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                        Nº 1201. 19 de mayo de 2017

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Política / Manuel Capilla

La victoria de Sánchez provoca un terremoto en el PSOE

El renacido

Siete meses después del accidentado Comité Federal que lo sacó de la Secretaría General del PSOE, Pedro Sánchez vuelve a hacerse con el mando del partido tras vencer holgadamente en primarias a una Susana Díaz que partía como favorita, tras haber exhibido el apoyo del aparato y de los históricos del partido. Una victoria contra pronóstico que vuelve a traer a la línea estratégica del PSOE el no a Rajoy y que amenaza muy seriamente la estabilidad del Gobierno. A la espera de cómo Sánchez pueda articular una alternativa de gobierno con un Iglesias del que desconfía profundamente, parece que a Rajoy se le pone muy cuesta arriba agotar la legislatura.


Pedro Sánchez, vencedor contra todos, se enfrenta ahora al reto de unir de nuevo al PSOE/ EUROPA PRESS

En su comparecencia, Díaz no mencionó a Sánchez, limitándose a decir que había trasladado su enhorabuena “al secretario general electo”
  Habrá que ver cómo evoluciona un hipotético entendimiento entre Sánchez e Iglesias, que desconfían profundamente el uno del otro

Pocos apostaban por la victoria de Pedro Sánchez cuando arrancó el proceso de primarias. No lo hicieron algunos de sus principales apoyos en la secretaría general, como su exnúmero dos, César Luena, o su portavoz en el Senado, Óscar López, que le abandonaron a favor de Patxi López ante la creencia de que Sánchez estaba quemado y era imposible ganar unas primarias con él. Tampoco lo hicieron los ‘poderes’ del partido en pleno, con todos los barones y exsecretarios generales alineados con Susana Díaz, que durante toda la campaña ha intentado colgarle el cartel de perdedor por sus resultados electorales en enero y junio. Y ni siquiera ha tenido apoyos mediáticos importantes, con El País profundizando en la hostilidad que le ha venido profesando desde hace más de un año.

Sin embargo, Sánchez ha conseguido darle la vuelta a los pronósticos con una victoria muy holgada que nadie habría aventurado, ni siquiera tras la presentación de unos avales que dejaron con la boca abierta a los miembros de la candidatura de Susana Díaz, al darse cuenta de que la carrera iba a estar mucho más ajustada de lo previsto. Y es que Sánchez ha conseguido el 50,2% de los votos –algo más de 74.000 sufragios, 18.000 más que en las primarias de 2014-, por el 39,9% conseguido por Susana Díaz -59.000 votos- y el 9,8% de Patxi López -14.500 votos-, en una votación que ha contado con una participación récord que se ha quedado en el entorno del 80%. Lo más llamativo es que Díaz ha conseguido ligeramente menos votos del total de avales que presentó para registrar su candidatura, al contrario que los otros dos candidatos. En concreto, con el 99,2% de los votos escrutados, la presidenta de la Junta de Andalucía contaba con poco más de 59.000 votos, por debajo de los 60.231 avales con los que contó.

Recibido en la sede de Ferraz tras conocerse los resultados con gritos de “¡Susanista el que no bote!”, que el mismo se apresuró a acallar, el nuevo secretario general del PSOE quiso “trasladar mi agradecimiento a Susana y a Patxi porque desde distintas posiciones políticos ambos han trabajado por hacer un Partido Socialista más fuerte”. Una mención que llamó aún más la atención si se tiene en cuenta que Díaz ni siquiera le mencionó durante su comparecencia ante los medios y que, todo lo más, ha afirmado que le ha trasladado su enhorabuena “al secretario general electo” para subrayar “el deseo, la entrega y el compromiso” para que el PSOE vuelva a ser alternativa de Gobierno con un proyecto “autónomo y coherente”. "Vamos como siempre a estar en todo aquello que el PSOE requiera", ha asegurado la presidenta de la Junta de Andalucía. Sí le ha mencionado López como  “mi secretario general”, le ha deseado “toda la suerte”, y ha señalado que "mañana todos juntos hay que trabajar con él a la cabeza para recuperar el PSOE".

“Me gustaría dirigirme a aquellos millones de socialistas que se sienten progresistas pero que no nos votaron”, porque el PSOE “va a hacer una oposición útil, a favor de la mayoría social que está hastiada de la corrupción del PP, que sufre la precariedad laboral”, subrayó Sánchez. “El PSOE va a hacer lo indecible por cambiar el rumbo del país”, afirmó Sánchez en su festiva comparecencia en la sala de prensa de Ferraz, rodeado de simpatizantes y anunció la construcción “de un nuevo PSOE”.

