Elecciones Catalanas Tiempos de hoy

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 Nº 1227. 22  de diciembre de 2017

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Política / Manuel Capilla y Virginia Miranda

La insumisión de Puigdemont ‘sorpassa’ a Junqueras y el triunfo de Arrimadas no frena la mayoría independentista

¿Vuelve el ‘procés’?

Dos años después, y 155 mediante, la mayoría independentista en el Parlament de Cataluña sigue ahí. Inés Arrimadas consigue el hito histórico de convertir a Ciudadanos en la fuerza más votada en Cataluña, pero Carles Puigdemont puede seguir aspirando a volver al Palau de la Generalitat, abriendo un escenario totalmente incierto y seguramente ingobernable si termina convirtiéndose en un president encarcelado. Puigdemont y Arrimadas fueron los únicos que pudieron permitirse sonreír en una noche electoral en la que todos los demás partidos sufrieron decepciones. ERC perdió le hegemonía independentistas que le adjudicaban las encuestas; el PSC no consiguió avanzar de forma sustancial; Catalunya en Comú empeoró los discretos resultados de hace dos años; y el PP, con el que el propio Mariano Rajoy se ha empleado a fondo durante la campaña, pierde la mitad de sus votos y va a un Grupo Mixto que compartirá con la CUP.


Carles Puigdemont no confirmó en la noche electoral si volverá a España. / EUROPA PRESS

El expresidente mantiene intacto el apoyo social en el que ha basado su pulso al Estado   Rivera ha avanzado que tratará de rentabilizar el resultado de cara a las próximas generales

A pesar de que Inés Arrimadas fue recibida con gritos de “presidenta, presidenta” en su comparecencia tras conocer los resultados del 21-D, el único de los candidatos que cuenta con una mayoría para su investidura es Carles Puigdemont. Y es que Junts per Catalunya, ERC y la CUP suman 70 escaños, dos menos que hace dos años, pero todavía dos por encima de la mayoría absoluta en el Parlament. Una mayoría sustentada en casi dos millones de votos, el 47% del total, prácticamente las mismas cifras que en las plebiscitarias de septiembre de 2015.  

Desde Bruselas, el expresident se ha apuntado así una victoria política mayúscula, arrebatando a ERC la hegemonía del independentismo que le auguraban las encuestas desde hace dos años y manteniendo intacto el apoyo social con el que ha efectuado su desafío al Estado. Y lo ha hecho con una lista ad hoc, articulada con un grupo de fieles y en la que está ausente la cúpula del PDeCAT. Ni Marta Pascal, ni David Bonvehí, principales responsables del PDeCAT tras el inhabilitado Artur Mas, aparecen, lo que añade aún más incertidumbre en un escenario que se prevé ingobernable. Porque, en teoría, Puigdemont puede someterse a una sesión de investidura y terminar convirtiéndose en un president encarcelado.

Durante su comparecencia en la noche electoral, Puigdemont no concretó sus planes ni su hipotético retorno a suelo español.  El expresident, desde Bruselas, se limitó a exigir una “rectificación, y no sólo del Gobierno español”. Señaló concretamente a Europa, a la que instó a “tomar nota”, porque “la receta de Rajoy no funciona [...] o cambia de receta o cambiaremos de país antes de lo que habíamos pensado. Los catalanes tenemos que decidir nuestro futuro y ninguna receta que prescinda de nuestra opinión funcionará, empiecen a cambiar para buscar soluciones”.

El expresident, como el resto de exconsellers que le acompañan en Bruselas, puede recoger su acta de diputado a través de un representante. Pero para someterse a la investidura tiene que comparecer en la Cámara catalana y exponer su programa de gobierno, lo que implica su regreso a España y la ejecución de la orden detención contra él –y contra el resto de consellers bruselenses- dictada por el magistrado del Supremo Pablo Llarena. Teniendo en cuenta el precedente de su vicepresidente, Oriol Junqueras, lo más probable es que sea enviado a prisión preventiva, pero eso, en teoría, no le impediría someterse a la investidura.

