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      Nº 1222. 17  de noviembre de 2017

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Política / Virginia Miranda

Gobernar en Cataluña, dar el sorpasso a Podemos, controlar al PP…

El sueño de Ciudadanos

Entre Ciudadanos y Ciutadans existe una correlación de fuerzas que, alimentadas por una crisis política y territorial sin precedentes, ha disparado sus expectativas electorales. Su gestión del procés ha sido recompensada en las encuestas y tanto Albert Rivera como Inés Arrimadas se encuentran en el momento más álgido de sus carreras. Dependerá del 21-D y, sobre todo, de los días posteriores, que sean capaces de mantener el ritmo o que vuelvan a la casilla de salida. 


Rivera y Arrimadas (en la foto, con Páramo y Carrizosa) confían en dar el salto, primero a la Generalitat y después en el Congreso / FLICKR CIUDADANOS

Ciudadanos espera crecer el 21-D con el voto no independentista y urbano que tradicionalmente votaba al PSC   Más allá de los sondeos, la formación naranja confía en las manifestaciones del 8 y 29 de octubre para “darle la vuelta a la tortilla”

De ser una mujer tímida a la sombra de su hermano y su esposo, Daenerys Targaryen pasó a convertirse en líder de un nuevo ejército dispuesta a llegar a Poniente para disputarle el Trono de Hierro a Cersei Lannister con la ayuda de John Nieve. Se trata de la trama de ficción de Juego de Tronos, pero hay quien ha querido ver semejanzas entre la madre de dragones y la candidata de Ciudadanos a la presidencia de la Generalitat más allá de un parecido físico con la protagonista de la saga televisiva apuntado en redes sociales.  

En un reciente mitin en Tarragona, Inés Arrimadas apareció con una camiseta de Khaleesi. Antes escribía en Twitter: “con Lorena Roldán [en los primeros puestos de la lista por Tarragona] y Rubén Viñuales [portavoz del Ayuntamiento] comparto muchas pasiones. Una es el proyecto de Ciutadans; otra Juego de Tronos. ¡Muchas gracias por el regalo! El espíritu de Daenerys nos acompañará en nuestro camino al 21-D”.

Ampliando la traslación de la trama de ficción al tablero político español de los ‘fans’ de C’s, el rey del Norte –John Nieve– sería Albert Rivera, que empezó acaparando uno de los principales papeles protagonistas y ahora comparte escenas con su aliada en la batalla contra un enemigo representado bajo la figura del independentismo.

Subida a la ola de las encuestas, la formación naranja llegará al 21-D incidiendo en una idea que, desde la madrileña calle de Alcalá hasta la barcelonesa Balmes, llevan repetido los últimos meses: la solución “no puede venir de la mano de los que han creado el problema” sino de la alternativa “al viejo bipartidismo, al nuevo populismo y al nacionalismo que sólo conduce a la frustración”.

Las encuestas publicadas en los medios las últimas semanas apuntan un crecimiento de C’s en Cataluña aunque no suficiente como para formar Gobierno. Pero en la dirección nacional son optimistas. Recuerdan que, en las elecciones de 2015, Ciudadanos sacó un resultado mucho mejor del que vaticinaban las encuestas. Casi ninguna daba más de 19-20 escaños y finalmente obtuvieron 25 viniendo como venían de los 9 alcanzados en 2012. “Ahora, más allá de lo que digan los sondeos”, lo “vivido estas últimas semanas en las calles de Barcelona no lo había vivido jamás”, dicen, convencidos de que “eso va a tener también su reflejo en las urnas”.

Las manifestaciones convocadas por Societat Civil Catalana los días 8 y 29 de octubre tenían dos perfiles claros; el de las personas mayores, votantes mayoritariamente del PPC, y los “hipsters”, jóvenes urbanos que hasta el PSC y el PPC contabilizan en la nómina electoral de Ciudadanos. En unas elecciones como éstas y como fueron las de 2015, donde la batalla entre izquierda y derecha ha sido sobrepasada por la de independentistas y no independentistas, el discurso de Miquel Iceta abierto a pactos trasversales va a ser aprovechado por el partido naranja –“Hay que votar a C’s para que Iceta no haga un tercer tripartito”, ha dicho Rivera– para crecer en Barcelona y su área metropolitana.

En cualquier caso, no van a cargar las tintas sobre un partido con el que, de existir la posibilidad de formar un Gobierno alternativo, Arrimadas tendría que sentarse a negociar. “Nadie entendería que si los constitucionalistas sumamos un escaño más que los separatistas no nos pusiéramos de acuerdo para acabar con el procés”, dicen desde la secretaría de Comunicación.

Ni siquiera van a apretar a los Comunes, formación llamada a ejercer un papel bisagra al que la candidata de C’s acaba de pedir en una entrevista en TV3 que facilite con su abstención un Gobierno de los denominados partidos constitucionalistas.

