Entreivsta Ferran Mascarell Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1206. 23 de junio de 2017

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Política / Manuel Capilla

Ferran Mascarell, delegado del Govern catalán en Madrid

“Si se impide el referéndum, el independentismo no desaparecerá”

Ferran Mascarell acaba de publicar Dos Estados, una obra en la que defiende la premisa de que la única solución para la situación que se vive en Cataluña es la proclamación de un Estado propio y que va a ser presentada en Barcelona el próximo 3 de julio, con la presencia del president Carles Puigdemont, y posteriormente en Madrid. El conseller de los gobiernos de Pasqual Margall y Artur Mas explica que “no se quiere reconocer algo elemental: en 2010, en Cataluña, se produjo una revuelta social”. Una revuelta que ha provocado que “la idea de compartir Estado, una idea que hasta el Estatuto de 2006 era la idea mayoritaria en Cataluña, se ha difuminado”.

“No se quiere reconocer algo elemental: en 2010, en Cataluña, se produjo una revuelta social”   “Que en Madrid se hable como lo hace Podemos es una ruptura interesante”

Su libro transmite la idea de que ya no hay solución posible para las relaciones España-Cataluña, que la independencia es la única vía.
A estas alturas, sí. No veo otro proyecto más o menos construido que el que se genera a partir de la idea de construir un Estado propio en Cataluña. La idea de compartir Estado, una idea que hasta el Estatuto de 2006 era la idea mayoritaria en Cataluña, se ha difuminado. Dudo mucho que haya en Cataluña la posibilidad de construir otra idea que no sea la independentista. En el libro digo que está pendiente saber si hay alguna idea en la política española capaz de ofrecer un proyecto para los catalanes dentro del Estado español. Yo lo dudo. En cualquier caso, el proyecto español para Cataluña corresponde a unas fuerzas políticas y sociales que no sé cuáles son, que quizá existen pero que no se manifiestan. El proyecto de la independencia no mira al pasado, mira al futuro, por eso es atractivo, por eso los jóvenes se involucran en él.

¿Por qué no se entiende desde Madrid lo que sucede en Cataluña, como menciona en su obra?
Porque se parte de una mirada muy reactiva sobre la sociedad española y catalana. En el núcleo duro del Estado, la mirada sobre Cataluña está llena de prejuicios y no tiene ninguna voluntad de comprensión, porque si se comprende hay que actuar. No sé quiere reconocer algo elemental: en 2010, en Cataluña, se produjo una revuelta social, de clases medias y trabajadoras. Además, con un espectro demográfico muy grande. Esa revuelta fue contra el Estado, contra un Estado que no funciona en Cataluña. Algunos periodistas, Enric Juliana por ejemplo, empezaron a hablar, ya en 2003, del catalán ‘emprenyat’, que es algo así como el catalán fastidiado o enfadado. Este es un catalán que no entiende por qué el Estado funciona de una forma tan poco eficiente, tan poco positivo, tanto en los aspectos económicos como en los de identidad. Ese catalán es el que después de la sentencia del Constitucional dice basta.

En el texto, valora positivamente la posición de Unidos Podemos sobre la plurinacionalidad del Estado, ¿abre una puerta a la solución?
Veremos. Hoy por hoy, la apuesta de Podemos, lo que hace posible es que se ablande la posición política tan cerrada que se ha mantenido por las direcciones de PP y PSOE en los últimos años. Sólo el hecho de que en Madrid se hable como lo hace la gente de Podemos es una ruptura conceptual interesante. Veremos el recorrido de los movimientos que se están produciendo en el PSOE. Yo he sido militante del PSC durante treinta y tantos, y ya viví todas estas cosas con mayor precisión conceptual que la que ahora se utiliza. Pero bueno, quiero ponerle un punto de esperanza que también ahí se está abriendo algo.

¿Cómo valora la posición del nuevo PSOE de Sánchez y su concepto de “nación cultural”?
Una nación cultural no es nada. Hay que empezar a dar sentido real a las palabras. Una nación es una nación. Uno de los problemas de la política, no sólo española, es la tendencia a buscar subterfugios para no identificar la verdad de las cosas. La nación es la nación, es una decisión que tiene como propiedad que aquellos que así se sienten se definen como tal. Por tanto, no tiene ningún sentido que le diga que usted no forma parte de la nación española, porque yo lo digo. Usted forma parte de la nación española porque así lo ha decidido, y es su derecho, nadie tiene derecho a discutirlo. Por tanto, que usted me diga a mí que no tengo derecho a sentirme nación catalana, o que es una nación cultural pero no es una nación con derecho a soberanía, es un contrasentido. La nación conlleva derecho a soberanía. Y los estados se configuran sobre la decisión soberana de las naciones. Ser nación es una decisión de un colectivo humano que por historia, por lengua, por voluntad, por proyecto de futuro, por ganas de compartir, se define como tal. Y todo el mundo tiene derecho a serlo si así se siente. En el libro, soy optimista respecto a la idea de nación española. Yo creo que España tiene un potencial enorme como Estado-nación y, en cambio, está enredada en una voluntad de mantener, desde el Estado,  a aquellos que no se sienten necesariamente parte del Estado de una manera innecesariamente autoritaria.