Desde las filas independentistas, han recordado estos últimos días el precedente de Juan Carlos Yoldi, encarcelado por presunta pertenencia a ETA pero que al que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco permitió recoger su acta, ser candidato a lehendakari y participar en las sesiones. Pero esa licencia está en manos de Llarena, que no tiene obligación de concederla, según se han expresado diversos juristas en las jornadas previas a las elecciones.

Así las cosas, el abanico de posibilidades se abre, y la posibilidad de que el candidato sea otro ya empezaba a circular en la noche electoral. Quienes más peso político tienen en la lista elaborada por Puigdemont son los exconsellers y –miembros del PDeCAT- Jordi Turull y Josep Rull, recientemente excarcelados. Aunque el nombre de Elsa Artadi, número diez por Barcelona, también gana enteros. En los últimos meses se ha convertido en la mano derecha de Puigdemont y es quien ha actuado en su nombre en Cataluña mientras él sigue en Bélgica, como directora de campaña de Junts per Catalunya. Esta economista doctorada en Harvard  ingresó en la Generalitat en 2011, como asesora del conseller de Economía Andreu Mas-Colell. A partir de ahí arranca una trayectoria meteórica, en la que ha ejercido como directora general de Tributos, a partir de 2013, como secretaria de Hacienda en 2015 y ya en enero de 2016 como directora de Coordinación Interdepartamental de la Generalitat, un puesto clave en el desarrollo del procés. Nunca militó Convergència, pero sí este mismo año la ponencia ideológica del PDeCAT, un partido del que se ha dado de baja para formar parte de la lista de Junts per Catalunya.


Marta Rovira ha subrayado que “los catalanes han votado República”. / EP


Sea como fuere, a la espera de lo que suceda con la investidura de Puigdemont y de medir el impacto político que puede tener un president de la Generalitat ejerciendo desde la cárcel, el 21-D refleja que los votantes independentistas no apuestan por levantar el pie del acelerador del procés, como había intentado, tímidamente, ERC a través de voces como las de Joan Tardà, que había llamado a “retornar a la normalidad” reconociendo que “no hay condiciones para implementar la independencia” y que hace falta “acumular todavía más fuerzas” para lograrla. 

Sin ser tan explícitos, los candidatos de ERC, incluida la propia Rovira, han insistido a lo largo de la campaña en la “bilateralidad” y en la apelación al diálogo con el Estado. Es más, el propio Junqueras, en uno de los últimos artículos que ha publicado desde la cárcel, concretamente en El Punt Avui, pedía el voto para su formación subrayando que “es la única que puede articular mayorías ganadoras, deshacer empates y tejer complicidades”. Unas palabras en las que algunas voces en los círculos políticos catalanes han querido ver una alusión al hipotético tripartito entre ERC, Comuns y PSC que constituía una de los posibles gobiernos.

Los republicanos pueden verse forzados a rectificar por el resultado electoral, pero siguen sin tener muchas de ganas de investir a un Puigdemont con el que han terminado enfrentados y al  que no han parado de lanzarle reproches durante la campaña.  Incluso su exconseller de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, recordaba a sus electores que “yo había sido cabeza de lista de Junts pel Sí, me comprometí con Junqueras y de ninguna de las maneras podía intentar evitar la cárcel si él corría el peligro de acabar en ella”, contraponiendo su decisión y la de Junqueras con la de un Puigdemont a la fuga.
Y si parece complicado que se pueda articular un Govern con todas las grietas que han aparecido en la alianza entre Puigdemont y Junqueras, aún falta una tercera pata para la mayoría independentista: la CUP, que ha perdido la mitad de los escaños con los que contaba pero que vuelve a ser clave, como sucedió hace dos años. En 2015 su veto consiguió que Artur Mas ‘abdicara’ en Puigdemont, y en 2017 puede disipar las dudas sobre la estrategia unilateral que pueden albergar las cúpulas de Junts per Catalunya y de ERC. Durante las últimas dos semanas, sus portavoces han insistido en su intención de seguir “construyendo la República” desde el unilateralismo, porque es la “única vía posible”, en su opinión, ante el bloqueo del Estado. En esa idea insistió su candidato, Carles Riera, en la noche electoral: “Si ERC y JxCat quieren dialogar, les esperaremos cuando vuelvan con las manos vacías para construir república de forma unilateral”.

