El declive de la era Cebrián Tiempos de hoy

-

 
   

 Nº 1236. 2  de marzo de 2018

- - --

Política / Manuel Capilla

Fichajes hostiles en Prisa; su fundación, congelada, y casi sin apoyos en el accionariado

El declive de la era Cebrián

Con el fondo de inversión Amber como accionista mayoritario y Juan Luis Cebrián fuera de la Presidencia, nada volverá a ser lo mismo en el imperio mediático fundado por Jesús Polanco. Arrebatar a Cebrián el timón del grupo ha permitido a accionistas y acreedores cerrar la enésima refinanciación de deuda de un grupo al que los grandes poderes políticos y del Ibex impidieron que consumara su quiebra hace algunos años. Pero Cebrián, como buen superviviente, intenta blindar su ascendencia en El País en el mismo momento en el que la cabecera deja los guiños a Moncloa y Soraya Sáenz de Santamaría para jalear a Albert Rivera y los suyos.


Cebrián ya sólo ostenta la presidencia de El País y del Consejo Editorial del grupo. / FERNANDO MORENO

Cebrián ha quedado relegado, casi a un papel de “articulista” como ya se comenta, no sin maldad, en el Madrid político   Mientras su hija Eva es despedida, Javier Monzón, a quien vetó para sucederle, es nombrado vicepresidente

“Prisa abre una nueva etapa”. Así titulaba hace pocos días El País una información que recogía todos los cambios que han tenido lugar en la cúpula del grupo durante los dos últimos meses. Unos cambios que se pueden resumir en uno: la salida, largamente buscada por parte de los principales accionistas, de Juan Luis Cebrián de la presidencia del grupo. Un Cebrián que ha quedado relegado, casi a un papel de “articulista”, como ya se comenta, no sin maldad, en los mentideros políticos madrileños.

En un primer momento, a finales del año pasado, parecía que el antaño factótum de Prisa todavía tenía el músculo suficiente como para imponer a sus sucesores y blindarse al timón de la línea editorial del grupo. Hay que recordar que, en ese momento, Cebrián se plantó ante la candidatura de Javier Monzón, expresidente de Indra, consejero del Santander y que se postulaba con el cartel de ser una persona de confianza de Ana Botín. Pero las conversaciones para el relevo concluyeron con una bronca entre ambos en una cafetería del elitista barrio madrileño de La Moraleja. Una bronca en la que Cebrián habría terminado espetándole a Monzón un: “¡No me toquéis más los cojones!”, según informó Ok Diario.

Finalmente, se llegó a una solución de consenso por la que Manuel Polanco, segundo hijo del fundador, asumía la presidencia no ejecutiva y todos los poderes recaían en el nuevo consejero delegado, Manuel Mirat, un ejecutivo histórico del grupo, sin perfil periodístico, que en los últimos años había estado bajo las órdenes directas de Cebrián como consejero delegado de Prisa Noticias. En el armisticio suscrito con Amber y el resto de accionistas críticos, que abría la puerta a la refinanciación de la deuda del grupo, Cebrián se mantiene como presidente de El País, de su consejo editorial y de una fundación de nueva creación, de poderes difusos, pero desde la que pretendía, según algunas informaciones, aumentar su poder de decisión sobre la cabecera que fundó y dirigió entre 1976 y 1988.

Pero con el paso de las semanas, parece que la ascendencia que Cebrián todavía mantenía sobre Prisa empieza a esfumarse. De entrada, de la futura fundación nada se sabe. Aunque la idea no está desechada oficialmente, algunas informaciones subrayan que el cerebro de Amber y máximo accionista de Prisa, Joseph Oughourlian, no tiene ninguna intención de darle más cancha a Cebrián, ahora que, por fin, ha conseguido relevarle de la presidencia. Un Oughourlian que dejó patente su posición y la de buena parte del accionariado en la tensísima Junta que se celebró el pasado 14 de noviembre. Micrófono en mano, este tiburón de las finanzas francés, tomó la palabra para pronunciar un speech durísimo contra Cebrián, en el que, entre otras cosas, afirmó que “hemos tratado de negociar con Juan Luis pero ha sido una salida complicada, ha puesto muchas condiciones y el comité ha llegado a la conclusión de que había que cesarle”.


