Tema PSOE Tiempos de hoy

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                      Nº 1218. 20  de octubre de 2017

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Política / C. M.

Históricos, barones y exsusanistas hacen piña con el 155

Cataluña unge el liderazgo de Sánchez

Empezó encarnando el inesperado triunfo de un outsider, aupado a lomos del “no es no”, pero huérfano de apoyos en el aparato del partido. Hoy, casi seis meses después, Pedro Sánchez se ha convertido en todo un hombre de Estado, con casi todo el partido detrás, incluidos algunos de sus más furibundos exenemigos. Y ese cambio se lo debe, en buena medida, a la crisis independentista de Cataluña. Una crisis en la que el líder socialista ha sabido, aconsejado por más estrechos colaboradores, medir tiempos, dosificar pasos y construir un relato que justifica el apoyo a Rajoy que le ha valido el aplauso unánime de históricos, barones y exsusanistas.


Con su apoyo a Rajoy en la aplicación del art. 155 de la Constitucion a cambio de una comisión parlamentaria para reformar la Constitución, Sánchez ha conseguido el respeto del Gobierno y afianzarse en su propio partido. / EUROPA PRESS

Conseguir de Moncloa la reforma de la Constitución a cambio de apoyo para el 155 le ha valido a Sánchez el aplauso unánime en el partido   “Aunque nos tengamos que plegar, no había más remedio”, señalan los más críticos con el 155. Y añaden: “La crisis terminará por llevarse al gobierno de Rajoy… y el relevo será Sánchez”

 “Ha aprendido la lección, ahora es otro Pedro y lo está demostrando”. Aunque son palabras de uno de sus fieles, lo cierto es que en muchos ámbitos del partido piensan algo parecido. Incluso entre los que fueron sus más acérrimos enemigos antes y durante las primarias del pasado mes de mayo se habla con cierta admiración de Pedro Sánchez, y, sobre todo, de su estrategia en la crisis catalana. Hasta el punto de que algunos de los que, en su momento, le criticaron duramente por su falta de coherencia y de visión política le califican ahora como de “hombre de Estado”. 

Pero el camino no ha sido fácil para los actuales ocupantes de Ferraz, la sede madrileña del PSOE. El apoyo del PSOE al presidente Mariano Rajoy en la aplicación del artículo 155, considerado desde un principio como algo inevitable si las cosas se torcían en Cataluña, corría el riesgo, si no era bien gestionado, de convertirse en una reedición de la famosa y demoledora abstención socialista en la investidura de Rajoy. “Y eso Sánchez no se lo podía permitir en ningún caso”, señala una fuente cercana. De ahí los silencios y la falta de pronunciamientos de los primeros momentos, que llegaron a ser duramente criticados, incluso desde dentro del partido.

El apoyo a Rajoy, apuntan las fuentes consultadas, se vendió también de forma gradual, intentando adecuarlo a los tiempos marcados desde la Generalitat. Primero, reunión con el Presidente Rajoy en La Moncloa y compromiso de respaldo, pero condicionado a las acciones del Gobierno y atemperado con constantes llamamientos al dialogo entre ambas partes. Más tarde, gesto de disgusto ante los violentos acontecimientos del 1 de octubre. Y solo después de que apareciera en escena la no- Declaración Unilateral de Independencia suspendida, en el confuso pleno del Parlament catalán del pasado 10 de octubre, giro hacia un respaldo sin fisuras al Ejecutivo de Madrid.

Sin fisuras, pero no sin condiciones. Porque el conseguir salir de Moncloa con un acuerdo para reformar la Constitución a cambio del apoyo al 155 fue el golpe de gracia que le valió a Sánchez el aplauso unánime de históricos del partido, barones díscolos y ex susanistas, incluso los más furibundos. Y, además, señalan fuentes cercanas, también fue una especie de “venganza de Sánchez, al demostrar que, según y cómo, se puede respaldar al PP en el Gobierno. Pero a cambio de cosas y manteniendo cierta distancia, no como con la abstención que fue un gesto gratis total”.

