Los Dossieres Tiempos de hoy

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                          Nº 1217. 13  de octubre de 2017

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

Se cumplen 50 años desde la ejecución de Ernesto Guevara en Bolivia

Medio siglo sin el mito

Se cumplen cinco décadas del asesinato –a manos de un suboficial local, pero ordenado por la CIA– del Che en tierras bolivianas. Desde entonces, su figura se ha convertido en un símbolo universal de la rebeldía y, en cierto modo, también de la modernidad. Aunque amado por unos, y odiado por otros, su icónico rostro es conocido en todo el planeta, pero no tanto su aportación teórica y su pensamiento filosófico.


En el cincuenta aniversario de su muerte, pocas figuras del siglo XX han trascendido a su época como símbolo de rebeldía y modernidad, como Ernesto Che Guevara.

En La Higuera –comarca boliviana–, oficiales del Ejército capturaban a Ernesto Guevara y a un reducido número de guerrilleros el 8 de octubre de 1967. La acción era supervisada por el agente de la CIA Félix Rodríguez.

Herido y tras largas horas de agobiante espera, el mítico guerrillero se sentó en un banco con las muñecas atadas y la espalda pegada a la pared. Sus captores no sabían qué hacer con él. Cuando llega la orden, su verdugo, el suboficial Mario Terán, según relatan las crónicas, necesitó emborracharse para llevar a cabo la ejecución. Varios testigos –entonces soldados del Ejército boliviano– relataban años después que el Che, dándose cuenta del estado de su ejecutor, se dirigió a él y le espetó: “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”. Era la 1 y 10 de la tarde del lunes 9 de octubre de 1967.

Los restos mortales del guerrillero fueron trasladados en un helicóptero hacia Vallegrande. Posteriormente, se difundían informaciones contradictorias sobre el destino del cuerpo; primero que lo incineraron, luego que lo enterraron junto a sus compañeros. Lo único cierto es que el cadáver permaneció ‘perdido’ durante años. Tres décadas después de su asesinato, un grupo de expertos argentinos y forenses cubanos encontraron e identificaron los restos del Che y de varios de sus compañeros de la guerrilla boliviana, y actualmente descansan en el Mausoleo homónimo ubicado en la provincia Santa Clara, en el centro de Cuba.

Era un final ‘cantado’. Un día antes, el 8 de octubre de 1967, tras un combate desigual, el Che y sus pocos compañeros caían prisioneros en una emboscada en la Quebrada del Yuro. Todos fueron ejecutados.

La trágica odisea había comenzado 11 meses antes. El 3 de noviembre de 1966, el ‘comandante’ llegaba secretamente a Bolivia, con documentos que lo identifican como el economista uruguayo Adolfo Mena González. En La Paz empieza a establecer contactos con personas clave bolivianas y cubanas para luego dirigirse a la zona escogida para iniciar las acciones guerrilleras.

En los días y semanas sucesivos se van concentrando en esa capital otros futuros guerrilleros de nacionalidad cubana, boliviana y peruana y para el 31 de diciembre ya está prácticamente completado el reclutamiento de la partida de guerrilleros, además de establecida una red de apoyo urbano.

Una vez sobre el terreno, los guerrilleros montan sus campamentos y realizan exploraciones y reconocimientos en la prevista zona de operaciones. El 11 de marzo de 1967, durante un recorrido desertaron del grupo Vicente Rocabado y Pastor Barrera Quintana –un hecho que resultaría decisivo para los posteriores acontecimientos–, que se habían unido a la guerrilla el 14 de febrero.

Los ‘huidos’ se presentaron en la sede de la IV División del Ejército en Camiri y dieron la información que permitió a los militares y sus servicios de inteligencia tener los primeros indicios de la presencia del Che en Ñancahuazú.

Los traidores aportaron además información acerca de la presencia allí de la argentino-alemana Tania Bunke, del francés Regis Debray, el argentino Ciro Roberto Bustos y el peruano Juan Pablo Chang-Navarro. Los desertores guiaron también al ejército a los lugares donde se encontraban los campamentos guerrilleros.

