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 Nº 1229. 12  de enero de 2018

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Política / Virginia Miranda

Cataluña, los sondeos y la incierta legislatura arrojan a Rajoy y a Rivera a disputar el liderazgo de la derecha

Comienza la partida

La partida en el centro derecha ha dado comienzo. El resultado de las elecciones en Cataluña ha desatado las alarmas en el PP, que asiste al avance de Ciudadanos tratando de articular una estrategia que apacigüe a unos cuadros temerosos de las réplicas que pueda tener el 21-D en las municipales, autonómicas y generales que se avecinan. Para agotar la legislatura, Mariano Rajoy necesitará de Albert Rivera. Para ganar en próximas citas electorales, deberá deshacerse de él. La hegemonía conservadora está en juego y las cartas ya están repartidas.


Mariano Rajoy y Albert Rivera se disputarán el voto de la militancia hasta ahora fiel al PP. / EUROPA PRESS

El líder conservador aprobará el día 15 un calendario de actividades para 2018 tomando “nota de lo que está pasando”   Después de que Ciudadanos se apropiara de la bandera de España en Cataluña, el PP se ha volcado en la defensa de la prisión permanente revisable

“Es evidente que tenemos que mejorar. Cuando sacamos un mal resultado lo que no podemos es echarle la culpa a los demás”. Alberto Núñez Feijóo, único presidente autonómico del PP con mayoría absoluta y eterno delfín de Mariano Rajoy, se atrevió a hacer autocrítica un día después de asistir a la debacle del 21-D con el pírrico resultado de tres diputados –el voto por correo les concedió, días después, un cuarto escaño en el Parlament a costa de Ciudadanos–.

La que le faltó al líder popular que, tras presidir un Comité Ejecutivo Nacional en Génova y un Consejo de Ministros en Moncloa, compareció en la sede del Gobierno para hacer un análisis descriptivo de lo ocurrido la noche anterior con un solo reconocimiento: “la gente no está contenta”.

La ausencia de autocrítica en el fatídico día después ha evolucionado hacia los ambiguos y socorridos problemas de comunicación que, como viene siendo habitual en la era Rajoy, todo lo justifican. El líder conservador ha convocado este 15 de enero la Junta Directiva Nacional, máximo órgano del partido entre Congresos, para analizar la situación política y aprobar un calendario “muy potente e intenso” de actividades a nivel nacional para los próximos meses.

El objetivo, la preparación de las municipales y autonómicas de 2019. ¿Y frenar a Ciudadanos? “Miramos fundamentalmente por nosotros mismos”, aseguraba esta semana el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, en rueda de prensa, recurriendo a un argumento esgrimido por Mariano Rajoy. “Extrapolar el resultado de Cataluña a las generales es un ejercicio de ciencia ficción”, dijo. Sin embargo, acabó haciendo una concesión: con el calendario de actividades van a “tomar nota de lo que está pasando”.

Lo que está pasando es que la formación de Albert Rivera no se conforma con conquistar el centro político y se aproxima amenazante al corazón electoral del PP. En Cataluña, Ciudadanos arrebató a los populares la bandera de España y el rédito en las urnas del 155. Convenció a su militancia, hasta ahora baluarte infranqueable de los conservadores, y avanzó en una transformación que, en su última Asamblea celebrada hace casi un año, despojó al partido naranja de su origen “socialdemócrata” para centrarse en su vertiente liberal.

De ello dan testimonio el resultado del 21-D  y también las encuestas. Fue el pasado otoño y como resultado de la situación en Cataluña cuando Ciudadanos se convirtió en una amenaza real para el PP. En el barómetro del CIS de octubre era el único partido que crecía hasta alcanzar a Podemos. El sondeo de Metroscopia para El País iba más allá aventurando un empate técnico en intención de voto con el PSOE. Y en las últimas encuestas –publicadas en La Razón, Público o El Diario–, los de Rivera se consolidan en tercera posición a costa del PP.

Otro ingrediente que añadir a la fórmula del éxito de Ciudadanos es el espaldarazo del que sigue siendo un icono entre las bases del PP, descontentas desde hace tiempo con el partido al que acusan de desatender sus “principios y valores” –como solía decir Esperanza Aguirre– ahora con otro contendiente electoral al que mirar.

En la precampaña de las catalanas, decía José María Aznar en la Ser: “Ciudadanos vive un momento mejor que PP y PSOE”. Tras convertirse en el partido más votado y con más escaños en el Parlament, el expresidente popular, en un análisis de su fundación Faes sobre el 21-D, cargaba con dureza contra la formación que él mismo refundó y que abandonó por sus desavenencias con Rajoy: “sería de agradecer que no se insistiera en culpar de este mal resultado a Ciudadanos con el peculiar argumento de que a este partido le han votado demasiados catalanes”. Y añadía: “Ciudadanos ha sabido interpretar las exigencias de muchos cientos de miles de catalanes –más de un millón–, las ha traducido en un discurso político reconocible y les ha ofrecido una propuesta de esperanza y convicción”.