Javier Monzón, expresidente de Indra, es el nuevo vicepresidente del grupo. / EUROPA PRESS

Según recogía El Confidencial, Oughourlian subrayó que "el cáncer de esta compañía ha sido el exceso de personalismo. Juan Luis, tú no eres la compañía, como me dijiste un día". Y, mientras Cebrián trataba de retirarle la palabra desde el estrado, concluía que "esta compañía seguirá sin ti y lo hará mejor", porque "esta compañía tiene un gran futuro, tiene unos activos excelentes. Y son excelentes porque han sobrevivido a diez años de una gestión pésima. Pero eso se ha acabado. Gracias".

Al margen de la decisión final sobre esa hipotética fundación, la remodelación de la cúpula de Prisa demuestra que Cebrián se está quedando definitivamente sin sitio en la nueva etapa del grupo, como confirman a El Siglo fuentes del grupo de comunicación. En primer lugar, la semana pasada se conocía que el vetado Monzón ha sido nombrado vicepresidente no ejecutivo del grupo. Un nombramiento más simbólico que efectivo pero que ha tenido que doler a un Cebrián que le rechazó frontalmente.

Gavela vuelve y Eva Cebrián se va
Además, Mirat ha repescado a dos históricos que habían abandonado el grupo en los últimos años. En primer lugar, Pedro García Guillén ha sido nombrado consejero delegado de Prisa Radio, el área donde se han producido más cambios, hasta ahora, en el nuevo organigrama. El perfil de García Guillén es similar al de Mirat y da una idea de por dónde irán los tiros en la nueva Prisa. Se trata de un ejecutivo con una amplia experiencia en la gestión –ha sido el máximo ejecutivo de Cinco Días, El País y Sogecable y regresa tras dos años en Movistar+– y que ha estado al margen de las luchas políticas y accionariales que han marcado Prisa en la última década.

A las órdenes de García Guillén, como director general de la SER, estará Daniel Gavela, un cargo que ya ocupó entre 1994 y 2006. Gavela, que sí es periodista y arrancó su carrera como redactor en El País, fue quien estuvo al frente de la época dorada de la Ser. Un periodo en el que, según subraya Prisa en la nota de prensa en la que anuncia el nombramiento, la emisora “pasó de 2,8 millones a 5,7 millones (récord vigente de la radio) y todos sus programas se situaron como líderes de audiencia las 24 horas del día”. Y en el que, por cierto, Antonio García Ferreras es, primero, responsable de los servicios informativos y, luego, director de la emisora. Gavela se termina marchando de Prisa durante el proceso de venta de Cuatro a Mediaset, abiertamente enfrentado a Cebrián. Con su currículum no es de extrañar que la redacción de la Ser haya acogido el regreso de Gavela con entusiasmo y con la esperanza de que la emisora, siempre a la sombra de El País, gane peso. Su antecesor, Vicente Jiménez, se marcha para asumir la dirección general de contenidos de las emisoras latinoamericanas de Prisa Radio.

Manuel Mirat ha repescado para la SER al histórico Daniel Gavela, que abandonó Prisa enfrentado con Cebrián  

Con la mejor situación financiera del grupo,
El País vuelve sus cañones hacia Rajoy y señala a Rivera como su favorito

Aunque el nombramiento que más ha tenido que escocer a Cebrián ha sido el del nuevo responsable de las emisoras musicales del grupo, Vicent Argudo, principalmente porque releva a su hija, Eva Cebrián, que estaba en ese puesto desde octubre de 2015. El runrún sobre su cese se venía cociendo desde el año pasado, porque el balance en su gestión no es precisamente para sacar pecho. Según los datos del último EGM, difundido en diciembre, los datos de los 40 Principales son especialmente preocupantes para los intereses de Prisa. La emisora se deja 132.000 seguidores en un año y su programa matinal está al borde de perder frente a Cadena 100 el liderazgo histórico que ha mantenido. Y M80 también ha perdido un 26%. Por mucho que fuera la hija del jefe, esos resultados tenían su puesto colgando de un hilo.

Amber destrona a los Polanco
El principio del fin de la era Cebrián no habría sido posible sin el terremoto accionarial que arrancó en 2014 y que ha provocado que Amber haya conseguido reunir más de la mitad del capital de Prisa. Y es que tras la ampliación de capital de 450 millones de euros efectuada este mismo mes de enero, exigida por los acreedores, Amber Capital controla casi el 54% del capital. El fondo creado por Oughourlian –del que poco se sabe aparte de que comenzó su carrera como gestor de fondos en Société Générale hasta que se mudó a Nueva York a finales de los 90 y fundó Amber con activos de esa entidad francesa- controla directamente el 26%, que ya de por sí le convierte en el accionista de referencia. Pero posee otro 28% mediante tres filiales, lo cual le exime teóricamente de verse obligado a lanzar una Opa, al no superar el 30% del capital.  

