Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1242. 13  de abril de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Puigdemont, elemento disgregador de la Unión Europea


EUROPA PRESS

Es lamentable la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein respecto a la extradición de Puigdemont entrando el tribunal en el fondo del asunto, o sea, sin aceptar la autonomía de los tribunales españoles.
Es éste un retroceso histórico, un avance hacia atrás. Se suponía que en el interior de la Unión se compartía la confianza mutua respecto a la respetabilidad democrática de los Estados miembros. Ante una euroorden lo único que se podía hacer era comprobar que se respetaban las condiciones establecidas.
Lo más grave es el apoyo luego suavizado diplomáticamente como malentendido de la ministra alemana de Justicia y, sobre todo, la aprobación de la comisaria europea Vera Jourová, que entiende que la Justicia alemana ha actuado “de acuerdo con las reglas”.
Parece que Puigdemont les ha convencido de que Franco no ha muerto.

Es indudable que Puigdemont y los independentistas han logrado internacionalizar el conflicto catalán. Han conseguido también algo más peligroso y quizás no deseado, un efecto colateral que puede resucitar los viejos demonios europeos e incluso dinamitar la delicada arquitectura que tanto ha costado construir de una integración europea con vocación de Estado a lo largo de más de 60 años.

Se da la paradoja de que un movimiento que pretende la desintegración de un país miembro apelando a la integración europea contribuya a la desintegración de la misma. El procés catalán, a fuer de europeísmo, se enfrenta objetivamente al proceso europeo.

Los mayores peligros a los que se ha enfrentado tradicionalmente la idea europea procedían hasta ahora del ámbito económico, de la pugna entre los intereses de cada Estado miembro.

Ahora el gran peligro no es económico, sino político en el sentido más zafio de la palabra. Ejércitos de pirañas carcomen el edificio construido con la idea de acabar definitivamente con las guerras que desangraron el continente. Una aspiración a una paz permanente que derruía fronteras físicas y mentales, que suprimía los pasaportes y que compartía unos principios democráticos y sociales sin parangón con lo que se da en otras latitudes.

Empezó con el miedo al emigrante

La gran involución se inició con los fuertes movimientos de población hacia el paraíso europeo. La Unión Europea se transformó de foco de una fuente expansiva de vanguardia democrática y social a un reducto amurallado por el pánico. Hacia un reflejo defensivo que va más allá de la legitima defensa ante los ataques del fanatismo islámico. Resucitando la xenofobia y los reflejos proteccionistas.

El euroescepticismo siempre ha contado con numerosos adeptos en los países más ricos, donde era fácil excitar los bajos prejuicios, la resistencia a compartir soberanía con naciones dadas al derroche, la vaguería y la jarana. Ahora estamos en el camino del euroescepticismo a la eurofobia. 

El Brexit fue la manifestación más fuerte del nuevo clima, pero tampoco son despreciables los avances de partidos populistas a lo largo de la Unión y no sólo en los países más prósperos como el de Alternativa por Alemania –las alternativas son ahora bastante retrógradas–,  así como el triunfo de partidos populistas en Polonia, presidido por Andrzej Sebastian Duda o en la Hungría de Viktor Orban. La reelección por tercera vez de este personaje que no disimula su xenofobia y  que ha inventado “la democracia no liberal” es igualmente inquietante.

Hay quien duda que Franco haya muerto

Vuelvo al principio, a la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein respecto a la extradición de Puigdemont entrando el tribunal en el fondo del asunto, o sea, sin aceptar la autonomía de los tribunales españoles, incluyendo el Supremo.

Es éste un retroceso histórico, un avance hacia atrás. Se suponía que en el interior de la Unión se compartía la confianza mutua respecto a la respetabilidad democrática de los Estados miembros.  Ante una euroorden lo único que se podía hacer era comprobar que se respetaban las condiciones establecidas. Una vez comparada la legislación del país del objetivo de la euroorden con los delitos atribuidos al fugado se procedía sin más dilación a aceptarla sin enmendar la plana a los tribunales que reclamaban al fugado.

Lo más grave no es la decisión de la Audiencia de Schleswig-Holstein, sino el apoyo luego suavizado diplomáticamente como malentendido de la ministra alemana de Justicia y, sobre todo, la aprobación de la comisaria europea Vera Jourová que entiende que la Justicia alemana ha actuado “de acuerdo con las reglas”.

Dudo que si las violencias de los independentistas catalanes se hubieran producido contra las Constituciones de Francia o de Alemania la reacción habría sido la misma, lo que nos lleva a concluir si es que no ha quedado acreditada la autenticidad democrática de nuestro país.

Parece que el cambio de estrategia propagandística de los indepes que abandonan el soberanismo por la denuncia de la impureza democrática española está teniendo éxito. Están convenciendo a muchos de que Franco no ha muerto. Es una victoria obtenida ante la incomparecencia del adversario, de un Gobierno noqueado ante una rebelión que, hay que reconocer, es el desafío más grave sufrido por España desde el restablecimiento de la democracia.

Otro día dedicaré mi tribuna a pedir serenidad, refiriéndome al riesgo de la sobreactuación, al exceso de hipérboles y al peligro de llamar terrorismo a lo que no es terrorismo.

 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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