Entrevista Alejandor Fernández Álvarez Tiempos de hoy

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      Nº 1221. 10  de noviembre de 2017

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Entrevista / Virginia Miranda

Alejandro Fernández, portavoz del PP en el disuelto Parlamento catalán

“Éstas serán unas elecciones 'restituyentes”

Alejandro Fernández, la voz del PP en los debates del procés, apela a la oportunidad que representa para Cataluña la celebración de unas elecciones restituyentes de las instituciones, la economía y la convivencia. Portavoz popular en el Parlament hasta su disolución, confía en Ciudadanos y el PSC para volver al orden constitucional, agradeciendo a los socialistas que hayan estado “al lado de la democracia” en los momentos decisivos pero con las reservas que le provoca la capacidad “camaleónica” de Miquel Iceta. De ERC dice que quiere tener “manos libres para distintas alianzas” y acusa a Carles Puigdemont de pretender convertir el 21-D “en un plebiscito sobre su situación procesal”.

“El proceso independentista como tal se ha agotado”   “Ya toca que el nacionalismo se vaya a la oposición”

Puigdemont acaba de declarar que denunciará a España ante los tribunales internacionales. ¿Temen lo que pueda derivarse de ello?
En absoluto. El argumento más delirante de todo el proceso independentista es intentar trasladar a la opinión pública que España es una dictadura. Eso les llevó incluso a decir que 21 grandes democracias reconocerían la Cataluña independiente. 21, de las cuales decían que 12 eran de la Unión Europea. Evidentemente eso no ha ocurrido porque España, según un reciente listado que The Economist publica de forma periódica, es una de las 20 democracias más sanas por delante del Reino Unido, Estados Unidos, Italia o Francia, presente en las grandes instituciones democráticas del mundo con el apoyo de los tres pilares de la UE, como son el Consejo, el Parlamento y la Comisión.

Pero entre ciertos sectores de la opinión pública europea el mensaje ha calado. Las críticas del exprimer ministro y ministro de Interior belgas son una anécdota, pero el independentismo no ha cejado en su empeño de internacionalizar el conflicto, han viajado 200 alcaldes a Bruselas para apoyar a Carles Puigdemont. ¿Cree que puede quebrarse el apoyo institucional en los menos de dos meses que quedan para las elecciones del 21-D?
No. No podemos confundir lo anecdótico con lo esencial. Lo esencial es que las instituciones europeas y todas las democracias del mundo han dado un apoyo inequívoco a España. Lo anecdótico lo podríamos dividir en dos partes. Una, la de los apoyos políticos que ha tenido esta causa independentista, el más excéntrico del exprimer ministro belga, el de la ultraderecha de Umberto Bossi y de Finlandia o el de la ultraizquierda totalitaria de Nicolás Maduro. Otra, la de los opinadores internacionales que en algunos medios de referencia es verdad que han escrito a su favor, pero conviene analizarlo. La mayoría de ellos están alineados en la extrema izquierda, son personas que siempre han hablado a favor de este tipo de movimientos y siempre han sido muy críticos con las instituciones internacionales.

Estos opinadores tienen unos lectores. Por eso y debido a que el independentismo mantiene el pulso en los medios internacionales, ¿usted está de acuerdo con la estrategia del Gobierno, que tiene una presencia más limitada subrayando que la crisis catalana es un conflicto interno, o habría que desplegar con mayor intensidad un relato que contrarreste en el exterior el daño causado a la imagen de país?
El prestigio de España reside en que hace sus deberes en Europa, en que es un país fiable en el mundo, en que es socio en todas las organizaciones internacionales, en que está liderando el crecimiento económico y la creación de empleo en la UE, en que es una potencia mundial en turismo… Ese es el gran prestigio de España. Por tanto, no podemos perder la cabeza. Y por supuesto que es un asunto interno. Ese ha sido el gran reconocimiento que nos ha dado Macron, Juncker o Tajani. De hecho, la obsesión independentista de trasladarlo a escenarios externos de mediación es porque saben perfectamente que es un asunto interno de una gran democracia del mundo como es España.

¿El fiscal Maza y la jueza Lamela les han amargado la campaña?
Cuando uno se cree realmente el respeto a la justicia, le guste o no le guste, lo tiene que llevar al último extremo. Es una cosa que no sabe todo el mundo porque el Govern no ha parado de llorar, pero hay más sentencias del Tribunal Constitucional sobre cuestiones competenciales a favor de la Generalitat que a favor del Gobierno de España en el continuo histórico. Y a mí hay sentencias del Tribunal Constitucional en relación a temas competenciales o lingüísticos que no me gustan, no son de mi ideología, pero las respeto profundamente. No podemos caer en la trampa de hacer la valoración de que el fiscal o la juez tienen que adaptarse a la política. No, tienen que atenerse a lo que llega a sus manos que, en este caso, es decidir o no una prisión preventiva en función sobre todo del riesgo de fuga. Y el riesgo de fuga, quien lo cristaliza, es el señor Puigdemont.