Y aunque la iniciativa de adaptar la Carta Magna a la nueva realidad territorial no parece demasiado abocada al éxito – sobre todo después de los problemas que han surgido en el camino de la Comisión de Estudio para la Reforma del Modelo Territorial, impulsada en el Congreso por el PSOE y que Ciudadanos ha calificado como de “caballo de Troya de los independentistas" - lo cierto es que ya es un tanto a favor de los socialistas. “El hecho de que Moncloa acepte la propuesta socialista de reformar la Constitución nos ha puesto en el mapa. Antes de eso, nadie hacía demasiado caso al programa del PSOE sobre Cataluña, era considerado como una tercera vía con pocos visos de hacerse real. Pero ahora es vista como una de las únicas fórmulas para encontrar una solución a esta crisis territorial”.

Margarita Robles, punta de lanza de Sánchez en el Congreso, defendía la reprobación de la vicepresidenta que finalmente retiraba en aras del
consenso. / EP

Una propuesta, la del modelo territorial del PSOE, que había sido ya fuente de no pocos enfrentamientos internos dentro del partido. Como el que separaba al propio Sánchez de su eterna rival y enemiga, la Presidenta andaluza Susana Díaz, más partidaria de anteponer la unidad del territorio, la defensa del Estado de Derecho y de la Constitución sin reservas ni ambigüedades por delante de cualquier reivindicación soberanista. O la que separaba esta del primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, claramente en posturas menos inflexibles con respecto al procés. Sea como fuere, el estallido de la crisis catalana ha terminado colocando a todos –o casi todos– del mismo lado de la barrera, tras unos días en los que pareció que “todo volvía a tambalearse”.

De esta forma se acalló el conato de marea crítica que sacudió el partido en los días previos e inmediatamente posteriores al 1-O. No en vano, desde Sevilla las huestes de Susana Díaz iban elevando el tono, criticando la estrategia de Pedro Sánchez con respecto al desafío catalán, que consideraban demasiado confusa. La tensión escaló enteros cuando la presidenta andaluza hizo caso omiso de las instrucciones directas de Ferraz, y apoyó la moción de Ciudadanos en el Parlamento andaluz pidiendo pleno apoyo al Gobierno en la crisis catalana.

Mientras, los históricos del partido volvían a asomar la cabeza, con una durísima carta en la que interpelaban al nuevo líder, exigiéndole explicaciones. “No entendemos –señalaban en la carta– la continua y nunca explicada apelación al diálogo por vuestra parte. ¿Diálogo, ahora, con quién? ¿Diálogo, ahora, para qué? ¿Con los responsables de poner a los españoles al borde del precipicio? ¿Para escuchar, otra vez, que quieren la fractura de España, con razón o sin razón, por unos medios o por otros?". Entre los firmantes, nombres de tronío como los de los expresidentes de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla, de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez-Ibarra y de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, así como el exparlamentario Alejandro Cercas, el diputado constituyente Luis Fajardo Spínola, el exministro Julián García Vargas o el expresidente del Senado Juan José Laborda.

La carta, así como el endurecimiento de las críticas procedentes de Andalucía, coincidieron además con una de las iniciativas de Sánchez más polémicas: la propuesta al Congreso de reprobación de la vice presidenta Soraya Sáenz de Santamaría por los actos policiales para impedir el referéndum del 1-O. Un gesto adoptado sobre todo para contentar a las bases socialistas –las mismas que auparon a Sánchez a la secretaría general– y que se sintieron indignadas ante las violentas imágenes de cargas policiales en los colegios electorales catalanas. “Sánchez tenía claro –señala una fuente cercana– que es muy difícil para un Gobierno superar la foto de la policía impidiendo a golpes usar las urnas para votar. De ahí que optara por distanciarse todo lo posible de Rajoy en esos días”.

La demanda de reprobación, aunque bien acogida e incluso jaleada en los sectores pro Sánchez, incluidos su círculo de fieles, como la portavoz parlamentaria, Margarita Robles, fue duramente criticada por algunos pesos pesados y barones territoriales. El exvicepresidente Alfonso Guerra, federaciones como las de Andalucía y Aragón consideraron la iniciativa como una muestra más de la torpeza de Sánchez.

