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 Nº 1230. 19  de enero de 2018

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Política / Virginia Miranda

La ‘supervice’ acusa el golpe de Cs y en el PP estalla el ‘shock’ de las encuestas

Tocada

Las aguas del Partido Popular bajan revueltas. La debacle del 21-D y la amenaza demoscópica de Ciudadanos inquietan al más templado y azuzan las peleas internas. La principal damnificada es la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a quien sus enemigos culpan del desenlace del procés y del fiasco del 1-O. Pero Mariano Rajoy sigue confiando en su fiabilidad. Como número dos o como posible candidata a la Alcaldía de Madrid, puesto para el que encabeza las quinielas. Eso significa que se avecinan cambios. Antes, si las posibles salidas de Xavier García Albiol del PPC y de Luis de Guindos de Economía exigen una respuesta temprana. En todo caso inevitablemente si, como dice el líder conservador, va a “reforzar la oferta de candidatos” para “dar la batalla” en las elecciones que se avecinan.


Los críticos con Soraya Sáenz de Santamaría le echan en cara que hubiera urnas el 1-O. / EUROPA PRESS

La vicepresidenta no disimula su enfado con Cs, al que acusa de haber mantenido un doble discurso estos últimos meses   La eventual marcha de De Guindos al BCE ha avivado las voces a favor de mayor número de ministros políticos en el Gobierno

Si le salía bien la jugada, se afianzaba en la línea de salida de una sucesión postergada sine die. Si no, se arriesgaba a perder las pocas pero bien gestionadas bazas con las que contaba en una batalla que sus protagonistas sostienen durante largo tiempo y con la prudencia justa para no hacerla saltar por los aires.

Finalmente la suerte no ha estado de su lado y Soraya Sáenz de Santamaría ha pasado a engrosar la nómina de las víctimas políticas del procés. Rajoy no ha dejado de confiar en ella y no va a abandonar la vicepresidencia del Gobierno al menos en el corto plazo, pero la crisis política en Cataluña y sus consecuencias más inmediatas han espoleado a sus enemigos internos –que no son pocos ni poca cosa– afanados en debilitar su imagen interna recordando aquello de que no tiene control sobre el partido y ha llenado el Gobierno de técnicos en detrimento de la política.

La puntilla la ha puesto el 21-D. La aplicación del artículo 155 de la Constitución y la celebración de las elecciones catalanas no ha revertido la mayoría independentista en el Parlament y sí ha precipitado al PPC de los 11 diputados a los cuatro exiguos escaños. El considerado voto útil del denominado bloque independentista ha reforzado a Ciudadanos en Cataluña y, en el resto de España, la formación liderada por Albert Rivera está disfrutando del efecto colateral del que dan buena cuenta las encuestas.

La de Metroscopia publicada por El País el fin de semana es la que más ha dolido en el PP. Según el sondeo, C’s adelanta a PP y PSOE y hoy sería el partido más votado. Mariano Rajoy trató de relativizarla en la Junta Directiva Nacional celebrada este lunes cuando recordó que “la misma casa que la ha publicado estos días” pronosticó en una encuesta de noviembre de 2015 que “PP Ciudadanos y PSOE se encuentran en un pañuelo por la victoria del 20 de diciembre”, rezaba el titular del periódico. Según el líder popular, los datos registrados fueron consecuencia del resultado obtenido por Ciudadanos en las catalanas celebradas meses antes, cuando se convirtió en segunda fuerza en el Parlament. Pero, en las generales, “lo que pasó es sabido”.

Sáenz de Santamaría, que como el presidente ha insistido en subrayar que ha sido el Gobierno el que ha activado el 155 –en su definición, desarrollo y ejecución se ha implicado personalmente la vicepresidenta–, asiste de mala gana a la capitalización que ha hecho Ciudadanos de la intervención de la autonomía en Cataluña y a la intranquilidad que ha provocado en las filas populares, que buscan culpables entre los cuadros de mando. En sus recientes intervenciones informales con periodistas, la número dos del Gobierno no ha disimulado su enfado con un partido al que acusa de haber mantenido un doble discurso estos últimos meses y, como subrayan también en el PP, insiste en que “una cosa es estar en el Gobierno y otra cosa es opinar desde fuera”.

