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                Nº 1213. 15  de septiembre de 2017

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Política / Manuel Capilla

Puentes con ERC, distancia con el Govern, mano dura con Podemos, convivencia con el PSC… y que el 1-O no la salpique

El puzle de Colau

En plena cuenta atrás para el 1-O, Ada Colau trata de encajar las piezas del puzle que le permitan determinar el futuro escenario político catalán y español. De un lado, pone distancia con Carles Puigdemont mientras es cortejada por su vicepresidente, Oriol Junqueras, de cara a una entente posreferéndum. Del otro, consigue marcar el paso a Pablo Iglesias y atar en corto a Pedro Sánchez y el PSC, que le han garantizado su apoyo en el Ayuntamiento de Barcelona a pesar de no frenar la votación. De los pasos de la alcaldesa y los suyos depende el futuro gobierno de la Generalitat y quizás el de España.


La alcaldesa de Barcelona trata de marcar distancias con el Govern sin impedir la celebración del 1-O. / Ajuntament de Barcelona.

En los círculos políticos catalanes se vislumbra un Govern de ERC sostenido por Colau   El gran objetivo de los Comunes es “preservar este espacio político” ante las tensiones del 1-O

“El principal objetivo político es preservar este espacio político” y que la convocatoria del 1-O y su desenlace provoque “las menores heridas posibles”. Fuentes próximas a la cúpula de Catalunya En Comú explican cual es, hoy por hoy la principal prioridad de Colau y su núcleo duro, conscientes de que el 1-O ha abierto grietas en una organización que alberga federalistas e independentistas. De ahí que para adoptar la posición definitiva ante el referéndum se haya abierto una consulta entre las bases. Pero estas fuentes explican a El Siglo que “para el día después pensamos todos igual”, es decir, “no consideramos válido el referéndum ni la Ley de Transitoriedad”. Por tanto, el día después del 1-O “será el turno de la política” y ya no será el eje discursivo la independencia. “Las cuestiones de la democracia se ponen en primer plano”, en una estrategia dirigida “contra el PP”.

A pesar de las incógnitas que quedan por resolver de aquí al 1-O y de las medidas represivas que pueda adoptar el Ejecutivo de Mariano Rajoy, que estas voces explican que pueden terminar por “incendiar” Cataluña, el diagnóstico en la cúpula de Catalunya En Comú es que vamos a elecciones “en un plazo no superior a seis meses”. Unas elecciones que formaciones como PDeCAT y la CUP “vestirán de constituyentes”, pero en las que habrá un nuevo Parlament en el que será Oriol Junqueras el que herede la “patata caliente” y el encargado de “formar gobierno”. De ahí que, según estas fuentes, Junqueras esté manteniendo un tono nada exaltado en sus declaraciones públicas y sosteniendo contactos con múltiples actores y, por supuesto, con los Comunes, como reconocen en privado algunos de sus miembros. Y es que en los círculos políticos y mediáticos catalanes ya se vislumbra una nueva mayoría parlamentaria que gravitaría en torno a una alianza entre ERC, que según todas las encuestas sería la fuerza más votada, y Catalunya en Comú.

La posibilidad está cada vez más presente y la comentaba, en una entrevista concedida a El Siglo el pasado mes de mayo, el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà. En ella, afirmaba que “los Comunes y nosotros vamos a converger en el llamamiento a la participación”, (ver El Siglo, número 1.200). Y es que, en su opinión, “la futura hegemonía de las izquierdas catalanas dependerá de que, en estos próximos meses, no fragüe una fractura política o emocional entre ellas. Y esto sólo tiene un antídoto, que es coincidir en el punto de la participación en el referéndum. Si no hubiera este punto de encuentro, se podría forjar una división que podría durar muchos años”.

