Referencia Tiempos de hoy

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 Nº 1238. 16  de marzo de 2018

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Política / Virginia Miranda

El ‘eterno delfín’ se mueve mientras Rajoy desespera al PP

¿Quién teme a Núñez Feijóo?

Rajoy se encuentra en uno de los momentos más delicados de la legislatura. Si logra sacar adelante los Presupuestos, tiene vía libre de aquí a 2020. De no hacerlo, en su partido consideran que el adelanto electoral sería inevitable. Preparados para lo peor, los conservadores están alerta. Y advierten discretos movimientos de Alberto Núñez Feijóo. El mejor situado en la carrera sucesoria es quien más poder territorial atesora y quien más apoyos concita entre los cargos intermedios de una formación exigente y con opciones donde elegir. El actual equilibrio de poderes entre Génova y Moncloa ha percibido la entrada en escena del ‘otro gallego’ y nadie quiere quedarse atrás.


El presidente de la Xunta de Galicia sacó músculo político en la cumbre del PP europeo. / EUROPA PRESS

Feijóo es favorito entre los cargos intermedios y, ante unas elecciones adelantadas, sorayistas y cospedalistas creen que Feijóo arrojaría mejor resultado   En el PP existen dos versiones sobre el futuro de Rajoy: que ya ha decidido su retirada o que, si supera el trámite presupuestario, podría repetir e incluso ganar

“Feijóo se está moviendo sigilosamente, sin que se note mucho. Sabe que, si no extrema la prudencia, con Rajoy está liquidado”. El delfinato del PP tiene ejemplares con demostrada experiencia y popularidad entre la militancia y los cuadros del partido. También paciencia, la que han demostrado en cada oleada de quinielas desmontadas por la numantina resistencia de Mariano Rajoy ante las crisis de toda índole.

Sin embargo ahora existen elementos que permiten aventurar una pronta resolución al interrogante sobre la sucesión del líder conservador. Entre otras, los indicios observados por varias fuentes populares consultadas y que definen como contenidos movimientos de aproximación ‘del otro gallego’ a la cabeza de salida.

La presencia del presidente de la Xunta de Galicia en la cumbre del PP europeo celebrada en Valencia no ha pasado desapercibida. Fue el único líder autonómico con poder territorial que intervino ante destacadas figuras del PPE como el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, o la canciller alemana, Angela Merkel. Y compartió cartel nada menos que con la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, dos pesos pesados en el Gobierno y en el partido y dos fijas, como Feijóo, en las quinielas de la sucesión de Rajoy.

“Una tierra que consigue mayorías es porque hace políticas para la mayoría”, dijo el único barón popular que gobierna con mayoría absoluta. Durante tres legislaturas consecutivas y resistiendo al avance de los nuevos partidos que, o bien han desbancado al PP de algunos de sus tradicionales feudos, o les han obligado a depender de sus votos.

Estas declaraciones llegaron después del 8M, fecha reivindicativa que alcanzó cotas históricas en España y que obligó a los dirigentes del PP a hacer contorsionismos a cuenta de cuáles son y cómo se debe defender los derechos de las mujeres. Feijóo fue uno de ellos; después de pedir que aquel día no se convirtiera en “una trinchera política” y decir que su partido impulsa “la igualdad con propuestas y no con protestas”, aseguró que la multitudinaria manifestación que acababa de inundar las calles españolas fue un “clamor” social y “el que quiera identificarlo con planteamientos políticos y partidarios se confunde”. Más allá de las palabras, anunció un Plan de Conciliación en Galicia, gesto más tangible que el lazo violeta que lució Rajoy durante el 8 de marzo con el que salió más airoso del apuro que algunos de sus colegas en ‘huelga a la japonesa’.

Tampoco han pasado desapercibidas sus apariciones en los medios y en desayunos informativos de ámbito nacional, donde no se le veía tanto desde la última campaña electoral. La más llamativa, su entrevista con Salvados. Al líder gallego debieron parecerle un mal menor las preguntas del programa de La Sexta sobre su relación con Marcial Dorado. Y si algunas de sus respuestas a propósito del narcotraficante resultaron vagas, cuando llegaron las cuestiones sobre su futuro político arrojó más luz que de costumbre.

“No contemplo suceder a Rajoy”, dijo un dirigente que, eso sí, se va a cuidar mucho de no incurrir en deslealtades. En este momento, le faltó añadir. “El presidente nos dirá lo que decida dentro de un año y a partir de ahí, si usted quiere mantener otra entrevista yo se la voy a contestar con absoluta claridad”, contestó cuando Jordi Évole quiso saber si se veía como un buen candidato tras asegurar, a propósito de María Dolores de Cospedal, que “creo que un presidente de Gobierno que haya sido presidente de una Comunidad Autónoma es positivo para España”.


