Los Dossieres Tiempos de hoy

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      Nº 1221. 10  de noviembre de 2017

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

El escándalo ‘Weinstein’ destapa la amplitud del acoso en el ámbito laboral

'Stop' al acoso sexual

Las denuncias que han hecho tambalear Hollywood en las últimas semanas han servido para llevar al primer plano un mal endémico que se extiende por prácticamente todos los ámbitos laborales y en todos los países. El abuso de poder y de posición en un mundo generalmente dirigido por hombres que viven con ‘naturalidad’ el sometimiento a sus deseos de sus subordinadas.


Los abusos cometidos por Harvey Weinstein se habrían producido de forma sistemática a lo largo de los años.

La Academia de la Televisión de Estados Unidos expulsaba esta semana al afamado productor Harvey Weinstein como consecuencia de las decenas de acusaciones en su contra por acoso sexual que se han multiplicado en las últimas semanas.

Esta organización profesional se unía a la de la Academia de Hollywood, organizadora de los premios Oscar, que ya había tomado una medida idéntica a mediados del pasado mes de octubre. Por su parte, el sindicato de productores de Hollywood también ponía en marcha los mecanismos para expulsar a Weinstein, aunque el productor se adelantaba presentando su dimisión.

Este tremendo escándalo en la meca del cine está dando pie a que otras víctimas vinculadas al sector se hayan visto con fuerzas para denunciar diferentes casos de abuso y acoso sexual en los que también figuran como acusados, entre otros, los actores Kevin Spacey y Dustin Hoffman, el expresidente de Amazon Studios Roy Price, y los cineastas Brett Ratner y James Toback.

El diario ‘The New York Times’ y la revista ‘The New Yorker’ han sido los medios encargados de destapar los abusos supuestamente cometidos desde hace mucho tiempo por Harvey Weinstein, cofundador junto a su hermano Bob de las grandes productoras cinematográficas Miramax y The Weinstein Company.

Pese a lo impactante del asunto, en realidad no ha supuesto una sorpresa para casi nadie. Muchos trabajadores de la industria cinematográfica han reconocido que se trataba de un secreto a voces en diversos medios de comunicación y que, en cierta medida, estas ‘prácticas’ vienen siendo habituales en ese entorno y, de algún modo, ‘aceptadas’. 


El actor Kevin Spacey también se ha visto implicado en acusaciones de abusos.


Después de la publicación de la noticia, otras actrices y mujeres afectadas han decidido hablar sobre el escándalo, entre las que se encuentran Emma Thompson o Jane Fonda. La primera calificaba al productor como un “depredador” y ha asegurado que el asunto es solo la “punta del iceberg” de lo que sucede en Hollywood.

Son muchos los que aseguran que no han hablado antes porque se trataba de un hombre poderos que acosó a mujeres que rondaban la veintena cuando ocurrió, muy vulnerables en ese momento de sus vidas, con miedo a que si decían algo o hacían algo, les arruinaría su carrera.

El diario neoyorkino le acusa de haber llevado a cabo un acoso sexual sistemático durante décadas tras recopilar decenas de testimonios de los empleados de su compañía y de las víctimas, entre las que se encuentran secretarias del propio Weinstein y muchas actrices. Según el rotativo, el productor chantajeó durante más de 30 años a varias mujeres para que cumpliesen sus deseos sexuales a cambio de favorecer sus carreras. A tenor de la investigación, ocho de ellas habrían llegado a acuerdos económicos extrajudiciales.

Después de hacerse públicas sus ‘actividades’, el productor pedía perdón y prometía cambiar radicalmente, aunque sostenía que muchas de las acusaciones son falsas y que la investigación está plagada de testimonios difamatorios.
Más allá de las acusaciones concretas contra Weinstein, el escándalo deja al descubierto una ‘cultura’ de abusos sexuales que muchos sostienen que continúa existiendo en un mundo cinematográfico dominado por hombres y una industria que apenas ha cambiado en los últimos 40 años. Pese a que estas ‘veleidades’ eran ‘vox populi’, la reputación del empresario nunca se vio perjudicada tras tantos años de alegaciones en su contra. 

