El líder sin escaño Tiempos de hoy

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 Nº 1238. 16  de marzo de 2018

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Política / C.M.

Sánchez ‘se pierde’ pulsos clave con Rajoy y los históricos le estropean la foto de unidad del PSOE

El líder sin escaño

Tensa sesión en el Congreso sobre pensiones, con Rajoy en el punto de mira de la oposición. Debate sobre la prisión permanente, con los padres de víctimas apuntando con dedo acusador al PSOE. Dos citas cruciales, ambas con un elemento en común: la ausencia de un Pedro Sánchez, líder de la oposición pero huérfano de escaño. Un hándicap de alto coste político que el secretario general socialista intenta compensar con golpes de efecto que no siempre salen bien. Como el de la buscada foto de unidad del PSOE, frustrada por las ausencias de destacados históricos como Felipe González o Rubalcaba, quienes, con ello, resucitan el frente anti Pedro.


Para unos, no tener escaño limita al secretario general del PSOE en su tarea de oposición. Otros creen, sin embargo, que lo preserva de un desgaste prematuro. / EUROPA PRESS

La “desaparición” de Pedro Sánchez, como algunos en el PSOE empiezan a llamar a la escasa presencia pública de su secretario general, pocas veces ha sido tan clamorosa como en la última semana.

Así, no estuvo en el Congreso, ni siquiera en el “gallinero”, como se conoce al palco de invitados, en el tenso debate monográfico sobre la revalorización de las pensiones, con el que los socialistas intentaban recuperar el pulso de la calle tras las movilizaciones de jubilados. Tampoco se acercó a la Carrera de San Jerónimo, cuando la oposición, en otro pleno tenso y bronco, impidió que se cerrara el paso a la derogación de la prisión permanente revisable, mientras que padres de víctimas presionaban duramente al PSOE para que permitiera con su voto mantener esa figura jurídica. Unas ausencias que, si siquiera se pudieron compensar en la Escuela de Gobierno del PSOE, ya que la foto de la unidad, finalmente, se vio semi-frustrada por la ausencia anunciada de líderes históricos del calibre de Alfredo Pérez Rubalcaba o Felipe González.  

Sánchez, lejos del foco informativo en estos días de ebullición política, tuvo que conformarse, el pasado miércoles, con dar la réplica al presidente Mariano Rajoy desde un programa de la televisión pública de limitada audiencia- “Asuntos públicos” en el canal 24 horas de TVE-, antes de dedicarse a una de sus actividades prioritarias de los últimos meses, como es el participar en una asamblea abierta, esta vez también sobre pensiones, en Córdoba.

Estas ausencias del debate político parlamentario de Pedro Sánchez son, en gran medida, inevitables, ya que, aunque formalmente es el líder de la oposición, no ocupa un escaño desde que renunció al acta de diputado tras su traumática defenestración de la secretaría general del PSOE, en 2016. Por ello su papel en la Tribuna de oradores del Congreso ha tenido que ser asumido por la portavoz socialista, Margarita Robles, tanto en el día a día como en debates clave y solemnes como los de esta semana, en los cuales el resto de las formaciones puede echar mano de sus primeros espadas.


Ante la 'ausencia' de Sánchez, Margarita Robles se ha convertido en el azote del Gobierno desde el Congreso de los Diputados/ EP

‘Lluvia fina’ o paso al frente
Pero también, se trataría, según apuntan fuentes cercanas al partido, de una estrategia buscada y planificada, orientada a mantener al secretario general en un voluntario perfil público bajo, con el fin de “preservarle” y reservarle hasta que lleguen las próximas elecciones generales. Es la llamada estrategia de “lluvia fina”, que da prioridad a un goteo constante de apariciones discretas y muy segmentadas, orientadas a “targets” u objetivos determinados – jubilados, mujeres, militantes, nunca Cataluña, tema “tabú”-, por encima de un programa continuado de apariciones masivas en medios de comunicación.

Una estrategia de la que sería máximo inspirador un consultor político externo de peculiar perfil, Iván Redondo, cuyo fichaje hace unos meses por parte del propio Sánchez levantó no poca polvareda dentro de la organización, bastante renuente ante la llegada a la organización de asesores “de fuera”. Sobre todo cuando, como en este caso, el asesor goza de más predicamento e interlocución directa con el secretario general que los propios dirigentes orgánicos del partido, como el secretario de Organización, José Luis Ábalos. Según las fuentes consultadas, a Ábalos, muy bien valorado en general por su excelente y poco discutida gestión al frente del aparato del partido, no le habría sentado demasiado bien perder parte de sus competencias, como son la dirección de la estrategia política y comunicativa del “jefe”.

En este sentido, Redondo, quien fuera asesor del expresidente de la Junta de Extremadura, Juan Antonio Monago, del PP, sería quien aconsejó en su momento al dirigente socialista reducir y limitar sus apariciones públicas masivas, optando por recorridos por toda la geografía nacional en las asambleas abiertas con los militantes o por actos muy sectoriales. Una formula que se ha mantenido a lo largo de los últimos meses, incluso en pleno estallido de la crisis catalana, y que le ha valido no pocas críticas al líder socialista, acusado de no estar presente en debates políticos claves. En la actualidad, explican las mencionadas fuentes, la influencia de Redondo sobre Sánchez se habría reducido considerablemente, hasta el punto de que la estrategia de “lluvia fina” podría empezar a abandonarse, en favor de unos planteamientos más ortodoxos.  