La ministra de Defensa ha dicho que “alguna vez” una mujer estará al frente del Gobierno, “no tengo ninguna duda”. / EUROPA PRESS

Cospedal quiere una presidenta

Aludida por su compañero de filas en la entrevista concedida a Jordi Évole, María Dolores de Cospedal ha dado una nueva pincelada al candidato ideal del PP a la presidencia del Gobierno. Por supuesto siempre que Mariano Rajoy decida no repetir candidatura, extremo que los populares sólo discuten en privado.

“¿Le gustaría ser presidenta del Gobierno?”, fue la pregunta que Ana Rosa Quintana formuló en su programa de Telecinco a la ministra y secretaria general del PP, partido donde las quinielas oficiosas comienzan a tomar cuerpo vistos los apuros que atraviesa el líder. “A mí lo que me gusta es ser ministra de Defensa”, fue la primera respuesta de manual de todo aspirante no declarado. Repreguntada sobre el asunto, la también líder autonómica recurrió a otra de las fórmulas habituales de quien quiere evitar una contestación clara al respecto y que se note. “Ahora mismo” no se lo plantea, aseguró. La sorpresa vino después. “Alguna vez en España tendrá que haber una presidenta del Gobierno, no tengo ninguna duda”, añadió.

Cospedal fue suficientemente imprecisa para no incurrir en una deslealtad a Rajoy – “alguna vez”– y sobradamente explícita para que ciertos sectores de su partido interpreten que no va a renunciar a la carrera sucesoria ahora que parece haber movimientos, habida cuenta de que nadie duda que no estaba pensando en Soraya Sáenz de Santamaría.

Y con el debate sobre los bandazos del PP frente a la huelga y manifestación feministas del 8 de marzo aún caliente al que también entraba Núñez Feijóo, la ministra de Defensa, quien reconoció que “como todas” ha sufrido discriminación en determinados momentos de su vida, abogó porque la “equiparación salarial sea una realidad” –una asunto en el que, hay que recordar, Rajoy prefería no entrar hace unas semanas no entrar–, por “eliminar los techos de cristal” y por la auditoría salarial en las empresas, asunto sobre el que, dijo, va a trabajar el Gobierno y que ya es objeto de tramitación parlamentaria gracias al proyecto de ley contra la desigualdad retributiva de Unidos Podemos que fue aprobado con los votos de todos los grupos y la abstención del PP.

Ministra de Defensa y número dos del PP, Cospedal, que entró en otras cuestiones como la crisis catalana, dio una entrevista política. Diferenciándose de los ‘técnicos’ que copan los altos cargos del Gobierno con la desaprobación de las bases y muchos cuadros del partido. Y reivindicando su papel actual y futuro en la formación conservadora.

Quienes analizan desde el PP estos movimientos dan algunas claves de qué puede estar ocurriendo tras las bambalinas. Para empezar creen que, de haber llegado Rajoy y Feijóo a algún acuerdo tras el amago del presidente de la Xunta de abandonar la política, al que sucedió una reunión entre ambos dirigentes donde el primero logró convencer al segundo de que concurriera por tercera vez a las elecciones gallegas, éste no sería el apoyo explícito del líder conservador al barón autonómico. “De haber sido así, ¿para qué moverse?”, se preguntan.

Además, recuerdan que mucho ha cambiado la política desde que José María Aznar, presidente además por mayoría absoluta, designara a su sucesor a dedo. “Si Rajoy señalase a Feijóo, Cospedal no se iba a estar quieta”, dicen.

Por otra parte, reflexionan sobre un asunto que genera debate dentro del PP habida cuenta de que el 'universo mariano' es un espacio insondable habitado por un solo individuo hermético como pocos y es propicio a las interpretaciones. Están los que creen que, ante la amenaza que representa Ciudadanos para su hegemonía sobre el centro derecha y las dificultades para encontrar una respuesta efectiva y política, Rajoy ya ha tomado la decisión de dar el paso a un lado para que las nuevas generaciones se batan el cobre con los de Rivera. Aquello de “yo me encuentro bien” para repetir candidatura trataría de evitar una situación de interinidad en el PP, dicen estas fuentes.

Otras dicen, en cambio, que la decisión está en el aire. Incluso apuestan a que, de salirle bien la jugada con los Presupuestos y las pensiones, que ha ligado a la aprobación de las cuentas para el próximo año –“no le resultaría fácil a Ciudadanos decirle que no al PP”–, Rajoy tendría opciones no sólo de aspirar a la reelección tras agotar la legislatura en 2020, también de conseguirla.

Incluso, sabiendo los nervios que el ascenso de la formación naranja ha provocado entre los candidatos a las municipales y autonómicas de 2019, el líder conservador tendría motivos para la calma. Porque la pérdida de concejales y diputados regionales se da por descontada. Pero también se plantea una posible recuperación del poder territorial perdido en 2015.