Y esta es precisamente la cuestión que más preocupa en el seno del Ejecutivo y en los despachos donde se controlan los resortes de poder en Madrid. La inquietud de Rajoy y su gabinete va más allá del 1-O, poniendo el foco en la posibilidad de un Ejecutivo de “izquierda radical” en Cataluña y en el posible efecto contagio que este pudiera generar en el resto de España.

Por el momento, parece que se ha logrado ese punto de encuentro mencionado por Tardà para alcanzar una futura entente de las izquierdas catalanas. El pasado martes se conocía que la consellera de Enseñanza, Clara Ponsatí, asumía el control del Consorcio de Educación de Barcelona, el organismo que gestiona los centros públicos de la capital catalana. No hay que olvidar que Ponsatí fue una de las personas que entró en el Govern en la reciente reforma que efectuó Puigdemont, cesando a los consellers menos adeptos al 1-O y cómo estaba gestionando la situación el president. La propia alcaldesa explicó que Ponsantí le llamó el martes por la tarde y le dijo que asumía la presidencia del organismo por “motivos obvios”. Además, Colau señaló que Ponsatí asume "toda la responsabilidad" de lo que se firme en el Consejo. Ya el jueves, Colau daba oficialidad al acuerdo con el Govern anunciando que: “Cumplimos nuestro compromiso: en Barcelona, el 1-O se podrá votar sin poner en riesgo a la institución ni a los servidores públicos”. Poco después, Puigdemont lo retuiteaba calificándolo de “¡buena noticia!”.


El líder de ERC, Oriol Junqueras, hace meses que corteja a la alcaldesa con vistas a un futuro acuerdo de gobierno / EP.

Este acuerdo, por el cual la Generalitat asume la gestión del 1-O en la capital y hace posible a la alcaldesa cumplir con su palabra responde a las gestiones que se han venido haciendo en la sombra por parte de los Comunes y responsables de ERC. La cita más llamativa tuvo lugar hace algunas semanas en el domicilio barcelonés del factótum de Mediapro, Jaume Roures, en un encuentro que reunió a Junqueras con Xavi Doménech, mano derecha de Colau en el Congreso, y Pablo Iglesias. Pero los contactos vienen desde hace algunos meses, como confirman fuentes de los Comunes.

El equipo que ha estado pilotando estas conversaciones por parte de los Comunes está integrado por Adrià Alemany, responsable de Relaciones Políticas e Institucionales de Catalunya en Comú y pareja de Colau; Gerardo Pisarello, otra figura clave en la creación de Barcelona En Comú y una de las voces más cercanas al independentismo de los Comunes desde su cargo de primer teniente de alcalde de Barcelona; y el actual gerente del Ayuntamiento, Jordi Martí, cercano a ERC hasta su incorporación al consistorio.

Este trío, adelantado la semana pasada por El Confidencial, da idea de que los contactos están siendo al máximo nivel, ya que Alemany y Pisarello son figuras clave en la creación tanto de Barcelona en Comú y Catalunya en Comú y han formado parte del núcleo duro que ha tomado las decisiones más trascendentales junto a la propia Colau y Doménech. De los tres, la figura más llamativa y desconocida sea la de Martí, por su viaje político y por su capacidad para ejercer de puente con ERC. Y es que Martí era miembro destacado del PSC, que abandonó tras perder las primarias contra Jaume Collboni, ahora portavoz socialista en el Ayuntamiento y miembro del Ejecutivo municipal tras el acuerdo firmado con los Comunes. Con otros disidentes, Martí formó el Moviment D’Esquerres que acudió a las últimas elecciones municipales con ERC. De hecho, su líder, Alfred Boch, llegó a ofrecerle el segundo puesto de la lista electoral.

Alemany, pareja de Colau y economista de formación, es el poder en la sombra de los Comunes, la persona que ha estado en todas las negociaciones y la que ha tejido acuerdos y desacuerdos. De hecho, no falta quien apunta que su relación con Iglesias es tensa desde que se iniciaron las conversaciones para sumar fuerzas entre los Comunes y la formación morada, y que ha sido Doménech quien ha engrasado las relaciones con el líder de Podemos.