Hay que tener en cuenta, además, que Weinstein siempre ha mantenido poderosos contactos dentro y fuera del mundo del cine, y ha disfrutado del apoyo de grandes aliados. Lleva mucho tiempo donando grandes cantidades de dinero a políticos del Partido Demócrata. Hace poco fue e impulsor de un acto para recaudar fondos en favor de Hillary Clinton y es conocida su buena relación con Barack Obama. Paradójicamente, incluso llegó a financiar un programa de estudios feministas en honor de la activista Gloria Steinem, y su compañía distribuyó ‘The Hunting Ground’, un documental sobre agresiones sexuales en campus universitarios.

Pero la vergonzosa actitud de Harvey Weinstein no constituye, ni mucho menos, un hecho aislado. La Academia Internacional de Ciencias y Artes Televisivas también hacía público recientemente que “a la luz de los hechos recientes, no honraremos a Kevin Spacey con el International Emmy Founders Award 2017”. El pasado 20 de junio, la Academia anunció que había decidido premiar al actor con el Premio Emmy de los Fundadores, su galardón honorífico.

Spacey iba a recibir este reconocimiento el próximo 20 de noviembre. Sin embargo, todo se venía abajo cuando el popular intérprete se eía obligado a pedir perdón al también actor Anthony Rapp por el acoso sexual al que le sometió cuando éste solo tenía 14 años –tras una denuncia del acosado-, pese a que aseguraba no recordar nada de lo sucedido porque en aquel momento se encontraba ebrio.

La ‘epidemia’ continuaba con el fotógrafo Terry Richardson y con el cineasta James Toback, al que nada menos que 310 mujeres han acusado de haberlas acosado durante los últimos años. A esta lista siniestra se unían los nombres de los actores Brett Ratner  y Dustin Hoffman.


Bill cosby, todo un icono del entretenimiento de la América familiar se revelaba como un depredador.

Silencio y aceptación
Todo el mundo recuerda cuando hace solo dos años, el también afamado intérprete Bill Cosby seguía contando con el reconocimiento de su gremio, a pesar de que su historial ‘depredador’ con las mujeres era de sobra conocido. Ya entonces, decenas de víctimas habían relatado sus experiencias con él. Una de ellas lo denunció, pero no llegó a ‘caer en desgracia’ hasta que se publicaba en julio de 2015 una antigua confesión del actor en la que reconocía haber adquirido drogas para dárselas a mujeres y tener sexo con ellas. Entonces se canceló una gira que tenía planeada para ese año.

Hasta el propio presidente actual de Estados Unidos está grabado en un vídeo en el que presumía de que “cuando eres una estrella te dejan hacer lo que quieras”, como “agarrarlas por el coño –sic-”. Pese a ello, Donald Trump recibía 63 millones de votos un mes después de que se difundiera esta grabación y, con ellos, ganaba las elecciones. Tiempo antes, una participante en el concurso televisivo ‘The Apprentice’lo denunciaba en plena campaña electoral por manosearla y propasarse con ella en 2007 durante una reunión de trabajo. El asunto está en manos de la justicia.

Todos los casos que se van conociendo reproducen un esquema común: son perpetrados por personas que se han aprovechado de una posición de poder sobre otros en situación de inferioridad, y que en el momento de tener lugar, todavía no eran estrellas cinematográficas.

Por el momento, la lista de los afectados es la siguiente, aunque las consecuencias para cada uno son diferentes:
Harvey Weinstein, productor. Ha sido acusado por 76 mujeres. Ha sido despedido de su propia empresa, repudiado por Hollywood y está siendo investigado por las policías de Nueva York Los Ángeles y Londres.

Roy Price, directivo. Una mujer lo acusa de conducta inapropiada y ha sido despedido como jefe de Amazon Studios.

James Toback, cineasta. Señalado por 310 mujeres. Ha recibido el rechazo unánime de su gremio y está siendo investigado por la policía de Beverly Hills.

Kevin Spacey, actor. Acusado por 15 hombres. Netflix ha cancelado su participación en la famosa serie ‘House of Cards’, mientras la Academia de Televisión le ha retirado la concesión de un Emmy honorífico. Está investigado por la Policía de Londres.

Mark Halperin, analista. Acusado por cinco mujeres. Se han cancelado sus apariciones en televisión como analista político. La editorial Penguin ha frenado la publicación de un libro suyo y HBO ha dado al traste con una serie basada en una de sus obras.

