Entrevista Lola Herrera Tiempos de hoy

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      Nº 1221. 10  de noviembre de 2017

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Entrevista / Juana Vera

Lola Herrera, actriz

“No me siento vieja. Soy vieja”

Recorre España con la obra La velocidad del otoño, dirigida por Magüi Mira. “La velocidad del otoño es veloz, muy veloz”, reflexiona. Lola Herrera (Valladolid, 30-6-1935), Premio Max de las Artes Escénicas, refleja en esta obra, junto al actor Juanjo Artero, los problemas de la vejez. “Una sociedad que no cuida a sus mayores, malo, malo, porque esto es una cadena. La gente no nace mayor, se hace mayor”, observa quien celebra sus 60 años sobre los escenarios. Acerca de la situación del teatro en España, la actriz que se consagró con Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, obra que ha interpretado durante 35 años, afirma: “El teatro nunca ha sido importante en este país. La inmensa mayoría de los políticos no pisa un teatro”.

“Nuestra cultura no favorece aprender a envejecer.
La Iglesia ha contribuido mucho a ello al incrementar el miedo a la muerte”
  “Hay que organizar una sociedad
en la que la gente mayor tenga un sitio, no un gueto”

 “Una vida es insuficiente para cumplir todos mis sueños”, ha dicho usted. ¿Cuáles son sus sueños?
No he dicho nunca mis sueños. Nunca he dicho para cumplir mis sueños. Sí he dicho que una vida es insuficiente para hacer todos los personajes que me gustaría hacer.

La velocidad del otoño es la nueva obra que representa usted junto a Juanjo Artero. En ella nos cuenta los deseos de una gran parte de personas que han cumplido los setenta años y los han pasado. ¿Cuál es el drama de la vejez y cuál es la alegría de ser viejo?
La pregunta es amplia. Compleja. Pienso que habrá personas que por ser mayores tengan un drama  y otras que no lo tengan. Cumplir años es algo lógico. Habrá quien se lo tome  bien, como algo normal. No bailará, claro, porque se hace viejo, pero lo aceptará como algo normal. Otros tendrán situaciones difíciles debido a su salud, a sus dificultades económicas, etcétera. Respecto a mí, a lo largo del camino he aprendido muchas cosas buenas, malas y regulares, que me han convertido en lo que soy. Pienso que la ventaja de vivir se halla en la posibilidad de asimilar lo que te encuentras por el camino y en reconvertir eso que hallas en algo positivo. En hacer de lo negativo algo positivo, incluso si tienes 100 años.

Estamos convirtiendo la vejez en una peste y, como a los apestados, a los viejos se los aparta de la sociedad en residencias, a veces en buenas condiciones, otras no; ¿qué deberíamos corregir en este sentido y cómo?
No hay que corregir, hay que hacer algo para organizar una sociedad, en la que la gente mayor tenga un sitio, no un gueto. Para que tenga un espacio, un lugar. Pienso que a lo largo de toda una vida  uno se gana ese derecho.

¿Se siente usted una persona vieja?, ¿cómo se siente usted a los 82 años?
No me siento vieja. Soy vieja. A veces me siento excesivamente joven para mi edad. Es lógico. He llegado hasta aquí. Me siento afortunada por haberlo hecho y por tener la esperanza de cumplir algunos años más.

¿Aprendemos a envejecer?
Nuestra cultura favorece poco esta posibilidad. La Iglesia ha contribuido mucho en este sentido, al incrementar el miedo a la muerte. No se han dado las situaciones ni los planteamientos adecuados para que las personas no teman envejecer. Por otro lado, creo que con lo que se aprende por el camino cada uno de nosotros va envejeciendo como puede, va aprendiendo a envejecer.

¿Piensa usted que las personas mayores tendrían que protagonizar más obras de teatro, más películas, más ensayos, óperas, novelas? ¿Piensa que esto ayudaría a las personas  a  escuchar a las personas mayores y a conocer lo que hacen, sienten y sufren, y como consecuencia ayudaría a amarlas, respetaras y tenerlas en cuenta?
Si una sociedad no necesita que las personas mayores salgan en la televisión, en las películas, etcétera es que algo va mal. Significa que a los mayores no se les respeta. Hay que respetar a los mayores y también a los pequeños. A todos. Por otro lado, si somos bien nacidos seremos agradecidos. Si nos han cuidado durante una gran parte de nuestra via, es normal que luego cuidemos a aquellos que nos han cuidado. Este es un intercambio saludable. Si esto no sucede es porque vivimos en una sociedad enferma. Una sociedad que no cuida a sus mayores, malo, malo, porque esto es una cadena. La gente no nace mayor, se hace mayor. El que nace será un día mayor, si no se muere antes.

¿Cuál es la belleza de la vejez?
Para cada persona debe de ser algo distinto. Para mí la belleza de la vejez es la naturalidad, la normalidad en la aceptación y en el día a día.

¿Cuál es el valor de la vejez?
No por ser viejo es uno más listo ni más inteligente. Hay viejos listos y viejos tontos como hay jóvenes listos y jóvenes que no lo son. Eso sí, en el camino se aprenden muchas cosas, incluso los más tontos. El valor de la vejez se halla en lo aprendido, en lo vivido. La historia de cada vida, por sí misma, es una buena película.

¿Cuál es la velocidad del otoño?
La velocidad del otoño es muy veloz, muy veloz. Cuando llegas a una pendiente, los sesenta y tantos años en mi caso, notas que el tiempo pasa más de prisa. Hasta ese momento, no te das cuenta de ello. A partir de una edad, sientes que te queda menos tiempo.

