Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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      Nº 1221. 10  de noviembre de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

El independentismo aplaza la independencia y gira hacia arriba


El objetivo inmediato ya no sería la independencia exprés saltando alegremente sobre la Constitución y las leyes que provoca la reacción de los poderes públicos y el malestar de los ciudadanos de ley y orden, sean o no independistas. El nuevo argumento fuerza sería la reivindicación no de un Estado Catalán, sino de un Nuevo Estado Español. La independencia se desprendería como fruta madura, de forma natural e indolora, del frondoso árbol del nuevo Estado. La Republica Catalana queda remitida al Programa Máximo, el de los ideales puros, el de la utopía, el de los sueños sin agenda temporal

Hay signos de que el bloque independentista, ante la constatación de que la independencia no está a la vuelta de la esquina, tras chocar contra el artículo 155, la fuga de empresarios y la oposición de la Unión Europea, está procediendo a un giro estratégico, digamos hacia arriba.

El objetivo inmediato ya no sería la independencia exprés saltando alegremente sobre la Constitución y las leyes que provoca la reacción de los poderes públicos y el malestar de los ciudadanos de ley y orden, sean o no independistas. El nuevo argumento fuerza sería la reivindicación no de un Estado Catalán, sino de un Nuevo Estado Español. La independencia se desprendería como fruta madura, de forma natural e indolora, del frondoso árbol del nuevo Estado. La Republica Catalana queda remitida al Programa Máximo, el de los ideales puros, el de la utopía, el de los sueños sin agenda temporal.

Ahora lo que toca es denunciar al Estado surgido de la Transición remachando que entonces, con la Constitución del 78, no se transitó del todo de la dictadura a la democracia generando un régimen neofranquista que oprime a los pueblos, suprime libertades y encarcela a los disidentes.

Es esto lo que está gritando Carles Puigdemont en Bruselas, cabreado por la sordera comunitaria. Ya se ha percatado el conductor del vehículo soberanista de que la Unión  Europea no va a comprar la independencia de Cataluña y espera que una parte de la opinión europea sí pueda ser sensible a la denuncia de que España sufre un régimen represivo peor que el de Polonia o Hungría.

A este giro podría referirse Oriol Junqueras cuando advirtió a su parroquia de que debía entender un nuevo mensaje. Fue lo más parecido a la autocrítica que puede esperarse de un político ante el error de haber convencido a los catalanes, engañándose y engañando, de que la independencia tendría lugar en octubre.

El hecho de que Esquerra no esté dispuesta a formar un bloque con los pedecatistas con un programa de un solo artículo indica que ahora la independencia no tapa todo lo demás y que los catalanes deben diferenciarlos de la derecha por muy soberanista que se proclame. ERC quiere dejar muy claro que tiene un programa de izquierdas y que la independencia puede esperar.

Es un cambio estratégico inteligente que comparten Junqueras y Puigdemont para tratar de evitar o suavizar la frustración de dos millones de ciudadanos que se habían creído que podrían asistir con lágrimas patrióticas al momento histórico de la proclamación en la Plaza de Sant Jaume del Estat Catalá en forma de república y que ahora lloran con resignación o con rabia.

El pasado lunes asistí al acto privado de  despedida de Ferran  Mascarell, delegado de la Generalitat en Madrid, llamada coloquialmente la Embajada de Cataluña en Madrid. Ferran confesó que su estancia en Madrid había sido prodigiosa y entrañable; que había hecho buenos amigos y prodigado la charleta sincera, apasionada e informal en las infinitas, variadas y acogedoras tascas de la ciudad al tiempo que participaba en debates más formales con políticos o intelectuales en el Centro Cultural Blanquerna que él dirigía.  

Ferran, despedido por el artículo 155,  la persona que designó Puigdemont para defender las posiciones del Govern en el Senado, es, aunque independiente, fiel al proyecto del gobierno de la Generalitat. Pero es un hombre de verdad dialogante, en el mejor sentido de la palabra, de los que escuchan y pueden aceptar no poseer el monopolio de la verdad. 

En su despedida que, insisto fue un acto privado, cuando Ferran ya no ostenta ningún cargo, pudo manifestarse con sinceridad. Confesó que no es independentista, que en todo caso podría definirse como estatista pues lo que denuncia son los fallos del Estado español y su inmovilismo mostrado a lo largo de los siglos. Y Mascarell sufre déficit de Estado pues éste, el español, no lo representa.

Las sinceras palabras del embajador de Cataluña en Madrid, un hombre que no milita en estos momentos en partido alguno pero que mantiene un contacto frecuente con Carles Puigdemont, me confirmaron en la hipótesis  que sostengo en este artículo.

 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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