Los Dossieres 1.242 Tiempos de hoy

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 Nº 1242. 13  de abril de 2018

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

Los retos de Díaz Canel, previsible sucesor de los Castro

Relevo en la revolución cubana

En pocos días –el próximo 19 de abril– será elegido el nuevo presidente de la isla caribeña, una vez que en el flamante ParlamentoAsamblea Nacional del Poder Popular (ANPP)–, sus 605 miembros tomaron posesión tras las elecciones generales que tuvieron lugar el pasado 11 de marzo. Con la anunciada marcha de Raúl Castro –aunque permanecerá al frente del Partido Comunista hasta 2021– se abre un nuevo periodo en el que jugarán un papel central otros políticos más jóvenes que no participaron en la Revolución de 1959, y que habrán de enfrentarse a grandes retos, especialmente en materia económica, en asuntos sociales, y habrán de demostrar sus habilidades para resistir la renovada hostilidad desatada desde Washington por la Administración Trump.


La retirada de Raúl Castro, aunque tutelada desde la dirección del partido, servirá para dar entrada a una generación más joven que no conoció la Revolución.

El próximo día 19 de abril está prevista la elección del nuevo presidente de Cuba, y será la primera ocasión en casi 60 años en la que tan relevante cargo no estará ocupado por un mandatario apellidado Castro, tras más de 40 años de Gobierno de Fidel Castro, sucedido en 2008 y hasta la fecha por su hermano menor, Raúl, quien en 2013 inició su segundo mandato y que ya entonces anunció que sería el último.

De hecho, el relevo estaba previsto para el pasado 20 de febrero, pero el 21 de diciembre de 2017, durante el plenario de la Asamblea Nacional, el todavía presidente leyó un dictamen de prolongación de mandato, explicando que se tomaba esa decisión porque aún no se habían podido subsanar los destrozos provocados en septiembre de ese mismo año por el huracán Irma, calificado como “un suceso imprevisible y excepcional”.

Raúl Castro seguirá, de todos modos, en primera línea política hasta 2021, ya que va a conservar la Secretaría General del Partido Comunista Cubano (PCC) hasta la celebración de su próximo congreso, anunciado para esa fecha.

Los cubanos van a asistir a una transferencia de poder de una generación a otra. Quien resulte elegido por la Asamblea Nacional del Poder Popular –Parlamento- para desempeñar la presidencia no será un líder carismático con la heroica aureola de su participación directa en la revolución de 1959, sino un gestor de más bajo perfil que deberá gobernar buscando mayores consensos y ampliando sus bases de apoyo. Será un poder más ‘colegiado’ con la intervención de diversas figuras que garanticen una transición generacional no traumática.

Tendrá que hacer entender a los cubanos que los combatientes de Sierra Maestra que dirigieron al país durante este larguísimo periodo ahora serán sustituidos por otras figuras emergentes con un perfil más bajo, pero con la preparación y experiencia suficientes, con algunas novedades bajo el brazo, y con demostrada capacidad de gestión. Una gestión que casi todos los analistas coinciden en que será más colectiva que hasta el momento.


La ‘dinastía’ cubana, tras más de 40 años de Gobierno de Fidel Castro, sucedido por su hermano menor, Raúl, quien en 2013 inició su segundo mandato, toca ahora a su fin, de forma controlada.

El 70 por ciento de los ciudadanos de Cuba han nacido con posterioridad a la revolución y solo han conocido gobiernos socialistas. Han pasado por diversas situaciones y por una profunda crisis económica, consecuencia, fundamentalmente, de la caída de la antigua Unión Soviética y, por tanto, de la principal relación económica con el exterior que rompía el bloqueo decretado por Estados Unidos y que aún hoy pesa sobre la isla.

También han sido testigos de una importantísima apertura en materia social y cultural que, como claros ejemplos, ha dado paso a un tratamiento mucho más abierto y tolerante con el colectivo LGTB –perseguido durante varios años, y ahora integrado-, o el giro radical frente a músicas como el rock, que ahora forman parte natural de la cultura del país.

