Periodistas contra periodistas Tiempos de hoy

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                Nº 1212. 8  de septiembre de 2017

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Política / C. M.

El mapa mediático catalán se quiebra por el referéndum

Periodistas contra periodistas

Reflejo de un escenario político cada vez más crispado, el otrora ordenado mapa mediático catalán ha saltado por los aires. Polémicos despidos, monstruos sagrados cuestionados y atacados, cruces de acusaciones por las subvenciones de la Generalitat, líneas editoriales cada vez más definidas y, sobre todo, pujanza de medios digitales comprometidos y beligerantes marcan el día a día de una prensa convertida en el nuevo campo de batalla en el que se enfrentan partidarios y enemigos del procés.


De izqda. a dcha.: Enric Hernández, Jordi Évole, Marius Carol y Gregorio Morán, periodistas en el punto de mira por el 'procés'.

"Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay más que preocupación". 26 de noviembre de 2009. Doce medios de comunicación catalanes, incluidos los grandes, lograron un hito histórico, al publicar ese día un editorial conjunto pactado. Bajo el título de “La dignidad de Cataluña”, toda la prensa catalana salía así en defensa unánime de un Estatut vapuleado y a punto de ser desmembrado por el Tribunal Constitucional.

Aquello fue toda una declaración de intenciones y un gesto que, ocho años después, sería impensable que pudiera repetirse. Impensable, porque la batalla política se ha trasladado con virulencia a los medios, hasta el punto de que ya no son sólo los grupos editoriales los que miden sus fuerzas y rivalizan, sino que el conflicto ha llegado a enfrentar a periodistas contra periodistas, en función de sus posicionamientos en torno al procés.

Aunque la crispación y la creciente tensión llevan tiempo mascándose, es en los últimos meses cuando las chispas han llegado a prender el fuego. Así, uno de los más recientes episodios ha sido el protagonizado –a su pesar–  por Jordi Évole, conocido artífice del programa Salvados. A raíz algunos de sus artículos publicados en prensa, Évole fue, hace días, objeto de una broma por parte de Súmate, una plataforma a favor del en el referéndum del 1 de octubre. En las redes, este grupo publicaba un cartel con la foto del comunicador y el texto de “Se Busca”, calificando a Évole como “Colaborador equidistante de El Periódico”. El revuelo suscitado por esta iniciativa fue tremendo, hasta el punto de que la organización tuvo que retirar el tuit e incluso su portavoz, Antonio Baños, tuvo que admitir que era un error.

Sin embargo, el mal estaba hecho. Apenas unas horas después, bastó un tuit crítico del propio Évole durante la celebración del pleno del Parlament en torno a la convocatoria del referéndum – “EL TIEMPO: Esta tarde continua el bochorno”–, para que le llovieran las respuestas airadas y los unfollow en Twitter.

Pero al margen de este episodio concreto, que ilustra bien la intolerancia existente entre los políticos y periodistas –de uno y otro bando– cuando se tratan cuestiones relacionadas con la independencia, lo cierto es que también deja traslucir la nueva situación en la que se encuentran algunos de los medios de comunicación catalanes más veteranos. Como es el caso de El Periódico, precisamente el medio en el que Évole ha publicado sus artículos equidistantes y que se ha visto inmerso hace bien poco en una polémica a medio camino de la política y el periodismo.  

En este sentido, no es ningún secreto que incluso los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto pasado han sido utilizados como armas arrojadizas en el debate soberanista. Así, nada producirse los atentados, los medios nacionalistas se lanzaron en contra de El País y El Mundo, que en sendos editoriales, en mayor o menor medida, vinculaban los atentados con el nacionalismo. El Mundo, por ejemplo, hablaba de la política de inmigración de Cataluña, “que ha dado prioridad a los intereses electorales, vinculados con el independentismo, sobre la seguridad nacional”.

