POLITICA RIVERA Tiempos de hoy
 
   

                                  Nº 1195. 7 de abril de 2017

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Política

Se ‘cobra’ la cabeza del presidente de Murcia y 4.000 millones
en Presupuestos


Rivera se vuelve ‘malo’

Tras presentar como un logro algunas de las medidas sociales y de empleo incluidas en los Presupuestos, Albert Rivera se ha cobrado la cabeza del presidente de Murcia, el popular Pedro Antonio Sánchez, imputado en sendos casos de corrupción. El líder de Ciudadanos ha combatido el riesgo de irrelevancia con su pequeña pero imprescindible presencia en la política española, donde ha dejado de ser una anécdota para crecerse a costa de la debilidad parlamentaria de Mariano Rajoy.

V. M.


Minutos antes de conocerse la dimisión del presidente de Murcia, Rivera se quejó de que “Rajoy siempre protege a los imputados en vez de echarlos”. / EUROPA PRESS

Ciudadanos ha vinculado su sello
en las cuentas públicas y la dimisión en Murcia con sus mensajes de estabilidad y regeneración

Muchos de quienes participaron en el pacto de investidura entre PP y C’s han alcanzado ahora el acuerdo presupuestario

A los dirigentes del Partido Popular les gusta bromear sobre el papel que Ciudadanos está tratando de jugar en la  política española. “Están convencidos de que el sol sale y se pone gracias a ellos”, comentan con ironía mientras admiten sin mucha prisa ni entusiasmo algunos de los acuerdos alcanzados en el pacto de investidura de Mariano Rajoy.
Porque, para ser socios preferentes, las concesiones que Albert Rivera y los suyos hacen y reciben son las justas. En la formación conservadora tratan de encontrar un equilibrio para que C’s reme a su favor sin que coja velocidad suficiente con la que consolidarse como fuerza parlamentaria. Una tarea tan difícil como la que desempeña la formación naranja, que bascula entre librarse del sambenito de ser la marca blanca del PP y apoyar a los populares para lograr una estabilidad institucional a la que quieren poner su marchamo.
El cruce de estrategias da lugar a una peculiar forma de relacionarse basada en la consecución de acuerdos y encontronazos prácticamente a partes iguales. El pacto educativo o el permiso de paternidad. La petición de una comisión de investigación sobre la presunta financiación irregular del PP de la mano del PSOE y Podemos o la abstención que tumbó el decreto de la estiba en el Congreso.
Estas dos últimas decisiones, que cayeron como un mazado sobre unos populares críticos con quienes, decían, no eran “de fiar”, se sucedieron tras la descripción que semanas antes hacía el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, del pacto anticorrupción suscrito dentro del acuerdo de investidura: “eran lentejas”. “Se van a tragar las lentejas”, replicó el portavoz de C’s en el Congreso, Juan Carlos Girauta.
Entonces, el motivo de la disputa eran las dificultades planteadas desde la formación conservadora para la supresión de los aforamientos políticos y la limitación de mandatos, dos de los puntos del acuerdo. Pero transcurrido el tiempo y los acontecimientos entonces incipientes, al PP la imposición le ha venido por otro lado.
El crecimiento económico y la regeneración democrática son dos de los discursos en los que Rivera ha puesto mayor énfasis. Tanto como para no mezclarlos y darle a cada uno mayor o menor intensidad dramática según lo requieran las circunstancias. Durante su intervención en el desayuno informativo de Europa Press del pasado martes, el político catalán presumía de haber hecho posible la ampliación de la tarifa plana para autónomos, la aprobación del complemento salarial para los trabajadores jóvenes, la futura red de 30 centros tecnológicos o la bajada del IVA cultural. Todo ello como resultado de la negociación a la que el Gobierno se ha visto obligado para, entre otras cosas, cumplir con la exigencia de déficit de la Unión Europea y tratar de sacar adelante los presupuestos.