Brett Ratner, cineasta. Acusado por seis mujeres. Warner Bros ha dejado de trabajar con él, aunque sigue negando los hechos y ha demandado a su primera acusadora.

Dustin Hoffman, actor. Acusado por dos mujeres. De momento, no ha habido consecuencias laborales ni policiales para él.

Jeremy Piven, actor. Una mujer le ha atribuido acoso. Se acaba de cancelar su aparición en ‘The Late Show with Stephen Colbert’.


Theresa May pide un servicio de mediación independiente para el personal del Parlamento que tenga quejas de los parlamentarios.

La política, contaminada

Hollywood no es, desgraciadamente, el único ámbito en el que florecen este tipo de abusos. El mundo de la política también aparece contaminado por estas vergonzosas prácticas.

Hace unos días, el viceministro británico de Comercio Internacional, Mark Garnier, admitía haber pedido a su asistente que le comprase juguetes sexuales y haberla llamado “tetitas dulces”. También, el exministro de Trabajo y Pensiones Stephen Crabb se veía obligado a disculparse por una “charla de contenido sexual” que había sostenido con una empleada de 19 años que había solicitado un puesto en su oficina.  

Hallam Jared O'Mara, diputado laborista por Sheffield, era expulsado del partido por una serie de antiguos comentarios machistas y homófobos compartidos en sus redes sociales.

Como consecuencia, la primera ministra, Theresa May, decidía escribir al presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, para pedirle que establezca un servicio de mediación independiente para el personal que quiera expresar sus preocupaciones en torno al comportamiento de los parlamentarios.

El llamamiento de May responde a las peticiones de dos parlamentarios laboristas –John Mann y Sarah Champion– para que el personal tenga la posibilidad de emitir sus denuncias a una autoridad independiente, particularmente cuando la persona que les agrede puede ser su jefe.

Sin embargo, la propia premier defendía que su ministro de Defensa había hecho lo correcto al pedir perdón por tocar en varias ocasiones la rodilla de una periodista durante una cena. A pesar de ello, Michael Fallon se veía obligado a dimitir hace algo más de una semana.

Más recientemente todavía, se suicidaba el ministro galés de Comunidades e Infancia, Carl Sargeant, que estaba siendo investigado tras las denuncias por acoso de varias mujeres.


El ministro de Defensa británico, Michael Fallon, también dimitía por unos tocamientos a una periodista.


A finales del pasado mes de octubre, el Parlamento Europeo celebraba un debate sobre acoso sexual. Muchas intervenciones sirvieron para denunciar  este tipo de comportamientos dentro de la propia Eurocámara después de que el rotativo ‘The Sunday Times’ publicase un reportaje en el que denunciaba más de una docena de casos de abusos y acoso a asistentes por parte de eurodiputados.

Recientemente, el Senado de California anunció una investigación sobre  las acusaciones de acoso sexual desveladas por un grupo de mujeres que trabajan en el Capitolio de ese Estado de Estados Unidos.

Tampoco está libre la política española. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, desvelaba el año pasado un episodio de acoso sexual en un evento del mundo judicial, cuando ya la primer edil.  Por su parte, la coordinadora general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, denunciaba a un empresario por abalanzarse sobre ella y simular besarla. Un asunto que se encuentra en estos momentos en los tribunales, con el empresario en cuestión procesado.

Paralelamente, decenas de políticas francesas denunciaron el año pasado de manera genérica el acoso sexual en la política gala, y un año antes, 40 periodistas de la misma nacionalidad y trabajadoras de diferentes medios publicaron un manifiesto para desenmascarar este tipo de comportamientos perpetrados por los representantes públicos a los que cubren en el desempeño de su labor. Este texto aparecía en las páginas del diario ‘Liberatiòn’ bajo el título de ‘Nosotras periodistas, políticas y víctimas de sexismo’. En el texto relataban escenas como la del senador que se lamentó de que las periodistas lleven jersey de cuello alto en lugar de escote o el candidato electoral que, en plena rueda de prensa, contestó la pregunta a una periodista diciendo que llevaba un vestido muy bonito.