Domènech pierde la llave del Govern

A lo largo de la campaña Xavier Domènech ha hecho gala de ser la llave del Govern, de ser la fuerza decisiva a la hora de desencallar el empate entre el bloque independentista y el unionista. Y veían factible la posibilidad de articular un Ejecutivo progresista junto a ERC y el PSC. Sin embargo, los resultados no han podido ser peores para Catalunya en Comú Podem. Con la repetición de la mayoría independentista se quedan sin esa llave y, además, se quedan con ocho escaños, tres menos de los que consiguió Catalunya Sí que es Pot hace dos años, y el 7,3 % de los sufragios.
Los resultados son particularmente preocupantes para Ada Colau y su núcleo duro porque siempre pensaron que los mediocres resultados de Catalunya Sí que es Pot se debieron a que ellos se desmarcaron de la candidatura. Recién llegados al Ayuntamiento de Barcelona y enfadados por el hecho de que Podemos e ICV pactaran la candidatura a sus espaldas, prefirieron desmarcarse de unas elecciones polarizadas en las que era difícil encajar su mensaje social. Además, interpretaban que la elección de un candidato poco conocido como Lluís Rabell terminó de hundir las expectativas de la candidatura.
Las generales de diciembre de 2015 y de junio de 2016 parecían dar la razón a Colau y las cabezas pensantes de Barcelona en Comú. Con Domènech como cabeza de lista, En Comú Podem se convirtió en la fuerza más votada en Cataluña con el 24,5% de los votos. Pero en el ámbito de las elecciones autonómicas catalanas, la realidad les ha devuelto a un papel de comparsa que puede hacer tambalearse el discurso que ha mantenido Podemos a nivel nacional, con un Pablo Iglesias mucho más crítico con el Ejecutivo de Mariano Rajoy que el independentismo y fuertemente comprometido con la celebración de un referéndum.

 

Arrimadas insiste en que, a pesar de que el bloque independentista podrá gobernar de nuevo Cataluña, la mayoría social es “catalana, española y europea”.

Arrimadas gana pero no gobernará

La de Inés Arrimadas ha sido la victoria más espectacular y más amarga de cuantas se recuerdan en la democracia española del 78. Esta ha sido la segunda vez que concurre a unas elecciones y ha conseguido que su partido, que se estrenó en el Parlament en 2006 con tres escaños y 90.000 votos, sea la primera fuerza política en el Palacio del Parque de la Ciudadela de Barcelona con 37 escaños y 1.100.000 votos. Y, sin embargo, y aún habiéndose registrado una movilización sin precedentes –el 81,84 por ciento de los catalanes ha ido a votar, siete puntos más en 2015–, la suma de diputados independentistas va a impedir que pueda ser investida presidenta.

A pesar de ello, el triunfo de Ciudadanos es histórico –es la primera vez que un partido no nacionalista gana las elecciones– y la formación quiso subrayarlo con la puesta en escena de la vencedora del 21-D. Al filo de las doce de la noche y cuando el escrutinio de los votos rozaba el 100 por cien, Arrimadas compareció ante la militancia y los simpatizantes en un escenario instalado en la plaza de España de Barcelona con Avenida Maria Cristina.

Entre gritos de “presidenta, presidenta”, la candidata más votada señaló que su formación, que se había impuesto en las ciudades más pobladas de Cataluña –citó Barcelona, L'Hospitalet, Badalona, Cornellá, Lleida y Tarragona–, estaba en disposición de mandar “un mensaje al mundo”: que la “mayoría social en Cataluña se siente catalana, española y europea y va a seguir siéndolo”. Fueron varias las ocasiones en que Arrimadas insistió en esa mayoría social no independentista lamentando una ley electoral “injusta” que concede más escaños a quienes obtienen menos votos en la calle. Un asunto que los populares lamentaban también en la recta final de la campaña.