¿Tiene alguna fe en que el PP se mueva para atender las peticiones nacionales de Cataluña?
El PP ha hecho de la cuestión territorial su caballo de batalla para no responder a nada más. Eso tiene un recorrido útil para el PP, pero fatal para España y Cataluña, básicamente porque dedicamos nuestra energía a algo que es fácil de resolver y, en cambio, no dedicamos un gramo de energía colectiva a lo que afecta a los ciudadanos. Se discute muy poco de paro, de modelo productivo, de modelo energético, de revolución digital…. De todo lo que está sacudiendo al mundo real, en España se discute poco.

¿Sin lo sucedido con el Estatut, sin la recogida de firmas del PP, sin el famoso “cepillado” del que hablaba Alfonso Guerra y sin la sentencia del Constitucional, estaríamos donde estamos?
Seguro que no.  El Estatut pretendía dos cosas: mejorar el autogobierno y avanzar en la federalización de España. Desde el punto de vista del autogobierno eran cuatro los asuntos que se resolvían en el Estatut: el reconocimiento como nación; el reconocimiento de la lengua, para dejar ya esta historia que a los catalanes nos parece pesada horrorosa e injusta, porque se ha hecho un gran trabajo para crear una sociedad multilingüe y respetuosa; la definición de un modelo económico y fiscal para Cataluña que funcionara; y, el cuarto, un modelo competencial que no estuviera cambiando cada día. Estas cuatro cosas, tal como estaban planteadas, articuladas a través del acuerdo que se tomó en el Parlamento español significaban un salto cualitativo en la federalización del Estado. Si eso se hubiera acompañado de un Senado federalizado y de algunas cosas más, para hacer un Estado más inclusivo, por ahí habríamos abierto una vía de acuerdo político. Es aquí cuando tanto y tantos federalistas y autonomistas históricos dicen basta. Y ahí estamos.  

En las plebiscitarias de 2015, el voto de Junts pel Sí y la CUP, favorable a la independencia, llegó al 48%. Pero me llama la atención que haga referencia a que un 10% no se pronunció, supongo que se refiere a los votos de Catalunya Sí Que Es Pot.
Más o menos, sí. Porque aquí en Madrid se dice que hay un 48% que dice que sí y un 52% que dice que no, y eso nunca ha sido así. Hay un 47,9% que dijo que sí, hay un 39% que dijo que no y hubo un 11% que no se pronunció. Esta imagen está construida aquí, y allí no opera. No está claro que haya un 48 y un 52. Lo que está claro es que hay un 48 y un 39, eso está claro, lo demás está por ver. Para eso se proponen los referéndums, para saber qué es lo que quiere la gente. El 80% de los ciudadanos de Cataluña dice que la mejor manera de saber esto es con un referéndum.

¿Se celebrará el referéndum del 1 de octubre?
Las autoridades catalanas y una buena parte de la sociedad así lo desean. Harán todo lo posible para que sea posible. Mi respuesta a esa pregunta es que supongamos que se impide el referéndum, ¿entonces qué? Habrá más políticos catalanes impugnados, habrá unas instituciones desajustadas… ¿Qué habremos ganado para el día 2? ¿A qué realidad nos enfrentaremos? ¿Habrá menos independentistas? ¿Habrá menos ganas de saber cómo se resuelve democráticamente esto? No, todo eso no habrá desaparecido. El 80% de los catalanes lo queremos y estamos dispuestos a aceptar los resultados. ¿Quién habrá ganado si no se hace? Los sectores más duros de la política española. Bien, ¿qué nos ofrecen si no se hace? Les aseguro que los catalanes no entraremos en fase de letargo, porque la gente tiene sentido democrático e ideales.

¿Cuándo proclamar Cataluña ese Estado que defiende en su libro?
Será un proceso político enormemente complejo. No me preocupa mucho el calendario como el cambio de mentalidad. España tiene un potencial como Estado nación muy superior al que mucha gente tiene en la cabeza. Hay demasiada gente en Madrid que confía poco en la idea de una España solvente, de un Estado español nacional, seguro de sí mismo. España no es la realidad de hace 100 años. Es una realidad notable. Tiene un eje Bilbao-Madrid-Sevilla que funciona. Y, en cambio, la política española, en lugar de potencia eso, manifiesta su interés en que nada se mueva. Cataluña tiene un potencial tremendo, pero le falta un buen Estado. Si tenemos una España con un potencial tremendo y a una Cataluña con un potencial tremendo, ¿a qué estamos esperando? Faltan dos instrumentos de poder adecuados y un buen pacto de colaboración entre estos instrumentos. Esto pasó en otros lugares de Europa. Los países nórdicos se peleaban cada día hasta que cada uno construyó su Estado adecuado y comenzaron a colaborar. Y en menos de 100 años han creado una de las regiones de bienestar más importantes del mundo. ¿Por qué no un buen pacto de colaboración y de estima? Que la hay. Casi el 50% de los catalanes tienen familia en el resto de España. Y si a eso le añadimos una mirada ibérica, el sur de Europa podría tener un referente de progreso. ¿Por qué no somos capaces de pensar así? España tiene que hacer un reset, tiene que cambiar.