Los retos para la nueva dirección política son diversos, pero destacan los de índole económica. Se habla constantemente de la necesidad de incrementar la producción nacional, sobre todo la de alimentos, para poder disminuir las importaciones de materias primas. Cuba importa cerca del 80 por ciento de los alimentos que consume, lo que genera de forma añadida un problema de seguridad nacional.

El nuevo Gobierno tendrá que tomar las medidas necesarias para suprimir la actual dualidad y alcanzar la unificación de la moneda, aunque se adivina que será un proceso largo y complejo, pero que claramente está en la agenda de prioridades.
También se presenta el gran reto que suponen las agresivas políticas contra la isla que está desarrollando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prácticamente desde su toma de posesión, en enero de 2017, y que amenazan con dar al traste con todos los avances conseguidos con la anterior administración de Washington, que tuvieron su momento cumbre con la reanudación de plenas relaciones diplomáticas entre los dos Estados, desde 2015.

El sistema electoral

El pasado 11 de marzo tuvieron lugar las votaciones en las que se eligieron a los 605 integrantes de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en las que participaron más de seis millones y medio de cubanos -8 millones estaban llamados a las urnas- en los 24.470 colegios habilitados en todo el país.

Tras la elección del nuevo Parlamento, está pactada para el 19 de abril la elección del Consejo de Estado y el nuevo presidente que reemplazará a Castro entre los diputados elegidos a integrar la IX Legislatura.

De acuerdo a La Ley Electoral número 72, del 29 de octubre de 1992, el presidente cubano se elige entre los diputados electos, en votación directa y secreta, quienes decidirán además quién será el primer vicepresidente, los vicepresidentes, el secretario y demás integrantes del Consejo de Estado.

El presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del Parlamento cubano, José Luis Toledo Santander, ha explicado que tras la investidura de los diputados “la Comisión Nacional de Candidaturas llama a consulta a cada uno de los electos y todos tienen el derecho de proponer quiénes serían, a su juicio, los integrantes del Consejo de Estado, o sea, sugerir 31 personas de entre ellos, que incluyen como es obvio al presidente”. Posteriormente, “dicha comisión pone a consideración de la Asamblea Nacional, en votación abierta, una candidatura, y es un derecho de los diputados modificarla total o parcialmente; y luego de ser aprobada, se somete al voto libre, directo y secreto de estos; es ahí entonces cuando se elige, finalmente, al presidente del Consejo de Estado”.

Los 605 diputados de la ANPP han salido de las más de 12 000 propuestas surgidas en los 970 plenos celebrados en todo el país. Cada diputado es elegido por cada 20 000 habitantes o fracción mayor de 10 000. En los municipios que tienen 30.000 habitantes o menos se eligen dos diputados.

En Cuba existen tres niveles de organización de lo que se denomina el ‘’poder popular’: las Asambleas Municipales del Poder Popular, que son 169, las Asambleas Provinciales del Poder Popular, que son 15 y la Asamblea Nacional del Poder Popular. Cada dos años y medio se renuevan las asambleas municipales, y cada cinco las provinciales y la nacional.

En teoría, ni el Partido Comunista, ni ninguna entidad oficial proponen candidatos. Las candidaturas, en el caso de las asambleas municipales, los candidatos son ‘vecinos propuestos por vecinos’. En las asambleas provinciales y la nacional, la normativa electoral establece que debe haber hasta “un 50 por ciento de sus integrantes que sean delegados de base”, es decir, de las asambleas municipales, y el resto son propuestos por las “organizaciones de masas”, aunque este término no está especificado.

Los cubanos no eligen entre diferentes formaciones políticas, sino entre los delegados.  Las elecciones se realizan cada cinco años. Todos los ciudadanos mayores de 16 años tienen el derecho de participar.