Queda ahora la incógnita de cómo podrá “coser” un partido, según la terminología usada por Díaz, fracturado tras el Comité Federal de octubre y la abstención que terminó dando el gobierno a Rajoy. Y es que no va a ser fácil la integración entre las diferentes candidaturas. Con la de Díaz porque en torno a ella se han agrupado quienes terminaron forzando su salida en octubre. Y con la de López porque junto a él han estado personas muy cercanas a Sánchez en su anterior etapa como secretario general. De hecho, una de las principales quejas hacia Sánchez en la cúpula del partido es que terminó su primera etapa al frente del PSOE prácticamente aislado, sin hablar con nadie fuera de su círculo más próximo y sin ser capaz de tender puentes entre las diferentes sensibilidades. Eso sí, ha quedado demostrado que esas sensibilidades, ampliamente partidarias de la abstención, no eran mayoritarias entre la militancia. Aún así, muchas voces en Ferraz auguran a Patxi López un rol importante de cara al Congreso de junio, como actor fundamental a la hora de cerrar heridas.

Sánchez ha fraguado su victoria con un perfil ‘antistablihment’, que casa muy bien con el signo político de los tiempos en buena parte de Europa, y con unas referencias a la izquierda que ha vuelto a hacer en su comparecencia en la sala de prensa de Ferraz con un: “Aquí está el PSOE, aquí está la izquierda”. Eso sí, no hay que perder de vista que Sánchez matizó esas referencia en su programa electoral y hacia un hipotético entendimiento con Podemos. En el programa que presentó el pasado mes de febrero en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Sánchez apostaba, sin mencionar explícitamente a la formación morada, por “trabajar por una nueva coalición progresista liderada por una socialdemocracia renovada, en alianza con nuevas formaciones de izquierdas que hayan madurado en sus planteamientos y con los demócratas”. Sin embargo, en el texto definitivo, el nuevo secretario general apuesta por “desarrollar iniciativas de acción” con “sectores de la sociedad”.  Aunque no es el único matiz que Sánchez ha añadido a su programa, porque aunque sigue defendiendo la “plurinacionalidad” del Estado, ahora califica a Cataluña de “nación cultural” y no de “nación” a secas, que podría implicar consecuencias jurídicas a la hora del derecho a decidir.

Habrá que ver cómo evoluciona ese hipotético entendimiento entre Sánchez e Iglesias, que desconfían profundamente el uno del otro, entre otras cosas porque, aparte de la total ausencia de feeling personal, los dos compiten por la hegemonía electoral de la izquierda. Así las cosas, no parece que la estabilidad del gobierno de Rajoy corra peligro a corto plazo. Sánchez ya ha cerrado la puerta a apoyar la moción de censura presentada por Podemos, pero ha dejado abierta la posibilidad de presentar la suya propia más adelante. Pero si en algo insisten las personas más cercanas a Sánchez es que ahora “no toca”, porque no hay un escenario parlamentario favorable. Y es que en realidad, la endemoniada aritmética parlamentaria contra la que ya chocó Sánchez el año pasado para conseguir su investidura sigue ahí. Ante el veto mutuo entre Ciudadanos y Podemos, se hace imprescindible incorporar a una mayoría alternativa a los independentistas catalanes.

Sin embargo, sí parece claro que a Rajoy se le pone muy cuesta arriba agotar la legislatura. Con las posiciones políticas defendidas por Sánchez a lo largo de la campaña, será complicado que el presidente del Gobierno consiga el apoyo de los diputados socialistas para votaciones clave en el futuro, como ha sucedido en la del techo de gasto para los Presupuestos Generales del Estado aprobado recientemente, que tiene que volver a votarse en breve para los de 2018. Aunque para aprobar las cuentas ha conseguido granjearse una mayoría al margen del PSOE, será complicado que su nuevo socio clave, el PNV, le sostenga hasta el final.


La diputada asturiana será uno de los apoyos de Sánchez para controlar el grupo parlamentario./ FERNANDO MORENO

Adriana Lastra, pieza clave en el Congreso

Antes de que finalizara el recuento de votos de las primarias y después de haber oído a Pedro Sánchez en campaña decir que no contaría con él en la portavocía del grupo parlamentario en el Congreso, Antonio Hernando se ponía en contacto con el presidente de la gestora, Javier Fernández, para comunicarle que renunciaba al cargo. Un cargo al que accedió de la mano del reelegido secretario general socialista y en el que permaneció tras su dimisión el pasado octubre.