El presidente René Barrientos Ortuño, que había tomado el poder tras un golpe de Estado, en 1964, solicitó de inmediato ayuda a Estados Unidos y, simultáneamente, recabó la cooperación de los servicios de inteligencia de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Paraguay.

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El suboficial boliviano Mario Terán fue el encargado de ejecutar al Che. Necesitó emborracharse para ello.

El papel de la CIA
El 17 de marzo, el Ejército capturaba al guerrillero Salustio Choque Choque y días más tarde el coronel estadounidense Milton Buls, agregado militar de Estados Unidos en Bolivia, el jefe de la ‘estación’ de la CIA en la zona, John Tilton, el oficial Edgard N. Fogler y un agente de origen cubano que se hacía llamar Eduardo González viajaban a Camiri para interrogar al prisionero y a los dos desertores.

Milton Buls, posteriormente, viajó a Estados Unidos y solicitó apoyo urgente. De inmediato fueron enviados a Bolivia, asesores militares, oficiales de Inteligencia, equipamiento para Rangers y abundante  munición, mientras que el general León Kolle, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea boliviana visitaba Brasil, Argentina y Paraguay para pedir ayuda a los mandos militares de esos países.

Sin pérdida de tiempo, la Fuerza Aérea del régimen ordenaba una campaña de bombardeos aéreos sobre las zonas guerrilleras, en la que se emplearon bombas de demolición y napalm.

El 4 de abril ya se encontraban en Bolivia las misiones militares que enviaron los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay. Fue el inicio de una especie de puente aéreo con instructores y recursos de guerra entre la zona del Canal de Panamá y otros países suramericanos hacia Bolivia.

Durante todo el mes de abril de 1967 los servicios secretos de Estados Unidos realizaron detenciones masivas y habilitaron campos de concentración para los prisioneros. 

Las últimas semanas de la guerrilla del Che resultaron agónicas: rodeados por el ejército, diezmados tras los últimos encuentros, un grupo de tan solo17 combatientes se acercaba a la Quebrada del Yuro, escenario del último y definitivo combate, donde varios resultaron muertos en la refriega y el Che caía prisionero después de ser herido, junto al boliviano Willy Cuba y el cubano ‘Pacho’ (Alberto Fernández Montes de Oca).

La decisión sobre su destino no dependía de sus captores ni del jefe del Ejército, el general Alfredo Ovando. Ni siquiera del presidente, el general René Barrientos. Todo fue consultado con Washington a través del embajador estadounidense en Bolivia.

Según Adys Cupull y Froilán González en su libro ‘La CIA contra el Che’, alrededor de las 11.00 de la noche del 8 de octubre, el presidente Barrientos recibió un mensaje desde Washington en el que se comunicaba que el Che debía ser eliminado.

Paralelamente, el agente de la CIA Félix Rodríguez recibió un mensaje en clave con la instrucción de acabar con la vida del Guerrillero. Como se contaba anteriormente, el asesinato fue encomendado al suboficial Mario Terán y a los soldados Carlos Pérez Panoso y Bernardino Huanca, entrenados por boinas verdes norteamericanos.

Félix Rodríguez, en una entrevista concedida al diario El País, aseguraba que “el episodio más duro fue cuando tuve que comunicar la orden, de parte del “ Gobierno boliviano, de que eliminaran al Che”. Relata que en el momento que lo fueron a capturar el Che dijo a los soldados: “No tiren que yo soy el Che. Yo valgo más vivo que muerto”. Sin embargo, añade que cuando llegó la orden de dar muerte a Guevara, él entró a la habitación en la que se encontraba y le dijo:

“Comandante, lo siento. Es una orden superior”.

Según Rodríguez, “él entendió perfectamente lo que le estaba diciendo”, y su respuesta fue: “Es mejor así. Yo nunca debí haber caído preso vivo”. Cuenta que entonces sacó una pipa para entregársela a un “soldadito boliviano que se portó bien” con él y que le pidió que transmitiese sus mensajes de despedida: “Bueno, si puedes dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América”. El más íntimo y personal estaba destinado a su mujer: "Si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz”. 