La acrtiz Leticia Dolera ha denunciado abusos durante su carrera profesional. / EUROPA PRESS

En la pasarela, la redacción o el laboratorio…

Justo antes del debate sobre acoso en el Parlamento Europeo, el grupo  Condé Nast  hacía público su veto al fotógrafo de moda Terry Richardson en todas sus publicaciones –entre las que se encuentra la prestigiosa ‘Vogue’– tras recibir varias denuncias por acoso sexual en los últimos años. 

En nuestro país, la actriz Leticia Dolera contaba en ‘eldiario.es’ los abusos sufridos en primera persona durante su carrera profesional. Al mismo tiempo, una de las figuras más poderosas del mundo del arte, Knight Landesman, dimitía como coeditor de la revista ‘Artforum’ por las denuncias de nueve mujeres, mientras que el periodista estadounidense Mark Halperin era denunciado por cinco personas por la misma conducta. 

También en Estados Unidos, el periodista estrella de Fox News, Bill O’Reilly, llegaba a un acuerdo extrajudicial por 45 millones de dólares con varias compañeras de trabajo y subordinadas para que no lo denunciaran por conducta sexual inapropiada.

Fox había perdido a una de sus presentadoras estrella, Megyn Kelly, que se fue a la cadena NBC, al tiempo que daba a conocer que ella es una de las trabajadoras de Fox que se había quejado del comportamiento de O’Reilly.

Después de que los abogados llegaran al acuerdo multimillonario, Fox, la cadena fundada por Roger Ailes -que a su vez tuvo que dimitir en 2016 después de que varias mujeres lanzaran acusaciones parecidas- renovaba el contrato del periodista por cuatro años más y por nada menos que 100 millones de dólares. Finalmente, la empresa se veía obligada a despedirlo cuando tuvo conocimiento de que el FBI estaba investigando seis casos en los que O’Reilly estaba implicado, y después de que los abogados comunicaran a la familia Murdoch que los acuerdos con las víctimas iban a ser filtrados a un medio de comunicación.

También en la ciencia
De nuevo en nuestro país, el pasado mes de enero, una investigadora científica denunciaba a través de una carta en la revista ‘Nature’ que había sido víctima de acoso sexual y cómo la deficiente actuación de la comunidad científica había afectado a su carrera.

Tras esta denuncia, otras le han seguido denunciando una situación que parece común: un investigador senior que sobrepasa los límites con alguna estudiante de doctorado o una investigadora posdoctoral a su cargo. El acoso sexual no es una excepción en el mundo científico. Durante los últimos años, varios casos por parte de afamados investigadores han sacudido la plácida actualidad científica en Estados Unidos.

Uno de los estudios al respecto más reconocidos fue publicado en 2014 en la revista ‘PLOS One’.  Según los resultados de esta investigación, el 64 por ciento de los científicos encuestados aseguraba haber sufrido algún tipo de acoso y más de 20 por ciento consideraba haber sido víctima de acoso sexual. Siendo la mayor parte de las acosadas mujeres, particularmente estudiantes universitarias, doctorandas e investigadoras postdoctorales.

Una de las particularidades del mundo científico, especialmente en las áreas de ciencias técnicas, matemáticas e ingeniería, es que son ambientes de trabajo donde hay una gran mayoría de hombres.

En el caso publicado en ‘Nature’, la investigadora asegura que la universidad admitió que el investigador era culpable de acoso sexual, aunque este no fue despedido y la institución hizo hincapié en que el veredicto se debía mantener en secreto.

El asunto tampoco es ajeno al ámbito universitario. Un 62 por ciento de los universitarios españoles afirman haber sufrido o conocer a una compañera que ha sufrido violencia machista en la universidades, según la tesis presentada por la primera víctima que denunció un acoso sexual en la Universidad de Barcelona (UB), Ana Vidu.

El 88 por ciento de las mujeres que han sufrido acoso alguna vez no han denunciado por miedo a que sus carreras profesionales o su entorno personal se viera afectado, según un estudio dirigido por la UB en 2008 en el que participaron más de 1.000 personas de seis universidades distintas.

Este informe revela que el 92 por ciento de las víctimas eran mujeres, de las que el 18 por ciento eran menores de 25 años, y que muchas desconocen si su universidad dispone de servicios de prevención de la violencia machista y ayuda psicológica, mientras que el 69 por ciento de los alumnos creen que la institución no les creería.