El asalto se librará, por tanto, contra las listas independentistas y, particularmente, la de ERC, formación con más claro apoyo electoral en los sondeos. Un asalto donde compartirán protagonismo los líderes catalán y español de C’s. “Inés Arrimadas será la protagonista de la campaña y el presidente de nuestro partido se va a volcar en esta campaña porque le preocupa mucho lo que está pasando en su tierra. Nosotros no tenemos que esconder a nuestro líder, al contrario que otros partidos”, dicen desde la dirección nacional  de la formación naranja.

A este tándem se suma el núcleo duro del partido en las sedes de Madrid y Barcelona; el secretario general, José Manuel Villegas, es el coordinador de campaña junto con Fran Hervías, de Organización, y Fernando de Páramo, de Comunicación. Este último, junto al presidente del grupo parlamentario de la disuelta Cámara catalana, Carlos Carrizosa, y quien ha sido vicepresidente segundo de la Mesa del Parlament, José María Espejo-Saavedra –todos ellos en la lista por Barcelona tras la número uno–, son personas de la máxima confianza de Arrimadas, que ha presentado unas listas continuistas para una candidatura sin apenas cambios –se incorpora el periodista y politólogo, Nacho Martín Blanco, y sale Hervías centrado ahora en la política nacional–.

La diferencia fundamental respecto al 27-S es que, según el CIS, la candidata era entonces una desconocida para el 70 por ciento de los catalanes. Y hoy, a pesar de reconocerse como una persona tímida, es la clara contrincante del independentismo y quien, dicen en su equipo, puede ser “la próxima presidenta del la Generalitat” porque “Cataluña se merece que le demos la vuelta a la tortilla”.

 

Marta Rovira, 'lideresa'

En un debate electoral celebrado en 2015, Inés Arrimadas hizo notar la desigualdad de género en unas elecciones donde, de todos los candidatos, sólo ella era mujer. En 21-D, la líder de Ciutadans tiene muchas papeletas de dar la bienvenida a su exigua representación a Marta Rovira, el plan de Oriol Junqueras para el futuro de ERC.

Previendo que su estancia en prisión preventiva pueda alargarse más allá de las elecciones de este mes de diciembre, el líder independentista ha señalado a su secretaria general como sucesora en una carta enviada esta semana a la militancia. La respuesta de ella parece despejar dudas: “Es evidente que en la situación en que estamos todos haremos lo que haga falta para salirnos lo mejor posible de ésta”, contestó a la pregunta de si se ve como próxima presidenta de la Generalitat de Cataluña.  


El Siglo apuntó la semana pasada la importancia de Marta Rovira más allá del 21-D.

El Siglo ya contaba la semana pasada [Junqueras tiene un plan] que, independientemente del futuro judicial de Junqueras, “Rovira va a jugar un papel fundamental en la campaña y el Govern que salga del 21-D”. Ambos forman equipo desde 2009, cuando él fue designado candidato a las europeas y ella se convirtió en uno de los ‘cerebros’ de su campaña como responsable del área de Internacional de ERC. Esta situación de facto se formalizó cuando, elegido Junqueras presidente de la formación independentista, ella ascendió al cargo de número dos.

Abogada de formación y directora del servicio logístico de la Agencia Catalana de Cooperación y Desarrollo entre 2007 y 2011, Rovira se ha forjado una imagen más dura que con la que llegó a la secretaría general de ERC. Las maneras amables y un tanto naif que se le atribuían en los círculos políticos catalanes cuando llegó a la secretaría general, con apenas 34 años, han dejado paso a gestos serios y graves en las últimas semanas. Los de una persona que interpreta que se encuentra ante una responsabilidad histórica. De ahí que ella haya sido una de las voces que más ha peleado en los últimos meses por llevar el procés hasta sus últimas consecuencias. Ahora, si el plan de Junqueras triunfa, le tocará llevar las riendas de la Generalitat.


Lo mismo le pasa a Albert Rivera, el único líder nacional cuya actuación en la crisis catalana ha sido bendecida por las encuestas; si bien se opuso en un primer momento a la aplicación de artículo 155 de la Constitución, fue el primero en reclamarlo y en pedir al Gobierno que fuese acompañado de unas elecciones autonómicas. Rajoy acabó recurriendo a esta inédita medida cuando lo creyó oportuno y anunció la celebración de los comicios en el menor tiempo posible, pero no ha evitado su caída en las encuestas y su aliado parlamentario se ha llevado el mérito demoscópico.

Las encuestas, de cara
Según el barómetro del CIS de octubre, mientras PP, PSOE y Podemos pierden expectativas de voto, la formación naranja mejora su registro en tres puntos pisándole los talones a los de Pablo Iglesias. El propio presidente de C’s aparece incluso como el líder de ámbito nacional más valorado. Desde la dirección nacional de Ciudadanos defienden que siguen una tendencia detectada ya en meses anteriores y “también se está valorando nuestro trabajo en el Congreso” y que “con 32 escaños seamos el partido que más capaz es de desarrollar su programa”.

Pero la relación es inequívoca. El mismo barómetro indica que la preocupación de los españoles por la independencia de Cataluña aumentó del 7,8% de septiembre al 29% de octubre. Y entre los recientes sondeos publicados en los medios, cuando el trabajo de campo se había realizado tras la DUI, el 155 y la convocatoria electoral, existen pronósticos que hablan de empate técnico con Podemos e incluso de disputa por la presidencia del Gobierno.