La imagen icónica del Che en el retrato de Korda que lo inmortalizó.

Nace un icono

“He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, que en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie” (Fragmento del discurso ante la ONU, 1964).

“Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica”.

“El pueblo norteamericano no es culpable de la barbarie y de la injusticia de sus gobernantes, sino que también es víctima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que se confunden a veces sistema social con pueblo”.

“Seamos la pesadilla de los que pretenden arrebatarnos los sueños”.

“Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura”

“Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”.

“El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”.

“Sólo hay una cosa más grande que el amor a la libertad, el odio a quien te la quita”.

“Sueña y serás libre en espíritu, lucha y serás libre en vida”.

“Hasta la victoria siempre” (Carta de despedida dirigida a Fidel Castro).

Estas son algunas de las frases más célebres pronunciadas por Ernesto Guevara tras el triunfo de la revolución cubana, cuando ya era una figura de talla mundial sobre la que concitaba una amplia atención mediática.

El Che terminaba por convertirse en un icono universal por la forma en la que vivió y, sobre todo, por el modo en que murió. Dejó un legado que han conseguido muy pocas figuras públicas en la modernidad. La fidelidad del Che con sus ideales y su disposición a morir en aras de esas mismas ideas –por buenas o malas que fuesen–, consiguieron trascender a aquellos que se identifican con su ideología y convertirse en la encarnación del ser guerrillero.

Las ideas del Che, expresadas en su famoso ensayo sobre “El socialismo y el hombre nuevo”, probablemente son mucho menos conocidas por sus adeptos más jóvenes que la estampa épica de su rostro, inmortalizado en la foto de Korda.
Esa imagen, incluso hoy en día, simboliza a nivel mundial el desafío al statu quo; la rebeldía pura y juvenil frente a un mundo injusto. Es la cara de la indignación frente a un mundo desigual en el cual hay que tomar una posición y, si es necesario, pelear hasta las últimas consecuencias.

Por eso, en parte, perdura el Che. Quedó inmortalizado en una década en la que la televisión reemplazó a la radio como forma masiva de comunicación. En la que nació la cultura pop –y también la consumista–.

En Cuba, donde es más admirado y también más conocida su obra, consideran que el Che puede ser un arma creadora o una simple consigna vacía, que sus ideas pueden llenar mentes de forma crítica o figurar en millones de camisetas como adorno. Y lo cierto es que a la mayoría de los jóvenes lo que más se transmite es la imagen mítica del guerrillero heroico, pero poco de su pensamiento.


El encuentro con Fidel Castro en 1955 fue determinante en la vida de ambos, unidos en torno a la Revolución cubana.

 

La forja de un rebelde

Nacido el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina, hijo de Ernesto Guevara y Celia de la Serna, el Che pudo ser abogado, pero se interesó por la medicina y por la política.

También el periodismo –que ejerció profesionalmente- lo acompañó durante toda su vida, incluso en sus largos días de lucha en la Sierra Maestra, en Cuba.

Cultivó un gran amor por la literatura y la poesía. En sus labores como periodista para agencias de noticias, siempre estuvo dispuesto a dejar apuntes de la realidad, no solo en lo político, sino también en los deportes y la cultura.
Era un marxista autodidacta que luchó por el socialismo y se convirtió en el ícono de la izquierda en América Latina y el mundo.

En 1955, durante un viaje a México conoció a los hermanos Fidel y Raúl Castro y se alistó como médico en la que sería la expedición Granma, que llevó a un grupo de guerrilleros a luchar contra el régimen de Fulgencio Batista en Cuba. La Revolución le otorgó la nacionalidad cubana, permitiéndole participar hasta 1965 en la organización del Estado cubano, promoviendo importantes reformas políticas y sociales.

Pero la convicción de que la lucha armada era eficaz lo llevó por países como Congo y Bolivia, donde apoyó a los movimientos insurrectos con la idea de lograr lo mismo que se había alcanzado en Cuba.