Olvido. Recuerdo. Memoria. Los tres cambian a lo largo de la existencia. En  La velocidad del otoño se refleja la importancia del equilibrio entre los tres. ¿Es posible conseguir este equilibrio en la vida real? De ser posible para usted, ¿podría explicarnos cómo lo logra?
Intento equilibrar mi vida desde siempre. Los avatares de la vida tienden a desestabilizarnos y una tiene que ir nivelando, tiene que ir poniendo bien los niveles. Por mi parte, intento armonizar mi vida con lo que he aprendido, con lo que sé y con lo que me toca vivir.

En La velocidad del otoño también se nos muestra lo esencial de la vida: la fragilidad del ser humano. ¿Está usted de acuerdo?
Sí.

Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, ha sido la obra que usted ha interpretado más. ¿Qué ha aprendido al interpretar esta obra, en donde la esencia es el binomio vida-muerte?
No podría enumerar todo lo que he aprendido al representar este papel. Cinco horas con Mario ha sido una obra esencial en mi vida y en mi profesión.

¿Que aprendió de Función de noche?
Que vomitar lo que te hace daño es buenísimo.

Usted comenzó a trabajar en el teatro en 1957. ¿Podrá resumir en una palabra, 60 años de trabajo?No puedo.  Sí puedo decirle que tengo la suerte de llevar todos estos años haciendo lo que me gusta. Pienso que eso es ser una afortunada.

 



Lola Herrera y Juanjo Artero protagonizan La velocidad del otoño.

Ha interpretado usted numerosos personajes de obras de los más grandes autores y autoras. ¿Cuál de esos personajes lleva en el corazón con más hondura?
Cada personaje tiene su propia hondura. Es imposible para mí decirle uno. Además, vas quemando etapas y vas dejando atrás todo lo demás.

¿Qué es el teatro para usted?
La vida.

¿Qué piensa de la situación del teatro en la actualidad? ¿Qué hay que mejorar y cómo?
El teatro ha cambiado mucho desde que comencé en el año 1957. Se ha perdido algo y se ha ganado algo. Todo ha ido muy de prisa. El teatro nunca ha sido importante en este país. Nunca ha sido algo vital para sus ciudadanos. En Inglaterra, por ejemplo, la gente aparta algo del dinero de su presupueto para ir al teatro una o dos veces al mes. Para estas personas el teatro es una necesidad elemental. Aquí, desgraciadamente, no. Falta mucho camino para que podamos llegar a eso. Desde que estoy en el teatro, los que gobiernan nunca se han preocupado por este arte. Y si no tienes apoyo, por mucho que hagas, el teatro no crecerá en la dimensión en la que piensas que debe crecer. En España la gente se va conformando cada día con menos. Ve la televisión, algo que deforma mucho al espectador, usa el mando a distancia cuando algo no le gusta o le resulta complicado... Tampoco tenemos un nivel de púbico tan alto como en otros países. Tenemos buenos profesionales pero, por más que trabajemos, no disponemos de la ayuda del Estado, por ello nunca mejorará la situación. Fíjese usted, no veo políticos en el teatro, que me perdonen los que van, que son muy pocos. La inmensa mayoría de los políticos no pisa un teatro. Va a cenar y a otros lugares, en donde se hace la fotografía. ¿Cómo mejorar esta situación? Educando a la gente, lo primero, y claro, mimetizando. Si ves a la gente ir a los teatros, sobre todo a personas con cargos públicos, la gente los imitará. Pero esto tendría que ir unido a todo lo demás. Es un paquete muy amplio, el que hace falta para que en España el teatro dé un salto cualitativo.

Hoy hay muchas personas que desean trabajar en el teatro pero hay poca industria. ¿Cuál es el camino para solucionar esta carencia?
Todo el mundo no puede dedicarse a esta profesión porque esté de moda. Hace unos años que se puso de moda. Cuando empecé, si te dedicabas a actriz eras puta. Fíjese el abismo. Le hablo de anteayer. No puede dedicarse todo el mundo al teatro. No pueden salir cientos de personas de las escuelas cada año. No tenemos industria para eso. Hay países que sí, que producen más. Por otro lado, pienso que muchas personas que quieren dedicarse al teatro están obnubiladas, no saben lo que significa dedicarse a esta profesión porque se han perdido las esencias de la misma. La profesión es dura y no sé por qué desde fuera parece un caramelo. No hay información. La gente quiere ser famosa. Quiere ser conocida. Si sale en televisión y le piden luego una docena de autógrafos por la calle, se cree Dios. No. Esta es una carrera de fondo y de trabajo continuo.

¿De qué países de nuestro entorno podríamos apender en este sentido?
Creo que no hay que ir a aprender a ningún sitio. Somos mayorcitos para saber lo que tenemos que hacer.

¿Es difícil montar y mantener una compañía de teatro en España?
Dificilísimo. Es tan sumamente complicado... Tener una compañía y llevarla por el país no es fácil. No lo puede hacer todo el que lo desee.

La han llamado para interpretar un papel en el cine. ¿Podría contarnos algo sobre este proyecto?
Ya he interpretado ese papel pero no puedo contarle nada.

¿Qué le parece la situación que estamos viviendo en España con la tensión política en Cataluña?
Complicada. Hay que estar expectantes. Es una cuestión política y son los políticos quienes tienen que solucionarla.

¿Qué hemos hecho mal en estos años de democracia y qué hemos hecho bien? ¿Qué piensa usted que hay que corregir?
Algunas cosas hay que corregir, pero no se las diré. Pregúntele usted a los políticos que salen todos los días en los medios de comunicación. Ellos son los que deben responder a esta pregunta.

¿Cuáles son sus proyectos?
Estoy haciendo La velocidad del otoño. Esta función es mi presente. Mi futuro más inmediato lo irá usted viendo.