 


La comandante Zaida Cantera sufrió acoso sexual por parte de un superior en el Ejército de Tierra. Ahora es diputada socialista.

El Ejército, un mundo aparte

En 2015, la entonces comandante en ejercicio Zaida Cantera denunciaba su historia de acoso sexual por parte de un superior en el Ejército de Tierra en un programa de ‘Salvados’ . Después de que el tribunal militar le diera la razón, la ahora diputada socialista tuvo que atravesar un calvario que le llevó a colgar el uniforme y fue sometida a una persecución dentro de la jerárquica estructura del Ejército.

“Si mi superior me viola, tengo que presentar una queja contra mi superior a través de mi superior”, explicaba entonces Zaida Cantera a Jordi Évole. Sus declaraciones contando las vejaciones a las que fue sometida por parte de sus superiores causaron un gran revuelo mediático. Irene Lozano, que fue la diputada de UPyD que había llevado previamente su caso al Congreso de los Diputados, instó al Gobierno a tomar medidas para que el caso de Cantera no se volviese a repetir.

En un principio el ministro de Defensa se mostró reticente, negando la existencia de casos de acoso en las Fuerzas Armadas cuando compareció en el Congreso. Más tarde tuvo que rectificar y anunciaba la elaboración de un protocolo que pretendía evitar abusos de autoridad y vejaciones sexuales.

El caso que Lozano llevó al Congreso conseguía la modificación del Código Penal Militar que, por primera vez, incluía el acoso sexual y laboral como delito en las Fuerzas Armadas. Hasta ahora este tipo de vejaciones se juzgaban como “abuso de autoridad con trato degradante”.

Sin embargo, este cambio no satisfizo las aspiraciones de Montero, que expresaba la necesidad de que en época de paz estas situaciones debían ser juzgadas por los tribunales ordinarios.

A finales del año pasado, 960 miembros de las Fuerzas Armadas canadienses denunciaron haber sido víctimas de acoso sexual a lo largo de 2016, mientras que el 27 por ciento de las mujeres militares del país norteamericano confesaban haber sido acosadas en algún momento de su carrera, según un informe de Instituto de Estadística de Canadá.

De acuerdo con la encuesta, encargada por el propio ejército canadiense, sacó a la luz que el 1,7 por ciento de las mujeres militares habían sufrido acoso sexual en los últimos 12 meses, casi el doble que la tasa del 0,9 por ciento que existe entre la población civil del país. Hasta 840 militares denunciaron tocamientos indeseados, 150 denunciaron ataques sexuales y 110 haber sido forzados a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento. 

El estudio encontró que las mujeres denunciaron hasta cuatro veces más que sus compañeros hombres haber sido víctimas de abusos sexuales en el último año. El 15 por ciento de los miembros de las Fuerzas Armadas canadienses son mujeres. 

El jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) del país, el general Jonathan Vance, afirmó que los resultados eran esperados y deben dar qué pensar. “La conducta sexual agresiva es un problema real en nuestra institución, lo sabemos, y estamos tratando de abordarlo de frente”, aseguró.


La actriz Alyssa Milano ha recopilado testimonios de abusos por todo el mundo.

Ellas pasan a la acción

Víctimas de acoso han decidido tomar cartas en el asunto y lanzar campañas para denunciar la situación. Es el caso de la reciente conocida como ‘Me Too’ (Yo también), puesta en marcha por la actriz Alyssa Milano, que ha conseguido miles de testimonios de mujeres de todo el mundo en las redes sociales. Entre ellas, la gimnasta olímpica  McKayla Maroney, que denunció abusos sexuales por parte del médico del equipo estadounidense, actualmente en prisión provisional.
Tras el lanzamiento de la campaña, en menos de 24 horas, 39.000 mujeres habían compartido sus propias experiencias de acoso o abuso sexual. Las primeras fueron anónimas, pero pronto se sumaron otras como las de Monica Lewinsky o Lady Gaga.
No es esta la primera campaña. Antes se ponían en marcha otras como ‘Miprimeracoso’, desde México y espacios como ‘Participa’ , de la revista ‘Píkara’, el blog ‘Micromachismos’ de ‘ eldiario.es’, donde las mujeres relatan periódicamente algún episodio de abuso, acoso sexual en el trabajo o intento de agresión.
En Francia han decidido llegar más lejos, y laperiodista Sandra Muller lanzaba en Twitter ‘Balancetonporc’ (delata a tu cerdo), en la que se revelaban los nombres de los acosadores. Aunque no sin riesgos, ya que varias denunciantes se enfrentan ahora a procesos judiciales por revelar estas identidades en la Red.  