Aunque los jueces y fiscales no tengan que adaptarse a la política, ¿lo que están haciendo tiene una dimensión política y, en tal caso, cree que fortalece la retórica independentista?
A corto plazo ocurre, pero a medio no. A medio y a largo lo que triunfa es la independencia de la justicia y que el Estado de derecho funcione. Y le pongo varios ejemplos. Cuando se legisló para acabar con la kale borroka, se dijo que iba a ser un caos y no lo fue. Cuando se decidió aplicar la prisión preventiva a Jordi Cuixart y a Jordi Sànchez, también se dijo que iba a ser una hecatombe y no lo fue. Cuando se aplicó el 155 recuerdo que algunos políticos nacionalistas también dijeron que eso sería Vietnam. Pues no lo ha sido. Por tanto es verdad que esta decisión ha generado una corriente de sentimentalización de la política a la que estamos muy acostumbrados en Cataluña, pero también estamos acostumbrados a que dure lo que dura. Es evidente que las decisiones judiciales tienen repercusiones políticas, pero repito, nosotros no estamos aquí para valorarlas en términos políticos sino para respetarlas en la medida de que es un poder del Estado y es independiente.

¿Por qué cree que finalmente no ha habido una lista unitaria de los independentistas?
ERC pretende tener manos libres para distintas alianzas y por eso no ha habido coalición.

¿Qué le parece que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras puedan ser candidatos del PDeCAT y ERC, respectivamente?
Es curioso que, tras insistir en que jamás se presentaría, Puigdemont anuncie su candidatura con su máximo rival y enemigo declarado Junqueras en prisión. Creo que ambos se presentan sin proyecto para Cataluña y pretenden convertir las elecciones en un plebiscito sobre su situación procesal.

Con un electorado tan movilizado en el independentismo y con una participación histórica registrada ya en 2015, ¿tiene espacio un posible Gobierno del PPC, PSC y Ciudadanos?
Es una de las grandes incógnitas. Creo que estas elecciones, al margen de lo que digan las encuestas, van a traer alguna sorpresa. En 2015 no se conocían los costes del independentismo. Hoy sabemos que era mentira que las empresas vendrían como locas, sino que se van. Hoy sabemos que sí hay un riesgo para la convivencia social y hoy sabemos que nadie en Europa ni en el mundo democrático reconoce la independencia de Cataluña. Son los tres elementos de utopía sobre los que se manejaba el independentismo en 2015 y que mucha gente se creyó por mucho que nosotros explicáramos que eso no era así. Ahora han salido a la luz. El proceso independentista como tal se ha agotado. Y de lo que vamos a tener que hablar es de cómo recuperamos Cataluña. A mí me gusta decir que no son unas elecciones constituyentes como dicen los nacionalistas, van a ser restituyentes. Restituyentes del Estado de derecho en Cataluña que los separatistas abolieron los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament con la ley de transitoriedad, restituyentes de la economía catalana que se está viendo seriamente perjudicada por el discurso independentista y restituyentes de la reconciliación social que a nosotros nos preocupa muchísimo. Ese va a ser el discurso del PP. Y eso va a tener repercusiones electorales. Hay que reconocer que no va a ser sencillo, pero creo que hay una oportunidad de que haya alternativa.

¿Era menos difícil antes de la entrada en prisión de los ex consellers y de la orden de detención de Puigdemont?
El día 3 de octubre se produce una huelga general muy conflictiva en Cataluña, después el discurso del rey, ha pasado un mes y pocos días… parece una eternidad por la cantidad de cosas que han ocurrido. Pues quedan cuarenta días para las elecciones. Yo no tengo muy claro que el discurso victimista y sentimental en relación a estas detenciones pueda aguantar cuarenta días. A medida que se acerquen las elecciones la gente va a pensar, cómo se atreve esta gente, y hablo de Puigdemont y compañía, a convertir las elecciones de todos los catalanes en un plebiscito sobre su situación penal. Y habrá una cantidad de gente, las elecciones lo mostrarán, que haya podido simpatizar con el independentismo en algún momento de este larguísimo proceso y que va a pensar en su trabajo, en la sanidad, en la educación, en el futuro de sus hijos, en las instituciones democráticas catalanas y en que todo vuelva a una cierta normalidad.