También en esos días, El Periódico publicaba en portada una destacada exclusiva, según la cual los Mossos, hasta entonces héroes del día, habían sido avisados por los servicios secretos de Estados Unidos de la inminencia de estos ataques, pese a lo cual no habían tomado medidas. La información estaba firmada nada menos que por el propio director del diario, Enric Hernández, un conocido periodista, veterano de la casa.

La respuesta de la Generalitat fue fulminante. El conseller de Interior, Joaquim Forn, cuestionó la exclusiva, hablando de la "muy baja credibilidad" de la información y de su autor, el propio Hernández. La polvareda levantada por las palabras del conseller fue considerable, con contundentes tomas de posición a favor del periodista por parte de la mayoría de los medios nacionales e incluso con comunicado de defensa por parte de asociaciones profesionales, como la Asociación de Medios de Información (AMI), que hablaba de la necesidad de defender la libertad de expresión en casos como éste. Por un lado, los portavoces independentistas se lanzaron en masa a criticar al medio y al periodista, mientras que el propio fundador de Wikileaks, Julian Assange, en persona, pedía la dimisión de Hernández tras poner en cuestión la veracidad del documento de la exclusiva.

Sin embargo, desde Cataluña, la visión era bien diferente. Para algunas fuentes, no era ninguna casualidad que la exclusiva –que dejaba a los Mossos y a la Generalitat en muy mal lugar– hubiera sido publicada en El Periódico, toda vez que este medio, antes representante de una línea claramente de izquierdas moderada –similar a la de su grupo editor, el Grupo Zeta– es ahora percibido en Cataluña más como expresión de posturas contrarias al referéndum. Para algunas fuentes, una línea incluso cercana al entorno que rodea al ex secretario general socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, hoy miembro del Consejo editorial de El País y poco amigo de los nacionalismos.

Y si El Periódico ha sufrido, en estos años, una migración en su posicionamiento editorial, su más directo rival, La Vanguardia, ha seguido un camino similar, aunque mucho más prudente.  No en vano, hasta 2013 este medio, tradicionalmente vinculado a la burguesía conservadora y nacionalista –que no independentista– catalana, había sido dirigido por el periodista Josep Antich, quien, progresivamente, orientó el diario hasta posiciones cercanas al independentismo, incluyendo la decisión de publicar una edición en catalán. Un recorrido similar al que sufrieron algunos dirigentes de la antigua CiU, como el de su gran amigo y apoyo, el expresident Artur Mas. Sin embargo, si para los convergentes el viaje era casi natural, para el empresariado catalán, y, por ende, para el grupo que pilota el medio, el Grupo Godó, el giro era demasiado radical; por lo que el conde de Godó tomó la decisión de relevar al hasta entonces director. Fue sustituido por Marius Carol, un histórico de la casa con un perfil político mucho más prudente, hasta el punto de que, para muchos, La Vanguardia, bajo su mando, ha abandonado el liderazgo del independentismo catalán, reforzando la vertiente conservadora, para distanciarse de El Periódico. Un posicionamiento que no ha impedido que muchos líderes del procés, como el propio president Carles Puigdemont, optaran por ese medio sobre el resto para conceder sus primeras entrevistas en momentos clave. Es más, fruto de este cambio de tendencia se podría apuntar el fulminante despido de uno de los articulistas más veteranos de la casa, Gregorio Morán, sentenciado por sus escritos críticos hacia la Generalitat. En concreto, un artículo, titulado “Los medios del Movimiento Nacional” y en el que no sólo arremetía contra los medios de comunicación nacionalistas, sino que calificaba a Joaquin Forn, nuevo conseller de Interior ,como "delincuente legal", fue, en julio pasado, uno de los detonantes de su despido como colaborador.

