Las cuentas de Puigdemont Tiempos de hoy

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 Nº 1229. 12  de enero de 2018

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Política / M. C.
                 
El pulso con Junqueras y los diputados ‘belgas’ y encarcelados complican su investidura
                 
Las cuentas de Puigdemont

A menos de una semana para la constitución del Parlament, a Puigdemont siguen sin salirle las cuentas para su regreso a la Presidencia de la Generalitat. Con un total de ocho de sus diputados encarcelados, unos, y en Bélgica, otros, todavía no está claro que el independentismo pueda mantener el control de la Cámara y de la Mesa. Pero lo más grave para los intereses del ex president es que la cúpula de ERC sigue sin comprometerse a forzar su investidura a distancia. Los republicanos tratan de abandonar el enfrentamiento frontal con el Estado y sólo apoyarán una investidura que se ajuste sin duda alguna al reglamento del Parlament.


Carles Puigdemont, en el centro, junto al dimitido Artur Mas y Elsa Artadi, su mano derecha en los últimos meses. / Junts per Catalunya

Oriol Junqueras sigue tratando de evitar el jaque mate con que el ex president Puigdemont trata de asfixiarle para forzar su investidura. Y de momento, con cierto éxito. De momento, lo único que Puigdemont ha conseguido cerrar con la cúpula de ERC es un acuerdo para asegurar lo que se daba por hecho salvo sorpresa mayúscula: que la Mesa del Parlament tendrá mayoría independentista, con dos representantes para la lista del expresident, dos para los republicanos, otros dos para Ciudadanos y uno para el PSC. El acuerdo se alcanzó en un encuentro en Bruselas entre el propio Puigdemont y la número dos de ERC, Marta Rovira, que trataron de desencallar lo que sus equipos no habían podido desencallar en los días anteriores.

Pero el acuerdo no va más allá de esta mínima posición común. Todavía no hay un candidato de consenso para presidir la Cámara catalana ni ERC se ha comprometido a forzar la investidura de Puigdemont, reinterpretando el reglamento del Parlament para hacer posible una investidura ‘en ausencia’.  Los republicanos estudiarán su decisión con sus servicios jurídicos y escucharán muy atentamente –a diferencia de la legislatura anterior- lo que tengan que decir al respecto los letrados del Parlament. De no ajustarse al reglamento la investidura de Puigdemont, el “plan B” de Junqueras, como lo llamó Gabrial Rufián, sigue ahí.  

En los círculos políticos catalanes se ha venido apostando por que Junts per Catalunya y ERC llegarían a un acuerdo para que alguien procedente de las listas de los republicanos presidiera la Cámara. Pero ninguno de los dos candidatos que han venido sonando tenían ninguna gana de hacerse con el puesto y de tener posibilidades de complicarse más la vida judicialmente. Carme Forcadell, como “legítima” presidenta de la Cámara, según la óptica del independentismo, era la primera opción. Y, tras semanas de rumores, el pasado jueves renunciaba oficialmente –al cargo, que no al escaño en el Parlament- subrayando que la presidencia del Parlament debe recaer ahora “en una figura libre de procesos judiciales”, como es su caso. El exconseller de Justicia Carles Mundó, también investigado por el Supremo, se dibujaba como la otra opción hasta el pasado martes, cuando anunciaba que renunciaba a su escaño y abandonaba la política para volver a su profesión, la abogacía.


Carme Forcadell ha renunciado a repetir en la Presidencia del Parlament. / EP

Una investidura creativa
El puesto de presidente –o presidenta- del Parlament es clave, porque suya será la responsabilidad de autorizar la investidura de Puigdemont sin estar presente en el hemiciclo, exponiéndose a un seguro recurso ante el  Constitucional y a las consecuencias judiciales que se pudieran derivar. La intención de Puigdemont y las cabezas pensantes de Junts per Catalunya pasa por dos alternativas: una investidura ‘telemática’, en la que el expresident intervendría vía Skype, y una investidura ‘delegada’, en la que sería otro diputado el que intervendría ante el pleno y leería su discurso. Cualquiera de las dos supondrá interpretar con una cierta libertad la literalidad del reglamento.

Las esperanzas de Junts per Catalunya para la primera opción se basan en que el reglamento del Parlament no cita expresamente que el candidato tenga que estar presente en el hemiciclo, quizá porque nunca se llegó a sospechar que pudiera darse una situación de este cariz y la asistencia al pleno del candidato se daba por supuesta. Lo único que afirma el reglamento, en su artículo 146.1 es que: “el candidato pre­senta, sin límite de tiempo, el programa de gobierno y solicita la confianza del Pleno”. La segunda opción está recogida en el artículo 83.1, en el que se regla el funcionamiento de los debates habituales, no el de investidura concretamente, que tiene su propio articulado. El texto afirma que: “Los diputados que han pedido la palabra para intervenir en un mismo sentido pueden cederse el turno unos a otros. Comunicándolo previamente al presidente, y para un debate o un trámite concreto, cualquier diputado con derecho a hablar puede ser sustituido por otra persona de su mismo grupo”.

Pero todavía está por ver que el independentismo consiga hacer valer la mayoría que le otorgaron las urnas el 21-D. La cifra mágica que necesitan para ello es la de 66 diputados, uno más que la suma de Ciudadanos, PSC, Catalunya en Comú y PP. Según los resultados electorales, cuentan con un total de 70 diputados entre los de Junts per Catalunya, los de ERC y los de la CUP. Pero de esa cifra son ocho los que no tienen nada claro poder estar en la sesión y ejercer su voto. En la cárcel están tres. Además de Junqueras, están Jordi Sànchez y el exconseller de Interior Joaquim Forn, ambos por Junts per Catalunya. Los tres han presentado la documentación para tomar posesión del escaño, pero necesitan un permiso judicial para poder asistir al Parlament. En las filas ‘indepes’ se recuerda estos días el precedente de  Juan Carlos Yoldi, encarcelado en su día por presunta pertenencia a ETA pero que al que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco permitió recoger su acta, ser candidato a lehendakari y participar en las sesiones. Este es, por cierto, al que se agarran en ERC para plantear una hipotética candidatura de Junqueras a la presidencia. Pero esa licencia judicial para asistir al pleno depende del juez Pablo Llarena y no tendría obligación de concederla.