El reconocimiento de Aznar a Rivera se viene gestando desde hace tiempo; el pasado mayo le invitó a clausurar la II Semana Atlántica del Instituto Atlántico de Gobierno (IAG), donde imparte el Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública, para que hablara sobre Los retos del Liberalismo y la Unión Europea. Meses antes, en la Asamblea del pasado febrero, el líder de Ciudadanos hacía un guiño al expresidente asegurando que “sólo Adolfo Suárez, Felipe González y Aznar han sido capaces de aglutinar mayorías”.

En las filas populares perciben estas señales y reconocen que Ciudadanos ha desatado el nerviosismo,  menos entre los veteranos y más entre los jóvenes que ven cómo su base electoral envejece y se va viendo más limitada. Tras obtener 32 diputados en los comicios del 26-J –ocho menos que el 20-D–, la formación naranja quedó diluida en el pacto de investidura que firmó con Rajoy y en los que previamente y en su mayoría había alcanzado con varias direcciones territoriales del PP tras las autonómicas y municipales de 2015. Pero en unos meses logró sacudirse de encima la irrelevancia parlamentaria a la que parecía condenada arrancando al Gobierno 4.000 millones de euros en los presupuestos para políticas sociales y de empleo y forzando la dimisión del entonces presidente de Murcia, el popular Pedro Antonio Sánchez, imputado en sendos casos de corrupción y cuyo Gobierno se sostenía con el apoyo de los cuatro diputados regionales de C’s [ver El Siglo número 1195: Rivera se vuelve ‘malo’].

El partido naranja trata de repetir estrategia. Pero, esta vez, el PP está preparado. La dirección nacional de Ciudadanos considera “congelado” el acuerdo con el Gobierno sobre los Presupuestos Generales del Estado hasta que la exalcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, dimita como senadora del PP por su imputación en el caso Púnica. Según la formación liderada por Albert Rivera, Mariano Rajoy se comprometió en el acuerdo de investidura a apartar de sus cargos a los imputados por corrupción y Barreiro irá a declarar al Tribunal Supremo en relación a esa trama.

La respuesta de los populares ha sido el contraataque. Calificando el anuncio de “desproporción”, sobre todo “cuando estamos cumpliendo el acuerdo” –ha sido la senadora quien ha pedido declarar en el Supremo y el punto 93 del pacto habla de imputación formal, según Maillo–, el PP ha comparado a C’s con Bildu, IU y Convergència porque sus cuentas no ha sido aprobadas por el Tribunal de Cuentas. “¿Dónde está la transparencia?”, se ha preguntado el coordinador general de la formación conservadora. El partido naranja no ha movido una coma de su argumentario y, despachando el asunto de las cuentas aludiendo a una diferente “apreciación contable”, insiste en que el PP aparte a Barreiro de su escaño recordando que  “el próximo acuerdo importante deberían ser los Presupuestos”.

El contraataque del PP –sea cual sea su resultado– se ha extendido a todos los frentes que tiene abiertos con Ciudadanos. Sobre el avance naranja en los sondeos electorales, Martínez-Maillo ha dicho que “de tanto mirar las encuestas” algunos “van a acabar muriendo de éxito”, recordando que, en cualquier caso, el PP sigue liderando la intención de voto. Sobre la regeneración democrática ha asegurado que “Ciudadanos, en relación a sus cuentas, está en suspenso”. Sobre los recelos de Inés Arrimadas para ir a la investidura ha señalado que “si Ciudadanos no lidera este proceso no se comporta como un partido de Gobierno”. Y sobre la prisión permanente revisable ha indicado que, “visto lo que ha pasado estas navidades”, en alusión a la aparición del cuerpo de Diana Quer, el PP está “al lado del conjunto de los españoles” y “Ciudadanos, con su abstención, propició seguir adelante” con su derogación. Por eso, como “algunos están acostumbrados a ir donde sopla el viento”, el número tres del PP confía en que la formación naranja retire su apoyo a la misma.

Que el PP insista estas últimas semanas en el asunto –hace dos días los grupos municipales, provinciales, insulares y forales del PP  presentaban una moción para apoyar la prisión permanente revisable– tiene una doble lectura. Por un lado, pone en evidencia que es la formación conservadora y no el partido naranja la que defiende, como sus bases, la línea dura en materia de política penitenciaria. Por otro, reta a C’s a mantener ese “discurso político reconocible” del que habla Aznar o a “ir donde sopla el viento” como dice Maillo.

Pero donde de verdad va a cargar las tintas el PP en su estrategia frente a Ciudadanos es en Cataluña, precisamente donde más terreno ha perdido. Según fuentes del partido y partiendo de una idea que los conservadores vienen repitiendo desde hace tiempo –“Rivera pueden quitarle muchos votos a Rajoy porque no ha tocado poder y, por tanto, no tiene pasado y goza de una posición más cómoda”–, están insistiendo en poner en evidencia lo que llaman el “inmovilismo de Arrimadas”. La líder de Ciutadans “no se ha reunido con nadie”, dicen, y destacan las diferencias con Mariano Rajoy tras rechazar ser investido presidente después del 20-D. “Él se sentó con todos”, recuerdan, y la candidata más votada está dejando la iniciativa a los independentistas. Se trata, por tanto –dicen fuentes populares–, de poner en evidencia lo que llaman contradicciones en el seno de C’s ya que “su falta de experiencia de Gobierno les permite” tener ciertas ventajas frente a los partidos clásicos.

