¿Qué tiene este ‘chico’ que no tenga yo? Tiempos de hoy

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 Nº 1243. 20  de abril de 2018

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Política / Virginia Miranda

La pugna Rajoy-Rivera divide por primera vez al votante de centro derecha

¿Qué tiene este ‘chico’ que no tenga yo?

Ya es un hecho. Albert Rivera es una amenaza para Mariano Rajoy. No sólo su partido ha protagonizado un ritmo ascendente en las encuestas hasta imponerse al resto de formaciones políticas. Él mismo obtiene buena nota incluso entre los votantes del PP, donde se enfrentan al fenómeno de Ciudadanos como a una amenaza bíblica donde el pequeño está dispuesto a vencer al gigante en una histórica batalla por el centro derecha español. Con estilos, trayectorias y personalidades bien distintas, el líder de Ciudadanos y el presidente conservador pugnan por imponerse entre un electorado que, por primera vez, está dispuesto a romper su fidelidad de voto.


Rivera le ha tomado la delantera al tiempo al que Rajoy todo lo fía para diseñar la agenda en materia de corrupción y de unidad territorial. / EUROPA PRESS

“No hacer nada” le ha podido ir bien hasta ahora, pero “ya no parece que sea suficiente” y Rivera, “dentro de un área ideológica parecida, se puede contraponer a Rajoy”   Cs ha mostrado una “capacidad para competir” mucho más “combativa” que el PP frente a los nacionalismos que entre “el electorado de centro derecha se ve bien”

“La gran pregunta hoy en España desde el punto de vista electoral es quién podría sacar al PP de La Moncloa. Por eso Ciudadanos tiene tan buena intención de voto en las encuestas. Porque es percibido como el partido capaz de hacerlo”. Imma Aguilar es asesora de comunicación política y electoral y ha colaborado en las campañas de Albert Rivera. Conoce bien el ciclo político que arrancó en España tras la crisis del bipartidismo y conoce bien al líder de la formación naranja, al que define como “un buen candidato” aunque, a diferencia de Mariano Rajoy, “no ha podido demostrar su capacidad de gestión”.

Para lo malo y para lo bueno. Porque nadie sabe si Rivera sería un buen dirigente pero, sin mochila política que arrastrar, a la luz de las encuestas “se le percibe como la solución” a la situación de un país que durante años ha estrado lastrado por la crisis económica y la corrupción.

En la corrupción radica una de las claves de la irrupción de Ciudadanos en el panorama español. Porque quebró la mayoría absoluta del PP de 2011 y porque eso dio alas a un nuevo partido con un discurso regenerador que conectó con el electorado joven y que, a pesar de esta pulsión de cambio frente a prácticas corruptas, exhibía postulados con los que el votante tradicional del PP se sentía cómodo.

Después de aquello, al político barcelonés le llegó la oportunidad de dar el estirón con el procés. Tras el 1-O y el 21-D, después de decir que no habría urnas, y las hubo, y de ver cómo los políticos independentistas partían rumbo al corazón de Europa para escarnio de España, “el PP pierde el control de la agenda”. Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, explica que Rivera ha sido capaz de arrebatarle a Rajoy la bandera del “partido que mejor representa a España” porque el primero demuestra una “capacidad para competir” mucho más “combativa” frente a los nacionalismos que entre “el electorado de centro derecha se ve bien”. Además “sin problemas de corrupción” y “sin estar en el Gobierno y, por tanto, sin tener que tomar decisiones impopulares”, señala, algo de lo que se quejan amargamente en las filas conservadoras cada vez que aparece una nueva encuesta con Cs ganándoles terreno.

Existe consenso dentro y fuera del PP en que la conocida estrategia política practicada por Rajoy de fiarlo todo al tiempo tiene mucho que ver en la desventaja demoscópica que arrojan tanto el CIS como las encuestas publicadas en medios de comunicación. “Albert habla claro y se le percibe con una gran firmeza. Es decir, toma decisiones”. El presidente del PP en cambio “es un líder más resiliente, utiliza siempre la cuarta estrategia de la política que es no hacer nada”, señala Aguilar. “Eso ha podido irle muy bien a Rajoy en la historia reciente, pero ya no parece que sea suficiente”, añade. Por eso Rivera, “dentro de un área ideológica parecida, se puede contraponer a Rajoy”. Además de que, “a pesar de que ya forma parte del paisaje político habitual, todavía es percibido como un líder capaz de aportar aire fresco”.