 

Unas duras estadísticas

En la Unión Europea, entre el 45 y el 55 por ciento de las mujeres han sufrido acoso sexual desde los 15 años, según denuncia la ONU Mujeres. El acoso está definido como  la solicitud de “favores sexuales, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual”, que provoca a la víctima “una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante”.

El acoso es una de las formas de violencia sexual más invisible, por delante de la violación y el abuso, aunque en todo caso los datos no llegan a abarcar la magnitud del problema. Según una macroencuesta sobre violencia contra las mujeres de la FRA (Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea), en España un 6 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia sexual, pero apenas un 15 por ciento de los sucesos más graves se comunican a la policía.
Entre el 40 y el 50 por ciento de las mujeres de países de la Unión Europea soportan insinuaciones sexuales o contacto físico indeseados, u otras formas de acoso sexual en el trabajo.

En Asia, diversos estudios llevados a cabo en Japón, Malasia, Filipinas y Corea del Sur muestran que entre el 30 y el 40 por ciento de las mujeres son acosadas sexualmente en el trabajo. En Kenia, el 20 por ciento de las mujeres ha sufrido acoso sexual en el trabajo o la escuela. En Estados Unidos, el 83 por ciento de las chicas de entre 12 y 16 años experimentaron algún tipo de acoso sexual en las escuelas públicas.

El año pasado, en nuestro país, ls estadísticas gubernamentales publicaron que se había pasado de registrar de 49 casos de condenas por acoso sexual anuales a 72 desde el año 2014 al 2015. Estos datos figuran en la Estadística de Condenados del INE (Instituto Nacional de Estadística), en la que se expone que en el periodo de 2008 y 2011, la media anual de condenas por acoso sexual era de 30 –118 en total–, mientras que entre 2012 y 2015 se situaban en 40 de media, llegando a 158 las condenas por este delito en ese trienio.

En el informe de la Fiscalía General del Estado únicamente se contabilizan los casos en los que la víctima ha denunciado. En la Estadística del INE solo los que han obtenido una condena.

Estos datos slo representan el 8 por ciento de los acosos sexuales que tienen lugar en el ámbito laboral, según la encuesta de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (Eurofound).

En otra encuesta realizada por el Instituto de la Mujer en 2013, se establece que una de cada diez mujeres ha sufrido algún tipo de acoso sexual en su puesto de trabajo a lo largo de su vida laboral, ya sea del tipo leve (verbal), grave (psicológico) o muy grave (físico).

La cuestión a la hora de denunciar se complica. El miedo a las represalias y al despido es uno de los principales motivos. Pero también, debido a la naturalización de ciertos comportamientos sexistas, en muchos casos las víctimas no perciben el acoso, sobre todo cuando es verbal.

Otro motivo reside en las trabas que caracterizan al proceso judicial para denunciar. La desconfianza en que una denuncia vaya a ser útil y llegue hasta el final, hace que la mayoría de casos de abuso sexual sean silenciados por las propias víctimas.

En este caso, se trata de un proceso incluso más duro, puesto que normalmente los abusos tienen lugar en la intimidad. Sin testigos y con el agravante de que no se suelen admitir las grabaciones en vídeo, con gran frecuencia, es la palabra de la víctima contra el acosador. Como consecuencia, la mayoría de los procesos se desestiman antes de llegar a juicio.


En España un 6 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia sexual.

Leve castigo
El castigo para los acosadores que reciben una condena suelen ser multas económicas o algunos meses en prisión, que no cumplirán si no tienen antecedentes. Pero ahora la situación ha empeorado para las denunciantes, ya que con el llamado “proceso por aceptación de decreto”, puesto en marcha gracias a una reforma penal del Gobierno de Rajoy, cabe la posibilidad de que en algunos casos el acosador pueda elegir entre una multa reducida o trabajos en beneficio de la comunidad.