Entonces, PSOE y Podemos pudieron entrar en gobiernos y alcaldías hasta entonces en manos del PP porque los conservadores no lograron la mayoría absoluta. Pero si las urnas ratifican su caída en las encuestas y dan también por bueno el ascenso de Ciudadanos, los populares, aún perdiendo votos y candidatos electos, volverían a tocar parte del poder perdido de la mano de los de Rivera. Según este análisis, de llegar el partido naranja a acuerdos con los de Pablo Iglesias estaría condenándose en las generales. Y si propicia investiduras conservadoras, confirmaría que el PP es un partido de Gobierno y C’s un partido bisagra, perdiendo el impulso obtenido con el 21-D y medios simpatizantes.

Este sería sin duda el mejor de los escenarios posibles. Pero el momento político que atraviesa el PP no permite tantas alegrías prospectivas. Ahora, tal y como están las cosas, un rechazo a los Presupuestos admitiría, en la práctica, ampliar la prórroga y gobernar a golpe de decreto. Pero desde la formación conservadora reconocen que abocaría a un escenario insostenible desde el punto de vista político y que el adelanto electoral sería inevitable.

En tal caso, señalan varias fuentes, “sorayistas y cospedalistas coinciden en que Feijóo sería el candidato que garantizaría un mejor resultado en unas elecciones adelantadas”. El líder gallego “es el favorito de todos los cuadros intermedios”, coinciden.

A Cospedal y Sáenz de Santamaría, asimismo aspirantes no declaradas a la sucesión de Rajoy, también les han llegado los movimientos del ‘otro gallego’. La primera, que como Feijóo es bien vista dentro del partido pero acumula demasiados enemigos y heridas de guerra por su soterrada lucha con la vicepresidenta, acaba de decir que no le “cabe duda” de que habrá una presidenta del Gobierno. La segunda, sin peso en Génova ni en los territorios pero con buena imagen entre los votantes, saborea en silencio su victoria después de que el presidente haya hecho una minicrisis tras la marcha de Luis de Guindos ignorando las voces conservadoras que reclamaban menos técnicos y más políticos en el Gobierno.

Incluso hay en la segunda fila sucesoria quien asoma la cabeza como Cristina Cifuentes, que reedita el ‘estilo Gallardón’ en Telemadrid para recuperar el centro político desplazado hacia Ciudadanos y subraya la defensa de los principios y valores del PP que tanto gustan a los votantes conservadores de la región anunciando rebajas fiscales como la reducción de medio punto del tipo mínimo de la escala autonómica del IRPF.

Porque serán malos tiempos para el PP: fuga de votantes, desaparición de apoyos mediáticos, exdirigentes a juicio, abandono de aliados en consejos de administración… Pero de haberla, la ocasión la pintan calva y los inconvenientes no parecen amilanar a unos delfines deseosos de dar el gran salto.

 


El presidente del PP no tiene un cuaderno azul como Aznar y, en cualquier caso, la política ha cambiado como para que vuelva a haber una designación a dedo. / EUROPA PRESS

A Rajoy le crecen los incendios

El Gobierno lleva meses obsesionado con pasar de pantalla. Esto es, con aprobar los Presupuestos. Las cuentas para el próximo año son la llave para completar una legislatura de cuatro años y, de paso, rearmarse política y electoralmente.

Esta es ahora mismo su prioridad con permiso de Cataluña. O no. Porque llevará su proyecto de ley al Consejo de Ministros del 23 de marzo sin garantías de que antes de junio –fecha en que debería estar aprobado– haya Govern y, por tanto, sin muchas opciones de que el PNV le de sus votos con el 155 aún en vigor. Y porque el resultado electoral del 21-D ha dado pie a que Ciudadanos haga una exhibición de fuerza también a propósito de los Presupuestos; tras exigir el acta de la senadora popular imputada en el caso Púnica, Pilar Barreiro, Albert Rivera le ha pedido a Mariano Rajoy que baje el IRPF de los pensionistas con rentas de entre 12.000 y 17.000 euros al año si quiere que sus 32 diputados voten a favor de las cuentas del Ejecutivo para 2019.

Lo cierto es que esta medida ya fue pactada el pasado verano entre PP y Ciudadanos. Y a la espera de ver qué ocurra con Barreiro –la Fiscalía del Tribunal Supremo pedía archivar la causa contra ella al no poder justificar los delitos–, la formación naranja podría estar dando muestras de que acabará apoyando las cuentas para evitar un mal mayor –el suyo propio–.  

Pero, aunque acabe controlando los incendios parlamentarios, sofocar la calle va a complicarle la tarea a Rajoy. La manifestación de pensionistas de este 17 de marzo, tan movilizados como las mujeres, se enmarca en un clima de indignación del que son partícipes todos los afectados por una salida de la crisis insolidaria e imperfecta; ahí están las protestas de No Somos Delito –contra la ley mordaza– la PAH, el Sindicato de Inquilinos o la Marea Básica (Ver reportaje: Los rostros de una primavera caliente). Salvar el obstáculo de los presupuestos puede ser clave para evitar el adelanto electoral. Pero desatender la calle puede dejarla en manos de los partidos de la oposición.

Nadie le dijo al presidente que ésta iba a ser una legislatura fácil. Tampoco que acabaría complicándosele tanto.