Entrevista Charo Nogueira Tiempos de hoy

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 Nº 1238. 16  de marzo de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Charo Nogueira, periodista y escritora

“Todos deberíamos ser feministas”

Ha escrito sobre la lucha de las mujeres por la igualdad efectiva durante muchos años en las páginas de Sociedad de El País, periódico en el que trabajó desde 1990 a 2015. Charo Nogueira (Madrid, 1959) ha escrito ‘La mujer que dijo basta’ (Libros.com), unas memorias de Ana María Pérez del Campo, histórica feminista española, que entrelaza con sus propias reflexiones. “La igualdad ya está en las leyes, el problema es que no se cumplen”, dice.


ALEX PUYOL

“La igualdad ya está en las leyes. El problema es que no se cumplen”   “A través de las memorias de Ana María Pérez del Campo contamos lo que ha sido la lucha por la igualdad y contra la violencia de género”

‘La mujer que dijo basta’ relata la lucha de las mujeres por la adquisición de sus derechos y libertades. ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?
Yo he trabajado durante muchos años escribiendo de los temas de igualdad y de cambio social en El País. Cuando yo presenciaba los grandes cambios que estaban ocurriendo, sobre todo a comienzos de este siglo, con la movilización contra la violencia de género, empecé a vivir y a presenciar cosas que me parecían interesantísimas. Pero resultaba muy difícil realizar un trabajo en profundidad cuando tienes que estar trabajando en la actualidad y en el día a día de un periódico. De modo que en 2015, cuando abandoné el periodismo del día a día, me dediqué a poner en pie ese proyecto que yo tenía de escribir esa lucha de las españolas por la igualdad y contra la violencia género. Y cuando estaba dando los primeros pasos recibí la llamada de Ana María Pérez del Campo, que es una de las feministas más importantes de este país, una feminista histórica, a la que conocía de la época en la que yo escribía esas informaciones. Se trata de una mujer que ya tiene los 80 años cumplidos. Fui a verla y me dijo: “Mira Charo, te he llamado porque ya estoy mayor. Moriré pronto. Quiero que cuentes estas cosas, porque la gente se está olvidando”. Y a partir de ahí comenzamos a hilvanar sus deseos con mi proyecto. Y el resultado ha sido ‘La mujer que dijo basta’, que es un libro en el que, a través de las memorias de una mujer que lleva luchando por la igualdad efectiva entre mujeres y hombres desde que Franco estaba vivo, y que todavía sigue luchando, contamos lo que ha sido la lucha por la igualdad y contra la violencia de género, la lucha de todas, los avances jurídicos, y las dificultades que aún perduran.

El libro, según Ana María Pérez del Campo, supone un testimonio de lo que se ha hecho, pero también de lo que queda por hacer, ¿no?
Más que un testimonio de lo que queda por hacer, el libro es una denuncia de lo que queda por hacer. Las mujeres hemos dicho basta. Ana María lo dijo hace muchos años. Pero en este 8 de marzo de 2018 lo hemos dicho todas. Lo que queda por hacer es tan sencillo como que una mujer, por el hecho de serlo, tenga una vida mucho más difícil que un hombre. ¿Esto es culpa de los hombres? ¿De las mujeres? Todos somos responsables de lograr una sociedad mejor. Por tanto, esta es una oportunidad de lograr un cambio social en el que todos podamos ser protagonistas. Las mujeres ya no estamos dispuestas a escuchar eso de que las cosas tienen que ir poco a poco. La igualdad tiene que ir mucho a mucho. Y la palabra feminista ha dejado de ser un insulto. A partir de ese 8 de Marzo es un elogio. Y las mujeres ya no tendremos que aguantar esas miradas de ninguneo ni esos tonos despreciativos de cuando se nos llamaba feministas. Como si eso fuera un defecto. Todos deberíamos ser feministas.