¿Confía en que la imagen de unidad del PPC y el PSC de la manifestación del 29 de octubre se mantenga tras el 21-D?
La capacidad de adaptación al medio del señor Iceta es legendaria. En los momentos esenciales de este proceso independentista hay que reconocer que ha estado al lado de la Constitución. Pero siempre hay algún momento en el que flirtea con ERC para montar un tripartito de izquierdas. Creo que están ante una responsabilidad histórica para decidir si van a dar apoyo a eso. Y si lo hacen, les va a pasar como a Podemos, se van a desintegrar. Con lo cual, insisto, agradecer al PSC que ha estado al lado de la democracia en los momentos realmente decisivos, los días 6 y 7 de septiembre, en el pleno en el que se declaró la independencia, pero siempre con esa reserva sobre la capacidad camaleónica del señor Iceta para sus estrategias.

Teme entonces una alianza de izquierdas entre ERC, Catalunya en Comú y PSC.
Es una posibilidad que está encima de la mesa. Y repito, flirtear con el independentismo ha roto a Podemos en Cataluña y dejó destruido al PSC durante mucho tiempo después del tripartito con ERC. Conviene recordar que, antes de ese tripartito, el PSC llegó a ganar en votos unas elecciones autonómicas y ganaba por cifras aplastantes las elecciones generales en Cataluña. ERC es un socio en términos políticos tóxico. Quien se acerque a ERC se hunde, le acaba de pasar al PDeCAT, le pasó al PSC y le pasará a quien se alíe con ellos.

Encuestas publicadas los últimos días vaticinan que Ciudadanos mejora posiciones. ¿El procés ha beneficiado a Albert Rivera en el resto de España?
Ellos han tenido una posición muy cómoda. Recordemos que el 3 de septiembre, que es hace dos días, pidieron públicamente que no se aplicara el 155. Y el 8 de septiembre ya estaban pidiéndonos que lo aplicáramos. Es la ventaja de no tener responsabilidades de Gobierno, te permite decir una cosa y la contraria y la gente se olvida enseguida. Pero conviene recordar algo. Las de 2015 fueron unas elecciones muy difíciles para nosotros. Dos años después, quien ha resuelto esto ha sido el Gobierno de España. El PP es el que tiene la fuerza como Partido Popular Europeo de lograr el apoyo de las grandes cancillerías europeas. El PP es más creíble en términos de recuperación económica que Ciudadanos según todas encuestas. Yo ahora mismo no estaría tan obsesionado en establecer una competición con ellos. Nosotros aspiramos a crecer, creemos que lo vamos a lograr, y luego intentaremos sumar entre los partidos constitucionalistas una alianza que nos permita la alternancia política. Eso es sano en democracia y ya toca que el nacionalismo se vaya a la oposición.

Esa alianza de la que habla sería postelectoral. Inés Arrimadas les ha pedido a ustedes y al PSC un compromiso para apoyar la lista más votada de las tres. ¿Por qué no quieren ese acuerdo previo?
Ese compromiso en el caso del PP sería redundante. El PP es el único partido que, a lo largo de toda su historia, siempre ha respetado la fuerza más votada. Ciudadanos no puede decir lo mismo; pactaron con Pedro Sánchez una investidura siendo Mariano Rajoy el más votado.

¿Inés Arrimadas sería una buena presidenta de la Generalitat?
Yo creo que Xavier García Albiol sería un buen presidente.

¿Y luego, qué? Porque, sólo en la cuestión catalana, los tres partidos tienen grandes diferencias, desde ampliar competencias a recortarlas.
Cada día tiene su afán. Y en eso hay que ser pacientes y no volvernos locos. Hay una sensación generalizada en España de que, a lo mejor, como país, no hemos percibido la amenaza nacionalista en toda su dimensión hasta que finalmente han dado un hachazo y ahora todo son prisas. Bueno, hay que mantener la calma. En estas elecciones el principal objetivo no es resolver todo lo que se ha estado labrando durante 30 años por parte del separatismo. Porque eso es imposible. En estas elecciones lo que nos jugamos, sobre todo, es una alternancia de Gobierno en Cataluña, acabar con el proceso separatista y, lo que le decía antes, restituir la economía catalana, sus instituciones y la convivencia. Luego vendrá una serie de cosas de las que tenemos que hablar entendiendo que todo lo que hagamos tiene que tener, como mínimo, el consenso que tuvo la Constitución española. No podemos caer en el error de iniciar reformas de calado en la arquitectura institucional española que no tengan el consenso de PSOE, Ciudadanos y Partido Popular. Y ojalá pudieran sumarse otras fuerzas políticas. ¿Hay diferencias? Sí, hay diferencias. Pero cometeríamos un error si en los temas esenciales quisiéramos imponer una visión de partido a los demás. Las reglas del juego hay que pactarlas entre todos. Precisamente si ha pasado algo grave en Cataluña es que Junts pel sí no ha gobernado con su programa electoral, lo que ha intentado es cambiar las reglas del juego con una mayoría exigua del Parlament y una minoría en votos en las urnas.