Al rebufo de El Periódico y La Vanguardia, que ya no son los “monstruos sagrados” de antaño, sino reliquias a batir, han surgido numerosos medios, entre los que destaca, Ara, un diario perteneciente a un grupo de empresarios catalanes encabezados por Víctor Font propietario de Delta Partners en alza y marcadamente independentista, considerado como el “diari del procés”. Cuenta con periodistas conocidos como Antoni Bassas, Mónica Terribas y mantiene posiciones cercanas a las de Junts pel Sí.

Ara tiene como directo referente al Punt Avui, fruto de la fusión de dos medios históricos como fueron El Punt, proyecto periodístico nacido en 1979 en Girona y que antes de la fusión con Avui disponía de diez ediciones territoriales en toda Cataluña, y Avui, primer diario publicado en lengua catalana desde 1939, considerado en tiempos como el “periódico de Pujol”.

Junto a estos medios, otros digitales han ido tomando posiciones. Y la mayoría, a favor del independentismo, aunque en posiciones más o menos radicales. Entre los primeros, Vilaweb.cat, primer periódico digital en España y editado en catalán, El Triangle, o directe.cat. Un caso destaca entre los de tendencia independentista moderada. Es el de elnacional.cat, creado por el que fue director de La Vanguardia, Josep Antich, a quien no le tiembla la mano al hablar del “filibusterismo” de Ciudadanos en un titular de portada.

En un ala diametralmente opuesta, es decir, en posiciones claramente antiindependentistas se encuentra otro digital de reciente creación, elcatalan.es. Anunciado a bombo y platillo en libertad.es, medio presidido por Federico Jiménez Losantos, se autodenomina como “diario digital constitucionalista en Cataluña” y en su primera edición encabezaba el número con una foto a toda plana del líder del PP de Catalunya, Xavier García Albiol. Entre sus impulsores, Sergio Fidalgo, con el apoyo de Félix Ovejero, Tomás Guasch o Dolores Agenjo, así como el del jurista y ensayista italiano Norberto Bobbio.

En un punto similar pero mucho más moderado se sitúa, por su parte, Crónica Global, un diario digital dirigido y fundado por el periodista Xavier Salvador, veterano de El Periódico. Un medio que, desde posturas antinacionalistas, se postula como el “principal digital constitucionalista de Cataluña” y que ha logrado mejorar sus perspectivas gracias a sus colaboraciones con otros medios que no son competencia. Como es el caso del acuerdo/fusión empresarial alcanzado con el diario El Español o de las frecuentes apariciones de sus periodistas en los informativos de La Sexta, como ocurrió con motivo de los atentados de Barcelona, donde mantenían un tono marcadamente anti nacionalista.

Aunque estas últimas colaboraciones podrían terminar, a la postre, estropeándose, a la vista del incendiario editorial escrito recientemente por Salvador, director de Crónica Global, contra Jaume Roures, accionista de Público y fundador de La Sexta, de la que sigue produciendo los informativos. El motivo no era otro que el hecho de que Roures hubiera sido el anfitrión del encuentro entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el de ERC, Oriol Junqueras. Un encuentro que puede tener importantes repercusiones políticas en el futuro, de las que daba cuenta El Siglo en su portada de la semana pasada (ver “Vuelve Roures, el magnate de la izquierda”, nº 1.211).  Entre otras cosas, Salvador señalaba que “El accionista de Mediapro, sin embargo, practica la conspiración más estricta de salón: en silencio, como los espías y los cómplices”.

Pero no sÓlo arremete Salvador contra Roures. También ha sido uno de los que más eco han dado a otra de las recientes polémicas surgidas en el escenario mediático catalán: el del reparto de subvenciones a los medios catalanes por parte de la Generalitat. Según el director de Crónica Global, “eL 80-85% de los medios catalanes se han entregado al soberanismo” y eso es así porque la Generalitat ha repartido, según han apuntado varios medios antisoberanistas, millones en subvenciones a los medios más proclives a sus tesis. Entre ellos, Ara, Punt Diari, TV3, vilaweb.cat, elnacional.cat

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