En línea con lo que le aconsejaban sus asesores –seguir de cerca el “relato” de los hechos para ir modulando sus mensajes en función de los acontecimientos– cuando el president Carles Puigdemont empezó a perder la batalla de la opinión pública en el polémico pleno del Parlament en el que no se llegó a declarar la DUI, Sánchez inició el giro que le llevaría a dar un pleno respaldo al Gobierno en su estrategia. Un apoyo que vino acompañado de la retirada de la moción en la que se pedía a reprobación de la vicepresidenta.

Este doble gesto le valió a Sánchez ganarse no solo el aplauso, sino también el apoyo de los que, días antes, estaban dispuestos a pasarle a cuchillo. Desde Sevilla se hablaba de “alivio”, algunos barones susanistas, como el aragonés Javier Lambán, aseguraban apoyar la estrategia “de arriba a abajo”, hasta el propio ex Presidente Felipe González se felicitaba por ello, mientras que otro ex, José Luis Rodríguez Zapatero, iba más allá y calificaba el movimiento político como de “inteligente”. Y es que la crisis catalana, con Sánchez atrapado entre “sus” bases, siempre más radicales, y la estructura del partido, más conservadora, había estado a punto de estropear la reconciliación entre el actual secretario general socialista y su antecesor en el cargo.

Sin embargo, consciente de la vital importancia que tienen los militantes para la supervivencia de su mandato, y, sobre todo, de cara a mantener cierta libertad de movimientos ante los barones y susanistas, Sánchez también quiso tener un detalle con ellos. En una carta remitida a todos los militantes, Sánchez explicaba el acuerdo alcanzado con Rajoy, argumentando la importancia de defender el Estado de Derecho. Aunque no citaba expresamente el artículo 155, estaba claro que era una posibilidad ante la que no se cerraba la puerta, como ha quedado demostrado en estos últimos días.


Miquel Iceta, primer secretario del PSC, más radical que su hermano el PSOE, intenta marcar su propio estilo sin desairar a su secretario general.

Contentos, pero no tanto

Si bien los sectores menos soberanistas del PSOE respiran con alivio ante el giro operado por Sánchez, no todos en el PSOE están tan satisfechos. Por un lado, hay algunos dirigentes que, aunque no lo expresan en público, han tenido que tragar el sapo de apoyar la aplicación del artículo 155 –que muchos ven como abusivo– como resultado de una crisis fruto, en realidad, de la incapacidad de Rajoy para dialogar. “Es complicado aceptar –señala una de estas fuentes, cercana al grupo parlamentario– que nos tengamos que plegar a apoyar una medida con la que no comulgamos, ni política ni judicialmente, debido a los errores cometidos por otros. Ellos en solitario deberían asumir el coste de su falta de visión y de capacidad de diálogo.”

Pero al mismo tiempo, aceptan que “no había más remedio, por mucho que no nos gustara”. Por un lado, con ello se ha conseguido impulsar la solución socialista al problema territorial, pero sobre todo se ha abierto el camino hacía La Moncloa para Sánchez. “Ya sea antes o después, esta crisis terminará por llevarse por delante al gobierno del PP. Y está claro que el relevo llegará de la mano de quien ha mostrado una postura más prudente y medida, en este caso Sánchez”.

Un cálculo que se basa en dos hechos. Por un lado, la remontada de Ciudadanos en las encuestas, al atraerse las simpatías de los votantes más “duros”, decepcionados con el PP. Y por el otro, la evidencia de que Podemos navega por esta crisis en una postura política incómoda, atrapados entre un importante sector de simpatizantes claramente secesionistas y otro que, pese a todo, no quiere la ruptura total.

Otro sector socialista que tampoco vive con tranquilidad esta crisis es el PSC. Su primer secretario, Miquel Iceta, uno de los principales asesores en la materia de Sánchez, desde un principio mantuvo un planteamiento más radical que el PSOE. Su condena de los actos del 1-O fue radical, ha pedido elecciones, no sólo en Cataluña sino también en España, y ha criticado con dureza el encarcelamiento de “los Jordis” por decisión de la Audiencia Nacional, mientras que los socialistas en Madrid argumentaban que no entraban a valorar decisiones judiciales. Unas discrepancias, en todo caso, que no solo es tolerada por Ferraz, sino también alentada, en la medida en que parece ser la única forma de que el PSC logre salir de la crisis indemne, e incluso que se postule como vía intermedia entre los sectores independentistas y los constitucionalistas más duros.