Tras ella, el líder nacional de C’s, Albert Rivera, tomó la palabra para lanzar un mensaje en clave nacional: Ciudadanos ha obtenido más votos que los otros tres partidos nacionales en Cataluña. “No podemos hacer más”. Ahora es España la que debe “derrotar el nacionalismo en las urnas como hemos hecho nosotros con un proyecto que ilusione al conjunto de españoles”. El líder de la formación naranja avanzaba así que, en lo que queda de legislatura y de cara a las próximas generales, tratará de rentabilizar el crecimiento que ha experimentado como reacción al nacionalismo frente a la debilidad exhibida por el PP y también por los socialistas en estos comicios. Una estrategia que le ha funcionado en las urnas del 21-D y que le está dando buenos resultados en las encuestas en clave nacional.

Ciutadans nació como reacción al nacionalismo. Su germen fue un grupo de intelectuales que se organizó para combatir la política lingüística de la Generalitat y, desde la elección de Rivera casi de forma casual y su discreta pero sólida irrupción en la política autonómica, su crecimiento ha sido imparable.

Tanto como para convertirse el 21-D en el voto útil de los no independentistas. Por encima de los personalismos –la principal crítica que ha recibido la formación naranja fue desmontada en 2015 en Cataluña y ratificada ahora con los resultados obtenidos por la ‘novata’ Arrimadas– y hasta de las ideologías; si en los anteriores comicios ‘fagocitó’ al PSC para alcanzar 25 diputados tras los 9 obtenidos en 2012, ahora su principal ‘víctima’ ha sido el PP: la formación liderada por Xavier García Albiol ha sufrido una auténtica debacle electoral, perdiendo ocho diputados y, con tan sólo tres, viéndose abocado a un posible escenario perturbador e impredecible en un grupo mixto con la CUP.

Una de las claves para conseguir auparse como la fuerza más votada y con más escaños en el Parlament ha sido la identificación que los electores no independentistas han hecho de C’s como el partido del 155. A pesar del “a por ellos” del candidato del PPC al inicio de la campaña. Y a pesar del desembarco de los pesos pesados del PP nacional en Cataluña en la recta final para subrayar que Mariano Rajoy fue quien frenó el procés y convocó elecciones.

En el partido conservador lamentan haber jugado con desventaja. Por lo que interpretan como un mayor respaldo social y mediático a la formación de Rivera y por una ley que “favorece la gobernabilidad” –por ello PP y PSOE nunca han querido tocarla– también en Cataluña y, por tanto, ha primado a las fuerzas mayoritarias independentistas que gobernaban la autonomía hasta el cese del Govern en virtud del 155. Días antes de la celebración de las elecciones, insistían en que la fuga de votos a Ciudadanos no le daban escaños al bloque no independentista sino a Junts per Catalunya, ERC o la CUP, según la circunscripción, por culpa de la ley D'Hondt. De nada sirvió y el PPC ha acabado convirtiéndose en una fuerza residual.


El popular Xavier García Albiol, con tres diputados, liderará un partido residual desde el Grupo Mixto. / EP

En su primera valoración de los resultados y tras felicitar a Ciudadanos por su victoria, García Albiol lamentó que las formaciones no independentistas no hayan sido “capaces de construir una mayoría alternativa al independentismo en el Parlament”. El resultado de las elecciones del 21-D “ha sido muy malo”. “Vemos con mucha preocupación el futuro de Cataluña”. “Cataluña va a salir perdiendo”, insistió.