Porque después de abanderar el “no es no” a la investidura de Mariano Rajoy desde su escaño en la Cámara baja, se subió al carro de la gestora para acabar abrazando el discurso de la oposición útil y la abstención. Un giro que rompió definitivamente sus lazos con Sánchez y que, en cualquier caso, habría resultado políticamente insostenible en la nueva etapa que ahora comienza por mucho que el flamante ganador de las primarias del PSOE se comprometa a trabajar por un partido unido.

Las quinielas sobre la persona que habrá de sustituir a Hernando al frente del grupo parlamentario en el congreso señalan, ya desde antes de que se conociera el resultado de las urnas, a Adriana Lastra. La diputada asturiana ha sido la coordinadora de la candidatura de Sánchez y uno de sus principales apoyos, lo que le ha llevado a enfrentarse con la federación dirigida por el líder de la gestora del PSOE. Su presencia a la derecha del flamante ganador de las primarias mientras se dirigía a la militancia en la noche electoral se ha interpretado como un claro síntoma de que, a partir de ahora, será la voz, los ojos y los oídos del ‘renacido’ líder socialista.

En cualquier caso, sea ella u otro diputado quien designe el flamante secretario general como portavoz parlamentario habrá de encargarse de conducir el cambio político que sin duda se operará en el Congreso. Con Sánchez ausente del escaño que abandonó el pasado 29 de octubre para no desobedecer el mandato del Comité Federal que decidió la abstención en la votación de investidura de Rajoy y mantenerse firme en su “no es no”, tendrá que ejercer de correa de transmisión entre el secretario general y el grupo socialista en el Congreso.

Y, sobre todo, pilotar los cambios en las nuevas relaciones que habrán de establecerse entre el grupo socialista y el de Unidos Podemos y la nueva oposición que el PSOE ejercerá sobre un Partido Popular a la espera de una legislatura más dura e incluso más corta de la que preveían; cuando apele a la importancia de los presupuestos mientras arrecian los casos de corrupción la formación conservadora va a echar de menos tener enfrente a Antonio Hernando. 

V. M.

 


El PSC de Iceta ha apoyado a Sánchez con el 82% de los votos / EUROPA PRESS

Cataluña apuesta en bloque por Sánchez

Aunque Susana Díaz ha perdido las primarias del PSOE, le queda el consuelo de ser, de entre todos los susanistas, la única dirigente territorial que no ha perdido en ‘casa’: 63% de los votos frente al 31% alcanzado por Pedro Sánchez. Ximo Puig, que el pasado octubre dimitió de la Ejecutiva Federal para forzar la salida del entonces secretario general, ha sido ‘derrotado’ con un exiguo 27% frente al 64% de los sanchistas. Lo mismo le ha ocurrido en Extremadura a Guillermo Fernández Vara, donde su apoyo a Díaz se ha traducido en un 43% de los votos frente al 48% de Sánchez; en Castilla-La Mancha a Emiliano García Page, con el mismo resultado; en Aragón a Javier Lambán con un 42% frente al 46% del ganador; o en Madrid a Sara Hernández, la federación de Pedro Sánchez donde se ha impuesto con un 47% de los apoyos frente al 32% obtenido por su inmediata competidora.

El triunfo claro y sin fisuras del reelegido secretario general, ni siquiera territoriales, se ha extendido por el resto de federaciones salvo la vasca, donde Patxi López, como Susana Díaz, ha tenido su ‘premio de consolación’: un 53% de los votos han ido a parar a manos de la candidatura del exlehendakari, seguida por la de Sánchez con el 39% y la de Díaz con el 7%.

El mayor respaldo electoral lo ha obtenido Sánchez en el PSC, que le ha otorgado un apoyo del 82% de los votos frente a menos del 12% alcanzado por la andaluza. Los intentos de esta última por congraciarse con el partido catalán apenas se han traducido en la neutralidad comprometida por su primer secretario, Miquel Iceta, desde el inicio del proceso. La fractura entre los socialistas catalanes y la gestora, visible en el rechazo a la investidura de Rajoy de los siete diputados del PSC que rompieron la disciplina de partido, no ha hecho más que crecer con el tiempo y, tras ser el mayor nido de avales del candidato madrileño, Cataluña se ha convertido para él en todo un talismán; Sánchez supera Díaz en 70 puntos, mientras que en el  resto de territorios la media es de diez puntos.

Por otra parte, significativo es también el respaldo al secretario general reelegido en Asturias, federación presidida por el líder de la gestora, Javier Fernández –con quien Rajoy por cierto entabló una buena relación personal–: el 53% de los votos frente al 39,62% a la andaluza. O La Rioja, con un 61% frente a menos del 23% de su inmediata competidora; su secretario general, César Luena, fue otro de los miembros del núcleo duro de Sánchez –fue su secretario de Organización– que le dieron la espalda. Y, visto lo visto, con poca visión de futuro.

V. M.