Estos han sido algunos de los asuntos más comentados en círculos políticos desde que, en el mes de septiembre, el Parlament aprobara las leyes de desconexión. La operación diálogo impulsada y protagonizada en 2017 por Sáenz de Santamaría, con oficina en la delegación del Gobierno en Barcelona y encuentros con Oriol Junqueras de pretendida sintonía, no evitaron que Carles Puigdemont continuara con la hoja de ruta del procés. Y lo que a ojos de sus críticos resulta más grave: el 1-0 hubo urnas, de lo que culpan directamente a la vicepresidenta del Gobierno como máxima responsable del CNI.

    Cospedal ha sido crítica respecto al tema catalán, Feijóo dice que no repetirá candidatura en Galicia y Alonso suena en las quinielas de ministrables / EUROPA PRESS

Las quejas se pronuncian sotto voce y sin excesivo eco en las principales cabeceras del país, que la número dos del Gobierno se ha procurado buenas relaciones con los medios y ese es un capital que sigue atesorando. Pero sí ha habido declaraciones de carácter genérico que se han atribuido a esa guerra interna dentro del PP. “Posiblemente habría que haber actuado de otra manera”, declaraba a mediados de diciembre al diario El Mundo la secretaria general de la formación conservadora, María Dolores de Cospedal, al ser preguntada si en estos años “ha faltado hacer españolidad”. En una entrevista publicada unos días antes de celebrarse las elecciones catalanas, preguntada por la incapacidad del CNI de encontrar todas las urnas del 1-0, la también ministra de Defensa responde: “Creo que hay que quedarse con lo importante, con independencia del funcionamiento de unos y otros”. Este jueves, en su comparecencia en el Senado para hablar de la actuación del ministerio del Interior durante la celebración del referéndum ilegal, su titular Juan Ignacio Zoido, hombre de confianza de Cospedal, no admitió más autocrítica que la existencia de urnas.

La número dos del PP no ha salido en auxilio de su compañera de gabinete y jefa de la inteligencia española. Fuentes del partido comentan que “se la ha devuelto a Sáenz de Santamaría, que tampoco le echó un cable desde la sala de prensa del Consejo de Ministros en los peores tiempos del ‘despido en diferido’”. Dicen además que ambas se evitan de manera ostensible y remiten a su comentada rivalidad por la sucesión de un presidente que ya está diciendo que se ve en condiciones de repetir candidatura. Sin embargo, pocos confían en sus posibilidades y casi todos los ojos miran hacia Galicia. Conscientes, en cualquier caso, de que toda paciencia tiene un límite.

En una entrevista en TVE este martes, Alberto Núñez Feijóo aseguraba: “No me veo en una cuarta [legislatura]” como presidente de la Xunta. La declaración ha animado las quinielas sucesorias latentes en el PP –donde por cierto se ha colado con fuerza el nombre del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna–, aunque hay otras de segundo rango que se vienen agitando las últimas semanas y que también le han puesto en un disparadero en el que no se siente nada cómodo.


El nombre del ministro de Fomento se ha colado en la quiniela sucesoria del PP. / EUROPA PRESS

¿Por qué se habla de De la Serna?

El ministro de Fomento se ha colado discretamente en las quinielas sucesorias del Partido Popular. Unas quinielas que de forma recurrente se activan en los cenáculos políticos a la espera de que Mariano Rajoy se decida –o no, que parece que no tiene prisa– a dar la razón de una vez a quienes pierden el tiempo contando sus días al frente de la formación conservadora.

Con buen currículo –es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos–, su breve pero impoluta carrera política, donde además de sus dos legislaturas como alcalde de Santander ha sido Presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y del Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE), llamó en su día la atención de Rajoy para situarle al frente de una cartera donde ya se ha colgado algunas medallas; lidió con la oposición y los estibadores y venció y ahora ha logrado sortear con más acierto que su colega Juan Ignacio Zoido el caos de la AP-6.

Dicen fuentes del Congreso que es uno de los ministros ‘favoritos’ del grupo parlamentario popular, que aplaude con generosidad las intervenciones en el pleno de este hombre de 47 años atractivo y disciplinado al que voces más o menos interesadas han querido ‘colar’ en la terna de sucesores. Para ‘rejuvenecerla’ o para jugar al despiste. Todo puede ser.