Por su parte, Pisarello, a quien muchos califican como el ‘cerebro’ de los Comunes a la hora de diseñar la estrategia política, ha sido una de las principales voces de los Comunes a la hora de llamar a la participación el 1-O.  Este hispano-argentino, doctor en Derecho y profesor en la Universidad de Barcelona, ha defendido un “sí crítico” contra el “autoritarismo” del PP, en un artículo en el diario ‘Crític’. Pisarello considera que el soberanismo republicano y progresista “no puede quedarse en casa” aunque no comparta la hoja de ruta de JxSí. Pisarello es uno de los mejores ejemplos de las diferencias que existen en el seno de los Comunes a la hora de enfocar el 1-O. De ahí que se haya apelado a las bases para clarificar la posición, a pesar de que ya fue el pasado ocho de julio cuando la coordinadora nacional del nuevo partido de Colau, Catalunya en Comú, formalizaba su posición ante el referéndum. La cúpula de los Comunes decidía apoyar la convocatoria, pero simplemente como una movilización legítima de respuesta al “inmovilismo” del PP, sin considerarla un “referéndum vinculante” sobre la independencia. En ese momento, no se definía nada acerca de votar o no, y mucho menos en qué sentido.

Una posición que supuso un jarro de agua fría en las filas del independentismo, que tienen claro que Colau y sus votantes son claves en el procés. Y es que en Junts pel Sí entienden y el Govern tiene asumida una reflexión cuando se les plantea que perdieron las elecciones plebiscitarias de septiembre de 2015. En esos comicios el 48% de los votos fueron para Junts pel Sí y la CUP y el 52% para aquellas fuerzas que no son partidarias de la independencia, de lo que cabría concluir que el independentismo fue derrotado. Pero desde Junts pel Sí subrayan que lo que hubo fue un 48% a favor de la independencia, un 39% en contra y alrededor de un 11% que no se pronunció. Un porcentaje que casa prácticamente con los que consiguió Catalunya Sí que es Pot, la marca con la que concurrió Podem, ICV y Esquerra Unida, el mismo espacio que ahora lideran Colau y Barcelona En Comú. Albert Botran, de la CUP lo expresaba en una entrevista concedida a El Siglo en número 1.182, el pasado mes de enero: “Colau tiene los votos que nos faltan para la independencia”, y más desde que los Comunes consolidaran su espacio ganando las generales de diciembre de 2015 y junio de 2016, quedándose cerca del 25% de los votos en ambas convocatorias.

De ahí que sea fundamental sumarlos a la causa y que su manera de poner distancia haya puesto nervioso a más de uno en la Generalitat, empezando por el propio Puigdemont, que acusaba este fin de semana a Colau de estar del lado de José María Aznar y Felipe González. “¿Colau, que nos da lecciones cada día, está al lado del PP o al de los que tenemos coraje para poner las urnas?”, se preguntaba Puigdemont en el mes de julio. De momento, parece Puigdemont y Colau han llegado a una entente con la que cada uno consigue sus objetivos. Eso sí, a la espera del 1-Oy de las elecciones que ya se vislumbran en el horizonte político catalán.


A pesar de que su ‘feeling’ no es el mejor, el líder de Podemos se ha ‘sometido’ a Colau / EP.

Iglesias se rinde a la alcaldesa

En la celebración de la Diada que organizaron los Comunes terminó de escenificarse la ‘rendición’ de Iglesias ante Colau, la “gran referente moral de Cataluña”, en palabras del propio líder de Podemos. Parece que Iglesias ha terminado por asumir que en cuestiones catalanas tiene que ponerse a las ‘órdenes’ de Colau, como se vio en el mes de julio, cuando el líder de la formación morada se oponía públicamente al referéndum y afirmaba que si fuera catalán no votaría en él. Pocos días después, los Comunes adoptaban oficialmente la posición de apoyar al 1-O como movilización, e Iglesias ‘matizaba’ su postura. Afirmaba que “saluda” que las instituciones catalanas “faciliten el referéndum”, porque se trata de una “movilización ciudadana”. Y dejaba claro que Podemos “está en la línea de Xavier Domènech y de Colau”, es decir, que su formación por la celebración de un “referéndum legal con todas las garantías”.  

