Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

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 Nº 1230. 19  de enero de 2018

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Tribuna /
José Antonio Pérez Tapias

Atascados a causa de la “esencia dogmática” del Estado


Con las incertidumbres respecto a qué se haga con y desde el reglamento del Parlament, el conflicto planteado desde la realidad política catalana acrecienta de continuo la crisis del Estado

Es así, atascados a causa de la esencia dogmática del Estado español –Marx criticó la filosofía del Estado de Hegel por aferrarse a una esencia dogmática que lo absolutizaba–, como nos vemos sumidos en la crisis de éste, sin vislumbrar una salida. Con la situación de Cataluña pendiente de cómo se configure el gobierno de la Generalitat, dada la renovada mayoría parlamentaria independentista tras las últimas elecciones, aunque con las incertidumbres respecto a qué se haga con y desde el reglamento de la Cámara, el conflicto planteado desde la realidad política catalana acrecienta de continuo la crisis del Estado. El hecho de que muchos no quieran afrontar eso no aminora la gravedad del momento que vive no sólo Cataluña, sino España en su conjunto. Desviar la mirada hacia una imagen del orden constitucional como edificio tan estable como inexpugnable es proceder que acumula pasos en falso. No basta invocar el principio de legalidad cual mantra del que se espera reconduzca la crisis catalana apagando el fuego independentista, a la espera de que sus rescoldos se enfríen con políticas que seduzcan a la ciudadanía identificada con la desmesura soberanista.

El soberanismo forzó el camino de un independentismo que se adentró en la ilegalidad con notable ceguera estratégica. Permanece como incógnita qué va a pasar con Puigdemont en cuanto a ser investido de nuevo presidente de la Generalitat, si lo pretenderá desde su “exilio” bruselense –ERC se tragaría sus objeciones– o si se presentará personalmente arrostrando las consecuencias –y poniendo en serias dificultades al gobierno de España–. ¿O habrá otra candidatura? Formar gobierno en Cataluña, además de gestionar medidas urgentes que la ciudadanía reclama en medio de dificultades económicas y penurias sociales, ha de suponer reestructurar la estrategia política, tanto por el lado del independentismo, como también por el lado de los partidos no independentistas, sea cual sea el reparto de papeles en el Parlamento autonómico.

Si PP, PSOE y Ciudadanos también se ven emplazados a dar respuesta a los graves problemas que afronta la sociedad española, desde el tambaleante sistema de pensiones hasta un (im)posible pacto educativo –por citar dos recientemente situados en el orden del día–, no deben ignorar que, sin pasos acertados en cuanto al conflicto de Cataluña, la crisis del Estado seguirá repercutiendo negativamente sobre los intentos de dar respuesta a otras demandas. Lo nacional, cuando no está cuestionado, queda en la penumbra de lo no problemático, pero cuando se ve en cuestión pasa a primer plano, postergando todo lo demás. Así es no sólo por emociones patrióticas o exaltaciones nacionalistas, sino porque sin cohesión política no cuajan propuestas para la redistribución de cargas y beneficios.  
Es preocupante que no se avance ni hacia la salida de la crisis del Estado ni hacia soluciones efectivas de problemas que afectan a la ciudadanía. Cuando los líderes políticos convoquen a la prensa para hablar sobre empleo, por ejemplo, no dejarán de preguntarles por su posición respecto a lo que sucede en Cataluña. Y seguirá siendo insuficiente la insistencia en defender la Constitución, pues ello, si no se adelanta una propuesta de replanteamiento democrático respecto a un pacto constitucional muy deteriorado, no es una declaración que sirva siquiera para tranquilizar.

Esgrimir inflexiblemente la legalidad del Estado redunda en deriva autoritaria del mismo Estado, frente a la cual sólo una verdadera apuesta democrática puede valer como remedio proponiendo, por elevación frente al bloqueo, una salida. Ésta ha de contar con que se puede remover “la esencia dogmática” de este Estado, que radica en un idea de soberanía nacional mitificada, compacta e intocable que, si seguimos atrapados por ella, nos va a llevar amargamente por una calle que no tiene salida.

 

 

Firma

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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