. Esta es otra de las materias que el general deja pendiente.

El expresidente abandona su cargo sin haber logrado un repunte económico significativo. Los avances son mínimos y la inversión extranjera ni se acerca a los 2.500 millones de dólares USA que se necesitarían para tener un crecimiento sostenido, según el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas. Lo trágico es que gran parte de los empresarios interesados en invertir abandonan la idea cuando se empantanan en una trampa burocrática que convierte los trámites más simples en procesos eternos. La simplificación y reducción de la burocracia estatal fue uno de los objetivos del gobierno de Raúl Castro pero una década después hay que reconocer que no ha tenido mucho éxito.

Los salarios han crecido durante su gobierno pero siguen por debajo del valor de la cesta de la compra básica. La mayor parte de los ingresos de los cubanos provienen de lo que éstos pueden robar en sus centros de trabajo para vender en el mercado negro, desde una lata de pintura hasta una caja de habanos. Es algo tan común que popularmente no se le llama robar, sino “resolver” y tan masivo que, a pesar de los bajos salarios, Cuba es el país de América Latina con menor tasa de desnutrición infantil, según UNICEF. Sin embargo, la economía sufre una hemorragia de recursos que limita su eficiencia y hace imposible cualquier planificación.

Los retos del nuevo presidente son enormes pero contará con el respaldo de Raúl Castro, quien será el primer secretario del Partido Comunista hasta el 2021, cuando entregará también ese cargo al actual jefe de Estado. Se unificará así la dirección política y gubernamental del país en manos de Miguel Díaz Canel, con lo cual gozará de un poder enorme y la transición generacional habrá terminado.