El resto de accionistas de referencia son los bancos y compañías que convirtieron su deuda en acciones en los momentos más críticos para Prisa, allá por 2012. Es el caso del banco británico HSBC (14,4%), Telefónica (9,4%), Santander (4,1%) y Caixabank, que tras la ampliación ha reducido su peso por debajo del 3%. Entre el resto de accionistas significativos está el Grupo Herradura Occidente, del magnate mexicano Roberto Alcántara Rojas, uno de los inversores que reclutó Cebrián en su desesperada búsqueda de liquidez; el también mexicano Carlos Fernández González, consejero del Santander y de la inmobiliaria Colonial; o el fondo israelí Adar Capital. La familia Polanco –que siempre ha hecho piña con Cebrián, especialmente tras la muerte del fundador del grupo en 2007–, ha pasado en pocos años de controlar el accionariado a poseer sólo un 8,4%.


El nuevo consejero delegado, Manuel Mirat, está borrando toda huella de cebrianismo en la cúpula del grupo. / EP

Por el momento, la situación financiera del grupo está muy lejos de la situación de quiebra técnica que alcanzó en 2012. La versión más extendida cuenta que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, con el apoyo de algún presidente del Ibex, se arremangó para convencer a los acreedores que arrimaran el hombro y entraran en el capital del grupo, bajo el argumento de que la estabilidad del grupo de comunicación más importante de España era fundamental para la estabilidad política del país, en la época pos 15-M, en la que la amenaza del rescate todavía estaba muy presente.

Así, aunque la deuda acumulada por la gestión de Cebrián llegó a superar los 5.000 millones de euros, ahora está en el entorno de los 1.500 millones. Los vencimientos más urgentes se han aplazado a 2022 y con la ampliación de capital y la venta del grupo portugués Media Capital –otra de las adquisiciones de Cebrián– la nueva dirección del grupo pretende dejar la deuda por debajo de los 700 millones de euros.

Rivera, el nuevo favorito
Este panorama en las cuentas del grupo parece haber allanado el camino para que El País haya dado un giro radical en su línea editorial, a partir de las elecciones del 21-D. Ahora que ya no parecen hacer falta los guiños a Moncloa en general y a Soraya Sáenz de Santamaría en particular, y justo en el momento en el que Cebrián vuelve a concentrar sus energías en el diario, El País vuelve sus cañones contra Mariano Rajoy y señala a Albert Rivera como el caballo ganador de la política española.

“Prisa tiene una agenda reformista muy clara”, explican a El Siglo fuentes cercanas a los cerebros del grupo, “y apoyarán a quien la lleve a cabo”. Así de claro. Y a la vista de los resultados de las elecciones catalanas y de unas encuestas en las que Ciudadanos escala vertiginosamente, esa persona es Rivera.

El giro editorial se produjo “en cuestión de días”, como se comentaba a mediados de enero en las cúpulas de los partidos políticos nacionales, que leyeron con sorpresa titulares como “La mitad del electorado del PP deja de creer en el partido”, con los que El País presentaba el sondeo de Metroscopia que colocaba a Ciudadanos como la formación más votada. El fenómeno no es nuevo, porque después de las catalanas de septiembre de 2015, poco antes de las generales, Metroscopia ya pronosticaba un triple empate de Ciudadanos con PSOE y PP. Poco después, el CIS colocó a 10 puntos del PP y las urnas del 20-D lo dejaron a 15. Ahora, el último CIS también ha rebajado las previsiones de la encuesta de El País y coloca a la formación naranja como tercera fuerza, a cinco puntos de Rajoy y los suyos.

Pero a diferencia de lo que sucedió hace poco más de dos años, El País no pone paños calientes a la hora de dar por amortizado a Rajoy. La cierta protección de la que venía disfrutando se ha esfumado con editoriales como el publicado el 21 de enero, ‘Rajoy, en cuestión’. Un texto durísimo, inédito en El País por la contundencia empleada, que recuerda que el aumento de las investigaciones judiciales sobre la corrupción en el PP “apunta a un cerco que también rodea políticamente al presidente” y que “el habitual recurso de Rajoy a la inacción hasta que desaparezcan los problemas puede, en suma, no ser suficiente esta vez”.