El último proceso electoral, que incluye la celebración sucesiva de comicios municipales, regionales y generales, arrancó el 26 de noviembre con la elección de los delegados municipales del Poder Popular (concejales), continuó el pasado 11 de marzo con la elección del Parlamento, y culminará el 19 de abril con la elección del nuevo presidente por parte de los diputados, el próximo 19 de abril.


Miguel Díaz-Canel es el sucesor en boca de todos.

El candidato y las figuras influyentes

A nadie la cabe ya duda acerca de quién tomará el relevo de Raúl Castro en la presidencia de Cuba. Salvo catástrofe o imprevisto mayúsculo, el nombre de Miguel Díaz-Canel Bermúdez está en boca de todos y no hay ningún analista que opine de forma distinta.

Otra cosa distinta es la coincidencia entre los expertos de que la forma de ejercer el poder no podrá ser tan personalista como la llevada a cabo por sus predecesores y que, por tanto, desde el primer momento se rodeará de otras importantes personalidades de la política cubana que tendrán su propio peso específico y una destacada influencia en la toma de decisiones a partir de ahora.

Entre todos habrán de pilotar la transición desde una presidencia ejercida por protagonistas directos de la revolución de 1959, dotados de un gran carisma y predicamento histórico sobre la ciudadanía, hacia un modelo más colegiado protagonizado por políticos más relacionados con la gestión cotidiana, buenos conocedores de los mecanismos, con experiencia de gestión, pero con una aureola mucho menos heroica que los hermanos Castro.

Estos son algunos de los llamados a ejercer un papel protagonista en la isla en los próximos tiempos:

Miguel Díaz Canel
Es el actual primer vicepresidente de Cuba. Exprofesor universitario, de 57 años, cuenta con todas las posibilidades de convertirse en el nuevo presidente delpaís. En febrero de 2013 Díaz Canel se convirtió en el primer dirigente nacido después del triunfo de la Revolución en alcanzar el cargo de primer vicepresidente.

Es miembro del Buró Político del PCC desde 2003. También fue primer secretario del Partido en las provincias de Villa Clara y Holguín y ministro de Educación Superior hasta 2012. Ese mismo año llegó a vicepresidente del Consejo de Ministros, hasta 2013.

Díaz Canel proviene de una familia del centro de la Isla, hijo de una maestra de escuela y de un trabajador de una planta mecánica en Santa Clara?. Se graduó como Ingeniero Electrónico e inició su vida laboral en la Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Ejerció como profesor en la Universidad Central Marta Abreu, donde también fue dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas hasta que en 1994 fue designado primer secretario del Comité Central en esa provincia.

Durante este mandato, Villa Clara vivió una serie de transformaciones positivas en su vida cultural como la creación del centro ‘El Mejunje’, uno de los primeros locales en acoger espectáculos de travestismo en Cuba. Además, la ciudad se convirtió en el epicentro del movimiento de rock de la Isla.

En 2009 fue nombrado ministro de Educación Superior y en 2012 inició sus funciones como vicepresidente del Consejo de Ministros. En ambas labores mantuvo un prestigio de transformador, siempre abierto a nuevas ideas.

El propio Raúl Castro anunció a Díaz Canel como vicepresidente primero del Consejo de Estado, en sustitución del histórico José Ramón Machado Ventura, uno de los guerrilleros de la Sierra Maestra.

Es conocido por su capacidad para relacionarse con la gente y su estilo llano, y se caracteriza también por su capacidad para el trabajo en equipo, que ha sido una de los rasgos que ha marcado la etapa de Raúl Castro.

José Ramón Machado Ventura

Es una de las caras más reconocibles de la llamada ‘generación histórica’, que tomó las armas junto a Fidel Castro. Este médico de 87 años es vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y segundo secretario del Partido Comunista.

Ramiro Valdés

Se trata de otro héroe de la lucha contra Batista que sigue al pie del cañón. Participó en el asalto al cuartel Moncada en 1953 y en el desembarco del ‘Gramma’, acciones de armas por las que es reconocido como “héroe de la República”.
Nacido en 1932, es miembro del Buró Político del PCC y de los Consejos de Estado y de Ministros. Como el de Machado Ventura, su nombre también figura en la lista de candidatos a la Asamblea.