Debido a estos factores, la situación que revelan los datos ofrecidos por UGT, consiste en que la mayoría los casos de acoso sexual que tienen lugar se resuelven en el ámbito privado de la empresa, “cambiando a la agredida de puesto y sin que nadie se entere”.

Además, sólo el dos por ciento de las denuncias por acoso sexual a las mujeres en el ámbito laboral acaba en una condena judicial. Es un porcentaje insignificante, según la UGT, que revela lo complicado que es para una víctima denunciar este delito.

2.484 mujeres denunciaron haber sufrido acoso sexual en sus puestos de trabajo y en sus empresas entre los años 2008 y 2015. Pero de ese número, los juzgados solo condenaron a 49 personas. Son datos de la Inspección de Trabajo que realizó mil quinientos requerimientos y que impuso multas que superaron los 200.000.

La vicesecretaria general de la UGT Cristina Antoñanzas destaca que esto es sólo la punta del iceberg. Las mujeres no denuncian por miedo a represalias y a ser despedidas:

“En la mayoría de los casos, lo que ocurre en las empresas es la propia trabajadora que denuncia quien recibe las represalias. Es a ella a la que cambian de puesto de trabajo, de centro o incluso de ciudad en vez de tomar medidas contra el acosador, que en la mayor parte de las ocasiones es su jefe o su superior. Por eso, muchas por no perder el empleo, no denuncian”..

El pasado mes de septiembre, la Fiscalía General del Estado publicaba que el porcentaje de denuncias falsas por violencia machista es “escasísimo”: Entre 2009 y 2016 las condenas por denuncias falsas fueron 79, frente a las 1.0055.992 denuncias por violencia de género presentadas en esos ocho años.

La Fiscalía detalla que entre 2009 y 2016 se pusieron 1.0055.992 denuncias por violencia de género y que en ese periodo se incoaron 194 causas por denuncias falsas, el 0,18 por ciento.

De ellas, en ocho años sólo han resultado en condena 79 -el 0,0075 por ciento-. Si se les suma las 110 causas en tramitación -pendientes de fallo-, el porcentaje sería del 0,01 por ciento, señala la Fiscalía.


Según Cristina Antoñanzas, sólo un porcentaje insignificante de denuncias de acoso laboral acaba en condena.

 

El entorno laboral, propicio

En 2015, en España, un 10 por ciento de las mujeres declaraban haber sufrido abusos en el trabajo en la Encuesta de Población Activa (EPA). En Argentina, según el último informe de la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral, la cifra también asciende a una de cada diez mujeres. Según diversas publicaciones, casi un tercio de las mujeres de los países que integran el G-20 han sido acosadas en el ámbito laboral, y que, dentro de ese grupo, las mujeres latinoamericanas consideran esta situación como una de sus principales preocupaciones. En Europa hasta un 70 por ciento de las mujeres que han llegado a cargos directivos afirman haber sido acosadas en su trabajo. 

La encuesta realizada en el 2014 por la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la UE analiza entre otras muchas cuestiones la incidencia del acoso sexual en los diferentes ámbitos profesionales. Las mujeres ejecutivas son las que mayores casos de acoso relatan, una cuestión que según la FRA puede deberse a su mayor exposición a situaciones en las que se ejercen estas coerciones suceden, o cuando se debe viajar por motivos de trabajo. Asimismo se indica que estas mujeres profesionales, con un alto nivel educativo, pueden ser más conscientes de estas situaciones de acoso y, por tanto, están más dispuestas a hablar sobre ello.

De acuerdo con las estadísticas publicadas por Naciones Unidas,  entre el 40 y el 50 por ciento de las mujeres en la Unión Europea son víctimas de propuestas sexuales indeseadas, contacto físico, insinuaciones verbales u otras formas de acoso sexual en su lugar de trabajo; en los países de Asia-Pacífico la incidencia es de entre el 30 y el 40 por ciento.
En Australia, según la Comisión de Derechos Humanos del país, el 25 por ciento de las mujeres han sido acosadas sexualmente en el lugar de trabajo.