El articulista Cebrián

Mientras tanto, no ha pasado desapercibido para los lectores habituales de El País que Cebrián ha intensificado notablemente su actividad como articulista en las páginas del diario, unos artículos que, además, no tiene llamada en portada. Si antes publicaba alguno de sus textos de vez en cuando, sin una periodicidad fija y a veces con espacios de cinco o seis meses, en lo que llevamos de año ya ha publicado cuatro. Uno de ellos, “¿Vuelta a la normalidad en Cataluña?”, contiene significativas coincidencias con el editorial “Rajoy, en cuestión”. “El mejor de los argumentos que se le ha oído a Mariano Rajoy para oponerse a estas iniciativas, o cuando menos retrasarlas todo lo que pueda, es que “todo esto es un lío”. Pues para lío, este en el que andamos metidos ahora por no haber emprendido las reformas a su debido tiempo y andar siempre mirando para otro lado”, dice Cebrián. 

En otro, “La prensa libre frente a la posverdad”, publicado el pasado día 11 de febrero, ha dado pie a algunas lecturas entre líneas que ven alusiones a las bondades de esa fundación que él pretende poner en marcha ante la indiferencia de los nuevos dueños de Prisa. “Si queremos consolidar la democracia y garantizar el futuro de las instituciones contra las posverdades y la manipulación informativa, los medios de referencia deben recuperar su papel central en el debate político, en la Red y fuera de ella”, escribe Cebrián, por lo que “es preciso dotarles de mecanismos que garanticen la autonomía e independencia de las redacciones en el ejercicio de las libertades de expresión e información”.

Es el mismo argumento, el de la independencia de las redacciones, que empleaba en la entrevista publicada en El País a mediados de noviembre, en la que lanzaba un aviso a navegantes: “quiero que se establezca un mecanismo institucional, una fundación, que, en el futuro, cuando yo no exista, garantice la autonomía de las redacciones y garantice la no injerencia en esa autonomía”. Pero los deseos de Cebrián han dejado de ser órdenes en Prisa. Y no parece que los nuevos dueños tengan ganas de darle un balón de oxígeno ahora que han conseguido sacarle de la presidencia tras varios años intentándolo.


González y Cebrián comparten foros y visión de América. En la foto, con el expresidente de Brasil, Lula Da Silva. / EP

Cuando Prisa era ‘el prisoe’ y Felipe era ‘dios’

Hubo tiempos, largos, en los que pocas cosas, de  las  importantes, podían ocurrir en España sin que el PSOE, liderado por Felipe González, o el grupo Prisa, comandado por Juan Luis Cebrián ,dieran su visto bueno.
Eran los tiempos en los que se hablaba del ‘prisoe’, sintética forma de denominar a la entente  del grupo Prisa, el imperio mediático más potente de España, fundado por Jesús de Polanco con el diario ‘El País’ como buque insignia, y el PSOE, el partido que había dado carta de naturaleza a la Transición  después de su apabullante triunfo electoral de 1982.

En ambas manos habían confiado Europa y los poderes económicos la modernización y acomodación de España a la órbita de las democracias occidentales sin que nadie se saliese del tiesto. Para que aquello funcionara resultó vital el buen entendimiento entre sus jóvenes dirigentes que, pese a sus diferencias, compartían generación (González sólo es tres años mayor que Cebrián), ambición y carisma.

Eran los tiempos en los que en la redacción de ‘El País’ se bromeaba con ‘el cierre Rubalcaba’, en referencia a que no se podía cerrar edición hasta que no llegara el visto bueno del lugarteniente de González.

Eran los tiempos en que en las sedes del PSOE se veneraba a Felipe, al que se seguía llamando  por su nombre de pila pese a que llevaba años en La Moncloa, y al que Txiqui Benegas se refirió como ‘dios’ en una famosa conversación intervenida.

Prisa ayudaba a Felipe en sus batallas con Alfonso Guerra. Felipe apoyaba a Cebrián y su grupo con los repartos del pastel mediático que decidía el BOE. Eran los tiempos en que  la derecha no sólo  marcaba como enemigo al PSOE sino también a Prisa a cuyo fundador intentó Aznar meter en la cárcel mediante una burda operación contra su televisión de pago.

Pero “El futuro no es lo que era”, como titularon Cebrián y González un libro que escribieron al alimón sobre geopolítica mundial. Felipe hace tiempo que no dicta el camino del PSOE, y sus miliantes se permiten elegir un líder repudiado por ‘El País’. Cebrián, el último ‘dinosaurio’, se resiste a jubilarse, pero en su propia casa ya le han abierto la puerta.
I. S.