La dimisión de Pedro Antonio Sánchez ha dado alas a  Ciudadanos / EP

El tanto de Murcia. Pero llegado el turno de preguntas de los periodistas, Rivera cambiaba radicalmente el tono. El tema: el a esa hora todavía presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, imputado por hasta siete delitos de corrupción –si prospera la petición del instructor del caso Púnica– y pendiente de una moción de censura. “El Partido Popular ha tenido mes y medio para tomar una decisión que se toma en un cuarto de hora”, lamentaba el líder de la formación naranja. “Sinceramente, a estas alturas la situación es insostenible” por “el incumplimiento del pacto del presidente del Gobierno”. “Llegamos a acuerdos económicos, presupuestarios…”, continuó Rivera, pero “con la corrupción Ciudadanos y el PP somos antagónicos. Ellos la tapan y la dejan debajo de la alfombra y nosotros queremos limpiarla”. Según el presidente de C’s, “el problema es que Rajoy siempre protege a los imputados en vez de echarles. No sé qué sabrá el señor Sánchez para que le protejan durante 45 días”, subrayaba.
Rivera hacía estas declaraciones 24 horas antes de cumplirse el plazo de la moción de censura para que Sánchez abandonara el cargo y un día después de que el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, solicitara al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) autonómico la investigación del barón popular por su presunta vinculación con la trama Púnica. No había transcurrido ni una hora de ellas cuando el también investigado en el caso Auditorio anunciaba su dimisión; había puesto a prueba el pacto suscrito en 2016 por PP y Ciudadanos para ser investido presidente y se acabó viendo forzado –él y Génova– a dar su brazo a torcer.
El ya expresidente regional y el número tres del PP, vicesecretario de Organización y coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, comparecieron ante una Junta Directiva Regional convocada de forma precipitada la noche del pasado martes para presentar al dimisionario como un mártir que daba “un paso a un lado para que la Región de Murcia no dé un paso atrás”: Sánchez aseguró que había sabido de una fuente “absolutamente segura” que un tripartito presidido por el socialista Rafael González Tovar con los apoyos de Podemos y Ciudadanos “estaba cerrado” –extremo negado desde la formación naranja–. Maillo, quien dijo que la presunción de inocencia se ha convertido en “presunción de culpabilidad”, acusó a los “los justicieros” de haber dado un trato “injusto” al dirigente popular implicado en sendos casos de corrupción.
El nuevo presidente de Murcia será Fernando López Miras, abogado de 33 años y secretario segundo en la asamblea regional. Elegido hacía unas semanas coordinador general de la organización territorial, cuando conoció la decisión de su mentor “lloré todo lo que tenía que llorar” para ponerse a “disposición” de Sánchez, al que calificó de “referente político de la región”.
La manera de presentar la dimisión del protegido de Génova –“tienes todo nuestro apoyo, todo nuestro afecto, es de justicia porque eres una persona honrada e intachable y te vamos a apoyar, Pedro”, declaraba Maillo en el cónclave en que resultó elegido presidente del PP murciano– acabó siendo lo de menos. Incluso que vaya a continuar como presidente de la formación autonómica tras haber obtenido el 93,52% de los votos emitidos en el congreso del pasado 18 de marzo. Otra cosa es que permanezca como diputado en la asamblea regional contraviniendo el pacto con Ciudadanos que, al cierre de esta edición, se limitaba a decir que tendrán que negociar de nuevo su acuerdo de investidura con el nuevo presidente. Pero de momento el partido de Rivera, que negociaba con el PSOE una alternativa al dirigente popular si los populares no cumplían lo acordado, ha sumado otro tanto a su marcador apenas unos días después de presentar como un logro los 3.850 millones de euros para políticas sociales y de empleo que exigía incluir en el proyecto de presupuestos del Gobierno.
Rivera ha jugado la carta de la oposición útil y, aunque queda mucha partida, de momento le ha quitado la mano a Rajoy. El secretario general y portavoz adjunto en el Congreso de Ciudadanos, José Manuel Villegas, declaraba en rueda de prensa poco después de conocerse la noticia que “prometimos a los votantes de Ciudadanos estabilidad y regeneración y es lo que estamos cumpliendo”.
El número dos de Rivera, que reconoció mantener contactos “de forma habitual” con el vicesecretario de Organización del PP, admitió que había intercambiado mensajes con él esa misma mañana. También Rivera había señalado que los asuntos regionales, locales y de partido los despachan Villegas y Maillo –“yo con Rajoy hablo de asuntos de Estado, de presupuestos, de Cataluña, del déficit…”–, que evitaron in extremis el adelanto electoral o la formación de un nuevo Gobierno pactado por PSOE y C’s. Alternativas que, en cualquier caso, no eran del agrado de la formación naranja.


Quienes negociaron el pacto de investidura con el PP han intervenido en el acuerdo de Presupuestos / FLICKR CIUDADANOS