A ese posible giro estratégico respondería la convocatoria, a bombo y platillo, de la Escuela de Gobierno del PSOE, en la que deberían haberse dado cita la crème de los históricos del PSOE, para, se suponía, sacar la foto de la recuperada unidad en el seno del partido. Una iniciativa que, a la hora de abrir sus puertas este jueves, y tras no pocas polémicas, había registrado las notorias bajas del expresidente Felipe González y del exsecretario general Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero a la que sí asisten otros “históricos” y “ex” como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el exsecretario general Joaquín Almunia, el exministro Javier Solana, el ex secretario de organización, José Blanco o Patxi López, además de algunos nombres mediáticos y conocidos.

En cuanto a líderes territoriales, la asistencia de la presidenta andaluza Susana Díaz fue duda hasta el último momento, mientras que el valenciano Ximo Puig – ocupado con las Fallas valencianas- o el asturiano Javier Fernández declinaron ir, en el caso de este último con excusa un tanto destemplada, señalando que “tampoco me parece relevante que yo esté o no”. Ausencias a las que, desde la dirección socialista, se ha restado importancia, como señala Cristina Narbona, al señalar que “la ausencia de algún barón en la Escuela de Gobierno no le resta valor".

Sí han acudido o está previsto que acudan, en cambio, antiguos enemigos de Sánchez como el presidente aragonés, Javier Lamban, o el presidente extremeño, recuperado para la causa, Guillermo Fernández Vara, en tanto que el castellano manchego Emiliano García-Page confirmaba asistencia, pero matizando en los medios que “hemos decidido callarnos las cosas que no nos gustan de la dirección”.

De esta forma, la Escuela de Gobierno socialista, más que una prueba de que el partido ha vuelto a ser un bloque compacto – que no lo ha hecho, antes al contrario- ha dejado en evidencia una serie de puntos débiles del partido. Primero, que las “fotos de unidad”, tal y como señala una de las fuentes consultadas, “no se improvisan, sobre todo después salir de una estrategia de perfil bajo y con el partido aún convaleciente”. Lo segundo, que quizás se trate de un primer tropiezo de la nueva estrategia alejada de la “lluvia fina” defendida por Iván Redondo. A este respecto, habrá que ver cómo se dirimen los siguientes retos, como son el rechazo a los Presupuestos generales 2018 y la presentación de unos Presupuestos alternativos, sin contar, para ello, con un portavoz económico de peso en el Parlamento.

Pero, sobre todo, ha demostrado que todavía persiste la división en el PSOE, aunque los divisores han cambiado de posición con respecto a la gran crisis anterior a las primarias de 2017. Así, la mayor parte de los barones territoriales, antes alineados con Susana Díaz, hoy están en gran medida desactivados. No en vano, están más pendientes de mantener el poder en sus respectivos territorios de cara a las elecciones autonómicas de 2019 que en secundar rebeliones de incierto resultado. Este es el caso del valenciano Ximo Puig, que opta a la reelección y con ella, se juega su futuro político al todo o nada, siempre bajo la sombra amenazante de un Ábalos cada vez más asentado. También es el caso de García- Page, quien reconocía en una reciente entrevista en el Huffington Post que “el año de tensión interna del PSOE ha pasado factura a todo el mundo”, o el de Lambán, que ha pasado de ser el azote de Sánchez a una postura de absoluta discreción. Además, está pendiente la reforma de la financiación autonómica, en la que se juegan mucho dinero, y que depende, se quiera o no, de la postura y negociación de Ferraz con el Gobierno.

Los únicos que se salen de esta obligada retirada táctica son Susana Díaz, bastante seguirá de repetir y mejorar su triunfo en 2019, según las encuestas, y Javier Fernández, quien, al no presentarse a la reelección, ya no tiene nada que perder. De ahí que el asturiano sea, hoy por hoy, la cabeza de lanza de la diezmada rebelión de los barones, al tiempo que lidia con fuertes divisiones internas en el seno de su propia federación, que cada vez le cuestiona más.

Díaz, por su parte, tras el tremendo revolcón de 2017, ha decidido – por ahora- centrarse en Andalucía, aunque sus pasos futuros son toda una incógnita. Desde la dirección de Ferraz, pese a los intentos de reconciliación más o menos forzados, se la sigue viendo como la gran amenaza, y no son pocos los que temen su reacción si gana con holgura las autonómicas andaluzas, dados los precedentes.


Rubalcaba, ex secretario general, no perdona a Sánchez la humillación a quien fuera su 'mano derecha', Elena Valenciano. / EP

La ‘vieja guardia’ encabeza las críticas
Con este panorama, no es de extrañar que el sector crítico a Sánchez esté ahora liderado claramente por los históricos del partido, o por lo menos por una parte de ellos, ya que también han visto divididas sus huestes tras la crisis de 2017. El resultado de esta fractura es que, por un lado, se encuentra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, y por el otro, el grupo liderado por Rubalcaba y Felipe González.