Simón coincide en que la “estrategia reactiva tiene sentido en unos contextos y en otros, no”. Por ejemplo, en el actual. Cuando “por primera vez tiene un competidor por el centro derecha”, el Gobierno tiene que darse cuenta de que “no tiene capacidad para marcar el ritmo”. No está acostumbrado, es algo nuevo desde el CDS, pero ha de saber que “el tipo de liderazgo que sigue al frente del PP” lo que hace es “acumular más desgaste”.

Un desgaste que no ha hecho más que agudizarse estas últimas semanas en Madrid a propósito del caso Cifuentes. Imma Aguilar considera que, cuando Ciudadanos anunció una comisión de investigación y pidió la dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid, “estaba haciendo jaque al rey. Pero tienes que pensar que el de enfrente también sabe jugar” y, por eso, “no es una situación fácil” la que se ha originado en la región, la joya de la corona que aún le queda al PP –23 años lleva gobernando ininterrumpidamente esta autonomía– y que no va a dejar escapar fácilmente. En cualquier caso, la asesora de comunicación política y electoral considera que, “a pesar de todas las contradicciones en las que ha entrado Ciudadanos con el PP, en los últimos tiempos los datos no nos dicen que les estén pasando factura global”.

Para Simón, la cosa pinta peor para el PP y le concede sólo dos alternativas; dejar que Ciudadanos se cobre la pieza –esto es, que Cristina Cifuentes dimita– adoptando una posición subordinada frente a la formación naranja, o aguantar el órdago hasta el final y que se celebre la investidura de Ángel Gabilondo, algo que puede tener unas “implicaciones tremendas”. “Pueden intentar vender que es un peligroso izquierdista y fiarlo todo al relato”, pero el hecho cierto es que el “presidente interino puede dedicarse a abrir puertas y ventanas sobre los escándalos de corrupción y controlar el presupuesto del último año antes de las elecciones” mientras ellos pasan a la “oposición divididos, larvados y sin cargos públicos”. Sabiendo además que “luego tendrán que pactar con Ciudadanos porque va a ser difícil volver a alcanzar mayoría absoluta a partir de 2019”.

El muy distinto trato que los medios dispensan a Rajoy y a Rivera, siendo particularmente llamativo el viraje que ha dado el diario El País, es otra de las diferencias que acumulan los dos políticos en disputa por el centro derecha. El Siglo contaba hace unos meses que la cabecera del Grupo Prisa dio un giro radical en su línea editorial a partir de las elecciones del 21-D, volviendo sus cañones contra el presidente del Gobierno y señalando al líder naranja como el caballo ganador de la política española.

“Prisa tiene una agenda reformista muy clara”, explicaban a esta revista fuentes cercanas a los cerebros del grupo, “y apoyarán a quien la lleve a cabo”. Así de claro. Y a la vista de los resultados de las elecciones catalanas y de unas encuestas en las que Ciudadanos escala vertiginosamente, esa persona es Rivera.

Desde un punto de vista del liderazgo de partido, las diferencias se repiten aunque en este caso no siempre juegan a favor del líder de Cs. Imma Aguilar apunta algunas de sus debilidades ligadas a la juventud del partido naranja. “Aún hay que valorar si tiene o no factor de crecimiento” porque “prácticamente es un recién llegado”, señala. Como dice Simón, “si las cosas les van mal en el ciclo electoral se pueden descomponer tan rápido como han crecido”. Sin embargo, si Rajoy “es cuestionado, algo que le ocurre cada vez que les va mal en las encuestas, el PP no va a desaparecer”.

En este sentido, la exasesora de Rivera señala que la gran debilidad de Ciudadanos es “la gran dependencia respecto al líder. No hay apenas percepción de base aunque la van construyendo”. “La intención de voto en el caso de Albert tiene mucho más que ver con él que con Ciudadanos. En el caso del PP es al revés. Lo que tiene más peso son las siglas”.

Tras casi cuatro décadas en política donde ha sido casi todo, Mariano Rajoy ha tenido oportunidad de hacer más equipos que Rivera, que se estrenó en 2006 como diputado del Parlament y tuvieron que pasar diez años para que recogiera su acta de diputado en el Congreso. El barcelonés cuenta con un sanedrín, un Gobierno en la sombra, donde su número dos, José Manuel Villegas, su secretario de Comunicación, Fernando de Páramo, o su portavoz nacional y líder en Cataluña, Inés Arrimadas, no generan conflictos. Es más, tras ser la candidata más votada el 21-D, Arrimadas tiene una buena imagen en el resto de España enlazando de nuevo con esa bandera de la defensa de la unidad territorial que Cs ha arrebatado al PP.

