Tribuna / Joaquín Roy Tiempos de hoy

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      Nº 1221. 10  de noviembre de 2017

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Tribuna / Joaquín Roy

¿En qué momento se jodió Catalunya?


Numerosos analistas hemos remachado hasta la saciedad que el origen más reciente del deterioro que ha llevado a la drástica decisión del gobierno español para intervenir (suspender, ejecutar, neutralizar) la autonomía catalana fue la lamentable sentencia del Tribunal Constitucional en 2010

El título de este escrito es un calco de una pregunta crucial que se hace un personaje central de una de las mejores novelas de Vargas Llosa, Conversación en la Catedral. Zavalita, un periodista peruano, ante el panorama desolador de su país, se pregunta si se puede anclar el tiempo en que el país tomó el camino hacia el endémico desastre.
La expresión se ha usado frecuentemente por analistas mayoritariamente latinoamericanos, adaptada a otros países del hemisferio. La empleo en mi curso sobre el pensamiento latinoamericano. La uso para identificar los momentos en que una crisis actual o una permanente pauta existencial pueden identificarse como el marco temporal de un estado de ánimo.  
Los principales pensadores latinoamericanos han estado aplicando la pregunta sistemáticamente en sus ensayos de identidad nacional. Así se ha intentado señalar algún acontecimiento fácilmente identificable. Destacan el surgimiento del peronismo en la Argentina, la imposición de la Enmienda Platt en Cuba, la caída de Batista y el surgimiento de Castro, el congelamiento de la Revolución Mexicana…

En contraste, esta explícita expresión-pregunta se ha usado muy raramente para indagar sobre las crisis de España, aparte del Desastre (así entronizado) del 98. Toda la obra de los maestros de ese agrupamiento, desde Unamuno a Ortega, está bajo la sombra de la pregunta. En el panorama de Catalunya, muchos intelectuales desde la Renaixença trabajaron bajo similar influjo, con Joan Maragall al frente. Pero la referencia directa a la alusión del Perú es ignota. Más concretamente sobre el caso de Cataluña, la detecté en un artículo solamente conocido para los lectores de El Periódico de Catalunya. La empleó Joan Tapia, un ex director de otro rotativo de Barcelona, la centenaria La Vanguardia, donde hubiera resultado insólito el uso de la palabra maldita.

En fin, Tapia se preguntaba si se podía fijar el origen de la crisis que atenazaba a Catalunya a causa del proceso independentista. Se había acelerado por la pareja formada por el partido heredero de la Convergència del ahora caído en desgracia Jordi Pujol, y Esquerra Republicana, la venerada formación de Francesc Macià. Ahora liderada por Oriol Junqueras, su ideario explícitamente republicano contrasta con la evolución oportunista de sus socios, que ha ido desde el conservadurismo catalanista y burgués hasta el agresivo independentismo, aliado con la anticapitalista y populista CUP.

Numerosos analistas hemos remachado hasta la saciedad que el origen más reciente del deterioro que ha llevado a la drástica decisión del gobierno español para intervenir (suspender, ejecutar, neutralizar) la autonomía catalana fue la lamentable sentencia del Tribunal Constitucional en 2010. Examinando con lupa el proyecto de reforma en 2006 del Estatut venerable de 1979, todo un récord en el tormentoso proceso constitucional de Catalunya, este ente resolvió enmendarle la plana a los gobiernos español y catalán, a ambos parlamentos, e incluso abofetear a los electores catalanes que lo habían aprobado (aunque con una elevada abstención) en impecable referéndum.

Irritados por la fatídica inclusión de una manipulada (y peor entendida) palabra (“nación”), y una evidente ampliación de las competencias de autogobierno, la decena de miembros del Tribunal resolvió (en apretado voto de 6-4) afeitar drásticamente el documento. La irritación catalana (que estalló en una manifestación impresionante) no se redujo a los sectores ya declarados como independentistas, sino también a los moderados que debieran ser calificados, como mucho, como catalanistas, amantes de la sardana y los castellers, burgueses, católicos, rentistas y obreros de toda clase. Residen tanto en el Eixamplebarcelonés como en la Catalunya profunda, en el interior donde se cosecha el vino del espumoso cava. En ese momento podría decirse que se “jodió” la paciencia de muchos catalanes.

Pero el panorama es más amplio, aunque no tan exagerado como algunos independentistas lo reclaman. De esa misma época es la crisis económica de 2008 que comenzó a arrojar a la calle a más de un tercio de la población laboral y se cebó especialmente en los mayores de 50 años, y mucho más en los jóvenes. Paradójicamente, la generación mejor preparada (al menos, formalmente) de la historia de Catalunya y España, se abocó a ser ninis (ni estudian, ya, ni trabajan). Nada menos que el 50%

Los líderes independentistas, en coalición con los nuevos partidos y movimientos populistas, buscaron chivos expiatorios para el desastre. Vendieron magistralmente la idea de que la culpa no era de la corrupción capitalista que había socavado los pies de barro de una economía basada en el ladrillo, con la construcción desmesurada de segundas y terceras residencias. El culpable era el “Estado Español”, esa referencia despectiva con la que se describía a España. Más concretamente, estaba personalizada por ese actor al que se llama “Madrid”. Fue el broche definitivo de cuándo se jodió Catalunya.


Catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona y doctor por la Universidad de Georgetown. Es autor o editor de 38 libros y entre sus distinciones destaca la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, otorgada por el rey Juan Carlos I.

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