Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1246. 11  de mayo de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Ni España es Francia ni Rivera, Macron, pero ambos están en la cresta de la ola


EUROPA PRESS

Macron tiene un proyecto coherente y sugestivo mientras su imitador navega en la ambigüedad y en el oportunismo propio de quien sólo tiene claro un objetivo: alcanzar el poder. Al no disponer de poso doctrinal, ni instituciones internas que consultar, el jefe puede decidir un buen día mostrarse como socialdemócrata que juega en la liga de la izquierda moderada y otro día aparecer como liberal sin apellidos.
En definitiva, Emmanuel Macron es un hombre de izquierdas moderno, llamémosle independiente de izquierdas, que fue ministro de Finanzas en el gobierno socialista de François Hollande, mientras que Albert Rivera necesita nutrirse básicamente de los electores del Partido Popular sin despreciar a los que venían votando al Partido Socialista.

Albert Rivera no es Emmanuel Macron ni España es Francia, aunque Ciudadanos promueva a Manuel Valls para gobernar Barcelona. Pero Rivera –lo ha definido astutamente Mariano Rajoy– es un “aprovechategui” que se aprovecha del arrollador éxito del joven presidente francés.

Sin embargo, España no es Francia y el parecido de Rivera con Macron es superficial. Es verdad que en España ha perdido posiciones el bipartidismo, como subraya la última encuesta del CIS. Pero no ha muerto. Tanto el PP como Ciudadanos mantienen un suelo digno.

En Francia el electorado había tirado a la escombrera tanto a los socialistas como a las derechas. En realidad lo que se ha producido en el país vecino y de lo que se ha aprovechado Macron es del hartazgo general con los partidos. Macron se ha beneficiado, curiosamente, de no tener partido. Rivera tiene un partido aunque sea un tanto fantasmal y sólo bregado en Cataluña. Es una formación sin cuadros de competencia probada pero tiene vocación de partido tradicional.

Macron tiene un proyecto coherente

Se aprecian otras diferencias con su modelo francés, y una decisiva. Macron tiene un proyecto coherente y sugestivo mientras su imitador navega en la ambigüedad y en el oportunismo propio de quien sólo tiene claro un objetivo: alcanzar el poder. Al no disponer de poso doctrinal, ni instituciones internas que consultar, el jefe puede decidir un buen día mostrarse como socialdemócrata que juega en la liga de la izquierda moderada y otro día aparecer como liberal sin apellidos.

En definitiva, Emmanuel Macron es un hombre de izquierdas moderno, llamémosle independiente de izquierdas, que fue ministro de Finanzas en el gobierno socialista de François Hollande, mientras que Albert Rivera necesita nutrirse básicamente de los electores del Partido Popular sin despreciar a los que venían votando al Partido Socialista.

Habermas, el gran filósofo de la izquierda, apoya al francés

A mí me ha impresionado el apoyo que le ha proporcionado explícita y hasta apasionadamente el gran filósofo de la izquierda, su decano Jürgen Habermas, quien en una reciente entrevista para el diario El País aseguraba: “Macron me inspira respeto porque, en la paralizante escena actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política y que ha demostrado valor”.

Sostiene el filosofo que el presidente francés ”como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa; que, en las circunstancias casi desesperadas de la contienda electoral, demostró valor personal, y que, hasta ahora, desde su cargo de presidente, hace lo que dijo que iba a hacer. Y en una época de paralizante pérdida de identidad política, he aprendido a apreciar estas cualidades personales en contra de mis convicciones marxistas”.

Reconoce, sin embargo, la ambigüedad ideológica del francés aunque opta por la esperanza : “Hasta la fecha –afirma–, sigo sin ver claramente qué convicciones subyacen tras la política europea del presidente francés. Me gustaría saber si al menos es un liberal de izquierdas convencido…, y eso es lo que espero".

Lo que si tiene Ciudadanos, Rivera y, sobre todo, Arrimadas, es el aplauso de quienes admiran su comportamiento en Cataluña, un valor específico que los hace difícilmente comparables con los populismos de otros pagos.

La moda prescribe Ciudadanos

No hay duda de que este partido se encuentra en la cresta de la ola. Por sus méritos, pero también por el ascenso de los populismos en Europa y América. Cuando alguien es empujado por los dioses, tal como las encuestas muestran y el ambiente corrobora, resulta irresistible. Rivera puede cobrar adelantos respecto a las próximas elecciones generales. Antes deberá superar la prueba de las municipales y autonómicas, donde pueden surgir algunas dificultades pues el partido no está todavía asentado en cada comunidad autónoma ni en cada municipio.

Lo que está claro es que la moda de hoy vende Ciudadanos, y cuando la moda manda no importa demasiado que el nuevo producto no brille por sus calidades. ¿Qué percibe el ciudadano que anuncia su apoyo encuesta tras encuesta? Poca cosa, pero el producto le huele bien. Es el olor del triunfador y son muchos quienes, como Julio César en la Guerra de las Galias, están dispuestos a acudir presurosos en socorro del vencedor.

 

 

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Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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