En su vertiente teórica, tomó del marxismo y del comunismo los elementos necesarios para construir una identidad propia que tradujo en un movimiento fundamentado en la tesis de que no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que una pequeña guerrilla era suficiente para crear las situaciones óptimas para su propósito y desencadenar el alzamiento popular.

El Che y sus ideas siguen vivos en los movimientos que reclaman un cambio en las estructuras de poder. Destacadas figuras del arte, la política y el deporte y de diversas corrientes ideológicas como Jean Paul Sartre, Diego Armando Maradona, Carlos Santana, Gabriel García Márquez o el líder checheno Shamil Basáyev forman parte de los personajes que se han identificado con su acción y sus ideales.

Su figura siempre ha estado acompañada de controversia. Por un lado, su actitud salvaje y romántica lo convertía en un ejemplo de rebeldía antisistema y de total entrega a los ideales socialistas, pero por otra parte, se pone en tela de juicio el uso de la lucha armada como método de liberación.

   
Destacados personajes, de Sartre a Maradona, pasando por García Márquez, se ha identificado con su vida e ideales.

Pero toda historia tiene un comienzo. Gran parte de su educación primaria se desarrolló en su hogar, dada la fragilidad de su salud durante su infancia. En la biblioteca de la familia, encontró obras de Marx, Engels y Lenin, con los que se familiarizó en su adolescencia. En 1948, Ernesto Guevara ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, motivado en primer lugar por su propia enfermedad y luego desarrollando un especial interés por la lepra.
En 1952, emprendió un largo viaje de siete meses con su amigo Alberto Granado, recorriendo el sur de Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. El viaje incluyó visitas a minas de cobre, poblados indígenas y leproserías, representando una vivencia íntima y profunda de las desgracias padecidas por los pueblos de la región, las que Ernesto atribuía sobre todo a la omnipresencia del imperialismo norteamericano.

Regresó a Buenos Aires decidido a terminar la carrera y en abril de 1953 recibió el título de médico. En julio del mismo año inició su segundo viaje por América Latina, que lo llevó a Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, donde se terminó instalando por algunos meses. A cada paso, Ernesto Guevara iba reafirmando su sentido revolucionario y antiimperialista, a la vez que empezaba a tomar parte en diversos movimientos contestatarios.
En Guatemala conoció a Hilda Gadea, con quien contrajo matrimonio y de cuya unión nació su primera hija. En esa época, recibió el sobrenombre ‘Che’, debido al uso frecuente de ese vocativo característico de la Argentina.

Convencido de que la revolución era la única solución posible para eliminar las injusticias sociales existentes en Latinoamérica, en 1954 Ernesto Guevara se marchó rumbo a México. Allí, se unió al movimiento integrado por revolucionarios cubanos seguidores de Fidel Castro, incluyendo a su hermano Raúl Castro y a los guerrilleros Camilo Cienfuegos y Juan Almeida.

En 1958, Fidel y los guerrilleros desembarcaron Cuba. El Che los acompañó, primero como médico de la expedición, y luego asumiendo el mando del ejército revolucionario. El 1 de enero de 1959, las tropas rebeldes derrocaron el régimen del dictador Fulgencio Batista. Fue el triunfo de la Revolución Cubana y el inicio de una nueva era para la isla.

Desde ese entonces, Ernesto Guevara recibió la nacionalidad cubana y se convirtió en la mano derecha de Fidel Castro en el nuevo Gobierno de Cuba. Fue nombrado Presidente del Banco Nacional y posteriormente Ministro de Industria.
Desempeñaba simultáneamente otras tareas múltiples, de carácter militar, político y diplomático.

En 1959 se casó, en segundas nupcias, con su compañera de lucha Aleida March, con quien tuvo otros cuatro hijos. Visitaron juntos varios países comunistas de Europa Oriental y Asia.

Opuesto enérgicamente a la influencia estadounidense en el Tercer Mundo, la presencia de Guevara fue decisiva en la configuración del régimen de Fidel y en el acercamiento cubano al bloque comunista.