Según la encuesta de Celeste-Tel para eldiario.es, la formación morada obtendría el 17,7% de los votos y entre 50 y 55 escaños y, C’s, el 17,5% y la posibilidad de sumar entre 54 y 57 diputados. Más allá ha ido El País titulando el pasado lunes “Ciudadanos disputa la victoria al PP y al PSOE”. Según el último sondeo de Metroscopia, su posición durante el desafío independentista ha disparado su intención de voto y, de convocarse elecciones generales, lograría un 22,7% de los votos, empatando como segunda fuerza con el PSOE y más de tres puntos por delante del PP, cuya suma de votos con los de C’s le acercaría a la mayoría absoluta –48,8%–.

En C’s dicen tomar las encuestas “con prudencia” –cabe mencionar los sondeos a escasas semanas del 20-D en que también se habló de “segunda fuerza más votada”–. Sin embargo celebran la valoración de los españoles, que, según su interpretación, tiene que ver con que “mantenemos lo mismo en toda España y estamos demostrando que era falso aquel viejo mantra de la política española que decía que no se podía crecer a la vez en Cataluña y en el conjunto de España defendiendo el mismo discurso en todas partes”. Y enumeran sus logros en política nacional para defender que son un partido útil más allá de lo que ocurra el 21-D.

Porque el hecho de que sean o no percibidos como un partido útil será la clave para mantener o mejorar la estimación de voto en unas generales o volver a la casilla de salida. Hay que recordar que la campaña del 26-J del PP se centró en azuzar el miedo a Podemos en busca del voto útil y eso hizo que Ciudadanos perdiera, en seis meses desde las fallidas elecciones del 20-D, ocho diputados. Ahora, la inmediata reacción del PP tras conocerse los sondeos favorables a C’s ha sido la de salir en tromba a atacar a los de Rivera. No tanto para apoyar la candidatura de Xavier García Albiol como para defender la gestión de Mariano Rajoy en los peores momentos del procés.

Desde la dirección nacional desvinculan el resultado del 21-D a lo que ocurra entre C’s y el Gobierno central. “Acabar con la aventura separatista es suficientemente importante para el conjunto de los españoles y debería hacerse al margen de ninguna posible contrapartida. Nosotros en el Congreso seguiremos impulsando nuestro pacto de investidura y las reformas que necesita España”, aseguran.

Pero si Arrimadas llegara a ser investida presidenta, el equilibrio de fuerzas sería muy distinto. La oportunidad histórica de formar un eventual Gobierno no nacionalista en la Generalitat desaconsejaría que las direcciones nacionales lo pusieran en riesgo pensando en clave de partido, pero una campaña electoral con un marchamo como el de la derrota al independentismo en Cataluña pondría las cosas más difíciles al PP. No sólo para recuperarse de la caída en unas generales, sino para escapar a una mayor dependencia de C’s que, eso sí, le evitaría a Rajoy tener que multiplicar esfuerzos como ahora para buscar apoyos entre otras fuerzas parlamentarias.

Con las expectativas de cara, Ciudadanos podría soñar con desbancar por primera vez a los nacionalistas del Palau de la Generalitat, con dar el sorpasso a Podemos en unas elecciones generales y con tomar el control de un Gobierno en manos de un Partido Popular cuya debilidad sería la principal fuerza de Rivera para empresas mayores. Pero esa sería otra batalla. Ni siquiera han embarcado aún rumbo a Poniente.

Las generales, nueva presión para Rajoy

“La mayoría de los españoles cree que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no debería agotar la legislatura y tendría que convocar elecciones generales cuanto antes. Es una opinión que respalda el 55% de los encuestados”. El mismo sondeo con que El País abría su edición del lunes para referirse al ascenso de Ciudadanos y la caída de Podemos y el PP incluía un apartado referido a la inminente celebración de unos comicios porque, según explica el periódico, la minoría parlamentaria de los conservadores “limita la capacidad de acción del Ejecutivo” y el resultado del 21-D y el balance de la aplicación del 155 marcarán “un punto de inflexión de la máxima importancia en la legislatura”. El argumento se apoya en las dificultades para aprobar los presupuestos y sacar adelante otras iniciativas parlamentarias y en las revelaciones de políticos de otros partidos “que suelen despachar con Rajoy”, que señalan 2019 como el momento propicio para el adelanto de las generales coincidiendo con las municipales, autonómicas y europeas.

El periódico toma incluso prestadas las palabras de José María Aznar, quien ya sugirió en octubre que un adelanto electoral permitiría buscar un Ejecutivo más fuerte y con más apoyos parlamentarios. Pero Rajoy, acostumbrado a recibir presiones –sobre todo del ‘fuego amigo’–, no se ha dado por enterado. O eso parece. Al día siguiente, durante su primera entrevista tras el 155 y el 21-D en Onda Cero, descartó que una victoria de los independentistas vaya a dar por terminada la legislatura, señalando que éstas “deben durar cuatro años para transmitir normalidad y seguridad”.