Y eso que hubo un tiempo que Iglesias trató de llevar la voz cantante en el espacio político de Podemos y los Comunes. Pero la experiencia de Catalunya Sí que es Pot, la candidatura forjada entre Podemos, ICV y Esquerra Unida a espaldas de los Comunes en las elecciones catalanas de septiembre de 2015 dejó claro para todos los agentes políticos catalanes –y también para la dirección de Podemos en Madrid- que no se podía dar un paso sin contar con Colau y su equipo de Barcelona En Comú, que arrasaron en las generales con una candidatura pilotada por ellos.

Desde lo sucedido antes de las elecciones de septiembre de 2015, el feeling entre Colau e Iglesias no ha sido el mejor. Entre otras cosas, porque “hay un cierto estilo de Pablo Iglesias y el núcleo impulsor de Podemos con el que no conectamos”. Así se expresaba la alcaldesa en el libro ‘Ada, la rebelión democrática’, explicando que “es una diferencia de estilo, personal y política”, y cuestionando concretamente la “arrogancia, la forma de expresarse” de Iglesias. A tender puentes entre ambos a contribuido de forma fundamental Xavi Doménech, desde que desembarcó en Madrid al frente de En Comú Podem. “En lo interno, Xavi es un bálsamo”, explican algunos de sus aliados políticos, que señalan su gran capacidad para forjar complicidades y atemperar conflictos. De ahí que se haya ganado “el favor de sus socios, incluso en Madrid”.

 


Sánchez ha ratificado el acuerdo municipal con el PSC liderado por Jaume Collboni (dcha.) / PSOE.

Sánchez quiere llevarse bien con los Comunes

“Cuando el PSC se mete en un gobierno, se incorpora con todas las consecuencias para resolver temas de sanidad, derechos sociales o desigualdad. Eso está por encima de cualquier otra consideración. Y esos compromisos deben ser hasta final de legislatura. Creo que con esto he sido claro”. Así se expresaba Pedro Sánchez el pasado martes en unas jornadas organizadas por El Periódico de Catalunya, dando un balón de oxígeno importantísimo a Colau, que gobierna con un Ejecutivo de coalición con el grupo liderado en el consistorio por Jaume Collboni. Eso sí, Sánchez matizaba que era un posición personal y que le correspondía a Collboni y los suyos decidirlo. Pero el aviso a navegantes ya estaba lanzado, quién sabe si porque Sánchez tiene claro que no puede permitirse renunciar a potenciales aliados en su asalto a la Moncloa.
Y eso que Colau no se ha posicionado en la misma línea que los alcaldes del PSC, como la de Santa Coloma de Gramanet, Núria Parlon, que ha defendido no ceder locales para la votación ni participar en la misma. Es más, los más de 350 alcaldes y concejales del PSC han lanzado un manifiesto en el que denuncian las amenazas e insultos recibidos por su posicionamiento de cara a la consulta, reivindicando “el derecho a la plena libertad de expresión, sin ningún tipo de intimidación, discriminación o amenazas”, y acusando de la situación a Junts pel Sí y a la CUP.
Uno de los últimos alcaldes en denunciar amenazas y acoso ha sido el alcalde Terrasa, Jordi Ballart, que ha escuchado  insultos como “traidor”, “indigno” o “maricón asqueroso”. Eso sí, Ballart también ha aclarado que ha pactado con el Govern cuáles serán los centros de votación, ninguno de ellos municipal. Un acuerdo que va en la línea de lo que Colau ha cerrado para Barcelona.