Así, el expresidente Zapatero ha adoptado, junto con una parte de sus fieles, una postura conciliadora y de desconfiado acercamiento a Sánchez. El motivo de este giro –no en vano, Zapatero fue uno de los que apoyaron a Susana Díaz en contra de Sánchez– radica, según un exdirigente del partido, en que “tras el fiasco de su papel como mediador en Venezuela, acercarse a la dirección del PSOE ha sido la única manera para ZP de defender y dar continuidad a su legado y de no convertirse en un “outsider” del partido, como son, en realidad, Felipe González o Rubalcaba”.

Con la diferencia de que tanto el expresidente como el exsecretario general gozan de una red de seguridad de la que carece Zapatero. En este sentido, ambos mantienen estrechas relaciones con el grupo Prisa –Rubalcaba es miembro de su Consejo Editorial–, lo que les permite disponer de una plataforma de influencia y un altavoz privilegiado para sus actividades y manifestaciones. Además, Rubalcaba, al margen de Prisa, sigue manteniendo excelentes relaciones con otros medios de comunicación.

Prueba de ello fue el eco y el tratamiento dado a la polémica en torno a Elena Valenciano. Hace unas semanas, la exdirigente socialista, muy cercana a Rubalcaba, no pudo ser elegida presidente de los socialistas europeos debido al veto personal de Sánchez. Un gesto que fue muy criticado en los medios, sobre todo los cercanos al Grupo Prisa, y que Rubalcaba, verdadero blanco del ataque, no le va a perdonar al madrileño.

Por eso, en opinión de fuentes cercanas a la dirección del PSOE, tanto González como, sobre todo Rubalcaba se han convertido en la avanzadilla más activa de lo que queda del frente anti-Pedro. Un frente que va acumulando reproches, como los centrados en la reciente salida del grupo socialista de la Comisión por el Pacto por la Educación, el planteamiento inflexible a favor de derogar la prisión permanente revisable y, dentro de poco, el voto en contra a los Presupuestos Generales del Estado 2018, un planteamiento ya anunciado pero que, sin duda, suscitará no pocas críticas en el seno del PSOE.


El trabajo del secretario de Organización, José Luis ábalos, es valorado por sus compañeros de la Ejecutiva, que creen que dará sus frutos en las próximas elecciones municpales y autonómicas. / FERNANDO MORENO

Las elecciones, mejor en fecha

Toda la estrategia socialista, según las fuentes consultadas, se basa en el escenario político a largo plazo que maneja en la actualidad el núcleo duro de dirección más cercano a Sánchez, compuesto, además de por Ábalos, por la vicepresidenta Adriana Lastra, la portavoz Margarita Robles y la exministra y presidenta del partido, Cristina Narbona.

Según estas previsiones, es imprescindible que las elecciones generales, en lugar de adelantarse, como quiere Ciudadanos, estimulados tras los últimos sondeos, se convoquen cuando menos después de las elecciones municipales y autonómicas de junio de 2019. ¿Por qué? Simplemente, porque, ante la debilidad mostrada por los sondeos, los actuales responsables del PSOE confían en que serán los alcaldes socialistas los que “le ganarán las elecciones para el PSOE”. Esto quiere decir que los dirigentes socialistas piensan que, fruto del buen trabajo territorial de Ábalos en Organización y gracias a la labor en general bien valorada de los ediles socialistas, es factible que el PSOE gane, en votos, las elecciones municipales. Sobre todo, porque en estos comicios es de prever que Ciudadanos saque resultados más flojos que en las encuestas, ya que, al ser un partido de reciente creación, no dispone de estructura orgánica suficiente en todo el territorio como para garantizar un resultado brillante. Por tanto, esos votos que los naranjas no podrán recoger por carecer de candidatos pasarían, en buena medida, al PSOE, que podría vanagloriarse, el día después de las elecciones, de haber parado la marea naranja, después de detener la marea violeta de Podemos.

Este sería el cartel electoral ideal para Pedro Sánchez, a quien entonces, desde el partido, ya se podría lanzar, con todos los honores, como candidato socialista y único aspirante a La Moncloa, frente a un muy desgastado Rajoy y a un ya no tan boyante Rivera. Esto colocaría al líder socialista en una posición relativamente cómoda, incluso en el caso de que no lograra ser presidente. Una posición, además, que le asegura mantenerse al frente del PSOE, por lo menos hasta el siguiente Congreso del partido, en la medida en que, tras los cambios orgánicos aprobados en el reciente Comité Federal, el secretario General no puede ser desalojado más que en un Congreso o por los militantes.

En cualquier caso, según apuntan los expertos, se trata de un escenario político que, en su principal premisa, no está nada claro que vaya a cumplirse. Cada vez son más las estimaciones que apuntan a una creciente debilidad de Rajoy, en un previsible entorno de un Gobierno sin Presupuestos, a instancias del propio PSOE, curiosamente, el primero interesado en prolongar la legislatura, y con un creciente riesgo de protestas ciudadanas.