Ha tenido las más diversas responsabilidades en el aparato estatal. Fue ministro del Interior entre 1961 y 1968, y de Informática y Comunicaciones entre 2005 y 2010. Se le considera como el posible hombre fuerte en un proceso de transición tutelada.

Luis Alberto Rodríguez López-Callejas

Se trata de una importante figura en el manejo de asuntos importantes, pero que siempre ha permanecido en una especie de segundo plano. No le gustan las cámaras y evita exponerse al escrutinio público, a pesar de que a menudo se le señala como una de las personalidades más influyentes de Cuba.

Es el general al mando del V departamento militar del país, miembro del Comité Central del PCC. Se casó con Deborah, una de las hijas de Raúl Castro.

No es miembro del Parlamento, pero gestiona como presidente ejecutivo el estratégico Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), el conglomerado de empresas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) con ramificaciones que van desde el sector hotelero hasta las tiendas minoristas, pasando por los puertos y aduanas.
Su papel se antoja fundamental en los diseños de las políticas económicas, y con toda probabilidad, Díaz Canel le otorgará un papel destacado en su equipo.

Esteban Lazo Hernández

No se trata de uno de los principales dirigentes del inicio, pero Lazo es uno de los veteranos de la revolución, en la que ha desempeñado distintos roles desde sus inicios en organizaciones juveniles.
A sus 74 años, es desde 2013 el presidente de la Asamblea Nacional, en la que se sienta como diputado desde 1981. También lo hace en el Buró Político del PCC. Preside el órgano que elegirá al presidente, por lo que su papel en esta decisión parece fundamental.

Con frecuencia, ha sido una de las voces de la Cuba castrista en el exterior. En una visita a Vietnam el pasado junio recordó que, pese a que puedan producirse cambios, “no se permitirá la concentración de la riqueza en manos privadas”.
Puede ejercer como ‘puente’ en este inminente cambio generacional en la dirección política de Cuba.


Clave en la negociación con EE UU, Bruno Rodríguez se perfila como favorito en la Vicepresidencia.

Bruno Rodríguez

Jugó un papel vital en la preparación del acercamiento a Estados Unidos. Fue embajador ante Naciones Unidas y viceministro. Su labor como titular de la cartera de Relaciones Exteriores en los contactos que desembocaron en la visita de Obama a Cuba le descubrió ante la opinión pública como una de las estrellas emergentes de la nueva hornada de políticos cubanos.

En los últimos tiempos ha tenido que gestionar la crisis de los supuestos ataques sónicos a la embajada estadounidense en La Habana.

Nacido en Ciudad de México, la biografía oficial de este licenciado en Derecho de 50 años destaca que sirvió en Angola, y en misiones humanitarias en Haití y Pakistán.

Participa desde 2012 en el Buró Político, el máximo órgano del Partido Comunista, y es uno de los diputados en la nueva Asamblea.

Es, sin duda, una de las figuras en ascenso y se sitúa como uno de los candidatos favoritos para ejercer la vicepresidencia del país.


Junto al canciller Rodríguez, el dominio de las relaciones internacionales y el manejo en los idiomas sitúan a Josefina Vidal en inmejorable posición
para la cartera de Exteriores.

Josefina Vidal

Junto con el canciller Rodríguez, es la otra gran artífice de los contactos que condujeron a la visita de Obama en 2016. Es directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, por lo que su carrera se ha forjado en torno a las difíciles relaciones con ese país.

Entre 1999 y 2003, estuvo al frente de la Sección de Intereses cubana en Washington. Salió del país cuando el gobierno de George W. Bush expulsó a un grupo de diplomáticos cubanos por sus “actividades hostiles”.
Habla francés, inglés y ruso, y pertenece a lo que se considera una  nueva hornada de políticos mucho más preparada que los dirigentes anteriores.