   
Algunos de los libros que recogen las ideas de Guevara.

El viajero incansable

En 1962, tras una conferencia en Uruguay, el Che volvió a Argentina y también visitó Brasil. Luego viajó a diversos países africanos. En el Congo, se unió a la lucha de los revolucionarios que combatían contra la metrópoli belga, llevando una fuerza de 120 cubanos. Tras diversas batallas, terminaron derrotados en 1965. A partir de entonces, fue relevado de sus cargos en el Estado cubano y dejó de aparecer en actividades públicas.

Al año siguiente, Ernesto Che Guevara preparó una misión secreta en Bolivia con la ilusión de trasladar al resto de América Latina la experiencia de la revolución socialista cubana. Como es sabido, ese fue su trágico final, a los 39 años de edad.

Su cadáver permaneció oculto por tres décadas, y en 1997 fue localizado y trasladado a Cuba para ser enterrado en un gran mausoleo.

 Libros que recogen las ideas de Guevara. Sus ideas se hallan expuestas en libros y escritos como “La guerra de guerrillas” (1960), “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965) y “Mensaje a los pueblos del mundo” (1967), aunque la mayoría de sus textos permanecen inéditos. Del diario que fue escribiendo durante toda su vida, se publicó póstumamente la parte referente a la guerrilla boliviana: “Diario del Che en Bolivia” (1968).

El pensamiento del Che Guevara se basó en las premisas fundamentales del marxismo-leninismo, a la vez que aportó una contribución teórica original. Otorgaba un rol fundamental a la lucha armada, considerándola la única vía posible para liberar los pueblos de la opresión capitalista-imperialista. Asimismo, creía que un pequeño foco guerrillero era capaz de generar las condiciones necesarias para desencadenar una gran insurrección popular. Además, reconocía un vínculo estrecho entre la guerrilla, los campesinos y la reforma agraria. Esta posición lo diferenció del socialismo soviético, más volcado a la clase obrera industrial, y lo acercó al maoísmo.

Por otro lado, el pensamiento filosófico del Che rescataba valores como el amor a los pueblos y a la humanidad. En ese aspecto, elaboró el concepto de “hombre nuevo”, al que veía como un individuo fuertemente movido por una ética personal que lo impulsa a la solidaridad y al bien común sin necesidad de incentivos materiales.

Las ideas de Ernesto Che Guevara han tenido una profunda influencia en movimientos sociales, sindicales y de liberación de todo el mundo, incluyendo el Mayo Francés de 1968 y las guerrillas de izquierda en Latinoamérica.

Curiosidades acerca de Ernesto

El Che nació el 14 de mayo de 1928, pero su certificado de nacimiento indica que nació el 14 de junio de 1928. Un médico amigo de la familia aceptó alterar el certificado para ocultar el estado de embarazo de la madre antes de casarse con su padre. 

De joven,  tenía una gran afición por el ajedrez, e incluso llegó a participar en torneos oficiales. Además era un amante de la poesía, y sus asignaturas preferidas eran matemática e ingeniería.

Durante su estancia en Buenos Aires, entre 1947 y 1952, el Che Guevara jugó al rugby en el San Isidro Club, uno de los clubes de este deporte más importantes de Argentina. Luego, por sus limitaciones físicas -sufría de asma-, recaló en otros clubes más modestos, concretamente, el Yporá Rugby Club y después el Atalaya Polo Club.

 


Acto de homenaje que el presidente boliviano Evo Morales (centro) rindió al Che el cincuentenario de su muerte, acompañanado, entre otros, por el vicepresidente cubano Ramiro Valdés (dcha).

Los homenajes del cincuentenario

Los 50 años de la muerte del icono han sido conmemorados prácticamente en todo el planeta, aunque, por razones obvias, los actos más multitudinarios han tenido lugar en Cuba y en otros países latinoamericanos en los que gobierna la izquierda, como Bolivia, donde el político y guerrillero perdía la vida.