En el cuartel general del PP nacional, la reacción al resultado electoral se hizo esperar. El comienzo del recuento de votos coincidió con la llegada de Mariano Rajoy a Génova, 13 y de su equipo de confianza –también se encontraban en la sede de la formación conservadora la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, además del equipo de dirección–. Las expectativas eran malas, pero los datos fueron aún más demoledores. El mutismo se adueñó de la planta noble y hasta última hora de la noche no apareció en rueda de prensa el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, para avanzar las líneas generales del mensaje que, al día siguiente, comunicaría el propio presidente del PP, Mariano Rajoy, en el Comité Ejecutivo Nacional convocado a mediodía del viernes, 22 de diciembre: si el bloque independentista forma Gobierno y “vuelve a la vía unilateral”, se enfrentará a “las mismas consecuencias” porque “ya nada es igual” desde la aplicación del artículo 155.

Esta conclusión no deja de ser una constatación del fracaso del 155. O mejor dicho, un fracaso del presidente del Gobierno. Porque si Albert Rivera ha rentabilizado su exigencia primero, y su apoyo después, a la intervención de la autonomía catalana, quien tomó la decisión de activarlo no ha logrado el fin perseguido y no parece que vaya a hacerlo por mucho que repita la misma táctica. El jefe del Ejecutivo recurrió a un procedimiento democrático como es la convocatoria de unas elecciones legales para restablecer la normalidad en Cataluña. Y sin embargo y a pesar de que las circunstancias le han sido favorables –el apoyo de la UE y las cancillerías europeas y la desbandada de las miles de empresas desde el 1-O–, los bloques apenas han sufrido variaciones y el independentismo sigue teniendo una mayoría parlamentaria que le será más difícil enfrentar con el 155 [ver número 1226: El 21-D despide al 155… o no].

“Es fácil hablar cuando no se gobierna”, se quejan desde hace tiempo en el PP al ver que la misma estrategia frente al independentismo tiene un coste bien distinto para ellos y para Ciudadanos. Y si Rajoy lo ha tenido difícil desde la aprobación de las leyes de desconexión los días 6 y 7 de septiembre, pinta peor ahora que el problema se agrava mientras Albert Rivera le mira por encima del hombro.

Iceta se despide de la tercera vía

Miquel Iceta confiaba en tener la disputada llave de la gobernabilidad en Cataluña, pero entre el independentismo y Ciudadanos no ha hallado espacio desde donde ejercer un papel relevante como alternativa a ambos frentes.

Con sinceridad y sin un ápice de autocomplacencia a pesar de que el PSC ha obtenido un escaño más que en 2015 –ha pasado de 16 a 17 diputados–, el candidato socialista hizo una valoración crítica de los resultados. “Aunque hemos mejorado” los resultados, “no son los que perseguíamos”. “Esperábamos más”.

También el independentismo ha retrocedido en número de escaños respecto a 2015 y, como entonces, no ha logrado una mayoría de votos, subrayó Iceta, que confió en que esta circunstancia marque el inicio de una nueva legislatura: “la mayoría parlamentaria habilita investir a un presidente” pero éste debe actuar “dentro del marco legal constitucional y estatutario”.

Del mismo modo, mandó un mensaje al Gobierno central: este es un “problema político que requiere de soluciones políticas”, instando al diálogo y recordando que “las leyes pueden y deben cambiar” en la búsqueda de “soluciones acordadas” para un “refuerzo del autogobierno de Cataluña y una mejora de financiación”.

Iceta vino a repetir el que ha sido hilo argumental de una campaña a favor de la transversalidad. Sin embargo, los electores no han confiado en su tercera vía y eso se lo pone más difícil también a Pedro Sánchez, que tras su regreso a la secretaría general del PSOE ha formado tándem con el primer secretario del PSC en un partido donde aún no ha acabado de restañar las heridas. Además el líder socialista, como Iceta, pretende una reforma federal de la Constitución que garantice un mejor encaje de Cataluña en España. Pero el ascenso de Ciudadanos podría alejar la posibilidad de alcanzar una solución pactada y negociada en el Congreso tal y como le había prometido el presidente Rajoy.