A pesar de que a los conservadores ya no les pilla por sorpresa la estrategia de Ciudadanos, que se define como oposición útil capaz de bascular entre el pacto y la ruptura con el Gobierno del PP, admiten que hay un terreno donde  les han cogido la delantera. Y es que la atención mediática se la llevaron los de Rivera de calle en las catalanas y hay medios –como el diario El Mundo– donde gozan de las simpatías que antaño disfrutaban los populares. Por otra parte y mientras los líderes de C’s se han visto reforzados, el 21-D dejará algunas bajas y las fuerzas maltrechas; en el partido cuentan los días de Xavier García Albiol al frente del PPC y de Enric Millo en la delegación del Gobierno en Cataluña. Para la vicepresidenta y máxima responsable de la política del Gobierno ante el procés no habrá consecuencias prácticas, pero Soraya Sáenz de Santamaría es una de las personas que, desde el 1-O, más críticas internas ha generado y genera dentro del PP.

El resultado catalán “no es trasladable a unas generales”, dicen fuentes conservadoras. Pero “sí, hay preocupación”. Necesitan a Ciudadanos para sacar adelante los Presupuestos, sobre los que existe un preacuerdo ahora congelado porque también Rivera ha entrado en precampaña. Pero saben que no pueden volver a infravalorarlo. Quien hoy es su aliado parlamentario puede convertirse en principal adversario de la noche a la mañana electoral.

 

Tras el 1-O, las reprobaciones y las muertes en carretera, el caos de la AP-6 se suma a la larga lista de frentes abiertos para el ministro del Interior. / EUROPA PRESS

Zoido, bajo un alud de problemas

A la caída en la encuestas del PP se suma la bajada de popularidad de los ministros. El de Interior, Juan Ignacio Zoido, está en horas bajas desde el paso octubre, cuando las cargas policiales contra el 1-O llegaron a empañar la imagen internacional de España y la oposición votó a favor de su reprobación y la del titular de Exteriores, Alfonso Dastis, por haber incumplido las cuotas de acogida de refugiados comprometidas con la Unión Europea.

Además, cerró el año con 47 muertos por accidentes de tráfico, un 34 por ciento más que el año anterior, después de saberse que había descendido el número de efectivos y controles en carretera. Y lleva arrastrando desde hace tiempo las consecuencias políticas de tener un secretario de Estado de Seguridad y hombre de confianza, José Antonio Nieto, reprobado también por haber mantenido una reunión con Pablo González, hermano del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, imputados ambos en el marco de la operación Lezo, donde se abordó la existencia de una investigación abierta que les afectaba.

Con semejante mochila a sus espaldas acudió el 6 de enero al derby sevillano en el Sánchez-Pizjuán. A las 20.45 horas, cuando la AP-6 ya se había colapsado por la nieve y ni la DGT ni la concesinaria Iberpistas –propiedad de Abertis– hicieron nada por evitar que miles de personas acabaran hasta 18 horas atrapados en sus coches. Una fotografía del palco da fe de ello. En la imagen se ve el ministro con semblante serio. No se sabe si por el grave problema que le esperaba entre Madrid y Castilla y León o por los cinco goles del Betis a su amado Sevilla.

Bien podría ser por el caos del día de Reyes. La oposición se apresuró en pedirle a él y al titular de Fomento, Íñigo de la Serna, explicaciones. Y ambos anunciaron su comparecencia en el Congreso. Pero la peor parte se la lleva el responsable de Interior gracias, en buena medida, a su amigo y director de la DGT, Gregorio Serrano, que ha ido encadenando errores y meteduras de pata desde la tarde del día 6.

Presente también en Sevilla como Zoido mientras los conductores y sus familias pasaban la noche del sábado bajo cero en el interior de sus vehículos, culpó a la concesionaria y a los propios ciudadanos de lo ocurrido sin admitir fallos y apeló a la tecnología para justificarse en varias entrevistas y en un sarcástico tuit que no ha hecho más que empeorar su situación. “Pido disculpas a todos los que estén molestos porque la tarde de la tremenda nevada sobre la AP-6 estaba con mi familia en Sevilla pasando el día de Reyes, una maravillosa ciudad donde funciona las líneas telefónicas e internet”.

La guinda la ha puesto la propuesta de la Dirección General de Tráfico para incluir en la nueva Ley de Tráfico y Seguridad Vial la obligación de llevar en los coches que transiten por lugares en los que las nevadas sean frecuentes un kit con una pala, un silbato y barritas energéticas, entre otras ocurrencias.

El asunto ha acabado provocando más bromas que protestas en las redes sociales. Pero en el PP, tanta chanza, ya no hace ninguna gracia.