En este último Estado, el vicepresidente cubano, Ramiro Valdés, y los cuatro hijos que el  argentino-cubano tuvo con Aleida March (Celia, Aleida, Camilo y Ernesto ) participaron en los homenajes programados por el Gobierno boliviano en memoria del revolucionario. También estuvieron presentes, entre otros muchos, el vicepresidente venezolano, Tareck el Aissami y los exguerrilleros cubanos Harry Villegas (Pombo) y Leonardo Tamayo (Urbano), que combatieron en Bolivia junto a Guevara en 1967.

En su Cuba de adopción, el complejo escultórico y mausoleo donde descansan Guevara y sus compañeros de lucha, en la ciudad de Santa Clara, se convertía en la sede del acto de homenaje, que también conmemoraba los 20 años del hallazgo y regreso a la isla de los restos de los guerrilleros, tras su ejecución en Bolivia en octubre de 1967.

Al acto en Santa Clara le sucedieron espectáculos sinfónicos simultáneos en las principales ciudades cubanas, donde se interpretaron temas icónicos de la banda sonora de la Revolución como ‘Hasta siempre, Comandante’, de Carlos Puebla.
El primer vicepresidente cubano –y que, casi con total seguridad sucederá el próximo mes de octubre a Raúl Castro en la presidencia–, Miguel Díaz-Canel, estuvo al frente del homenaje de los sindicatos de la isla en una fábrica que lleva el nombre del cubano-argentino en la occidental provincia de Pinar del Río.

El presidente cubano y compañero de lucha en la Sierra Maestra, Raúl Castro -que no pronunció ningún discurso-, acompañado de la alta dirección del país y vestido de uniforme militar, depositó una rosa blanca sobre el nicho que cobija los restos del revolucionario.

En su argentina natal no se organizó ningún acto oficial –dada la total divergencia ideológica del Che con el actual gobierno-, pero se sucedieron diversos homenajes en los distintos museos dedicados en su honor que existen en diversas partes del país, como Villa Nydia, en Córdoba; el muso La Pastera, en San Martín de los Andes (Neuquén); en el Museo Parque Provincial Ernesto Che Guevara (Misiones); en el Museo Che Guevara, en Buenos Aires; y también ante el monumento al Che en Rosario.

Otros grandes eventos han tenido lugar en Venezuela, Nicaragua o Ecuador. Igualmente, recibía el reconocimiento en actos públicos de sus camaradas del Partido Comunista de Puerto Rico y de otros partidos hermanos en los cinco continentes.

En Uruguay, nuestro homónimo semanario ‘El Siglo’ realizaba una edición especial en la que se incluía un suplemento, de 20 páginas, tiene en el interior de su cobertura la mítica foto de Che Guevara que le ha dado la vuelta al mundo, tomada por Alberto Korda, en forma de póster y con la firma del Guerrillero.

Hasta en Japón se organizaba una muestra fotográfica denominada “El mundo que vió Che Guevara”  y se presentaba una película en la galería Garden Room del barrio de Ebisu, en Tokio.

La exposición revela el lado más personal del argentino a través de su pasión por los viajes y por la fotografía, una faceta no tan conocida de su vida. Se exponen instantáneas tomadas por su propia cámara de sus primeros viajes en motocicleta a través de países como Guatemala, Venezuela, Perú o Argentina. Entre sus destinos se incluyen los Juegos Panamericanos de México en 1955, donde participó como fotógrafo profesional y periodista; sus actividades como ministro cubano de Industria o de embajador de Cuba en países como India, Sri Lanka y Japón.

Algunas de las fotografías que destacan son las tomadas en Hiroshima en 1959, donde aparece el monumento dedicado a las víctimas del primer ataque realizado con bomba atómica. La visita a esta ciudad, el encuentro con algunos afectados y los esfuerzos por reconstruir causaron una profunda impresión a Guevara.

Esta exposición cuenta con 240 fotografías procedentes del Centro de Estudios ‘Che de La Habana, institución dirigida por su hijo Camilo, y ha sido organizada por Kino Films, productora de la película que se enfoca en el líder revolucionario y se estrenará pronto en las salas japonesas.

