Tiempos de Hoy Tiempos de hoy

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                Nº 1212. 8  de septiembre de 2017

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá

Los alimentos ultraprocesados ganan cada vez más espacio en nuestra despensa

La platos, cada vez más ‘preparados’

“Sin azúcares añadidos”, “Bio”, “Light”, “100 por 100 natural”... Las estanterías del supermercado están repletas de envases que realmente desconocemos. Durante años la industria y la sociedad han ido sustituyendo horas de cocina por comodidad y sabor. Las consecuencias han recaído sobre nuestra salud. Es hora de remangarse, enterarse de qué comemos y tomar decisiones.


El marketing, la comodidad, el sabor, han abierto nuestras puertas a los alimentos preparados. 

Un alimento procesado es todo aquel que haya sido manipulado antes de ser consumido, es decir, prácticamente la totalidad del súper. Sin alarmas. Algunos son mínimamente manipulados, sólo limpiados, deshuesados, triturados, refrigerados, fermentados..., como los frutos secos sin cáscara,  las lechugas lavadas, las verduras o el pescado congelado, la leche, los huevos, etc., los que según la lista Nova (reconocida por la OMS y la FAO) estarían en el Grupo 1, junto a los alimentos frescos.

En el Grupo 2 están los alimentos culinarios procesados, sustancias extraídas y purificadas a partir de los alimentos del Grupo 1 que se someten a procesos de molienda, prensado o pulverización, y pueden contener aditivos. Se suelen utilizar al cocinar alimentos: sal, azúcar, mantequilla, aceite, miel...

El Grupo 3 es el de los alimentos procesados (propiamente dichos), versiones del alimento original, alterados por la introducción o adicción de sustancias tales como azúcar, sal, aditivos..., que los hacen más apetecibles y duraderos, aunque nutricionalmente más desequilibrados. Son las verduras enlatadas, el pescado ahumado, las frutas en almíbar....

Otros dan un paso más. Son el Grupo 4, los ultraprocesados. Elaborados principalmente con ingredientes industriales, contienen poco o ningún alimento natural. No se asemejan a ningún alimento natural, suelen estar listos para comer, calentar o beber. Son los aperitivos de bolsa, las sopas en lata, las bebidas carbonatadas, bollería, cereales infantiles... y un largo etcétera.

Es este último grupo el que hay que mantener más a raya. En los últimos años son ellos los que han ido ganando espacio en nuestras cocinas.

Se venden muy bien, el marketing potencia su sabor, su “frescura”, su “naturalidad” y su rapidez. Son muy apetecibles, sabrosos, incluso hay quien alerta de un gran potencial adictivo. Sin embargo, durante el tratamiento de procesado al que son sometidos, especialmente los ultraprocesados, pueden perder minerales, vitaminas, una gran cantidad de contenido acuoso y fibra, lo que hace que aumente su porcentaje calórico. Además los productos añadidos no suelen ser saludables: azúcar, sodio, conservadores químicos (estabilizantes, emulsionantes, disolventes, aglutinantes e infladores), grasas, harinas, almidones, edulcorantes y potenciadores de sabor que los expertos llevan años intentando apartar de nuestro carrito de la compra ya que están ligados a problemas de obesidad, diabetes e hipertensión.

En España el 41 por ciento de este carro lo ocupan productos frescos (un 44 por ciento del presupuesto de nuestra compra), según datos del último Informe del Consumo de Alimentos en España llevado a cabo por el Ministerio de Agricultura, que remarca que el consumo de frutas, carnes y hortalizas ha descendido un 1%, al tiempo que aumenta el consumo del grupo de alimentos procesados: platos preparados (+4,2 por ciento), patatas (+1,2 por ciento), bollería, pastelería, cereales y productos navideños (+0,6 por ciento) y frutos secos (+0,3 por ciento).

Al Día

Las etiquetas, fuente de sorpresas

Si nunca lo has hecho, quizás es hora de que eches un buen vistazo a las etiquetas de los productos que compras. Sorpresa y desconcierto pueden ser las sensaciones ganadoras, así que esta semana vamos a intentar clarificar detalles de los nombres más comunes en las etiquetas: los aditivos, definidos como: “Toda sustancia que normalmente no se consuma como alimento en sí misma ni se use como ingrediente característico de los alimentos, tenga o no valor nutritivo, y cuya adición intencionada –con un propósito tecnológico– a un alimento durante su fabricación, transformación, preparación, tratamiento, envasado, transporte o almacenamiento tenga por efecto, o quepa razonablemente prever que tenga por efecto, que el propio aditivo o sus subproductos se conviertan directa o indirectamente en un componente del alimento”.

No deben ser usados para enmascarar sabores o materias primas defectuosas. Al contrario, sirven para preservar la calidad nutricional del alimento, su conservación, o para  suministrar los ingredientes o constituyentes necesarios para alimentos destinados a grupos de consumidores con necesidades dietéticas especiales. Aunque cada vez es más común y fuerte la “quimiofobia” generalizada, también hay voces que recuerdan que son necesarios para la conservación de ciertos alimentos, voces que recuerdan que, por supuesto sin perder de vista los alimentos frescos y constituyendo éstos siempre el grueso de la lista de la compra, el consumo de aditivos es seguro, y basta con moderar su consumo de manera razonable y, de hecho, son ellos los que nos proporcionan una alimentación mucho más segura.

Los más comunes son los colorantes, los antioxidantes, los emulsionantes, estabilizantes, conservantes, o edulcorantes...

Se identifican por la letra E, aunque también pueden leerse con su nombre científico. Por ejemplo la Vitamina D, puede nombrarse con su nombre oficial E-300, o con su nombre científico: ácido ascórbico.

Proceden de animales, como el glutamato monosódico (E-621), la lecticina (E-322) o el ácido carmínico (E-120), o de plantas, como la curcumina (E-100), o la clorofila (E-140), aunque muchos de ellos ya se sintetizan en laboratorio.

Los colorantes son todos los E seguidos de la primera centena, los antioxidantes los de la tercera centena y los edulcorantes en la cuarta, aunque hay excepciones.

La etiqueta se convierte en un aliado imprescindible para comprar con seguridad.