Mientras, el líder de los conservadores tiene una forma de proceder que los expertos en gestión de equipos llaman acción robusta. Se trata, explica Simón, de repartir el poder entre distintas corrientes y familias. En su caso, entre la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Esto es, entre el Gobierno y el partido. O entre los técnicos y el poder orgánico. Mientras, Rajoy actúa de contrapeso con cuidado de no tocar ninguna pieza en ese delicado equilibrio.

Al fin y al cabo, tener un partido líder-dependiente tiene la ventaja de que cualquier posible disidencia interna está bajo control y contar con una organización tan robusta como la 'encina' con la que el PP trató de hacer sombra a Cs en su Convención de Sevilla significa que el banquillo está lleno y listo para salir al terreno de juego.

A pesar de la dispar trayectoria política de Rajoy y Rivera ambos tienen experiencia en tejer alianzas. Desde las municipales y autonómicas de 2015 y partiendo de la premisa de que estaban en condiciones de facilitar gobiernos, no impedirlos, Ciudadanos suscribió pactos de investidura con el PP y en menor medida con el PSOE en ayuntamientos y comunidades autónomas y a punto estuvo de hacer presidente a Pedro Sánchez. Pero los populares, salvo notables excepciones –el PP vasco hizo lehendakari al socialista Patxi López–, son más remisos al acuerdo siempre y cuando no les de ventaja. En ese caso el abanico se amplía a los partidos nacionalistas, una tradición del bipartidismo que Ciudadanos censura con el aplauso de un electorado de centro de derecha cada vez más crítico con este tipo de componendas políticas en medio de una crisis territorial a la que aún le queda mucho recorrido.

“En un sistema multipartidista”, explica Simón, “tu principal competidor es tu único socio posible. Creces esencialmente a su costa, pero sin él no puedes gobernar”. La relación que PP y Cs establecieron en el pacto que hizo posible la reelección de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno es complicada de por sí pero, además, está viciada de origen. Rivera vetó al líder de los populares tras las elecciones de 2015 haciéndole responsable de los casos de corrupción que afectan a su partido y aquello fue un lastre durante las negociaciones de 2016. Llegó a decir que no se fiaba de él y había que elegir “entre lo malo y lo menos malo”. Nada menos que en el debate de investidura.

Aguilar asegura que Rivera y Rajoy mantienen “una relación bastante fluida y se respetan”, mientras que fuentes parlamentarias dicen que no es buena recordando aquellos episodios y sostienen que son el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, y el secretario general de Cs, José Manuel Villegas, quienes mantienen su engranaje a punto.

Además está el hecho de que se disputan el mismo espacio electoral. Ciudadanos dice estar en condiciones de gobernar –siempre y cuando no sea ahora– y para ello necesita que el resultado de las encuestas cristalice en las urnas.

Pero eso no será suficiente. Tendrá que pactar con el PP. Y el siguiente paso será un Gobierno de coalición. Aunque para entonces lo más probable es que Rajoy haya dado un paso al lado. Porque hace mucho tiempo que atravesó el ecuador de su carrera política mientras que la de Rivera, y esa es otra de las cosas que tiene el líder naranja y él no, no ha hecho más que empezar.


El líder de Ciudadanos se da de baja porque el sindicato apoyó la marcha a favor de los políticos secesionistas. / EP

La manifestación por los presos catalanes ‘expulsa’ a Rivera de UGT

El relato anti independentista de Albert Rivera tiene un nuevo capítulo desde que los sindicatos UGT y Comisiones Obreras decidieran secundar la manifestación celebrada el pasado 15 de abril en Barcelona en defensa de los políticos independentistas encarcelados y los huidos de la justicia con el argumento de que era necesario “construir puentes de encuentro” y recuperar la “normalidad institucional, política y judicial”.

El 12 de abril, el líder de Ciudadanos solicitaba su baja de UGT, donde se afiló en 2002 tras empezar a trabajar en los servicios jurídicos de La Caixa. Lo hacía a través de una carta que la cadena Ser desvelaba el pasado jueves y donde cargaba contra la central, porque “en los últimos años he ido observando cómo su organización se ha ido politizando, desviándose de las funciones que le atribuye nuestra Constitución” y, más concretamente y enlazando con el contexto político del que ha hecho bandera, porque “este sindicato ha decidido apoyar a los imputados por delitos tan graves como rebelión, sedición y malversación de fondos públicos en el intento de golpe separatista del pasado otoño en Cataluña”.

“Como estoy en desacuerdo con el cuestionamiento que hace su organización de nuestro sistema judicial y el apoyo a aquellos que pretenden quebrar nuestros valores constitucionales”, concluye la misiva”, “les solicito la baja como afiliado de su entidad”, donde explica haber permanecido tras abandonar la entidad financiera porque “creo que los sindicatos deben tener un papel de representatividad relevante en nuestra sociedad”.