Entrevista Marina San José Tiempos de hoy

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 Nº 1230. 19  de enero de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Marina San José, actriz

“Los actores somos inseguros por naturaleza”

Es un torbellino de risas y de amabilidad en su camerino del teatro Cofidís-Alcázar, de Madrid, donde, en la obra El test, encarna a Berta, una psicóloga calculadora, desafiante, un personaje absolutamente distinto a ella. Hace frío y está algo resfriada. Casi al final de la entrevista mira hacia el espejo y frente a las luces amarillas del camerino poco a poco se va transformando en Berta. El inicio de la función se acerca. Abre la muralla. Marina San José dice: “Cuando sales ahí, al escenario, te sientes frágil, muy débil”.

“Que te digan que te pareces a tu madre, Ana Belén, y siendo como ella es, siempre es un halago”   “Me resulta muy gratificante hacer comedia porque tienes una respuesta directa del público”

Su personaje en ‘El test’, Berta, es una persona de carácter fuerte, muy directa al hablar, que lanza dardos verbales continuamente a su entrada en el escenario contra Paula (Maru Valdivieso) y contra Héctor (Antonio Molero).  Además, Paula es una persona muy preparada, psicóloga de éxito, intelectual, y autora de varios libros. ¿Cómo ha preparado el personaje?
A mí el personaje me ha venido un poco regalado ya que en la temporada pasada lo estuvo haciendo Itziar Atienza y yo he seguido en parte el testigo que ella ha dejado. No he tenido que preparar el personaje desde el principio y desde la nada, como he hecho en otras funciones. Se trata de un personaje con muchos perfiles. Berta cree saberlo todo. Ella sabe de todo lo que habla y se considera la primera de la clase. Es un poco pejiguera, digamos. Para mí resulta un personaje realmente muy gracioso de hacer, porque al final estoy encarnando a alguien que está muy alejado de mí. Y me divierto muchísimo haciéndolo.

¿Es un personaje muy alejado de su carácter?
Sí, sí, yo no soy tan directa, no, no. Ni tan Pitagorín, como dijo recientemente Javier Vallejo en su crítica de esta obra en El País. Que fue muy acertado el calificativo. Escribió: “En la Berta de Marina San José, espoleta minúscula de una explosión termobárica, se entrecruzan en versión femenil el empollón Pitagorín y el Repelente Niño Vicente”. No, yo considero que personalmente estoy muy alejada de todo eso. Espero. Pero se trata de un personaje que no deja indiferente a nadie. Va tan a saco desde que entra en escena que provoca muchas sensaciones en el público. Y eso es lo atrayente de este personaje también.

Pero Berta se desploma, como los demás, cuando se desatan los acontecimientos y aparecen las contradicciones de los personajes en la obra, ¿no?
Sí, eso también forma parte de la riqueza del personaje, que no esté siempre tan arriba, ella parece que lo conoce todo, que lo domina todo, pero van llegando informaciones que la desmontan también a ella. Y eso es lo que enriquece al personaje, lo que lo hace más interesante para el público y también para mí desde el punto de vista interpretativo: ver otras caras de Berta.

‘El test’ supone para los cuatro actores que intervienen en la obra un ejercicio interpretativo de primer orden, ¿no?
Yo creo que sí. Mis compañeros están fantásticos, llevan un año y medio haciendo la función, y tienen muy cogidos a los personajes: saben muy bien qué es lo que le va a gustar al público, cómo hacer cada cosa para que le llegue a la gente. Y considero que son cuatro personajes muy diferentes, muy distintos. Y eso es lo bueno de esta función. Ofrecer distintas visiones. Cada espectador tal vez se identifique con alguna de ellas.

La comedia moderna, como ocurre en ‘El test’, o en ‘La mentira’, tal vez por la gran influencia de Yasmina Reza en el teatro actual, exige no sólo humor, sino una importante carga de profundidad. ¿Lo cree así?
Claro, y eso es lo que mucha gente piensa que no tiene este tipo de teatro, esa carga de profundidad, consideran que es un tipo de teatro más superficial, pero obras como ‘El test’ tienen un doble fondo que las hace aún más interesantes. Ante esta función, el público, antes de entrar en la sala, ya se está haciendo preguntas. El espectador se pregunta qué escogería él, si 100.000 euros ahora, o un millón de euros en diez años. Cuando yo acudí por primera vez a ver la función, en Alicante, que todavía no me había incorporado como intérprete, pero quería tener una referencia, tenía un señor delante que, de pronto, se giró y peguntó a la señora que estaba sentada a mi lado, a la que no conocía de nada: “¿Y usted qué escogería señora, los 100.000 ahora o el millón después?”. Sin conocerse ambas personas de nada. Y eso es lo bueno, que ‘El test’ hace que la gente se plantee muchas cosas.

En la comedia el espectador se ríe mientras el personaje, a veces, lo está pasando fatal. Manda el punto de vista desde el que está escrita la obra por el autor, ¿no?
Yo creo que eso es lo mejor de la comedia. La mejor comedia es la que reúne esas características. El sacar comedia de algo trágico, dramático, muy contrapunto a la comedia.

El personaje que interpreta Luis Merlo, Toni, un millonario, dice: “Nadie se hace millonario siendo honesto”. Y poco después añade: “Todos tenemos un precio”. ¿Qué piensa usted?
Yo creo que sí que te puedes hacer millonario siendo honesto. Aunque realmente no lo sé porque me pilla muy lejano. ¿Y que cada uno tiene su precio? Bueno, eso es muy discutible. Habría que ver qué es lo que se pone sobre la mesa, qué es lo que hay a cambio. Hay muchas cosas que valorar. Eso lo dice Luis Merlo desde el punto de vista de su personaje, que es un tipo que lo ha alcanzado todo realmente, que no ha sido honesto haciendo sus negocios. Pero creo que si le preguntara esto a otra persona no lo vería de la misma manera.