Baile de nombres
Los posibles cambios en el PP catalán, que desde la dirección nacional posponen hasta, al menos, la constitución de un Gobierno al frente de la Generalitat, podrían afectar al Consejo de Ministros. La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, sonó en un primer momento como posible sustituta de Xavier García Albiol, que tras el 21-D puso su cargo a disposición de Rajoy. Sin embargo, la prioridad del Ejecutivo es trasladar una imagen de estabilidad y la idea de forzar una crisis de Gobierno para tratar de reconstruir el PPC desaconseja, según fuentes populares, abordar este cambio. Alejandro Fernández, portavoz del partido en el Parlament desde las elecciones de 2015 hasta su disolución, es a día de hoy la opción más plausible.

Luis de Guindos tiene más papeletas para dejar el Ejecutivo. Lo intentó para presidir el Eurogrupo y ahora podría ser el candidato español a la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE). Este lunes, 22 de enero, se abre el plazo oficial de presentación de candidaturas. El Gobierno español tiene desde entonces hasta el 19 de febrero para anunciar su aspirante. En contra del ministro de Economía está el hecho de que en Europa quieren que una mujer ocupe el cargo. A favor, el apoyo de Alemania.

Hasta ahora, él y Rajoy han jugado al despiste. “No hemos presentado una candidatura aún, pero es evidente que tiene prestigio en Europa”, dijo el presidente sobre De Guindos en un desayuno informativo en diciembre. “Podemos presentar a un hombre o a una mujer”, aseguró poco después desde Bruselas. Pero lo cierto es que la posibilidad de abordar una remodelación del Gobierno ha despertado los ánimos de quienes se muestran partidarios de un gabinete ministerial más político.

Y es en este punto en el que han aparecido los nombres de Feijóo o del líder del PP vasco, Alfonso Alonso, dos dirigentes bien considerados dentro de la formación conservadora que, curiosamente, se ausentaron de la Junta Directiva Nacional del lunes donde habrían sido preguntados a las puertas de Génova, 13 por las voces que reclaman su presencia en un Ejecutivo rearmado de cara a las municipales y autonómicas en las que el PP ha comenzado a trabajar.

   
Alejandro Fernández suena para sustituir a Albiol en el PPC, Alberto Nadal para entrar en Economía ante una posible salida de De Guindos y Pablo Casado es una de las opciones para la alcaldía de Madrid / EUROPA PRESS

De ser el candidato y el elegido para el puesto de vicepresidente del BCE, la posible marcha de De Guindos en primavera se resolvería con un sustituto de perfil semejante: técnico, negociador y que hable inglés. Álvaro y Alberto Nadal encabezan la quiniela aunque ambos plantean inconvenientes. Sobre todo teniendo en cuenta la costumbre de Rajoy de establecer contrapesos a los poderes emergentes en el Gobierno y en el partido.

Lo que esperan las voces populares impacientes por responder a la amenaza de Ciudadanos es que su líder aproveche un eventual relevo en Economía para acometer cambios más profundos. Y lo hacen aferrándose a algunos indicios. Días después de saberse que abandonaba el cargo de jefe de gabinete del presidente con destino a la embajada de España en la ONU, Jorge Moragas declaraba en una entrevista en el diario El Mundo: Rajoy “renovará pronto sus equipos y su proyecto. Aunque no lo parezca, el presidente siempre está en alerta”. Hace unos días, en la Junta Directiva Nacional, el propio jefe de los conservadores anunciaba que “debemos elegir los mejores equipos y candidatos para pedir el apoyo de los españoles. Vamos a reforzar la oferta de candidatos dispuestos a trabajar sin descanso”. “En esas elecciones, habrá más competencia, y es normal y no pasa nada”, dijo aludiendo a la formación de Albert Rivera. “Lo único que sucede es que eso nos va a obligar a ser mejores”. “Eso es lo que os pido que hagáis y lo que vais a hacer”, terminó.

La espuela de las urnas de 2019
El encuentro del lunes daba el pistoletazo de salida a la preparación de las autonómicas y municipales de 2019. En ella se anunciaron varias convenciones a celebrar a lo largo de 2018 y una convención nacional que tendrá lugar el próximo mes de marzo en Andalucía. Pero no hubo nombres. No se desveló quiénes serán esos ‘mejores candidatos’ llamados a recuperar el terreno perdido en los comicios de 2015, cuando el PP protagonizó un sonoro fracaso electoral perdiendo algunos de sus tradicionales bastiones electorales como Madrid, Valencia o la Comunidad Valenciana. 