Mientras, en Bruselas hay un total de cinco diputados. Junto al propio Puigdemont, están los exconsellers Clara Ponsatí y Lluis Puig, de JxCat, y Meritxell Serret y Toni Comín, por parte de ERC. Tanto Puigdemont como Comín han tomado posesión del escaño. Los otros tres, al cierre de esta edición, todavía no habían presentado la documentación, lo cual no significa que renuncien a ello. Está claro que para evitar sustos y asegurar la mayoría en el Parlament alguno de ellos debe renunciar para que corra lista y asuma el escaño otro integrante de sus respectivas candidaturas. Pero no parece que ninguno tenga intención de hacerlo, mucho menos los que están en prisión a los que escuece mucho el agravio comparativo con sus antiguos compañeros de gobierno, que decidieron poner tierra de por medio sin comunicárselo siquiera a sus respectivos partidos.

En busca de gobierno técnico
Pero el fondo de la cuestión sigue siendo como combinar el legitimismo con un gobierno efectivo. Es decir, como devolver a la presidencia a Puigdemont y articular un gobierno que pueda gobernar desde el primer día, con el objetivo de normalizar la legislatura al máximo. Así las cosas la idea de un gobierno ‘técnico’ con una presidencia simbólica empieza a consolidarse en los círculos políticos catalanes.

En los últimos días, ha explicitado esta idea el exconseller de Economía, Andreu Mas-Colell, una voz respetada en Cataluña tanto dentro como fuera del independentismo. En un artículo publicado en el diario Ara y en una entrevista en TV-3, Mas-Colell apuesta por ese “govern técnico” como un escenario de “sentido común” que trate de prolongar la legislatura cuatro años. “El soberanismo tiene una nueva oportunidad y conviene que la utilice bien y no la malgaste con juegos tácticos de corto vuelo”, ha afirmado el exconseller. Según esta teoría, el liderazgo político seguiría en manos de Puigdemont –y de Junqueras-, pero el gobierno quedaría en manos de alguien que “esté claro que no tiene ambiciones políticas”. Eso sí, ha dejado claro que él no se está pronunciando. De momento, muchas teorías y ningún candidato de consenso en el pulso Puigdemont-Junqueras.

 

Artur Mas vuelve a renunciar… Sin retirarse

Dos años después de que ‘abdicara’ en manos de Carles Puigdemont forzado por la CUP, Artur Mas vuelve a dar “un paso al lado”, como le gusta decir. Esta vez lo hace de la presidencia del PDeCAT, la reencarnación de Convergència que hace aguas pocos meses después de nacer, arrollada por el legitimismo ‘carlista’ de Puigdemont y su grupo de fieles, en su mayoría completamente ajenos a la cúpula de la formación y a sus servidumbres. Mas se fue el pasado martes, un día después de que la ejecutiva de su formación se reuniera por primera vez tras las vacaciones navideñas y de que afirmara ante los suyos que el independentismo no está en condiciones de “imponer nada”, que hace falta ampliar el apoyo social y que lo ideal es articular un gobierno que pueda agotar la legislatura. Un mensaje que choca frontalmente con las intenciones de Puigdemont de volver a la presidencia a toda y costa y tratar de esquivar las actuaciones jurídicas contra él.

Mas comparecía al día siguiente de que se conocieran sus valoraciones en la Ejecutiva para señalar que renunciaba al cargo por dos razones: “La primera por los resultados de las elecciones, y la segunda por el calendario judicial” al que tendrá que hacer frente en los próximos meses. Esa misma mañana, el Supremo comunicaba oficialmente a Mas que les investiga en la causa del 1-O y que deberá declarar en sede judicial en los próximos días. Lo que Mas obvió en su rueda de prensa es que también estos días se conocerá la sentencia del ‘caso Palau’, que ha investigado la financiación irregular de Convergència. Según Mas, la dimisión “no se tiene que interpretar como un alejamiento mío del proyecto. No, no. Yo voy a seguir formando parte de este proyecto, en una posición mucho más modesta, en la que me corresponde”. Concretamente, la de alguien que ha ido quedando relegado, poco a poco, de los núcleos de decisión. Eso sí, aunque esté inhabilitado hasta 2019, Mas dejó claro que: “No me retiro de la política pero ahora escojo no estar en primerísima fila”.

El procés ha terminado devorando, por el momento, al que fue su primer líder político, el president que decidió adelantar elecciones en 2012 después de que Rajoy diera un portazo a su propuesta de pacto fiscal y que, creyendo que podía controlar la ola soberanista que venía creciendo Cataluña, trató de consolidar la mayoría absoluta de la ya extinta CiU. Pero el adelanto electoral se tradujo en la pérdida de 12 diputados y en que su mayoría parlamentaria quedara en manos de ERC. A partir de ahí, es sobradamente conocido como el procés le ha ido desplazando del liderazgo político en Cataluña. Y aunque no faltan las voces que señalan que espera su oportunidad cuando deje de estar inhabilitado para un cargo público en 2019, todo parece indicar que el tiempo del ‘rey Artur’, como se le conocía en Cataluña, ha pasado.