Berta dice en un momento determinado: “Toni es un triunfador porque cuando se le presentó aquel dilema supo esperar”. La obra parece decantarse por el autocontrol, por saber medir la impaciencia, ¿no?
Mi personaje, Berta, sí se decanta por el autocontrol, por saber esperar. Porque en la función este test lo hace Berta a sus alumnos para conocer quiénes son triunfadores y quiénes son perdedores. Y para Berta, los que saben esperar, los que miran fríamente hacia el futuro, son los triunfadores. Pero yo creo que depende mucho también de la situación en la que se encuentre cada uno. Normalmente lo que me dice la gente es que escogería los 100.000 euros ahora mismo. No los considero por eso unos perdedores, obviamente, tiene mucho que ver con la situación actual y con la inestabilidad de cara al futuro. El plantearse: “¿Qué pasará el día de mañana? Mejor cojo lo que hay y luego ya veremos”. Y yo no creo que el personaje de Berta sea el más inteligente de la función. Creo que es el de Toni/Luis Merlo, que al final se lleva el gato al agua.

¿En qué medida le pudo resultar difícil al principio incorporarse al elenco de ‘El test’, una obra que ya era un rotundo éxito cuando usted llegó?
La verdad es que no me fue nada difícil. Porque mis compañeros me lo han puesto muy fácil. Estaban muy a favor de todo. Y no considero que haya sido un trabajo tan complicado como cuando tengo que preparar un personaje desde el principio. Ahí sí surgen más inseguridades. En ‘El test’ iba todo controlado en cierta medida, porque ya tenía yo la referencia de Itziar, lo que había dejado Itziar, e iba con cierta seguridad. Pero aun así, cuando sales ahí, al escenario, te sientes frágil, muy débil, y lo que tienes que hacer es luchar para sobreponerte a todo ello. Yo espero que esta obra vaya para largo. Y si se puede hacer una tercera temporada estaré encantada, claro.

 Ha dicho usted: “Tengo todas las inseguridades del mundo”. ¿Eso es bueno o es malo para una actriz?
Pues supongo que eso será bueno en algún aspecto y malo en bastantes aspectos más (risas). Creo que los actores somos inseguros por naturaleza. Que hay algo que te está criticando para bien o para mal desde que sales al escenario. Es una permanente exposición pública. Y eso crea cierta inseguridad lo quieras o no.

Observando cómo habla resulta sorprendente el parecido físico que tiene usted con su madre. Parece usted, por ejemplo, la Ana Belén que interpretó a Adela en ‘La Casa de Bernarda Alba’ durante 1984 en el teatro Español de Madrid.
(Risas) Muchas gracias, es un halago lo que usted me está diciendo. En 1984 tenía yo un año. Y sí, que te digan que te pareces a tus padres, en este caso a tu madre, siempre es un halago, y en este caso, siendo como ella es, pues mucho más. Yo creo que de mi padre he sacado la paciencia y de mi madre el carácter.

Pero mucha gente no sabe que usted es la hija de Ana Belén y Víctor Manuel.
Sí, claro… Hombre… Pero es muy difícil que de repente venga a entrevistarme un periodista y no sepa de dónde vengo. Eso, en cierta manera, también resulta un halago. Porque yo también he vivido con eso siempre. “Es Marina, la hija de Ana”, decían… Y que te consideren por tu trabajo es muy grato, la verdad.

El director Juan Carlos Pérez de la Fuente dijo hace algún tiempo que “el teatro privado en España casi no existe”. ¿Qué opinión le merece el teatro comercial?
Me merece todo el respeto del mundo porque resulta muy difícil hoy en día montar ni siquiera una función sea para donde sea. Para una sala pequeña. Para un teatro más grande. Todo es muy difícil. Porque existen muchos impedimentos, muchas dificultades.  No se sabe a priori si eso va a tener o no va a tener recorrido. Me merece muchísimo respeto, insisto. Y viendo dónde estamos, en el teatro Cofidís-Alcázar… Es admirable todo lo que ha conseguido crear la familia Larrañaga.

¿Qué prefiere interpretar, comedia o drama?
No me decantaría por ningún género. Pero a mí me resulta más llevadero hacer comedia, porque al final es más gratificante: tienes una respuesta directa del público. Eso sucede, claro, cuando trabajas en el teatro. En cine o en la televisión no tienes esa respuesta directa de la gente, pero cuando estás aquí, en el teatro, sí estás recibiendo eso que tratas de provocar en el público: la risa. Con un drama no los oyes llorar. La comedia es más directa.

¿Teatro o cine?
Lo que más he hecho hasta el momento ha sido teatro. Empecé en el teatro y le tengo un cariño especial. A esa respuesta directa del público, como decía, a tener a esas personas de la platea tan cerca que al final parece como si fueran un personaje más de la función. Tienes que tener al público en cuenta en todo momento. El teatro es mi vida, es lo que más he trabajado. Me gusta mucho porque es muy instantáneo. El teatro es el texto y la gente que lo está interpretando.

Y llegará la canción

¿Piensa cantar algún día o no se siente preparada?
Bueno, preparada sí estoy porque llevo ya muchos años preparándome como cantante. Lo que no sabría es el tipo de música por el que decantarme en este momento. Me gustan tantos tipos de música que haría un popurrí. Haría cada canción de un palo distinto. Pero todavía no es el momento de lanzarme a cantar. Quizás ese momento llega algún día. Puede ser que sí. Ahora, no.