¿Albiol reúne las características para participar de ese consenso al que hace referencia?
Algo bien tienes que hacer cuando en una ciudad del área metropolitana que había votado masivamente socialista e Iniciativa per Catalunya como es Badalona logres la alcaldía y en las siguientes elecciones te vote más gente, aunque la pierdas porque el PSC se entrega a la CUP en un pacto sui generis. Si te ha votado más gente después de haber tenido la alcaldía es que eres capaz de generar consensos. ¿Sería capaz de hacerlo siendo presidente de la Generalitat? No tenga usted ninguna duda de que lo haría.

Si la mayoría la consigue el bloque soberanista, ¿habrá otro 155?
Dependerá de ellos. Si unos partidos soberanistas forman gobierno y lo hacen siguiendo las reglas del juego democráticas en su acción política, nosotros somos demócratas y por supuesto que gobernarán como han gobernado en muchísimas etapas de la historia. Pero respetando las reglas del juego. Si es así, no hay ningún problema. Ahora, si se configura un Gobierno soberanista y deciden seguir por el camino de la ilegalidad, ellos saben dónde les conduce, lo acaban de ver.

Entre los trabajos que vaya a hacer la comisión para la reforma del modelo autonómico, que se constituye el 15 de noviembre, uno de ellos es analizar la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. ¿Es partidario de volver al que fue aprobado en referéndum?
Yo estoy a favor de la ley y de que las cosas sean ajustadas a derecho. A mí que se revise una sentencia del Tribunal Constitucional para que luego potencialmente vuelva a revisarse me parecería una pérdida de tiempo. Y creo que volver al debate estatutario en los términos en los que se planteó en aquél momento sería un gravísimo error. Por varias razones. Primero, conviene recordar que el PP fue excluido a través del Pacto del Tinell. Luego se extrañan de que presentáramos un recurso, pero es que no nos dejaron ni negociar. Segundo, tampoco se puede decir que fuera un Estatut necesario que generara gran entusiasmo entre la población porque el voto favorable no llegó ni al 30 por ciento del censo de Cataluña. Creo que están buscando excusas de mal pagador para decir que el conflicto actual tiene un origen en esa reforma estatutaria. Porque a mí me gusta recordar que, después de la sentencia del Estatut, hasta septiembre de 2012 CiU nos estuvo votando reformas en el Congreso. Creo que lo que hay que hacer es buscar espacios de encuentro porque, si no, no sé si es especialmente útil abrir cajas de Pandora.

¿Entonces no confía en que salga de esta comisión una solución de futuro? Teniendo además en cuenta las dispares posiciones de los partidos y la ausencia de Unidos Podemos y los nacionalistas.
Las dificultades son enormes. Ahora mismo le mentiría si le dijera que hay un clima político como para llegar a grandes acuerdos en una reforma constitucional. Pero tampoco lo era el que se encontraron en los años 76 y 77, era un clima muy conflictivo y tuvieron la capacidad y la grandeza de lograr el acuerdo. Nada indica que existan los consensos necesarios, pero habrá que trabajar en ello si realmente la sociedad lo demanda. Han pasado muchas cosas que tienen que ver con el conflicto de Cataluña pero el tiempo pasa, habrá convocatorias electorales, los partidos se presentarán con unas propuestas y habrá que ver lo que dice al respecto la ciudadanía española.

Usted ha refutado a lo largo de la entrevista a los argumentos del independentismo. Si todo aquello por lo que han justificado la DUI tiene una réplica que lo contradice, ¿por qué han llegado hasta aquí?
Porque, a mi modo de ver, el nacionalismo identitario es un mal, y lo digo con esa contundencia, que cuando deja de ser la defensa de los intereses de un territorio para convertirse en una ideología supremacista, acaba trastornando la visión del mundo de quien la defiende. Decían que no se iban a ir las empresas y ahora dicen que no importa. ¿Que vas a sacrificar una década de crecimiento y bienestar? Les da igual porque han sentimentalizado el mundo. Lo dije el otro día en el Parlament, ahora todo el mundo es facha. Coscubiela, Rabell, Serrat, Juncker… Y han empezado a decir que Europa no les entiende. El nacionalismo identitario, cuando se expresa así, no necesita argumentos racionales, son todos sentimentales.