Ana María Pérez del Campo es una aristócrata que decidió luchar por el feminismo, ¿no?
Sí, es una mujer que toma conciencia. Es de origen aristocrático. Ya desde pequeña fue perfectamente consciente de la enorme diferencia que había en la España de la posguerra de los años 40 entre pobres y ricos. Se trata de una mujer que va teniendo una conciencia social adquirida por sí misma. Se casa con 21 años, como se casaban las mujeres de la época, y el matrimonio le sale mal. Cuando decide dar el paso de separarse con dos hijos pequeños y embarazada del tercero, se encuentra con la enorme discriminación que tiene que padecer. Porque, claro, en ese momento las mujeres necesitaban el permiso del marido para abrir una cuenta corriente. No tenían la patria potestad de sus hijos. No podían trabajar sin el permiso del marido. Estaban obligadas, incluso por el Código Civil, a obedecer a los maridos. Por tanto, una mujer que daba el paso de separarse del marido se quedaba en el ostracismo y en el limbo más total. Y Ana María, a partir de su problema, toma conciencia, se hace feminista por las vivencias, como ella dice, y empieza a luchar por lo que ha tenido que sufrir ella, y por lo que han tenido que sufrir mujeres como ella con las que se agrupa. Quieren tratar de evitar que eso lo tengan que sufrir más mujeres. Y entonces abraza esa causa feminista casi sin saberlo. Y luego hace una serie de lecturas y se da cuenta, lo reflexiona. Pero digamos que se hace feminista por la vía de la conciencia personal y de la práctica.

Ana María Pérez del Campo fundó en 1973 la primera asociación de mujeres separadas en España, y en 1981 participó en la elaboración de la Ley del Divorcio. Además, a lo largo de su vida, fue detenida, ¿no?
Sí, en un primer momento crea esta asociación y la Dirección General de Seguridad la legaliza en 1974. Al principio buscan mujeres que estén en la misma situación. Incluso a través de los cursillos de cristiandad, donde había muchas mujeres. Era una época en la que buena parte de las mujeres separadas pensaban que la solución consistía en rezar para que volvieran con sus maridos. Y las mujeres que están al frente de la asociación, como Mabel Pérez Serrano y Ana María, dan un paso más y empiezan a reivindicar los derechos equiparables para las mujeres. Como tener la patria potestad y no estar sometidas ni sojuzgadas por el hecho de ser mujeres separadas. Ana María fue detenida porque empezó a organizar movilizaciones. Y una de las movilizaciones que hacen, y esto ocurre ya con Franco muerto, consistió en encadenarse ante los tribunales eclesiásticos de la calle de La Pasa, en Madrid, para reivindicar el divorcio y para pedir sentencias rápidas. Porque antes de 1981, la que resolvía sobre las separaciones matrimoniales en España era la Iglesia católica. Entre otras cosas, porque resultaba prácticamente imposible contraer el matrimonio civil. De modo que casi todos los matrimonios eran religiosos. Como no existía el derecho al divorcio por la vía civil, la única vía era la separación o la nulidad eclesiástica. Y esto estaba en manos de los tribunales eclesiásticos. Ellas, como decía, se encadenaron allí. Y las detuvieron. Y pasaron la noche en la Dirección General de Seguridad, donde fueron humilladas.

Ha dicho usted: “El libro descorre un velo porque la historia de las mujeres está por contar, siempre se ha escrito con mirada masculina”.
Todo se ha escrito con mirada masculina. Tenemos un mundo que ha estado siempre dominado por los hombres y por las ideas que tienen los hombres. En ese mundo, las mujeres, históricamente, han estado silenciadas y ninguneadas. Pero eso lo podemos ver desde la Historia del Arte hasta la Historia de la Literatura, pasando por la trayectoria de la Real Academia, que incluso aún hoy se resiste a ser paritaria. Las mujeres hemos vivido durante siglos en un segundo plano. Cada intento de ubicarnos en un plano de equiparación ha quedado rápidamente frenado por la rápida reacción de ese patriarcado, de ese dominio masculino del mundo. Por tanto, considero que ha llegado el momento, y lo consideran muchas mujeres, de que las mujeres hagamos oír nuestra voz y contemos con una mirada de mujeres, con una mirada de género, las cosas. Y este libro, ‘La mujer que dijo basta’, creo que consigue, o al menos así me lo dicen, contar lo que ha sido la evolución de las mujeres desde la dictadura hasta la democracia en aquellos aspectos que más nos afectan. Y el aspecto que más nos afecta es el de la igualdad de derechos efectivos. Porque la igualdad ya está en las leyes. El problema es que no se cumplen.