En cuanto a la película ‘Ernesto’, narra la historia de Freddy Maymura, un guerrillero boliviano de origen nipón que combatió junto al Che en Bolivia. Se estrena este mes de octubre en conmemoración de la muerte del revolucionario. El director del film es Junji Sakamoto y la productora espera que se distribuya próximamente en España, Francia, otros países de Europa y de América Latina.

Paralelamente, en Irlanda ha causado gran controversia la decisión de la Oficina de Correos de este país de emitir un sello con la imagen del Che Guevara para conmemorar el 50 aniversario de su muerte y recordar sus raíces irlandesas. Muchas voces conservadoras se han alzado reprochando este homenaje a un personaje que consideran ‘sanguinario’ y representante de una ideología ‘opresora’.

El Ministerio de Comunicaciones irlandés ha explicado que la decisión de emitir el sello con la imagen del Che fue aprobada por el Gobierno de Dublín en 2015. El sello de la discordia contiene la famosa imagen creada por el artista dublinés Jim Fitzpatrick a partir de la instantánea el “Guerrillero Heroico”, tomada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz ‘Korda’ en La Habana el 5 de marzo de 1960.

La versión de Fitzpatrick es una de las más reconocibles en todo el mundo tras ser usada en posters, chapas o camisetas y está considerada como una de las diez imágenes más icónicas del planeta.
Además del sello, An Post ha emitido como acompañamiento un sobre conmemorativo en el que se incluye una cita del padre del Che, Ernesto Guevara Lynch, un ingeniero civil con antepasados irlandeses, de ahí el segundo apellido. El texto del sobre dice: “… en las venas de mi hijo corre sangre de rebeldes irlandeses”.

 


La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto un frenazo en la normalización de relaciones con Cuba.

El enemigo del Norte sigue ahí

La conmemoración del cincuentenario de la muerte del Che no ha impedido que las tensiones entre Washington y La Habana se mantengan, a pesar de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ha supuesto un frenazo en la normalización.

El pasado 4 de octubre, solo cinco días antes del aniversario, Estados Unidos anunciaba la expulsión de 15 funcionarios de la embajada cubana en Washington en respuesta a unos misteriosos ‘ataques’ acústicos que dicen haber sufrido 22 diplomáticos estadounidenses en Cuba.

Pocos días después de ordenar la retirada de la mayoría de su personal en la embajada de Estados Unidos en La Habana y pedir a los estadounidenses que no viajen a la isla, el Departamento de Estado iba más allá al ordenar una drástica reducción de la plantilla de la misión diplomática cubana en Washington. Afecta a dos tercios del personal cubano en la embajada y promete agravar las tensiones entre los viejos enemigos de la Guerra Fría.

El Gobierno estadounidense no ha culpado directamente al cubano por los ataques que provocaron síntomas físicos (como pérdida de audición y problemas cognitivos) a varios de sus diplomáticos en la isla y, de hecho, está cooperando con el Ejecutivo de Raúl Castro en la investigación de los mismos.

Pero Washington sí exige a La Habana que tome medidas para certificar la seguridad de los diplomáticos norteamericanos en la isla, y mantendrá al mínimo las embajadas en ambas capitales hasta recibir garantías al respecto.

La decisión podría afectar a los servicios consulares de la embajada y, por tanto, a los cubanos y estadounidenses que viven en EE UU y desean viajar a Cuba, del mismo modo que la reducción de personal estadounidense en La Habana llevó a esa legación a suspender indefinidamente la emisión de visas.

Eso sí, Donald Trump ha aclarado que no piensa romper los lazos diplomáticos con La Habana, pero ha endurecido sobremanera el discurso, volviendo a defender a ultranza el embargo. Y, sobre todo, ha dado marcha atrás en la apertura económica.  Washington volverá a limitar los viajes de los estadounidenses a Cuba y prohibirá las transacciones con el conglomerado de empresas de la isla que manejan el grueso de los negocios, y  que controlan tanto el sector estatal como el turístico.