Los negociadores. Porque, de tanto negociar y de tantos acuerdos de último minuto, entre los equipos de Rajoy y Rivera han surgido canales de comunicación capaces de entenderse en determinadas cuestiones sin que éstas se vean alteradas por el hecho de que otras hayan encallado. Es el caso de la corrupción y los presupuestos.
Las cuentas del Estado llegaron a generar cierta incertidumbre porque Ciudadanos quería saber si el Gobierno había incluido en su proyecto de ley las dotaciones acordadas en el pacto de investidura y el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, se resistía a darles detalles. Pero la intervención de Luis Garicano, jefe del área económica de la formación naranja, y de Luis de Guindos, ministro de Economía, permitió sellar el acuerdo antes de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Un acuerdo del que estos dos economistas con afinidades personales e ideológicas quisieron dejar constancia con una simbólica fotografía donde toman café en el famoso bar Manolo, próximo al Congreso. Y un acuerdo donde Ciudadanos, con permiso del PP, se atribuye lo que Rivera llama los “presupuestos más progresistas en lo social y más fuertes en lo económico”; antes de que llegaran al Consejo de Ministros dio en la Cámara baja una rueda de prensa en la que dijo ser responsable, entre otras cosas, de que no incluyan impuestos medioambientales y tasas a las bebidas azucaradas.
Pero antes de las últimas llamadas y el posado de rigor, hubo un trabajo previo protagonizado por algunos de los integrantes de los equipos negociadores que durante el mes de agosto acordaron 150 medidas económicas y de regeneración para hacer posible la investidura de Mariano Rajoy. En Ciudadanos destaca su portavoz parlamentario, Toni Roldán. Le han acompañado Francisco de la Torre, presidente de la Comisión de Presupuestos del Congreso, la diputada y portavoz adjunta, Melisa Rodríguez, y el propio Villegas.
Del lado popular aparece el nombre de Fátima Báñez, titular de Trabajo de quien Rivera dijo, antes de la conformación del nuevo Gobierno, que sería bueno que siguiese al frente del Ministerio. Otra persona clave para limar diferencias entre Montoro y los ‘liberales’ de Ciudadanos ha sido el secretario de Estado de Presupuestos, Alberto Nadal, a quien el presidente de C’s ha agradecido su labor “eficaz y leal”. Su hermano Álvaro Nadal, titular de Energía, también ha propiciado el encuentro entre los dos equipos negociadores. Los dos ministros participaron además en las reuniones del pasado verano.
Y todo ello mientras Ciudadanos ponía al PP contra las cuerdas en la Región de Murcia y los populares daban largas a la formación naranja porque, dicen ahora, las 150 medidas del pacto se aprobarán a lo largo de la legislatura y siempre que sea posible. Un tira y afloja que pondrá a prueba la capacidad de resistencia de Albert Rivera frente a otro líder que, en esta disciplina, resulta imbatible. 


Rajoy y Rivera son pragmáticos, pero empezaron con mal pie / EP

Una relación difícil

La relación de Albert Rivera y Mariano Rajoy no empezó bien. El primero comenzó diciendo que no apoyaría un Gobierno presidido por el segundo alegando los casos de corrupción del PP y el presidente conservador ridiculizó el pacto del líder de la formación naranja para hacer presidente a Pedro Sánchez.
El tiempo transcurrido y el acuerdo de investidura alcanzado no han mejorado las cosas. La diferencia generacional y las distintas cadencias políticas y vitales de cada uno de ellos –la tranquilidad del presidente del Gobierno contrasta con el ritmo acelerado y directo de quien llama su socio preferente– no han facilitado el encuentro.
Tampoco sus estrategias. Rajoy no puede permitirse que Ciudadanos vuelva a restarle votos y diputados en próximas citas electorales aunque le necesita para que el PSOE acceda a llegar a acuerdos puntuales que posibiliten la gobernabilidad. Rivera requiere de un perfil diferencial para no verse diluido entre la bancada popular pero también ha de exprimir la utilidad de un grupo parlamentario de tan sólo 32 diputados.
Así, habiendo comenzado a circular los primeros comentarios sobre el ninguneo del PP a C’s, Rajoy arrancaba el año convocando en La Moncloa a los equipos negociadores del pacto de investidura. Los presentes insisten en que no hablaron de nada que incumbiera a sus respectivos partidos o a su relación parlamentaria. Entre vieiras, lubinas y albariño se desarrolló un encuentro que, dicen, fue distendido. Álvaro Nadal, Fátima Báñez, Dolors Montserrat, José Luis Ayllón, Rafael Hernando, José Antonio Bermúdez de Castro, Fernando Martínez-Maillo y Andrea Levy por parte del PP. José Manuel Villegas, Juan Carlos Girauta, Miguel Gutiérrez, Melisa Rodríguez, Toni Roldán y Luis Garicano, por la de Ciudadanos. Entre los segundos espadas existe, de hecho, una comunicación fluida capaz de romper los bloqueos políticos –no todos, se comprobó durante la abstención de los diputados de C’s en la votación del decreto de la estiba después de que varios de sus portavoces anunciaran el día antes su apoyo parlamentario–.
Entre los líderes, sin embargo, no hay feeling. Albert Rivera y Pedro Sánchez sí conectaron durante el tiempo en que negociaron la investidura finalmente frustrada del socialista y a Mariano Rajoy se le ha visto cómodo con el reconocimiento de Pablo Iglesias a sus buenas dotes como orador parlamentario. Teniendo en cuenta la escasa o nula simpatía que se profesan Sánchez y Rajoy y Rivera e Iglesias, cabe también entender que los hoy aliados no se entiendan ni vayan a hacerlo en lo que resta de legislatura.