Usted considera que la gran marea de las mujeres contra la violencia de género es lo que hizo en su día reaccionar a los partidos políticos, ¿no?
Son las propias mujeres las que logran a través de la denuncia y a través de la movilización incluir la violencia de género en la agenda de los partidos. Y eso ocurre desde finales de los años 90. Y sólo logran incluirla en la agenda de los partidos de izquierdas. Porque en la época de José María Aznar como presidente, por ejemplo, incluso el término de violencia de género era rechazado por parte del Gobierno, y como mucho concedía hablar de violencia doméstica. Pero el Gobierno de Aznar, a pesar de la movilización existente, no mueve un dedo hasta el año 2003, cuando elabora la Orden de Protección contra las Víctimas de la Violencia Doméstica que, por tanto, también incluye a los hombres. Es la primera medida en este sentido que se da en los dos mandatos de Aznar. Es muy al final cuando empieza a hacer algo. Pero en la lucha contra la violencia, son las mujeres organizadas las primeras que denuncian. Y los medios de comunicación, como ocurrió en este 8 de Marzo, tienen un papel fundamental porque son los primeros que recogen esa demanda y empiezan a ponerla en la agenda. Y eso hace que las periodistas, cada vez que hay una mujer asesinada, cada vez que tenemos delante al ministro de turno, o al responsable de turno, le preguntemos qué va a hacer para evitar que haya más mujeres asesinadas. Ahí la prensa tiene un papel muy importante y protagonista. Al lograr introducir esa cuestión en la agenda pública, los partidos, fundamentalmente el Partido Socialista, a comienzos de este siglo, introducen eso en su agenda política. ¿El problema dónde está ahora? ¿Por qué nos siguen matando? El problema estriba en que en muchos casos no cambian las conductas. Y en la falta de presupuestos y de políticas educativas preventivas y de asistencia a las mujeres que lo sufren. Y no sólo a las mujeres, sino también a los hijos. Ha tenido que ser la iniciativa privada la que cree un fondo de becas para los hijos huérfanos de la violencia doméstica. Que no sólo se quedan sin su madre, sino que se quedan con un padre al que difícilmente van a querer y que está encarcelado. ¿Cómo se mantiene a estos niños? ¿Con unas pensiones de orfandad míseras? Me parece radicalmente injusto que estos niños no dispongan de unas ayudas equiparables a las que tienen las víctimas del terrorismo.

El libro ha visto la luz a través de microfinanciación.
El libro se ha financiado por mecenazgo debido a dos razones. Por un lado: es una buena fórmula. Pero detrás de esto hay un desinterés por parte de alguna de las editoriales grandes, en las que me explicaron que les gustaba mucho el libro, pero que los responsables de marketing no lo veían comercial.

Aquella felicidad

‘La mujer que dijo basta’ contiene una interesante reflexión sobre lo que tradicionalmente se ha entendido como la felicidad de la mujer, que Ana María Pérez del Campo formula a Charo Nogueira: “La gran trampa para las mujeres es la felicidad. Esa idea de que el amor te dará la felicidad, que se completa con los hijos. Pero la felicidad tiene que buscarla uno en sí mismo. La fórmula puede ser la ayuda que se presta desinteresadamente, la lucha por cambiar el mundo. En la mayoría de los hombres, salvo los pensantes, la cosa es más simple. Para ellos la felicidad está en la sexualidad y en ostentar el poder sobre alguien. Por eso es tan difícil quitarles el mando”.