De ahí que se haya sumado otro ingrediente a la ansiada renovación del Gobierno que algunos ven como un revulsivo frente al descalabro en Cataluña y el avance de Ciudadanos en las encuestas a nivel nacional y también autonómico, asunto a tener muy en cuenta de cara a las elecciones que se avecinan. Porque una crisis de Gobierno implica la llegada de nuevos rostros al consejo de ministros, pero también puede representar el aterrizaje de quienes no dejan de ser pesos pesados a las candidaturas de 2019.

Soraya Sáenz de Santamaría ya apareció en las encuestas internas del PP a la alcaldía de Madrid de cara a las municipales de 2015. Pero Mariano Rajoy no quiso prescindir de su número dos en el Gobierno. Y ella misma deseaba seguir siendo la ‘vicetodo’. Aunque ha llegado a decir en alguna ocasión que estará donde diga el partido, abandonar La Moncloa para optar al Palacio de Cibeles no es plato de buen gusto para una dirigente con largo recorrido y aspiraciones políticas.

Ahora las circunstancias son distintas. El PP no ha de mantenerse en la alcaldía como entonces sino recuperarla. Y la conquista de una plaza tan importante como la capital española se antoja clave a la hora de concurrir a las generales con 49 escaños menos que entonces. Rajoy necesita un peso pesado para hacer frente a Manuela Carmena. Y Sáenz de Santamaría lo es. Pero también ha sido su mano derecha durante cerca de dos décadas y no la ‘sacrificaría’ si puede evitarlo.

Mientras, el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, se consolida en el segundo puesto de las quinielas. Su imagen de renovación y su origen más conservador –creció políticamente con José María Aznar y Esperanza Aguirre– se perciben como posibles bazas a favor en una ciudad como Madrid.

Confiando en salvar el escollo del PNV para aprobar los presupuestos y evitar la convocatoria anticipada de las generales, en el PP hay quien dice que de aquí al final de la legislatura el partido está en disposición de remontar en las encuestas y, lo más importante, en las urnas. Fiándolo todo a la economía y a la previsión de un mayor número de puestos de trabajo en los próximos ejercicios, esperan ahuyentar la amenaza que para ellos representa Ciudadanos. Pero el miedo va por barrios, por circunscripciones y por grupos de edad. Y los hay que ya piden cambios para tomar la delantera a un Albert Rivera para quien el viento de cara ha empezado a soplar demasiado pronto.


Aznar dice que tiene “un proyecto político reconocible” y González admite que es el único político en activo con el que habla. / EUROPA PRESS

Aznar y González ‘bendicen’ a Rivera

Felipe González y José María Aznar adolecían de falta de afecto. Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez tenían a sus ‘jarrones chinos’ guardados en el trastero hasta que llegó Albert Rivera para decir aquello de “sólo Adolfo Suárez, Felipe González y Aznar han sido capaces de aglutinar mayorías”.

Lo hizo en la Asamblea de la formación naranja celebrada el pasado mes de febrero. Después se sucedieron los gestos de agradecimiento del político que refundó la derecha española, que en mayo le invitó a clausurar la II Semana Atlántica del Instituto Atlántico de Gobierno (IAG) que dirige, en noviembre dijo en La Ser que el político catalán “es una persona que tiene unas condiciones políticas muy relevantes” y tras el 21-D le concedía a Ciudadanos “un discurso político reconocible”.

Ahora ha sido Felipe González el que ha respondido a la muestra de afecto de Rivera. En los micrófonos de la cadena del grupo Prisa, el exlíder socialista insistió en mostrar desapego hacia la política española y por eso dijo no hablar ni con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ni con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Sin embargo, sí admitió haber hablado con el presidente de Ciudadanos. “Alguna vez he hablado con Rivera. Poco, ¿eh?”, cortó ante posibles interpretaciones.

Según González, es Rivera quien se pone en contacto con él y, sobre la posibilidad de que lo haga para pedirle consejo, salió al paso bromeando. “Da la impresión de que tiene mucho que ver con la vejez. No tengo la cabeza vieja”, dijo, y evitando que hubiera paralelismos entre su respuesta y las palabras de Aznar añadió que  “no tengo el grado de conocimiento” para decir si el líder de C’s tiene un proyecto de país.