Su buen manejo del restablecimiento de relaciones con Estados Unidos proyectó su imagen pública, tanto dentro como fuera del país, por lo que, aunque es uno de los últimos miembros en llegar al Comité Central, aparece en las quinielas que le pronostican un ascenso que podría convertirla en la próxima ministra de Relaciones Exteriores.

Mariela Castro Espín

Hija de Raúl Castro. Esta sexóloga de 55 años se ha convertido en una de las voces más aperturistas de la isla, especialmente en asuntos sociales. Es diputada en la Asamblea Nacional y, por tanto, elegible, pero ella misma se descartó para la presidencia. “No me interesa. A mí me gusta más ser ciudadana”, llegó a comentar a la BBC en mayo de 2017.
Desde la dirección del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) ha ganado relevancia al impulsar la visibilidad del colectivo LGTB (Lesbianas, gais, transexuales y bisexuales), contra el que las autoridades cubanas dictaron polémicas medidas discriminatorias en el pasado.

Representa una apuesta por la modernización desde dentro, y su popularidad podría resultar muy útil para los proyectos de transformación de Díaz Canel.

 


La llegada de Donald Trump a la Presidencia de los EE UU amenaza los avances impulsados por el expresidente norteamericano Barack Obama y por Raúl Castro.

El ‘obstáculo’ Trump

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, las relaciones entre Washington y La Habana han experimentado un preocupante cambio de rumbo y un marcado deterioro que amenaza con echar por tierra los avances impulsados por el expresidente norteamericano Barack Obama y por Raúl Castro, que tuvo como hito principal el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos Estados.

Por el momento y, pese a sus denodados empeños, Trump no ha logrado revertir los principales avances de la política de Obama, pero ha puesto la relación en una dinámica que amenaza con deteriorar esas relaciones aún más.

Desde su llegada a la Casa Blanca, en enero de 2017m no han cesado sus ataques verbales hacia La Habana, acompañados de sucesivas medidas de presión de un marcado carácter hostil..

Entre las principales acciones de esta ídole durante el último año, destacan las regulaciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro a las transacciones financieras y los viajes a Cuba y las regulaciones del Buró de Industria y Seguridad del Departamento del Comercio que limitan la política de licencias de exportaciones y reexportaciones hacia la isla caribeña.

Obama y su par cubano Raúl Castro anunciaron en diciembre de 2014 un proceso para restablecer relaciones diplomáticas que habían estado interrumpidas por más de medio siglo. En julio de 2015 se restauraron los lazos diplomáticos y se procedió a la reapertura de embajadas en Washington y en La Habana.

A partir de ese momento, la administración de Obama puso en marcha una serie de medidas para reducir el impacto del embargo económico a Cuba, que todavía sigue vigente y que solo puede derogar el Congreso.

Pero el 16 de junio del año pasado, Trump anunció en un acto público en Miami que “con efecto inmediato, se cancela el acuerdo completamente desigual realizado por la pasada administración con Cuba”.

El 29 de septiembre, Estados Unidos retiró a más de la mitad de su personal diplomático destacado en La Habana y exigió la misma medida a su contraparte caribeña alegando que más de una veintena de empleados habían sufrido problemas de salud cuyo origen era desconocido.

Fuentes diplomáticas estadounidenses comenzaron a hablar de un supuesto “ataque acústico” que Cuba desmintió en todo momento. Poco después, el Departamento de Estado suspendió la emisión de visas en Cuba de modo indefinido.
El presidente cubano, Raúl Castro, explicó en diciembre de 2017 que Washington se apoyaba en “la fabricación artificial de pretextos irracionales” para provocar un retroceso en el relacionamiento de ambos países.
Finalmente, el Departamento de Estado admitió ante el Congreso de su país que no había evidencias sobre las causas y los responsables del supuesto ataque.

La clave de los vuelos

Una de las decisiones más importantes del deshielo de Obama fue habilitar los vuelos comerciales entre Estados Unidos y Cuba, algo que Trump ha limitado, pero no ha podido eliminar.

En diciembre pasado, las aerolíneas estadounidenses American Airlines y JetBlue reiteraron su aspiración de ampliar los vuelos comerciales a Cuba, pese a las medidas restrictivas impuestas por Washington.

Entre esas limitaciones se cuentan los viajes de ciudadanos estadounidenses a título individual bajo la categoría de intercambios, que ahora solo se podrán realizar con el patrocinio de una organización estadounidense y el beneficiario deberá estar acompañado por un representante de la misma.

La OFAC impuso asimismo condiciones a los viajes educacionales, que deberán tener el auspicio de una institución estadounidense autorizada, además de contar con acompañamiento de un representante de esa entidad.

Esto constituye un revés para la economía cubana, ya que fue de los pocos aspectos comerciales que se desarrollaron al calor del acercamiento promovido por Obama.

La Administración estadounidense, sin embargo, empieza a ser consciente de que ls políticas impulsados por los sectores ‘proembargo’ está ocasionando al Gobierno de Trump una directa confrontación con importantes empresas norteamericanas, sobre todo las aerolíneas.

Más de 284.000 estadounidenses visitaron Cuba durante 2016, un crecimiento de 74 por ciento en relación con el año anterior, según cifras oficiales que indican que la tendencia en 2017 se mantuvo.

La nueva postura de Washington incluye una vuelta al voto negativo de la resolución que cada año adopta la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra el bloqueo, tras varios años de abstención.

Las posturas maximalistas que ha exhibido Trump han provocado que se extienda la condena internacional de su política hacia Cuba, pero para la isla, lo que gana en respaldo político con la nueva política de Washington, lo pierde en capacidad de recuperación económica, ya que buena parte del capital que se mostraba dispuesto a invertir en Cuba, ante la nueva situación se ha retraído, ya que a nadie se le escapa el peso de Estados Unidos y su capacidad para sancionar a quienes se aparten de las políticas impulsadas por Washington.

Por supuesto, Donald Trump ya ha anunciado en reiteradas ocasiones que no está dispuesto, bajo ningún concepto, a levantar el embargo económico que sigue pesando sobre La Habana, a pesar de la infinidad de condenas –‘verbales’- internacionales que por ello recibe Washington.


La Habana está reforzando en la transición las relaciones comerciales con Rusia.

Rusia aprovecha el resquicio

Mientras Estados Unidos ha decidido recrudecer las restricciones económicas a Cuba, la isla caribeña fortalece sus relaciones comerciales con Rusia. Cuba ha incrementado significativamente su comercio con Rusia, mientras varias compañías estatales rusas están negociando acuerdos con la isla caribeña.

China sigue siendo el principal socio comercial de Cuba, pero al mismo tiempo la isla fortalece sus vínculos económicos con Rusia.

Tan solo en el último año las exportaciones rusas a Cuba han crecido un 81 por ciento. En enero, Rusia entregó un total de 300 nuevos automóviles ‘Lada’ para sustituir a algunos de los antiguos vehículos soviéticos de la misma marca, que siguen gozando de una gran popularidad en la isla caribeña.

Además, el presidente de la mayor empresa estatal de petróleo ‘Rosneft’, Ígor Sechin, está negociando un acuerdo de suministro de combustible a Cuba para paliar el déficit energético que experimenta debido a la crisis en Venezuela, su principal proveedor de hidrocarburos.

Otra compañía rusa, Sinara, envió en noviembre pasado las primeras 75 locomotoras, como parte de un pedido de 190 millones de dólares. Ferrocarriles Rusos –RZhD-, de propiedad estatal, está negociando un acuerdo de 2.200 millones de dólares para modernizar las infraestructuras cubanas y construir una nueva línea de alta velocidad entre La Habana y el balneario de Varadero.

Y esto es solo el comienzo de una amplia agenda que están estudiando Moscú y La Habana por la que podrían convertirse en breve en socios comerciales preferentes.

               

 

 

 

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